Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Uma Musume: Serie-Darklines
  3. Capítulo 16 - 16 CAP 10 El secuestro del pavo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: CAP 10: “El secuestro del pavo” 16: CAP 10: “El secuestro del pavo” Durante los siguientes tres días, Cali no dio un solo paso por la academia sin su “escudo rosa”.

Haru Urara se había convertido en su chaleco antibalas personal.

Sabía que, sin importar cuán intensos fueran los instintos territoriales de Dober o McQueen, ninguna de las dos se atrevería a cruzar la línea frente a la inocencia encarnada de Tracen.

Pero Cali olvidó un detalle fundamental: contra el presupuesto ilimitado de la familia Mejiro, no hay escudo que valga.

La tarde del cuarto día, mientras entrenaban en la pista abandonada, un grupo de Umas de apariencia sospechosamente refinada se acercó a Urara con una invitación VIP a una “exclusiva degustación de dulces” en el otro extremo del campus.

—¡Yaaaaaiiii!

—celebró Urara, con los ojos brillando como estrellas—.

¡Entrenador, tengo que ir a la fiesta!

¡Le traeré unos postres cuando vuelva mañana por la mañana!

El estómago de Cali cayó hasta el subsuelo.

—¡Espera, Urara, no vayas!

¡Es una tramp—!

Pero la chica caballo ya había desaparecido en una nube de polvo rosado, arrastrada por sus nuevas y adineradas “amigas”.

Cali se quedó solo en la pista abandonada.

El viento sopló, levantando hojas secas y un escalofrío mortal en su nuca.

Sabiendo exactamente lo que esa maniobra significaba, no perdió el tiempo.

Agarró su mochila, su tablilla y salió disparado hacia la salida principal de Tracen, rogando a todos los santos subterráneos poder alcanzar el autobús de las 18:00.

Corrió con la agilidad de sus mejores años de agente.

Esquivó estudiantes, saltó bancos y cortó camino por los arbustos.

Estaba a solo dos edificios de la puerta de salida.

Podía ver la calle.

Podía saborear la libertad.

De repente, una figura descendió desde un árbol cercano.

Antes de que Cali pudiera siquiera reaccionar, un saco de tela gruesa le cayó encima, bloqueando su visión por completo.

Un segundo después, unos brazos con una fuerza sobrehumana lo envolvieron, inmovilizándolo desde los tobillos hasta el cuello.

–Haaaa; ¡señorita Tazuna!, ¡SEÑORITA TAZU-!!!

–Hmmmm, mmmm, Mammmmh!

Cali fue levantado en el aire y cargado sobre un hombro.

Atrapado como un pavo listo para la cena de Navidad, intentó forcejear, pero el agarre era el de una corredora de élite.

–Entrenador, deje de retorcerse como una maldita lombriz en clorox, o lo arrastraremos con una cuerda ¡envés de meterlo en la cajuela!

Los ruidos cesaron, lo metieron en el maletero de un vehículo silencioso, y el mundo exterior desapareció.

Cuando le quitaron el saco de la cabeza, los ojos de Cali tardaron unos segundos en ajustarse a la penumbra.

Ya no estaba en un vehículo.

No estaba en una sala clínica ni en los dormitorios comunes.

Era una habitación amplia, sin ventanas, forrada con paneles acústicos.

El aire estaba saturado con el aroma denso a flores de lavanda y caramelo quemado, proveniente de docenas de velas aromáticas estratégicamente colocadas en el suelo y las mesas.

Una iluminación roja, baja y sofocante, bañaba el lugar.

De unos parlantes ocultos emanaba una música suave, un jazz lento y pesado que marcaba un ritmo cardíaco profundo.

En el centro de la habitación había una cama ridículamente grande.

Y sentadas en el borde, esperándolo, estaban sus dos captoras.

Cali tragó saliva, sintiendo que la poca cordura que le quedaba abandonaba su cuerpo.

McQueen ya no llevaba su uniforme ni su ropa deportiva.

Vestía un conjunto de lencería de encaje blanco y lavanda, una pieza de alta costura que abrazaba cada una de sus curvas con una elegancia que ahora se sentía letal.

A su lado, Dober lucía exactamente el mismo conjunto de encaje gris traslúcido de la clínica, pero esta vez no había camisetas que estorbaran ni límites institucionales que respetar.

—Bienvenidos a la guarida, entrenador —ronroneó Dober, cruzando las piernas.

La luz roja resaltaba el brillo de su piel.

McQueen, aunque visiblemente sonrojada, no desvió la mirada.

Esta vez, no había barreras familiares.

—Intentó huir de sus responsabilidades clínicas, entrenador Cali —dijo McQueen, su voz grave y peligrosamente suave—.

Y nuestra recuperación aún está…

incompleta.

Cali intentó retroceder, pero la puerta detrás de él estaba bloqueada con un cerrojo electrónico.

Dober se levantó lentamente de la cama, seguida de McQueen.

Ambas caminaron hacia él como depredadoras arrinconando a su presa, el crujir de la fina lencería siendo el único sonido aparte de la música.

—Androne… —susurró Cali al aire, levantando las manos en señal de rendición—.

Borra mi historial de internet.

La luz roja pareció volverse más intensa, y el resto de la noche quedó sellado tras las paredes insonorizadas del sótano.

El dolor sordo no era nada comparado con el calor.

A la mañana siguiente, Cali despertó, pero su cerebro se negó rotundamente a mandar la orden a sus párpados para que se abrieran.

Estaba atrapado.

Un cuerpo suave, cálido y peligrosamente perfumado estaba pegado a su pecho, con una pierna enredada entre las suyas.

También sintió que le rozaba una cola, suave, sedosa, sobre su cintura.

Al mismo tiempo, otra presencia igualmente caliente y firme lo abrazaba por la espalda, presionando sus curvas contra su columna vertebral, atrapándolo en un sándwich Mejiro del que no había escape físico ni psicológico.

Respiraciones rítmicas chocaban contra su cuello y su nuca.

(No abriré los ojos.

Si no abro los ojos, esto es solo una pesadilla inducida por exceso de trabajo,) se repitió Cali, sudando frío.

(Soy un agente.

Estoy encubierto en Siberia.

Hace frío.

Mucho frío.) Se quedó absolutamente inmóvil, fingiendo estar en un coma profundo.

Un rítmico golpe suave, palmeaba sus pantorrillas, como instándole a despertarlo.

Pasaron lo que parecieron horas, hasta que finalmente escuchó un par de suspiros.

Las sábanas crujieron.

El peso en su pecho desapareció, seguido por el calor que abandonaba su espalda.

Escuchó el sonido de ropa deslizándose sobre la piel, pasos descalzos sobre la alfombra y unos murmullos indescifrables.

Finalmente, el cerrojo electrónico pitó suavemente y el clic de la puerta cerrándose resonó en la habitación vacía.

Solo entonces, Cali soltó el aire que llevaba conteniendo durante veinte minutos.

Se levantó la sábana para comprobar lo que pensaba.

-Ohh, por las… Puntos rojos, moretones, y.

Pocos, pero había, cabellos sueltos, sobré el, y sobre el colchón.

Cosas que demostraban lo sacudida y brusca noche que había tenido que soportar.

Se tumbó nuevamente, llevó los ojos hacia el techo y supo, con absoluta certeza, que su vida en Tracen jamás volvería a ser la misma.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Pártela cabr*n, y te mat*.

“No tienes los huevos Pericles, siempre supe que tenías pasitas en lugar de GRANDES HIGOS”.

*Sonido de agarrar y sacar un machete de la mochila* Quizás no me entendiste, Juan, pero hablo enserio *mira como brilla el filo del machete contra la luz del sol*, tan enserio como tu papá al momento de decir que iría a por cigarrillos.

…

“Creo, que podré a prueba tu resolución, huevitos de codorniz”.

*Levanta la bosa de papitas fritas, hace fuerza, la abre y la parte*.

CAER CAER CAER CAER…

Serás un hijo de- Pero el joven delgado huye de la escena sabiendo que si no lo hacía sería comida para pescado al día siguiente.

¡No huyas, anoréxico asmático de m*ierd*!.

…

Hacer tonterías está bien, pero tantas también pueden hacer que te hagan las tonterías a ti, pero si lo DESEAS, no hay problema, ¿cómo le dicen?, emmmm, era ¿reforzar la amistad verdad?, jejeje.

Es decisión suya.

LOS leo en los comentarios y los veo en el próximo cap.

GUIÑO GUIÑO.

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo