Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 9
- Inicio
- Uma Musume: Serie-Darklines
- Capítulo 9 - 9 CAP 07 — III Misión Aguantar la línea
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: CAP 07 — III: “Misión: Aguantar la línea” 9: CAP 07 — III: “Misión: Aguantar la línea” Cali cerró los ojos por un segundo y respiró hondo.
El aire de la sala ya no olía solo a aceite neutro; estaba denso, cargado de la fricción, del calor de dos atletas de élite y de la tensión territorial que flotaba a su alrededor.
(Si desactivo la mina verde, la mina roja explota.
Si corto el cable rojo, la mina verde detona.) pensó Cali, recurriendo a su entrenamiento subterráneo.
(Solo hay una forma de salir vivo: mantener el pulso estable y no soltar ninguno de los dos cables hasta que la energía se agote.) Abrió los ojos.
Su mirada ya no era la del entrenador acorralado.
Era la del especialista en infiltración que debía mantener la sangre fría en medio del fuego cruzado.
—Ritmo —murmuró para sí mismo.
Con su mano derecha, reanudó la presión sobre el tejido interno del muslo de McQueen.
El amasado fue circular, firme, sin dudar un milímetro.
Con su mano izquierda, ubicada en la camilla contigua, inició el recorrido sobre el glúteo medio y el tensor de la fascia lata de Dober.
La presión allí fue más descendente, hundiendo la yema del pulgar para disipar los nudos de tensión.
Ambas manos trabajaban a la vez.
Movimientos precisos.
Constantes.
Sincronizados como el tic-tac de una bomba.
McQueen, sintiendo el retorno de esa fuerza estimulante que había perdido por unos instantes, pegó instintivamente los glúteos un poco más a la camilla.
Ese pequeño ajuste inclinó la balanza, obligando a que la mano de Cali quedara más apresada entre sus muslos, aplastando los cuádriceps contra las palmas de él con mayor intensidad.
Un suspiro suave, tembloroso y carente de toda etiqueta Mejiro, escapó de los labios de la joven de cabello lavanda.
—Ah… ahí… sí… Dober escuchó el sonido de su prima y sus ojos se oscurecieron.
Su espíritu competitivo no iba a permitir que McQueen se llevara toda la atención.
Si Cali estaba jugando a ser el agente neutral, ella iba a romperle la concentración.
Dober arqueó ligeramente la cadera.
Un movimiento sutil, de apenas dos centímetros, pero suficiente para que la mano izquierda de Cali, que bajaba aplicando el masaje, se deslizara y rozara directamente el borde del encaje traslúcido.
Cali sintió el calor de su piel y la textura mínima de la tela contra sus dedos, pero no detuvo el movimiento.
Mantuvo la presión constante, subiendo de nuevo por la cadena muscular, ignorando la invitación directa a cruzar la línea.
Dober chasqueó la lengua, frustrada pero juguetona por la resistencia de él.
Se movió de nuevo, esta vez hundiendo un poco la cintura para obligar a que los dedos de Cali se adentraran un poco más bajo la fina lencería gris.
El roce provocó que Dober no pudiera contener su propia reacción.
Un sonido gutural, una mezcla entre queja y puro placer muscular, resonó en la sala.
—Ngh… ja … debe ser complicado no?… —susurró ella, con la cara hundida en la toalla, dejando de lado cualquier pretensión de hostilidad.
Los dulces sonidos estallaban a izquierda y derecha.
Los gemidos suaves y contenidos de McQueen chocaban contra los susurros roncos y exigentes de Dober.
Para Cali, era una tortura.
Su cerebro estaba siendo bombardeado por estímulos que volverían loco a cualquier hombre cuerdo.
Sus instintos básicos le gritaban que cediera, que aceptara las invitaciones implícitas, que abandonara la pose clínica y dejara que las dos herederas jugaran con él todo lo que quisieran.
(Cordura, Cali.
Cordura.
Si cedes, mañana amaneces en el fondo del río o expulsado de Tracen por la presidenta del consejo.) Apretó los dientes.
Sus mandíbulas se tensaron tanto que le dolió.
El sudor empezó a perlar su frente.
Sus muñecas ardían por el esfuerzo de amasar tejido denso de Uma Musume con una sola mano por persona, pero no bajó el ritmo.
Si ellas querían desgaste, él les daría desgaste.
El compás de sus movimientos se volvió hipnótico.
Presión, liberación, deslizamiento.
Presión, liberación, deslizamiento.
Las sugerencias no verbales continuaron.
Las caderas se movían.
Las piernas de McQueen lo apretaban un poco más, buscando más fricción.
La piel de Dober brillaba bajo el aceite, tentando a sus dedos a cometer un error.
Nadie fuera de esa sala insonorizada tenía idea de la batalla campal que se libraba en las camillas.
Para el resto de Tracen, era solo una clínica de recuperación.
Adentro, era el desafío final de un hombre intentando no ser devorado por dos depredadoras de élite.
Quince minutos.
Ese fue el tiempo que le tomó al cuerpo de ambas corredoras rendirse ante el ácido láctico disipado, la fatiga del placer constante y el alivio absoluto de sus músculos.
Los movimientos de resistencia de Dober se hicieron más lentos hasta detenerse.
El agarre de los muslos de McQueen cedió, sus piernas cayendo finalmente, sin fuerzas, sobre la superficie de la camilla.
Cali sintió la relajación de los tejidos bajo sus manos.
El campo minado había sido desactivado.
Las cargas se habían vaciado.
Retiró las manos lentamente.
Retrocedió un paso, alejándose del centro de ambas camillas.
Sus rodillas temblaron ligeramente, y se dejó caer de espaldas sobre la pequeña silla rodante.
El impacto de la adrenalina abandonando su cuerpo fue devastador.
Su respiración era pesada, su frente estaba empapada en sudor y sus brazos le colgaban a los lados como si estuvieran hechos de plomo.
Sus muñecas palpitaban con un dolor agudo y sordo.
Miró a sus costados.
McQueen yacía bocarriba, con los ojos cerrados, el pecho subiendo y bajando rápidamente, con una expresión de total saciedad que arruinaba cualquier intento de mantener su compostura noble.
Dober estaba bocabajo, su rostro girado hacia un lado, respirando con la misma pesadez, su piel brillante y sus ojos a medio abrir, mirándolo con una mezcla de agotamiento y un respeto profundo y oscuro.
Cali dejó caer la cabeza hacia atrás, mirando el techo blanco y aséptico de la sala.
—Misión… cumplida —murmuró, con la voz apenas audible.
Y cerró los ojos, rogando al cielo, a las diosas y a Urara que, al menos por las próximas veinticuatro horas, nadie más le pidiera un masaje en Tracen.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Doctor, no despierta.
Pero sus signos vitales dicen que ya está vivito y coleando de nuevo.
Aaaaah, algo nos estamos olvidado…
…
¿Cómo fue que entró aquí?
Zip~ ZIP~ Según el registro; estuvo en un “Concurso” con sus amigos.
Qué raro ¿de qué trataba?.
ZIP~ De…, deeeee~.
Pasante, no tenemos tiempo, podría estar corriendo peligro…
Está bien…, un concurso de ver quién podía aguantar más oliendo gasolina; PREMIUM.
…
¿Qué?
Si doctor, al parecer nuestro paciente, ga…- ganó, de alguna manera…
FACEPALM.
Tráiganme ese PRE-MI-UM que estuvo inhalando, voy a reiniciarle su SNC.
…
SNIF SNIF …
“WOWWWWW; te- te- te lo dije Charli, nadie puede ganarme y menos con la gaso-“.
SiLENCIO…
“Emmmm; no es por ofender, pero…, ¿Estoy en una P*rn*?” Agradecería tu opinión, comentarios y valoración.
Te leo en el próximo CAP.
GUIÑO GUIÑO.