Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 CAP 35 Completamente llena y las 2 AM
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39: CAP 35: “Completamente llena y las 2 AM” 39: CAP 35: “Completamente llena y las 2 AM” McQueen liberó una mano a la vez que sus caderas descendían.
La llevó hacia abajo con una precisión que ya no necesitaba guía visual, aunque sus ojos lo encontraron de todas formas, confirmando lo que sus dedos le informaban.
Seguía duro.
–Que resistente, entrenador, parece que puede correr otra carrera más jujujum~.
Completamente vivo después de todo, sin rastro de rendición en él, y ese detalle le produjo una satisfacción que no supo dónde clasificar.
Lo tomó.
Lo guió hacia ella con una concentración tranquila, bajando sus caderas milímetro a milímetro hasta que se encontraron.
No se unieron todavía.
Solo se encontraron, su punta presionando contra ella sin cruzar ningún umbral, el calor de ambos mezclándose en ese punto de contacto que era simultáneamente una pregunta y su propia respuesta.
–Pero me pregunto…
¿Podrá seguirme el ritmo?
Sus labios inferiores se abrieron levemente hacia él con una hospitalidad involuntaria que su cuerpo no consultó con nadie.
Miró al joven.
Él la miraba desde abajo con el deseo ardiendo en sus ojos sin disimulo ni táctica, completamente expuesto después de todo lo que había ocurrido en esa habitación.
Era dos contra uno, su propio interior clamando por ser llenado desde adentro y él pidiéndolo desde afuera con cada línea de su expresión.
–(Hmmm, pero que le voy a hacer, supongo que puede ser un poco generosa, ¿verdad?) McQueen supo que perdería.
Y se rindió.
Bajó.
Milímetro a milímetro, sintiendo cómo su punta presionaba contra ella con una firmeza que no cedía, cómo sus labios inferiores se abrían despacio para recibirlo, cómo la resistencia inicial de su cuerpo se disolvía en el calor que llevaba horas acumulando.
Llegó hasta la mitad de su cabeza.
Y se detuvo.
Movió sus caderas hacia adelante y hacia atrás en un balanceo suave que jugaba con él sin recibirlo completamente.
–Vaya vaya entrenador~, ¿No cree que deberíamos de calentar un poco antes de nuestro enfrentamiento?.
sintiendo cómo su cabeza se movía dentro de ese espacio pequeño y preciso que ella le concedía, viendo el deseo en sus ojos escalar con cada movimiento de sus caderas hasta convertirse en algo que ya no era paciente.
Quería que fuera él quien continuara.
–Señorita Mejiro, en una competencia su rival no esperara a que esté completamente prepara… El joven aplicó fuerza en sus manos sobre su cintura.
–Y mas si es su rival de carreras… La bajó.
–¿¡JHEEEEMP?!
McQueen se sobresaltó.
Un sonido agudo escapó de sus labios cuando los suyos se abrieron de golpe hasta engullir toda su cabeza de una vez, su cuerpo procesando la información con una intensidad que no había anticipado completamente, aunque lo había pedido.
Se detuvo ahí, moviéndose adelante y atrás con él dentro de ella, sintiendo cómo moldeaba su entrada desde adentro, cómo sus labios apretaban naturalmente el cuello de él impidiéndole soltarlo, aunque quisiera.
Se calmó.
El joven empujó un poco más.
-Hjaaaa, eso se sinte-… Ella se meció.
Hacia adentro y hacia atrás.
Rotó sus caderas en pequeños círculos que distribuían la adaptación de manera más uniforme, encontrando el ritmo de su propio cuerpo aprendiendo a recibir algo que ya conocía pero que esta vez llegaba desde un ángulo completamente distinto, desde abajo, con la gravedad como aliada.
Poco a poco.
Gran parte de él encontró sus paredes calientes y estas lo recibieron con una presión circular que era completamente involuntaria, contrayéndose a lo largo de los centímetros de su extensión que entraban lentamente, con la calidez de algo que reconoce lo que tiene adentro.
McQueen lo besó.
Sin avisar.
Sin cálculo.
Sus manos soltaron su espalda baja y subieron por su torso, su cuello, hasta hundirse en su cabello y acercarlo a ella con la misma urgencia con que sus labios encontraban los suyos en un beso que no tenía nada de táctica y todo de gratitud por lo que su cuerpo estaba sintiendo en ese momento.
Él la correspondió.
Sus lenguas se encontraron con el mismo calor que abajo, jugando, reconociéndose, mientras sus caderas comenzaban a comunicarse en el idioma más directo posible.
Su tersa cola, tocaba las piernas del joven, golpeaba sus rodillas y compartía su color con ella.
McQueen levantó sus caderas.
Una oleada de placer la recorrió desde el punto de conexión hacia arriba, amenazando con disolver el hilo de afecto que la unía a él y convertirlo todo en lujuria pura.
Lo resistió.
Bajó de nuevo entre gemidos que salieron mezclados con los de él, sus bocas todavía unidas, sus voces perdiéndose dentro del beso.
—Te quiero —dijo ella.
Las palabras salieron entre sus labios como algo que ya no podía ser contenido, demasiado llena de demasiadas cosas simultáneamente para aplicar ningún filtro.
El joven las recibió y algo en él respondió más allá de las palabras.
Se unió a los esfuerzos.
Sincronizó sus movimientos con los de ella, subiendo sus caderas para encontrarla en el descenso, entrando más profundo en ella con una lentitud que la sobresaltó porque la abría más, porque llegaba más lejos que antes, porque cada centímetro adicional producía una sensación que no tenía antecedente.
—Haaa— soltó ella, su cabeza cayendo hacia atrás un momento antes de que sus labios lo buscaran de nuevo.
Él continuó moviéndose despacio.
Ella se adaptó.
Sus paredes aprendieron su ritmo, su cuerpo encontró el equilibrio entre recibir y moverse, y entonces sus caderas tomaron vida propia, bajando más con cada embestida, reclamando más con cada descenso, midiendo instintivamente cuánto podía tomar y descubriendo que podía tomar más de lo que había calculado.
Hasta que por su liberación y las hormonas que inundaban todas sus arterias órganos y pliegues, testificándose en el aroma que salía de esta dama; ella.., llegó al fondo.
Se sentó completamente sobre su regazo.
Y, solo unos centímetros permanecían fuera… Lo había tomado todo lo que esa posición permitía.
Dentro de ella, sus caderas descansando sobre las de él con el peso completo de su cuerpo, su interior completamente lleno en el sentido más literal posible.
Lo supo porque su punta había chocado con algo profundo y cálido que la hizo detenerse con los ojos abiertos, el cuello interno de ella misma, un límite que ella jamás había sentido o alcanzado, hasta antes de esta noche.
–(No-, no puedes ser tan-) Se quedó quieta un momento.
Procesando.
Luego subió.
Y bajó rápido.
El golpe resonó en la habitación con una honestidad acústica que no tenía pretensión de disimularse.
–Vaya, ¿está planeando en quedarse sin resistencia McQueen-san?
Sus caderas encontraron las de él con un impacto que generó un tipo de placer completamente nuevo para ella y, sorprendentemente para sus oídos.
Golpe.
Golpe.
Golpe.
Su cola también tamborileaba contra el joven.
El sonido repetitivo llenó el dormitorio de Tracen, mientras el reloj marcaba las 2 AM con la indiferencia de los objetos ante los eventos humanos.
Afuera, la ciudad dormía.
Adentro, dos cuerpos se comunicaban en el único idioma reconocidos; 2 biologías similares y muy diferentes.
–Si así lo sedea señorita…, la acompañaré en su ritmo, hasta que… tenga que descansar.
Al otro lado de la cama, bajo su esquina de colcha, algo cambió en la respiración de Dober.
El sueño profundo comenzó a estratificarse.
Las capas más superficiales empezaron a activarse, procesando primero el sonido repetitivo que se colaba entre las paredes de su inconsciencia, luego los cánticos que lo acompañaban, voces que reconocía sin haber abierto los ojos todavía.
Sonidos recientemente conocidos.
Su ceño se frunció levemente sobre la almohada.
Sus párpados parpadearon una vez en la oscuridad.
La pelinegra estaba…, despertando.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Hola lectores, tengo más tarea esta vez…
Estaré haciéndola; hasta entonces, les mandaré una que otra historia anexa inconexa…
…
LOS LEO y veo en el próximo Cap.
GUIÑO GUIÑO.