Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 CAP 26 El grosor las piernas como cerrojo su ritmo de cercanía
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31: CAP 26: “El grosor, las piernas como cerrojo, su ritmo de cercanía” 31: CAP 26: “El grosor, las piernas como cerrojo, su ritmo de cercanía” Fue entonces cuando lo sintió.
Un bulto que se apretaba contra su abdomen con una firmeza que no dejaba lugar a interpretaciones.
McQueen se quedó quieta un segundo, lo suficiente para procesar la información que su piel le estaba entregando con una honestidad brutal.
–(Es- esto no es…) Se asombró.
No era la primera vez que lo sentía; lo recordaba de la camilla, del roce en la guerra de piernas, de los minutos caóticos antes del traslado a la cama.
Pero tenerlo ahora, directamente contra su abdomen desnudo con una delgada tela intermedias de por medio, con su cuerpo encima del suyo y el peso de él anclándola al colchón, era una experiencia completamente distinta a recordarlo.
El grosor.
La forma.
La longitud que alcanzaba a estimar por el recorrido que hacía contra su piel.
McQueen procesó todo esto en silencio y luego tomó una decisión completamente instintiva.
Se frotó contra él.
Un movimiento lento y deliberado de caderas que buscaba más información, que quería mapear cada centímetro de su forma contra su abdomen, que necesitaba entender con precisión lo que estaba pidiendo antes de pedirlo.
El resultado fue una descarga de calor que bajó directamente desde el punto de contacto hasta su zona inferior sin escalas.
Se frotó de nuevo.
El juego continuó un rato, sus caderas moviéndose en una cadencia que no era frenética sino exploratoria, aprendiendo, comparando con lo que había imaginado durante los últimos noventa minutos de espera.
Cali la dejó moverse, girarse, acomodarse, acercarse, costándole su propio control, su respiración, contra su cuello la delataba sin que ella supiera.
Pero McQueen no se contentó ¡CHUMUA!
Se separó del beso.
Sus ojos violeta encontraron los suyos desde abajo con una claridad que no tenía nada de ambigua.
Era claro, las orejas de la dama también acompañaban la orden con su inclinación hacia los lados.
—Siguiente…, plato —dijo.
No fue una sugerencia.
Cali cumplió.
Su boca, abandonó la suya y comenzó a descender con una intención que esta vez no se tomó el recorrido escénico de mejilla en mejilla y clavícula en clavícula.
Fue más directo, más enfocado, hasta llegar a uno de sus dos puntos rosas y recibirlo con sus labios abiertos.
Lo succionó.
–Hjaaa~, ~si~, así mismo… Lo lamió con la lengua plana primero, luego con la punta en movimientos circulares que reducían y ampliaban su radio de manera impredecible.
Su mano libre viajó al segundo punto rosa y lo recibió entre sus dedos, amasando y acariciando con una atención paralela que no le daba a ninguno de los dos la posibilidad de ser ignorado.
McQueen tenía su propia manera de expresarse íntimamente.
No era la risa ahogada de Dober ni sus murmullos calculados.
McQueen era física.
Su cuerpo respondía antes que su voz y respondía con todo.
Al sentir sus dos puntos atacados simultáneamente, lamidos, succionados y acariciados en un circuito cerrado que no tenía pausa, se pegó al joven con una urgencia que no era táctica sino reflejo puro.
Sus brazos lo rodearon por los hombros y jalaron hacia abajo.
Sus piernas, extendidas a los lados del joven, se cerraron sobre su cintura.
El cerrojo fue completo e inmediato, sus tobillos cruzándose sobre su espalda baja con la fuerza de una corredora que lleva años desarrollando los músculos exactos para hacer exactamente esto, apresando su cintura y acercando su miembro aún más contra su abdomen en una presión que a ambos les costó ignorar.
—No, no pares —escapó de sus labios, la voz rota y más aguda de lo que McQueen habría querido—.
Haaa… así sí… umm.
Las palabras salieron sin permiso, sin filtro, sin la compostura que la elegante heredera Mejiro mantenía en absolutamente todos los demás contextos de su vida.
Se retorcía debajo de él, sus caderas moviéndose en búsqueda de más fricción, más contacto, más de ese toque suyo sobre ella que encendía puntos nerviosos que ella no sabía que tenía en esa ubicación exacta.
Su calor interior se elevaba en oleadas.
Su entrada pedía atención con una insistencia que ya no era insinuación sino demanda directa de su biología.
Y entonces, en medio del caos de sus propias sensaciones, algo la hizo detenerse.
No un pensamiento.
Una imagen.
Abrió los ojos.
Lo vio desde abajo, con algunos de sus cabellos lavanda cubriendo parte de su visión; su boca sobre su punto rosa, sus labios moviéndose con un ritmo que era inconfundible para alguien que sabía leer cuerpos.
No era el ritmo mecánico de alguien cumpliendo una tarea.
Era el ritmo de alguien que estaba disfrutando, que encontraba en lo que hacía su propio placer paralelo, que no necesitaba instrucciones porque su boca ya sabía exactamente dónde quería estuviera.
McQueen lo observó succionar su punto rosa.
Y en ese momento, con sus piernas todavía cerradas sobre su cintura y su cuerpo todavía retorciéndose bajo el efecto de sus manos, la peli-lavanda recuperó sus sentidos el tiempo suficiente para formular con precisión lo que quería.
–(No solo esto, no solo ahí).
–(Todo…, abajo).
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Y pasas la plancha suavemente.
*Sonido de agua evaporándose* “Vaya, es emmm…, elegante, señor”.
Es maestría joven, he pasado más de 25 años repitiendo este proceso.
“Wow, eso es demasiado”.
Cada camisa, cada pantalón, cada suéter; todos ellos cuentan una historia, cada pliegue y trozo de tela desgastada habla de su importancia función e historia.
“…”.
*Toca* “No logro percibir eso señor”.
Jejeje, no te preocupes, lo entenderás en cuanto esto baluartes de elegancia pasen frente a tu mesa y con la plancha traces sus líneas.
Señor Badminton, tiene otro pedido, venga por favor.
Te dejo con el resto Joven.
trata de entender su ser.
…
Muchas gracias por el servicio, volveré la próxima semana.
Gracias a usted.
CERRAR.
SINF *Huele a quemado* Oh- no …
pero qué *Mira al joven convulsionando y recibiendo toques, agarrando el cable pelado de la plancha* *La pila de ropas está ardiendo con la plancha aun caliente sobre la ropa* O por di-.
*Se desmaya…* …
TENGAN TODAS SUS COSAS EN BUEN ESTADO MIS LECTORES.
O algo malo podría suceder.
los loe y veo en el próximo cap.
GUIÑO GUIÑO.