Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 41
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41: Contacto Extraño 41: Contacto Extraño [Días atrás, mientras Rafael iniciaba sus vacaciones en Mónaco.] La oscuridad era infinita.
Eterna, silenciosa, inesperadamente fría y quieta.
Un vacío en el que nada podía moverse, ser o existir.
Sin arriba ni abajo, adelante o atrás.
El tiempo perdía significado y los pensamientos cesaban.
Ni siquiera había una consciencia, un sentido de existencia, sentido alguno.
Las Eras habían pasado, la tierra había cambiado, los amos del mundo fueron y vinieron.
La existencia olvidó que ella existía, al igual que el tiempo.
Ella misma lo había olvidado.
Se había olvidado de sí misma, desentendida de la vida tras vivirla al borde de la muerte.
Y así habría permanecido hasta que la tierra donde dejó de existir también se evaporase en la nada, de no ser por una casualidad tan improbable como la propia creación.
Una existencia única, capaz de perforar el velo de vacío que la mantenía en la oscuridad.
Que la hizo percibirla, pese a su negación a percibirlo todo.
Por un instante tan fugaz como un parpadeo, la llama de la consciencia inexistente, hasta ahora, se agitó por pura curiosidad.
Fijó su atención en el lejano destello de…
Eso, y lo estudió.
Antes de regresar al vacío oscuro, digirió la información adquirida en ese breve vistazo.
El interés sólo aumentó, y decidió quedarse sólo un poco más.
Cálido y latente.
Ardiente, supuso, si se ponía en movimiento.
Inmaterial, pero con la capacidad de afectar el entorno.
Limitado, pero en su extracción y no en su cantidad, lo cual desafiaba todo lo que ella conocía.
Una fuente de energía.
Un generador de poder como nunca antes había visto.
No pertenecía a su Era, estaba segura.
Y el origen de semejante existencia…
Un ser consciente, pero inconsciente como ella hasta hace un momento.
De forma similar incluso, pero fundamentalmente distinta.
También había frío a su alrededor.
—Pero quiero respuestas…— es lo que podría interpretarse de su intención.
No deseaba despertar más como para formular pensamientos, ya que con ello viene toda la información de su entorno y eso no le interesaba.
La consciencia dedicó un esfuerzo mínimo y casual, disparando de forma no física un lazo que unió a ambos entes.
Así podría saciar su curiosidad, y después regresar a la oscuridad absoluta, infinita y reconfortante.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Despierta.
…
Despierta.
…
¡Obedece, criatura!
—¿¡Eh!?
¿Qué eres?
—¿¡Ah!?
…
¿Qué eres?
Respóndeme.
—¿¡Uh!?
¡¡HABLA MALDITA SEA!!
—¡Déjame orientarme primero!
¿¡Y quién putas eres tú, huh!?
…
Criatura arrogante, no sobrepases tus límites.
Ahora dame respuestas.
—¡Aquí tienes tu respuesta!…
…
—¿¡Eh!?
¿¡D-dónde está!?
…
Hmm, no sé por qué buscas tu miembro, pero aquí no lo hallarás.
—¡Maldita!
¿¡Qué le hiciste a mi pene!?
Hmph, parece que los machos todavía pelean con sus miembros.
Nada cambia realmente.
—¡Ooh, pero seguro que te encanta saltar en ellos!
¿¡Insinúas algo, inmundicia involucionada!?
—Heh, no tengo que insinuar nada.
Ahora bien, hembra asalta penes, dime dónde estoy, si eres el ángel de la muerte, mi Sistema, o una psíquica rusa sin acento.
…¿Qué tonterías estás…
¡No, yo soy quien exige respuestas aquí, criatura inferior!
—De acuerdo, no eres mi Sistema.
¿Ángel o Psíquica?
Quizás ninguna de las anteriores.
¡Serás…
Tsk, esto no tiene sentido.
Pon atención, criatura.
Tu ser inferior claramente no es capaz de comprender a lo que te diriges, así que déjame iluminarte: Yo soy Vorekh, y mi existencia está tan por encima de ti como una montaña a una piedra.
—…
…
—…¿Ya?
¿Cómo que “ya”?
¿Son las criaturas tan estúpidas hoy en día, o eres un caso especial?
—Tu mamá.
¿¡Qué!?
—¡Ejem!
Quiero decir que eso no es lo que uno se espera de una voz profunda y obviamente ancestral que, a falta de mi Poderoso Pene, es evidente que habla a través del pensamiento.
Hmph, yo no le hablo a tu mente, criatura.
He establecido una conexión con tu espíritu, y esto es simplemente una transmisión de intenciones que interpretas como palabras, porque así es como te comunicas.
—Aaah…
Ya veo.
Sí, telepatía espiritual.
Ya me lo imaginaba.
No es cierto.
—Bueno…
Gracias por la aclaración.
Supongo que te debo una respuesta a cambio: Pertenezco a una raza guerrera conocida como los Saiyajin.
…
—…
…
¿Ya?
—¿Ves?
No es divertido cuando estás del lado receptor.
Criatura…
—Uf, relájate.
Mi nombre es Leonardo, por cierto.
Un placer conocerte, Vortex.
¡Es Vorekh!
—Jeje, lo siento.
Tch, no eres lo suficientemente respetuoso, criatura Leonardo.
Si estuvieses en mi presencia, estarías temblando de miedo.
—Disiento.
Apuesto a que eres hermosa como el carajo y probablemente termine hechizado por ti.
Criatura, tu patético cortejo está muy por debajo de mí.
Sólo los reyes son dignos de impregnarme con su descendencia, y eso si es que sobreviven.
—Qué abierta…
¿Y cuántos sobrevivieron?
…
—…
Háblame de esa energía en tu cuerpo.
Es extraña y logró colarse en mi percepción cuando ni siquiera los llantos de la tierra lo consiguieron.
—Hmm, no puedo responder a eso.
¿Por qué no?
—Información delicada.
Tú no vas por allí revelando tus habilidades y debilidades.
Muy sabio, criatura.
Pero quiero saber, así que habla.
—Es Leonardo, señora, y no le diré nada.
Esta interacción está resultando muy exasperante.
—Tú empezaste con los insultos y los gritos retumbantes y los gruñidos.
Además, no te conozco y ni siquiera sé con qué estoy platicando.
…
Hmm, ya no pareces tan estúpido.
Pero no debes preocuparte, criatura Leonardo, no necesito comprender tu poder para aniquilarte.
—Que alivio.
No necesitas agradecerme.
Ahora habla, mi paciencia se agota.
—Seguro.
Mi poder es el One For All y se trata de la energía heredada por los diferentes portadores, cada uno más fuerte que el anterior.
Fascinante…
Realmente tienes las agallas para mentirme.
La ignorancia ciertamente es una bendición.
—Si tanto quieres saber, usa tu Don para averiguarlo.
No tiene sentido toquetearme espiritualmente y no obtener información alguna.
No funciona así.
Y para que lo haga, requeriría un mayor esfuerzo de mi parte, cosa que está muy por debajo de mí.
—¿Jesucristo, cuál es tu problema con las cosas debajo de ti?
¿Y las rimas qué?¿Tanto añoras montar un— ¡Detente ahí o sufrirás mi ira!
—¿Sabes qué?
Me está hartando tu condescendencia.
Si quieres continuar esta conversación, entonces hazlo de manera civilizada, sino, vete a la mierda de mi espíritu.
¡Grrr…
Patética criatura inferior, grosera y arrogante!
—No tengo manos, pero estoy aplaudiendo.
¡Pues esto se termina aquí, y es porque yo lo decido, no tú!
—Bien, fuera.
¡Bien, me voy!
—Claro.
¡Es definitivo!
—Comprendo.
…
—¿Sigues allí?
…
—¡Oh no, tonto Leonardo!
¿Cómo pudiste dejar ir semejante hembra?
Fufufu…!!
—¡Te atrapé!
¡Tch, como sea!
No sé por qué estás acercándote más a mí, criatura Leonardo, pero si valoras tu vida será mejor que des la vuelta.
—Eso va a ser difícil, señora Vorekh.
No me muevo por voluntad propia.
Usa tu poder, estúpido.
No puedes mover ni tu mente ni tu cuerpo, pero por mi benevolencia al contactarte, has adquirido un estado de consciencia espiritual que opera de forma similar a la mente despierta.
—…¿Eh?
Humf humf ¿Lo entiendes ahora?
Montaña, y piedra.
—¿Cómo demonios sé que me señalaste si no veo nada?
Montaña.
Piedra.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Equipos médicos, de combate y de contención se movilzaron en la zona de acceso número 5.
Armas y herramientas sofisticadas para diferentes propósitos estaban listas y cargadas, a espera de su utilización.
Todo el personal presente era militar, cada uno de ellos entrenado hasta los huesos en el arte del combate.
Incluso los médicos podrían tomar por sorpresa a un enemigo.
Se despejó el hangar de cualquier otro vehículo para evitar fugas, se sellaron las compuertas de los alrededores y un gran número de torretas multi-láser cobraron vida, valiéndose del sistema de reconocimiento para no dispararle a sus propios soldados.
Las formaciones se completaron en menos de cinco minutos, un anillo de más de veinte metros con las armas pesadas en primera línea.
—¡Preparados!— llamó el líder de este grupo de bienvenida.
Tras sus palabras, el hangar empezó a vibrar y un traqueteo estruendoso hizo que todos alzaran la vista.
Una sección cilíndrica del techo se abrió, revelando un largo túnel vertical salpicado por otras cinco compuertas similares, hasta que el cielo estrellado fue apenas visible.
Pero la atención de los soldados no se dirigió al cielo, sino a lo que descendió de él.
Apoyándose en ininterrumpidos chorros de fuego, una aeronave de alta tecnología culminaba su aterrizaje desde la superficie gélida de la Taiga.
Los soldados observaron cada segundo del aterrizaje, escaneando la integridad del vehículo como halcones.
A la mínima señal de problemas, abrirían fuego.
Ese era el protocolo cuando se traían especímenes particulares.
Los propulsores finalmente se apagaron, y los soportes de la aeronave la equilibraron en tierra firme.
—Bogatyr, confirme estado— ordenó una voz monótona desde los parlantes en las paredes.
En respuesta a la orden dada, una serie de luces se encendieron a lo largo del ala derecha del vehículo, siguiendo un patrón específico.
Inmediatamente después, la rampa de acceso se abrió y del interior emergió un grupo de individuos.
Liderando al Bogatyr, estaba el Comandante Moroz en su imponente traje de contención térmica.
Vapores gélidos se escapaban por los filtros constantemente, convirtiéndolo en una pequeña tormenta helada.
A su lado estaba el segundo al mando de la unidad, un hombre al que llamaban Koshchey.
Se decía que nada podía matarlo, igual que a su hermana.
Más al fondo, descendió el agente Dobrynya.
Menudo y lampiño, era el encargado de transportar al paquete.
—¡Comandante!— saludaron los hombres, ligeramente más relajados al notar a su objetivo contenido sobre la palma de Dobrynya.
El hombre se adelantó a los demás, su intensa mirada taladrando la formación.
Dobrynya tenía la capacidad de erigir campos de fuerza, los cuales usaba para proteger, atacar contener.
Es eso lo que hacía con el paquete justo ahora.
Encerrado en un cubo de energía azulada, la figura rígida de Leonardo yacía cubierta de escarcha de pies a cabeza, sumido en un estado de hibernación.
O eso pensaba todo Zaslon-9.
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