Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 12
- Inicio
- Uma Musume: Serie-Darklines
- Capítulo 12 - 12 CAP 08 El rastro de las diosas caídas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: CAP 08: “El rastro de las diosas caídas” 12: CAP 08: “El rastro de las diosas caídas” Cali se quedó mirando a Urara durante varios segundos, procesando la información como un ordenador viejo al que le acaban de conectar demasiados cables de alta tensión.
—Urara… —dijo él, frotándose el puente de la nariz con dos dedos—.
¿Cómo me encontraste exactamente?
La chica caballo inclinó la cabeza hacia un lado, sus orejas rosas rebotando con alegría.
—¡Jejeje!
Hoy en mi ventana vi una carta rosa.
Decía que era un juego del tesoro, con pistas escondidas por el campus.
¡Lo seguí y lo encontré!
Cali parpadeó.
-¿Una carta rosa?
–¡Si!, del mismo color del cabello de Urara.
—Ah… ya veo.
¿Y qué más?
—¡Oh!
Y ahora que lo recuerdo… —Urara se llevó un dedo a la barbilla, adoptando una postura inusualmente pensativa.
—El olor de la carta era muy similar a usted, entrenador.
Bueno, al usted de ahorita.
Olía a flores y a ese caramelo raro.
CERRAR.
El duo de rarezas salió de la sala de de masajes, comenzando su caminata a quien sabe donde… Mientras Urara hablaba, la mente de Cali comenzó a bombardearlo con fragmentos inconexos.
Recuerdos borrosos y abstractos.
Sonidos ahogados.
Quejas en susurros.
El roce de aceitada sobre la suya.
Olores dulces que chocaban y se mezclaban.
Curvas moviéndose en los bordes de su visión borrosa.
-(No.
No podría ser, verdad.) Cali tragó saliva en seco.
Se llevó la mano a la zona lumbar, que palpitaba con una queja sorda, como si hubiera sido utilizado de contrapeso en un ejercicio de resistencia.
Luego, sus dedos rozaron otra vez su mejilla, allí donde la extraña sustancia viscosa se había secado.
Pero el detalle final que lo obligó a dejar de negarlo fue el dolor en su cabeza.
No era un dolor interno por estrés.
Era un dolor externo, un dolor sordo y muy localizado en el cráneo.
Un golpe.
Un golpe contundente que, en algún momento de la noche, lo había derribado y mandado directo a la inconsciencia.
(Ese golpe…) pensó Cali, apretando los dientes.
(Fui derribado.
Yo no me desmayé de cansancio.
Alguien me apagó las luces.) La imagen de Mejiro Dober mirándolo con hambre antes de perder el conocimiento cruzó su mente, seguida de inmediato por la elegante silueta de McQueen.
(McQueen estaba ahí… ella es la elegancia personificada.
Ella me habría defendido.
¿No?) El terror heló su sangre.
(A menos que… a menos que ella también se dejara llevar.
No me hicieron lo que creo que me hicieron mientras estaba dormido, ¿verdad?
No puedo haber sido saqueado como un templo en ruinas…) —¡Ah!
¡Y así fue, entrenador!
¡King-chan perdió la apuesta y tuvo que comprar los almuerzos de todas!
—exclamó Urara de repente, sacándolo de su pánico interno.
Cali parpadeó, completamente descolocado por el abrupto cambio de tema de la chica caballo, que, fiel a su naturaleza, había encadenado una historia irrelevante con otra.
—Ah… ya, Urara —respondió él, con la voz apagada y la mirada perdida—.
Qué curiosa esa situación… Pobre King.
—¡Sí!
¡Pero hoy nos toca correr!
—Urara empezó a dar saltitos en su lugar—.
¡Hay que ir a la pista!
—Claro… la pista… —Cali se levantó despacio de la camilla, sus articulaciones protestando a cada centímetro.
Mientras acompañaba a Urara hacia la puerta, la mente del entrenador operaba a una velocidad frenética, calculando daños y armando un plan de contingencia.
No podía dejar esto así.
Tenía que encarar sus dudas y confirmar exactamente qué había pasado anoche y qué tanto habían abusado de su indefensión.
Pero había una regla de oro en el bajo mundo: nunca interrogues a dos cómplices en la misma habitación.
Si las enfrentaba juntas, McQueen y Dober podrían tergiversar los hechos, cubrirse las espaldas mutuamente por el bien de su apellido, o peor aún… podrían hacer un frente unido y decidir que querían repetir la sesión de masajes a puerta cerrada.
(Tengo que abordarlas individualmente.
Buscar la grieta en sus versiones,) decidió Cali, apretando los puños.
(Si no obtengo mis respuestas por separado, corro el riesgo de despertar mañana con la espalda adolorida nuevamente.
Y no creo que mi cráneo soporte otro apagón táctico.) —¡Vamos, entrenador, el último en llegar es una zanahoria podrida!
—gritó Urara, saliendo corriendo por el pasillo.
—Voy, Urara, voy… —susurró Cali, caminando como un anciano, preparándose mentalmente para el campo minado que le esperaba con las herederas Mejiro.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR ¿Pero ya lo hiciste o no?
Hic, hic.
“Dhno, tu, tu no sabes lo que es hacer la tarea y que no te la revisen…” …
“Mira; mira bien esta factura, incluso alquilé un terno que me costó un ojo de la cara.” Esa es tu culpa por ser AMARILLO.
“¿Y qué tiene de malo?”.
Te vas a quedar sin lana si sigues alquilando ternos para presentar cada tarea y exposición.
“Y qué, yo quiero verme así, ahí tu si quieres verte como un bárbaro energúmeno y troglodita.” ¡Ya!
Entiende, no le interesas a la maestra de inglés, vas a perder todo el cabello si sigues así.
“¡NO!; cállate no eres mi amigo, no me estas poyando…”.
Y ahi vas otra vez, por eso te estas quedando sin socios, SOCIO.
…
DISCULPEN LA FALTA DE ACTUALIZACION, HAY TAREA Y HOY TAMBIEN ESTARÉ OCUPADO; los leo espero en el Próximo cap.
GUIÑO GUIÑO.