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Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 CAP 07 — IV Líneas que no se cruzan
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10: CAP 07 — IV: “Líneas que no se cruzan” 10: CAP 07 — IV: “Líneas que no se cruzan” El silencio en la sala solo era interrumpido por las respiraciones pesadas de las dos Umas.

Ambas se mantuvieron recostadas en sus respectivas camillas, dejándose vencer por el agotamiento de la sesión.

Una fina capa de sudor bañaba sus figuras, resaltando el esfuerzo al que habían sometido no solo a sus músculos, sino a su propia voluntad.

La primera en reaccionar fue Dober.

Se incorporó lentamente, sentándose al borde de la camilla.

Su respiración aún era irregular, pero en su rostro se dibujaba una sonrisa lenta, muy poco propia de su carácter habitual.

Estaba encantada con el resultado.

Pero la relajación muscular no había apagado el fuego; lo había avivado.

El calor en su zona baja era sofocador, denso, casi doloroso.

Y al mirar a Cali —esparcido en la silla rodante con los ojos cerrados, el pecho subiendo y bajando bruscamente, totalmente indefenso después de haber cumplido su extenuante labor—, los ojos oscuros de Dober brillaron con un hambre inconfundible.

El hombre que la había provocado estaba ahí, completamente a su merced.

Hoy estaba declarado.

Dober lo miró fijamente y tomó una decisión impulsada por puro instinto: iba a cruzar la línea final, aunque fuera con él medio dormido.

Se deslizó fuera de la camilla.

Sus pies descalzos tocaron el suelo sin hacer ruido.

Dio un paso hacia Cali.

Pero no dio el segundo.

Una mano firme se cerró como un torno alrededor de su muñeca.

Dober se giró bruscamente, enseñando los dientes.

McQueen se había levantado de su camilla.

Su cabello lavanda estaba pegado a su cuello por el sudor y su ropa estaba desordenada, pero su postura volvía a ser la de una verdadera heredera de la familia.

McQueen había visto esa mirada en Dober.

Había visto el calor salvaje en sus ojos.

Y, lo que era peor para su propio autocontrol, había olfateado esa sensación emanando de su prima.

Ese olor dulce, espeso y necesitado…

un olor que, aunque le repugnaba admitirlo, también estaba saliendo de ella misma.

—No —dijo McQueen.

Su voz fue baja, pero cortante como el hielo.

Dober tiró de su brazo, pero McQueen no aflojó el agarre.

—Suéltame, McQueen.

Tú tuviste tu turno.

—Y ambos sabemos cómo terminaría esto —replicó la peli-lavanda, manteniendo la muñeca de Dober inmovilizada—.

Míralo.

Mírate a ti misma.

¿De verdad vas a dejar que tus instintos te arrastren a cometer un acto tan indigno en una sala clínica?

Dober soltó una risa seca, intentando tentarla.

—Oh, por favor.

No te hagas la santa ahora.

Yo huelo lo mismo que tú.

Las dos sabemos qué queremos hacerle en este momento.

Las dos estamos ardiendo de la misma manera.

Si lo soltamos ahora, ¿quién te asegura que no se lo hará a alguien más mañana?

Las palabras de Dober eran bonitas, venenosas y peligrosamente lógicas para el estado en el que se encontraban.

Aludían a esa condición casi compartida, a esa debilidad momentánea que las igualaba.

McQueen tragó saliva.

La tentación de ceder, de dejar que la pelinegra tomara el control y simplemente dejarse llevar por la marea, era inmensa.

Pero ella era Mejiro McQueen.

Y a diferencia de Dober, a ella aún le quedaba algo que no estaba dispuesta a perder en esa sala: su dignidad frente al espejo.

—He dicho que no, Dober.

El tono fue definitivo.

Una orden absoluta.

Dober frunció el ceño, forcejeando durante un par de segundos más, pero la fuerza de McQueen estaba respaldada por una claridad mental que la pelinegra había perdido temporalmente.

Se quedaron así, en medio de la sala, mirándose con una mezcla de hostilidad y comprensión mutua.

Poco a poco, el ambiente frío de la clínica empezó a cumplir su función.

El aire acondicionado fue enfriando la fina capa de sudor sobre sus cuerpos.

La adrenalina bajó.

El sofoco en el bajo vientre de ambas se convirtió en un latido sordo y controlable.

Finalmente, Dober chasqueó la lengua.

Pareció ceder.

Aflojó la tensión de su brazo y McQueen, con cautela, la soltó.

—Eres aburrida —murmuró Dober.

Se dio la vuelta y comenzó a acomodarse la lencería gris y a recoger su ropa deportiva del suelo.

McQueen, aún desconfiada, empezó a hacer lo mismo con su propia chaqueta, sin quitarle los ojos de encima.

Dober caminó hacia la puerta de salida, pero en el último momento, justo cuando parecía que iba a cruzar el umbral, giró sobre sus talones a una velocidad asombrosa.

Se abalanzó en dirección a la silla donde Cali seguía con los ojos cerrados, lista para tomar lo que quería por la fuerza.

—¡Ni se te ocurra!

—exclamó McQueen.

La peli-lavanda reaccionó con la velocidad de una campeona en la recta final.

El trabajo en su abdomen había dado sus resultados, al menos, pagaría su ayuda, sacando las garras de esta otra bestia sobre él.

Interceptó a Dober a centímetros de la silla de Cali, agarrándola por la cintura y usando su propio impulso para empujarla hacia atrás.

Las dos Mejiro tropezaron, perdiendo el equilibrio.

McQueen, negándose a soltar a su presa, arrastró a Dober a la fuerza hacia el cuarto de cambio contiguo, cerrando la puerta de golpe detrás de ellas antes de que Dober pudiera lanzar otro ataque hacia el entrenador.

… El fuerte golpe de la puerta resonó en la sala principal.

Cali abrió un ojo lentamente.

Había escuchado el forcejeo.

Había sentido el aire desplazarse cerca de él.

Pero estaba tan absurdamente agotado que su cerebro de agente simplemente había decidido ignorar cualquier amenaza que no involucrara una explosión literal.

—Supongo que terminamos —balbuceó Cali al aire vacío de la clínica.

Se frotó los ojos y soltó un largo suspiro, ignorando por completo la intensidad de la guerra territorial que acababa de librarse a un metro de su cara.

No se enteró de lo que Dober había planeado.

No se enteró de que McQueen lo había defendido.

Se levantó pesadamente, agarró su tablilla y salió de la sala, completamente ajeno a la milagrosa intervención del destino —y del orgullo de una Mejiro— que lo había salvado, por muy poco, de ser devorado vivo.

O eso hubiera pasado en otra línea de tiempo.

Y porque el autor necesita vistas, piedras de poder y ayuda para comer… … REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR ¡Y CORTE!~ terminamos…

“–Uff, por fin, con esto ya serían 5 días de grabación.” Ujum, Asegúrate de enviarme todas las grabaciones para el final del día.

“Claaaro, solo esper- ghaaaauuuu~” Y asegúrate de dormir bien, no quiero un recorte fallido en la toma.

“Ehhh…, no she preocupe shoy todo un profesional; creo que terminare la edición aqui mismo.” Como desees; chicos y damas, cámbiense, iremos celebrar, los espero en el mismo lugar.

…

CLICK – PULSAR PUELSAR – CLICK *Editando – editando* “¿Qué…, solo me quedan 13 gibas en la memoria.?” (…) “Mejor gravo y lleno todo el almacenamiento, así podré pedirle que agregue una memoria nueva a mi pago, jejeje, si, MIRA MI METALIDAD DE TIBURON.” “Esta toma va~ aquí, y este filtro aqu-” GOLPE Zzzz -zzz – zzz …

Tiempo pasando…

No así no, añádete más curvas aquí, y por mi abuela, adelgaza esos brazos tuyos.

CRUJIDO – ACOMODANDO ¿Así?

Excelente jejeje, de eso hablo, con ese aspecto no hay fémina que pueda ganar el próximo casting.

GUAAAAuuuu!

“Productor ya tengo la toma completa y editada, es est— a” …

Silencio.

“The memory CARD IS FULL, recording is END”.

el chico veía al grupo a 10 metros de distancia, con un Alien ¿cambia formas?.

Atrapen a ese mocoso.

“Whaaa esperen, no- no he visto nada, estaba durmiendo, me iré, me iréeeee- Haaaa”.

Tómalo de la otra mano, átalas en su espalda.

“Haaaa, due-duele, por favor déjenme ir, so- solo estaba editando el video de mi productooooooor”.

¿Es de la competencia?

– Hay, pero lo acaba s de escucharle por supuesto que lo es.

Entonces mucho mejor, CÍTENLE EL OSCICO.

Noooo~, está bien borraré mi vid- Hmmmm, mmmm, ¡Úmmmm!” Sáquenlo y súbanlo en la cajuela, y tomen su cámara junto a su TARGETA DE MEMORIA.

…

CONDUCIR – CHOCQUE – BACHE – ABRIR.

“¡Ummmm Ammmm!” Lo sentimos chico, lancen sus cosas SPLAH.

Si tienes que culpar a alguien, culpa a tu suerte por ver lo que viste y…, quizás al sueño.

“¡HmmmmMMMMMmmmmm!” Levántenlo…, láncenlo.

“¡UMMMMMmmmmm!”.

SPLAAAASSHHH.

———————— Asegúrense de no dormirse en el trabajo lectores, o cosas malas podrían pasarles.

Espero leerlos y saber que duermen bien.

Y si puedes, deja su valoración.

Los veo en el próximo CAP.

GUIÑO GUIÑO.

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