Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 CAP 08 — II La fragilidad de la elegancia
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13: CAP 08 — II: “La fragilidad de la elegancia” 13: CAP 08 — II: “La fragilidad de la elegancia” El jardín trasero del pabellón Mejiro era el lugar perfecto para un interrogatorio silencioso.
Nadie perturbaba la hora del té de McQueen.
Cali caminó despacio, aún sintiendo el eco sordo en su lumbar, hasta llegar a la mesa de hierro forjado donde la heredera de cabello lavanda disfrutaba de un postre de apariencia ridículamente cara.
Al verlo acercarse, McQueen detuvo su tenedor a medio camino.
Su postura se volvió rígidamente perfecta al instante.
—Entrenador Cali —saludó ella, con la barbilla en alto —No esperaba verlo tan pronto.
¿A qué debo el honor?
Cali no se sentó.
Apoyó ambas manos sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia ella.
—Vine a preguntarle sobre el final de nuestra sesión clínica de anoche, señorita Mejiro.
Mi memoria de los últimos minutos es… sorprendentemente nula.
CLIN CLIN.
El tenedor de McQueen tintineó al chocar contra la porcelana del plato.
Fue un sonido minúsculo, pero en el silencio de ambiente, fue como un trueno.
—No sé a qué se refiere —respondió ella, desviando la mirada hacia su té.
—Usted cumplió con el tiempo establecido, terminó el masaje y se retiró.
Eso fue todo.
… —¿Me retiré?
Qué curioso.
Yo recuerdo haber caído inconsciente en la camilla por agotamiento extremo.
Y recuerdo haber despertado ahí mismo esta mañana.
–Con un golpe en la cabeza, dolor en la espalda… y cierta sustancia en mi mejilla.
Un rubor violento, del color de las rosas más intensas del jardín, subió por el cuello de McQueen hasta cubrirle las orejas.
Intentó ocultarlo llevando la taza de té a sus labios con ambas manos, pero el temblor en sus dedos no cooperaba con su fachada.
—E-esas son… aseveraciones absurdas, entrenador.
Esa voz, monótonamente camada, perdía tonos de gravedad, para volverse inusualmente aguda y apresurada —Seguramente, debido a su fatiga, su imaginación está creando falsos recuerdos, le- le sugeriría que descanse si ese es el caso.
–Además, los flu-, eso que menciona, probablemente sean… restos del aceite neutro que usted mismo utilizó.
… –Lo ve, todo es perfectamente explicable, no tiene por qué exagerar lo que piensa que le sucedió.
Cali se cruzó de brazos, apoyándose en el tronco de un árbol, sus ojos entrecerrándose.
—El aceite neutro no es dulce.
Y, definitivamente no huele a caramelo quemado ni a la fina loción de la familia Mejiro.
McQueen apretó los labios temblando y derramó una gota por su barbilla.
Dejó la taza sobre el platillo y se levantó de la silla, dándole la espalda a Cali bajo la excusa de observar un rosal cercano.
—Le exijo que detenga este interrogatorio impropio, entrenador.
Yo soy una dama.
Las insinuaciones que está haciendo son una falta de respeto a mi honor.
Pero la sedosa cola se movía de lado a lado, parecía querer huir, aunque sea, abandonando a su dueña plantada ahí.
Cali dio un paso hacia ella, sin invadir su espacio, pero lo suficientemente cerca como para que su voz bajara a un susurro casi confidencial.
—No estoy haciendo insinuaciones.
Solo intento llenar los espacios en blanco.
Si nada pasó, entonces no tendrá problema en recordarme por qué mi última sensación antes del apagón fue el roce de un encaje gris cruzándose con… ¿cómo era que Dober la llamó?
Ah, sí.
Una “maldita cobarde”.
Los hombros de McQueen dieron un respingo visible.
Sus manos se aferraron a los bordes de sus mangas.
Su respiración se volvió errática, y aunque no podía verle el rostro, Cali sabía exactamente qué estaba sintiendo.
Ella estaba recordando.
Estaba recordando las texturas.
El tacto de la piel chocando.
La caída de su propia barrera.
La exploración de sus propias manos sobre unos músculos que eran los de ella.
Y-… —Basta… —susurró McQueen, con la voz temblorosa, sintiéndose culpable por lo que hizo, pero sobre todo, porque de alguna manera le… gustó lo que experimento, en esa habitación.
—Le ordeno que se detenga.
No me haga-… no me obligue a recordar-… cosas que nunca deberían haber sucedido.
Cali la miró en silencio.
No necesitaba que ella lo dijera en voz alta.
Su negativa agresiva, su voz aguda, el rubor incontrolable y la forma en que se escondía de él le daban todas las respuestas que temía encontrar.
McQueen no lo había defendido hasta el final.
Había caído.
Y en su caída, ambas herederas Mejiro habían hecho de él, su trofeo de guerra mientras dormía.
—Entendido, señorita Mejiro —dijo Cali retrocediendo un paso atrás, como alguien que descubre quien se comió su torta de la nevera mientras estabas durmiendo.
—Agradezco su sinceridad no verbal.
Tenga un buen día.
Cali se dio la media vuelta y comenzó a caminar, llevándose la mano a la sien adolorida.
La primera parte de su investigación estaba resuelta.
Ahora, solo faltaba enfrentar a la mangaka de cabello negro, la verdadera autora intelectual de su desgracia nocturna.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Hoy…
Aquí.
Solo tengo una cosa por decir.
…
“Windows Update” HIJO DE P*TA!
¿Como que te j*des todos mis trabajos y avance de la RiKURA.
Dolor dolor dolor dolor dolor, DOOOOOOLLLLOOOOOOORRRRRR.
…
Si lector; mi chalan se puso a actualizar justo cuando estaba llegando a una parte suculente de la trama que ya avancé y…
todo se perdió.
NO hay, no existe…
Voy a recuperar los pocos datos que tengo en mi RAM integrada, aquí arriba, *Se señala la cabeza* Dentro de mi coco.
LOS LEO Y, si pueden califiquen esta historia, se los agradecería, es más se las jalar-.
GUIÑO GUIÑO.