Tres de corazones - Capítulo 63
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Capítulo 63: Capítulo 32_2
No me sentía preparada para ello, el plan era escapar del país, ellos me habían traído mis documentos de mi antiguo apartamento, Perseo se aseguraría de sacarme del país de la misma manera que él entraba y salía, cruzando la frontera, aunque estábamos a unos cuantos estados de distancia, debía hacerse en auto para no levantar sospechas.
Mauro se sentó en el sofá, frotándose sus ojos, luego me observó con detalle.
—Tienes las mejillas rojas. —comentó Mauro ignorando mi pregunta.
—Despierta, Caronia. —dijo Perseo. —Debemos hacer algo.
—Solo necesitamos medicina, con eso estará bien.
—Si, pero hay que salir a comprarla. Aquí no hay.
—¿Qué otra cosa te sientes, Eve… Alessia? —preguntó Mauro.
—Estoy bien, en serio.
—Vamos, saldremos a comprarte medicina. —dijo Perseo.
—¿Quién se quedará con Alessia? —preguntó Mauro.
—Ella irá con nosotros. —respondió Perseo vistiéndose para salir.
—¿Qué? ¡No! —protestó Mauro. —Debe quedarse aquí, es peligroso que salga, además debe guardar reposo.
—Es mejor que venga, le vendrá bien un poco de aire fresco, en lugar de estar encerrada. —dijo Mauro.
—Muy bien, suficiente. —comenté para que se callaran, mi cabeza empezaba a dolerme por la discusión. —¿Qué hora es?
—Son las cuatro de la mañana. —respondió Mauro mirando su reloj.
—De acuerdo, iremos todos a buscar medicina, así también podemos buscar algo para desayunar, luego volvemos a la bodega, ¿les parece bien? —sugerí.
Aunque ambos estuvieron en desacuerdo con mi plan, Mauro porque no deseaba que saliera, no era buena ideas y Perseo porque decía que no debíamos de tardar tanto por fuera, llegaron a la conclusión de hacer lo que había sugerido para no haber más discusiones al respecto.
Me sentí para poder salir con una sudadera por el frío de la noche, Mauro me prestó una gorra, la misma que había usado aquel día en el casino para colocármela, no era el mejor disfraz, pero así se evitaba que me reconociera tan fácil.
Subimos los tres al auto, ambos insistieron en que fuera adelante, pero me negué, no tenía la fuerza suficiente para estar pendiente del camino, además, solo quería recostarme en el asiento trasero. Cuando Mauro comenzó a conducir por la ciudad, fue el momento exacto donde todos los malestares se juntaron, el dolor de cabeza y del cuerpo se habían intensificado, ahora los acompañaban nauseas y la fiebre que no hacía más que subir, tenía mis propias manos calientes.
Mauro y Perseo no hacían más que observarme por el retrovisor, hasta que llegamos a una farmacia, Perseo bajó y compró medicinas necesarias para la fiebre y mi malestar, para luego pasar por una panadería y comprar algo de desayunar.
Pedí que nos regresáramos a la bodega luego de comprar, quería comer cómoda en la cama, solo quería recostarme un rato y continuar durmiendo, pero había otros planes.
Unos escasos metros antes de llegar a la bodega, vimos como estaban destrozando la reja de seguridad para entrar, cuando vi a Ciro salir de un auto, lo que había comido el día anterior subió por mi garganta, rápido abrí la puerta del auto y comencé a vomitar.
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