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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 47

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47: Control, Poder, Cuerpo Y Mente 47: Control, Poder, Cuerpo Y Mente [Qasar al-Zill, un año tras la llegada de Leonardo Y Rafael.] El día en cuestión había llegado y todo el Palacio de Placer se preparó para ello.

Los últimos clientes fueron echados a patadas, las prostitutas limpiaron sus cuerpos y entregaron su dinero a Lulu, las cocineras se dedicaron a la ardua tarea desde mediados de la tarde.

El grupo mercenario bajo el servicio de Amira se equipó como si fuera a la guerra y el burdel su cuartel general.

Ventanas selladas, puertas aseguradas, salidas de emergencia libres de obstáculos.

Nadie salía, nadie entraba.

Algunas de las mujeres se quejaron entre susurros.

Otras planearon fugarse, ya sea para disfrutar de uno de sus nuevos días libres, o para huir a otra zona de la ciudad.

Incluso Amira, la dueña en apariencia de todo, tenía prohibido abandonar la propiedad durante las próximas horas.

La política había sido impuesta hacía tres meses, por lo que era la tercera vez que sucedía y la Sheikh seguía sin comprender el motivo.

Hoy, decidió mientras elegía alguna estúpida prenda de mallas que Rafael le exigió usar, lo averiguaría.

—Ya está oscureciendo.

Debemos bajar— Amat interrumpió su momento de determinación.

Amira le dedicó una mirada dura a la que la silenciosa mujer no dio importancia.

—Puedo verlo.

Bajaré enseguida.

—Hm, no tardes— advirtió la ex-prostituta, grosera y de algún modo elegante.

—Una perra que se cree sirvienta— se burló la Sheikh para sus adentros.

Tras vestirse como le fue ordenado, recorrió el silencioso edificio hasta llegar al sótano, donde la esperaban los mocosos que tenía por Amos.

No lo había notado hasta la vez anterior, pero Leonardo y Rafael siempre se encerraban una vez al mes durante la noche.

No como cuando dormían, agotados de causar problemas en la ciudad.

Literalmente hacían todo lo posible por aislarse del exterior.

Una vez, incluso orinaron en un balde.

Esperó un segundo tras la puerta.

Acomodó su cabello, verificó nuevamente el vello de las áreas clave, estudió su abdomen plano y confirmó qué tanta piel mostraba.

Debía andar con cuidado.

Rafael era dado a la lujuria, pero seguía siendo un niño y ella una mujer.

Amira se negaba a ser como los degenerados que intentaban conseguir jovencitas de ella.

Finalmente entró con paso firme y postura coqueta.

Lo que encontró fue a un Rafael dormido entre los pechos de Halima, algunas chicas viendo una película de romance, y a Leonardo siendo instruido en la lengua árabe por Nesreem.

Ella suspiró.

El idiota que le ordenó vestirse así ni siquiera estaba despierto.

—Fufu, te ves sexy, jefa— comentó una de las putas con una risita.

—Tch, como sea— resopló la Sheikh.

Fue hasta el otro Amo que tenía, menos lujurioso pero no por ello fácil de tratar.

Leonardo era más distante con ella, y sus encantos no le afectaban mucho.

Se sentó casualmente frente al chico, asegurándose de exhibir adecuadamente el busto.

Nunca estaba de más intentarlo.

—¿Cómo va su estudio de mi lengua, Mi Señor Leonardo?

El niño la miró brevemente, buscando las palabras con cuidado.

—Es difícil— dijo, su pronunciación exquisita.

Amira sonrió con dulzura.

Nesreem fue más directa, asaltándolo a besos.

Tras un rato de consejos y trucos sobre memorización, la Sheikh finalmente abordó el tema que le importaba.

—Sabe, Mi Señor Leonardo, me da curiosidad…

¿Por qué usted y Rafael siempre hacen esto todos los meses?

—¿Lo de ocultarnos?

—Así es.

Sé que no es de mi incumbencia, pero— —La luna llena— dijo Leonardo.

—Si salimos mientras halla luna, toda esta ciudad, y por extensión sus habitantes, desaparecerían.

Tras esas palabras, Amira puso los ojos en blanco y cuestionó al mocoso.

No podía tomárselo en serio.

Después, Rafael despertó con ganas de cagar.

Amira tiró su orgullo y lo llevó en brazos con una toalla alrededor de su cabeza.

Le hizo la misma pregunta, y recibió la misma respuesta.

Pensó que estaban tomándole el pelo y dejó a Rafael solo en el baño toda la noche.

Pero, con el pasar del tiempo y viendo sus hazañas más y más sobrehumanas, así como la continuidad de esa tradición cuando había luna llena, Amira dejó de dudar tanto.

Incluso empezó a llevar su vida con esa fase lunar en mente.

Hoy, en el tiempo presente, ese momento llegó de nuevo y todo el Burdel en Grenoble cesó sus actividades, armando una parrillada en la azotea.

Amira y el personal que trajo de Qasar al-Zill bebieron y comieron hasta reventar, admirando el sereno paso del astro.

Todas se preguntaban qué estaban haciendo esos dos.

Amira también lo hacía, a su pesar.

Y sintió que iba a perderse algo increíble.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – —…Huh…

Mira eso…

Parece que la suerte no…

Me abandonó del todo— La consciencia de Leonardo regresó tras un tiempo indefinido.

Segundos, quizás horas.

Despertó con una sensación abrasadora en toda su parte frontal, desde su cara hasta los dedos de los pies.

El frío había pasado de congelar a quemar, y los temblores tanto lejanos como cercanos echaban capas de tierra sobre él.

Podía escuchar el estruendo de la roca partiéndose, sentir los poderosos impactos a cientos de metros.

Una ira insaciable retumbaba en algún lugar de su interior.

No le pertenecía.

Esta rabia tenía que ser de Vorekh, filtrándose a través de ese supuesto lazo que les permitió charlar.

Pensar que había estado jodiendo a una Kaiju le trajo una sonrisa a los labios.

Pensar en el brillo que se colaba desde un pequeño agujero en la placa de metal con la que chocó antes casi le hizo reír.

¿Cuál era la probabilidad de toparse con un Kaiju en este viaje improvisado?

¿Cuál era la probabilidad de que ese Kaiju fuese un simio, de todos los tipos que podía haber?

¿Cuál era la puta probabilidad de que hoy, ahora, fuese el momento de la Fase Lunar que pretendía aprovechar?

—¡¡MMHGRR!!— gruñó, forzando la salida del Ki en repetidas ondas de choque para despegarse del hielo.

La acción, obviamente, llamó la atención de Vorekh.

A cientos de metros debajo de su posición, la Kaiju cesó sus ataques devastadores a la instalación militar, en este punto prácticamente inexistente.

Miró hacia arriba, al único punto que no había atacado conscientemente.

Vorekh habría preferido que Leonardo se quedase inconsciente.

Una vez que su ira se calmase, podría incluso perdonar al pequeño Saiyajin.

Pero estaba lejos de entrar en razón.

Aunque inteligente, Vorekh seguía siendo una bestia, y una que gobernaba sobre otras bestias.

La compasión y el entendimiento no ocupaban un lugar especial entre los suyos.

Vorekh desató una helada masiva en la dirección de Leonardo.

Una tormenta de frío en la que se formaron proyectiles del tamaño de hombres, afilados, peligrosos y veloces.

Como un mar de pirañas, alcanzaron y devoraron la lanza de hielo que dejó inconsciente a Leonardo en primer lugar.

Las alarmas de peligro motivaron al Saiyajin y finalmente se liberó con una gran onda choque.

Sin perder un segundo, lanzó bolas de energía al metal sobre su cabeza.

La estructura cedió y Leonardo salió disparado hacia la superficie, encontrándose en medio de un almacén por cuyo techo derruido se vislumbraba la hermosa Luna Llena.

Clavó sus ojos negros al cuerpo celeste.

Un latido poderoso le recorrió la espina.

No detuvo su vuelo ascendente.

Por su parte, Vorekh se lanzó a la carga tras el Saiyajin al notar que su ataque no lo alcanzó.

Su masivo cuerpo saltó decenas de metros y usó constructos helados para aferrarse a la roca.

El surgimiento de la Kaiju hizo temblar la tierra.

Protestó, gimió y se partió a su paso.

Clavó una mano en la zona más estrecha y usó su absurda fuerza para apartar toneladas de su camino.

Repitió la acción a medida que subía, enterrando la caverna debajo de ella irremediablemente.

Emergió como una erupción helada y rugiendo a la superficie, lanzando escombros del tamaño de casas por todos lados.

Lo que no esperaba en lo absoluto era otro rugido como respuesta, más enojado, salvaje y desafiante.

Tampoco que un simio de la mitad de su tamaño le cayese encima.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – El impacto fue titánico, casi equivalente a 300 kilogramos de TNT.

El suelo débil sobre el que Vorekh escalaba se hizo añicos, y ambas criaturas regresaron a las profundidades con una avalancha de tierra a cuestas.

La Kaiju rugió, sacudida hasta los huesos.

El Oozaru gruñó, adolorido y más furioso.

Ella lo bañó en una nube de vapor gélido y lo abofeteó con todas sus fuerzas.

Escupió constructos de escarcha que se adhirieron a las partes todavía sólidas de roca, desacelerando.

Una mano con garras se aferró a su pata derecha, tirando tan bruscamente que la extremidad crujió.

¡¡AAARGH!!

Bramó Vorekh, tanto física como espiritualmente.

Pero no sacudió en lo más mínimo al Oozaru.

El salvaje mono trepó a su espalda, apuñalándosela en el proceso.

Cerró sus fauces sobre el hombro izquierdo de la Kaiju, hundiéndole los colmillos.

Las pupilas de Vorekh se contrajeron de golpe.

Apresuró su escalada, saltando de constructo en constructo como un toro desbocado.

Se estrelló de espalda contra la roca, a riesgo de provocar otro derrumbe que los hiciera caer de nuevo.

Él no la soltó, ella entró en cólera.

Finalmente alcanzó la superficie de nuevo.

Salió disparada con el Oozaru aún desgarrándole la carne.

En el aire, trazando un amplio arco, Vorekh escupió lanzas cortas de hielo que utilizó para clavárselas al salvaje en los ojos.

Falló por poco.

Las púas gélidas se hundieron en su hocico alargado, lo que obligó al Oozaru a soltarla con un gemido de dolor.

Se estrellaron y rodaron duramente en el suelo, sangre fresca salpicada y surcos formados en la tierra con sus volúmenes masivos.

Grrrhm, así que te habías guardado esto.

Pero no me impresi- Leonardo, o más bien Leonardo Oozaru, saltó nuevamente sobre la Kaiju parlanchina y hundió su cabeza en la roca de un pisotón.

Alzó ambos puños antes de estrellarlos en la cara torcida de Vorekh.

No había técnica, no había propósito, sólo cruda y pura violencia.

Habría hecho lo mismo contra las rocas, los árboles e incluso una hormiga.

Vorekh simplemente estaba ahí en lugar de lo demás.

Sin embargo, la Kaiju no se rendiría tan fácilmente.

Ella interceptó ambas muñecas del Oozaru en pleno descenso.

El simio más pequeño se encontró repentinamente inmovilizado, incapaz de hacer avanzar sus puños.

Intentó retirarlos, pero tampoco le era posible.

—¡¡GRRH!!— gruñó con fastidio, sacudiéndose de un lado a otro.

La expresión feroz de Vorekh se convirtió lentamente en una sonrisa que no prometía nada bueno.

Ante la mirada furiosa del Oozaru, la Kaiju se incorporó lentamente y lo obligó a retroceder.

De hecho, ella tiraba de él con fuerza para equilibrarse, y él sólo pudo forcejear en la dirección opuesta para no verse arrastrado.

Vorekh se puso de pie en toda su gloria.

El oponente apenas llegaba a su pecho.

Admito que me tomaste desprevenida.

No se repetirá.

Tras su declaración, se echó hacia atrás y tiró de Leonardo con una fuerza a la que no pudo resistirse.

Plantó una de sus patas en el suelo con firmeza y elevó la otra.

Un rodillazo se hundió en el estómago del mono.

El movimiento fue seguido por un codazo en la espalda que lo hizo rebotar del suelo.

Un gancho titánico lo volteó patas arriba y le desprendió varios dientes.

Ella saltó, emitiendo un rugido que reverberó en la aislada locación antes de aterrizar con un pisotón doble en el pecho del Oozaru.

Inmediatamente después, cayó sentada en su abdomen e inmovilizó sus brazos con las piernas.

Las posiciones se habían invertido, y la diferencia de tamaño jugó en contra del salvaje.

¡Tu insolencia ya no será tolerada!

Los puños monumentales de la Kaiju se cubrieron con densas placas de hielo.

La emoción de la batalla inundó el corazón de Vorekh con vitalidad.

La hizo sentir más viva que todos sus milenios.

Quizás, eso fue lo que más la motivó a seguir conversando con Leonardo: El constante desafío del Saiyajin.

Él no la respetaba.

Tampoco le temía.

Incluso cuando vio su verdadera forma, la trató con el mismo desdén, la misma descortesía.

Vorekh se dejó llevar.

Lo hizo a tal punto que continuó transmitiendo sus intenciones al lazo que formó y nunca rompió con Leonardo sin darse cuenta.

Lo bombardeó con su agresividad, su entretenimiento, su deleite.

Golpeó tanto su cuerpo, como su espíritu.

Y ese fue un error crítico.

Leonardo, pese a su avance como luchador, estaba lejos de poder domar a la bestia Oozaru.

La mente la tenía en blanco, invadida por impulsos puros de violencia.

Hasta que Vorekh comenzó a fastidiarlo en la otra consciencia, la que no dependía de la mente.

Lo hizo despertar sin querer.

Por un breve instante, el mono salvaje dejó de ser salvaje y se convirtió en Leonardo.

Apenas un par de segundos.

Esos segundos le bastaron para darse cuenta de su situación.

Tenía que responder de algún modo.

Un poco en pánico por la sensación de arrastre que se llevaba su consciencia otra vez, recogió lo primero que encontró con su cola, una roca grande supuso, y la insertó con todas sus fuerzas al único punto que pudo alcanzar en tal posición.

¿¡¡GAARGH!!?

Vorekh se congeló momentáneamente.

Una corriente electrizante recorrió su espina y la hizo saltar con el rostro contorsionado, sujetándose el trasero.

El Oozaru salvaje retomó el control entonces, su rostro magullado y el hocico casi partido.

Tragó aire ávidamente, pero no para respirar.

En el breve instante que Leonardo estuvo consciente, acumuló Ki de manera instintiva para un ataque que no sabía cómo liberar con sus manos pegadas a su propio cuerpo.

El Oozaru no sabía liberar esa energía con las manos.

Era un proceso demasiado complejo para él.

Sin embargo, tenía un método más simple e instintivo que no requería más de medio pensamiento.

El Ki explotó, un potente haz de luz que se tragó a la adolorida Vorekh.

La expulsión del Ki se ve influencia en parte por la capacidad del cuerpo del usuario.

Un cuerpo más fuerte contribuye a una mayor movilización de Ki.

La diferencia entre los físicos de Leonardo y el Oozaru era enorme.

Y también la letalidad de sus ráfagas de energía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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