Tres de corazones - Capítulo 60
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 60: Capítulo 31
Luego de conducir por un tiempo, llegamos a una bodega abandonada cerca a la zona costera, se podían escuchar el sonido de las olas chocando muy cerca. Durante el trayecto intenté convencer a Mauro de qué me dijera que ocurría, pero insistió que permaneciera ignorante mientras las cosas de calmaran.
Al llegar a la bodega, aparecía más una casa, se encontraba amoblada, contaba con un sofá, cama, incluso una nevera y un lugar para cocinar, en la cama había un bolso, el sitio estaba bien iluminado, tenía lámparas en varios sitios, pero ninguna ventana que diera hacía el exterior, solo la reja de seguridad inclusive había un baño disponible allí.
—¿Dónde estamos? —pregunté.
—Es un escondite de Di Marino. —respondió Mauro. —Aquí pasaremos la noche, hasta que vuelva Perseo.
—¿Seguirás sin decime que ocurre? Y por qué debemos escondernos.
—No, hasta que todo no sea seguro. Sobre la cama hay ropa y zapatos que sacamos de tu anterior apartamento.
—Estás lejos de tu casa, Mauro, ¿por qué? —insistí.
—Evelina… digo, Alessia… perdón, ¿cómo quieres que te diga? —preguntó confuso.
Nací siendo Alessia, toda mi vida se había construido sobre ese nombre, cambiarlo, aunque me gustó junto con la buena vida que trajo, se me hacía extraño. Evelina solo había sido un pasatiempo para mí, un disfraz que usaba para ocultarme de Ciro, Evelina en realidad jamás existió y jamás volvería a existir, no podía esconderme bajo otro nombre, ni huir de mi pasado, era parte de mi vida, debía de aceptarlo.
—Alessia, puedes decirme Alessia. —respondí.
—Bueno, Ale. —dijo con una sonrisa. —Prometo responder todas tus preguntas en la mañana.
Se sentó al borde de la cama y me extendió la bolsa. Me sentía un poco aliviada estar lejos de cualquier caos, pero me intrigaba saber que pasaba, pero, sobre todo, como estaría enloqueciendo Ciro al ver que, ante los ojos de él, “había sido secuestrada”, Perseo estaba fingiendo cuando me apuntó con el arma, aunque dudé de él porque se sentía genuino, me había sacado de ese lugar.
Me senté a su lado en la cama, comencé a quitarme los tacones, sentí un alivio que mis pies descansaran cuando me despedí de esos zapatos, Mauro notó mi cansancio y se arrodilló frente a mí para darme un masaje en los pies, solo le sonreía.
—No sabes cuánto me alegro volver a verte, pensé que no te volvería a ver y ni pude despedirme de ti. —dije.
—Me entristeció mucho cuando supe toda la verdad.
—Si, lamento mucho habértelo ocultado.
—No, no, no. —dijo él. —No me malentendidas, digo que es una lastima por todo lo que has pasado y a lo que tuviste que recurrir.
—¿Cómo sabes toda mi historia? —pregunté confusa, él solo sonrió. —De acuerdo, mañana solucionaras mis preguntas. ¿Puedes ayudarme a bajarme el vestido?
Me levanté de la cama para que me ayudara con mi petición y me giré, él se levantó del piso y jaló la cremallera del vestido que estaba a un costado, soltó el nudo que sostenía el escote dejándome completamente desnuda ante él. Cuando giré para mirarlo se le veía un poco sonrojado y apenado por todo eso.
—Me vestiré. —anuncié.
Sin embargo, sus labios se pegaron a los míos en un dulce beso. Poco a poco me empujaba a la cama, con una sola mano bajó mi ropa interior para disfrutar de esa noche.
A la mañana siguiente, Mauro se despertó temprano para ir a buscar el desayuno mientras yo me vestía. En la ausencia de Mauro, escuché un auto recorrer las bodegas, sentí miedo, me habían encontrado, sería mi fin, no sabía que haría ahora Ciro para ser más estricto en mi protección, salí corriendo para esconderme en el único lugar posible en la bodega, el baño. Escuché como la reja de seguridad de la bodega se abría y se cerraba, con curiosidad me asomé por la puerta y se trataba de Perseo.
—Evelina. Me alegra verte. —comentó Perseo.
—Alessia, por favor. —le corregí.
—¿Mauro? —preguntó.
—Fue por el desayuno.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com