Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!?
  3. Capítulo 8 - 8 Insensatez Y Arrogancia
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Insensatez Y Arrogancia 8: Insensatez Y Arrogancia  Rafael miró con fastidio los cuerpos tirados y quejumbrosos en el suelo.

Hombres que hace un momento se comportaban con rudeza y altanería, ahora reducidos a gusanos retorciéndose de dolor con saliva y sangre escapándoseles de la boca.

No le preocupaban estos sujetos.

No le preocupaban las expresiones sorprendidas u horrorizadas de las mujeres que se reunían para ver el suceso.

Pero sí se encogió levemente ante la fulminante mirada de Leonardo, quien permaneció en estoico silencio durante toda la interacción.

—¿¡Qué!?— exigió Rafael.

—¡Ellos comenzaron, no puedes culparme!— señaló a la exquisita mujer de pechos prácticamente descubiertos que estaba paralizada a un par de metros de la escena.

—¡Tú, haz que saquen a estos imbéciles de aquí.

Y consígueme algo de comer, y agua para ducharme!— le ordenó sin decoro alguno, intentando captar el interés de Leonardo con comida y la sensación reconfortante de un baño asistido por mujeres.

Pareció funcionar, pues la expresión severa de su amigo se relajó y asintió lentamente, cediendo esta vez.

Ambos avanzaron confiadamente, como si fueran los dueños del lugar.

Halima, Lulu y Amat, las tres chicas que salvaron del campamento en el desierto, los siguieron obedientemente.

Cuando pasaron junto a la hermosa mujer de las areolas coquetas, ella pareció salir de su sorpresa y dijo algunas palabras que Rafael no entendió, y esperó secretamente que no fueran insultos hacia él.

Casi detuvo su paso cuando otros tipos armados aparecieron de repente, corriendo en su dirección.

En una conveniencia que él no se esperaba, los guardias del lugar pasaron de largo y se encargaron de los bárbaros apaleados.

Más murmullos y palabrería incomprensible llegaron a oídos de Leonardo y Rafael, pero ambos fingieron que el asunto no estaba relacionado con su presencia.

En algún momento, la dama de las areolas los alcanzó e intercambió palabras con sus tres acompañantes, tras lo cual lideró el camino torpemente y los guio, convenientemente, hasta un gran baño.

—¿E-estoy soñando?— preguntó Leonardo con lágrimas en los ojos.

—Entonces es el mejor sueño que podría existir, amigo mío— concedió Rafael, igualmente sentimental.

Se despojaron de sus harapos y se lanzaron al agua, conmovidos por al fin poder limpiarse como Dios decretó al hombre.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   —¿¡Qué demonios fue eso, ustedes tres!?— siseó Amira, todavía conmocionada por el incidente de hace un momento.

Se dirigía a las chicas que trabajaron para ella hace años, a quienes había vendido a un patán para cerrar un trato importante y que ahora regresaban de la maldita nada, trayendo consigo un gigantesco problema que le podría costar todo para el final del día.

—…

También nos da gusto verte, jefa— dijo Halima con tono seco, su expresión fría y muy alejada de la dócil actitud que mostraba a Rafael y Leonardo.

Amira detuvo su furia inicial ante la obvia insinuación, obligándose a calmarse con respiraciones profundas.

Carraspeó audiblemente antes de volver a empezar.

—De acuerdo…

Bien, sí, entiendo.

Espero que no haya resentimientos, querida.

Sabes muy bien cómo funcionan las cosas aquí.

Las tres mujeres asintieron, aunque el brillo de desdén en sus ojos afirmaba lo contrario.

Amira se encogió de hombros, pues el pasado no podía cambiarse, para bien y para mal.

—¿Les molestaría explicarme qué sucedió?— solicitó la morena con un suspiro, echándose en su silla detrás del escritorio.

—Como puedes ver, sobrevivimos todos estos años siendo las putas de esos mercenarios despreciables— comenzó Halima, lanzándole una puya a Amira sin piedad.

—Hasta hace unos días, estuvimos sirviéndole a un depravado en medio del desierto.

Entonces llegaron esos pequeños que conociste allí abajo y los mataron a todos.

Nos encontraron, nos dieron comida decente y nos vistieron con dignidad.

No hablan ni entienden nuestro idioma, pero son buenos niños y claramente estaban perdidos.

Así que los trajimos al único lugar que conocemos— resumió la mujer con voz monótona.

—…¿Y su mejor idea no fue sólo traerlos a esta ciudad, sino a mi establecimiento?— cuestionó Amira, frotándose las sienes.

—Uh…

Es que realmente no conocemos ninguna otra ubicación, Sheikh Amira.

Nos habríamos perdido en el desierto de haber intentado otra cosa— se defendió Lulu en voz baja, tan tímida como Amira la recordaba.

—Además, eres la única persona que podría hablar su lengua por aquí.

Ni siquiera sabemos qué idioma es— Amat se encogió de hombros, señalando el punto más importante para ellas.

Y no se equivocaba.

Amira era una mujer experimentada e inteligente, una que dominaba seis lenguas en total, la mitad de ese número a la perfección.

—Así que…

Me traen un par de mocosos capaces de matar mercenarios y dejarlos inconscientes con sus puños, quienes no sólo hicieron un escándalo en mi burdel sino que también se metieron con los hombres de Lord Eimerich, únicamente porque no conocían otro lugar y yo podría o no hablar su idioma…

¿Me faltó algo?— analizó Amira con un temblor involuntario en el párpado.

Las tres insensatas mujeres se miraron la una a la otra un momento antes de volverse hacia ella con expresiones serias.

—¿Puedes hablar su idioma?— preguntaron al unísono, perdiéndose por completo lo más importante.

—¡Sí, pero ninguno de nosotros hablará una mierda si Lord Eimerich se ofende por sus hombres heridos!— arremetió Amira con frustración, su mente aguda buscando una solución que le permitiera salir, como mínimo, sin una extremidad faltante.

—¿Y quién demonios es este Eimerich, y por qué le dices Lord?— inquirió Amat lacónicamente.

—Nadie importante, querida.

¡Sólo el hijo de perra más poderoso e influyente de este lado del Distrito!— escupió desdeñosamente la Sheikh, mirando a las invitadas no invitadas como si fueran estúpidas.

—Ya deja de actuar como una damisela en peligro— amonestó Halima con calma, escrutándola con la mirada.

—No nos has echado, atado ni entregado como ofrenda a este Señor al que le temes, e incluso cumpliste con las exigencias de Rafael y Leonardo.

—Porque veo potencial en todas las cosas— declaró Amira, dejando caer su expresión y postura tensa repentinamente, reemplazándolas con una sonrisa astuta.

—No te hagas ideas equivocadas, Sheikh Amira— advirtió Amat con voz gélida.

—No puedes controlarlos.

Trátanos como es debido y ellos podrían quedarse para defender el lugar.

Intenta engañarlos y te llevarás una desagradable sorpresa.

Amira estudió a Amat con la mirada, encontrando muy poco gusto en el desafío de la ramera que una vez fue su subordinada.

Las palabras de la prostituta también le hicieron reconsiderar sus impresiones iniciales, especialmente sobre la dinámica del extraño grupo.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   —¿Crees que esta gente tenga computadoras o internet?— preguntó Leonardo mientras se llenaba la cara con enormes trozos de carne y mucha ensalada, a la vez que absorbía jugos de frutas como un agujero negro.

—Huh, no tengo idea.

No he visto a nadie con smartphones por ahí— comentó Rafael, acompañándolo al otro lado de la mesa con una cantidad no menor de comida.

Amables mujeres iban y venían con platos nuevos, llevándose los viejos al instante para desocupar el lugar.

Fue alucinante para ambos el cómo nadie los cuestionó y simplemente les dieron lo que exigieron, a pesar de que no les entendían.

—¿Por qué preguntas?

¿Planeas contactar a alguien o algo así?— inquirió Rafael tras un momento, sin tener idea de las intenciones de su amigo.

—Este Isekai no parece muy medieval, ya sabes— insinuó Leonardo.

—Si hay automóviles tan modernos y armas automáticas, debería existir internet también.

Quiero saber el año en el que estamos, la geografía y la historia de este mundo.

Podría no ser la tierra, nuestra tierra.

Rafael asintió en comprensión, encontrando lógico el argumento.

A él no se le había pasado por la cabeza tal posibilidad y simplemente aceptó el hecho de haber transmigrado, o reencarnado.

—Lástima no encontrar un Gremio de Aventureros o algo así— se lamentó el chico.

Tras un momento de reflexión, miró a Leonardo y recordó lo que hizo temprano en la planta baja.

—Esos tipos probablemente eran miembros de un grupo más grande, o subordinados de un pez gordo.

Estas cosas son demasiado cliché como para no ser posibles.

—¿Huh, y ahora sí analizas la situación?— preguntó Leonardo sarcásticamente.

Rafael le mostró el dedo medio en respuesta.

—No es como si fuesen malas noticias para nosotros.

Tarde o temprano habríamos tenido algún choque con tipos de naturaleza similar— apuntó con una mueca, rebuscando entre los platos para extraer más comida.

—De preferencia más tarde, Rafael.

Es probable que las represalias vengan hoy mismo, o mañana.

Y no me gusta pelear con el estómago lleno— se quejó Leonardo con un suspiro.

—¡Nunca has peleado con el estómago lleno!— replicó Rafael.

—¡Ejem!

Tranquilícense, mis pequeños— llamó una voz suave desde la puerta, en un español un poco tosco pero fácil de entender.

Rafael y Leonardo se quedaron paralizados un momento, girando sus cabezas mecánicamente al origen de la voz.

—¡Areola-San!— exclamó Rafael.

—¿¡Hablas español!?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo