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Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 41

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  3. Capítulo 41 - 41 CAP 37 Sepárense en este instante
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41: CAP 37: “Sepárense en este instante” 41: CAP 37: “Sepárense en este instante” La embestida llegó con una fuerza nueva.

Sus labios encontraron zonas del punto rosa de McQueen que las anteriores rondas no habían visitado todavía, lamiendo y succionando con una variedad que no repetía ningún patrón, que mantenía a la dama sin la posibilidad de anticipar nada y por lo tanto sin defensa contra nada.

McQueen se deshizo.

La elegante heredera Mejiro, la dama de compostura impecable y voz calibrada para cada situación social, simplemente se fue.

No como Dober que se había rendido con una risa oscura y táctica.

McQueen desapareció de otra manera, más total, más silenciosa en su proceso aunque no en su resultado.

En su lugar quedó solo ella misma.

No una Mejiro.

No una Uma.

No una heredera de nada.

Una mujer rindiéndose a las sensaciones con la totalidad de su ser, entregando su intimidad y su cuerpo y algo más profundo que ambas cosas que no tenía nombre todavía pero que ella reconocía en su pecho desde hacía un rato.

—Hoooo, sí, así entrenador— Los sonidos salían sin filtro alguno—.

Lle- lléname más, vamos, RECLÁNAME, ha- ayúdeme… ayúdeme a llegar a la meta, haaa— Lo que antes eran gemidos se convirtieron en gritos.

Gritos claros, agudos, completamente honestos, que llenaron el dormitorio de Tracen y traspasaron las capas del sueño de la persona que dormía al otro lado de la cama con una eficiencia que ningún despertador habría igualado.

Dober frunció el ceño bajo la colcha.

—¡Señorita Perfección puede callarse!— murmuró con la voz ronca y pastosa del sueño profundo interrumpido.

Sus palabras mezclándose entre murmullos —Aún es mi hora de sueño y hoy no toca clases es— Se detuvo.

Se calló una vez que olió su alrededor.

El calor de la habitación llegó primero, denso y específico, completamente distinto al calor neutral de una habitación del dormitorio de Tracen.

Luego los sonidos encontraron una definición que su cerebro todavía somnoliento tardó un segundo en clasificar correctamente.

Y luego los chillidos, la voz de alguien que se había entregado desde el fondo de su ser a algo que Dober reconoció con una precisión inmediata porque ella misma había estado ahí hace menos de una hora.

–(Esa- esa no es la voz de Fuji Kiseki…) Se dio la vuelta.

Sus ojos lila encontraron la escena con la claridad brutal de quien despierta directo a la evidencia sin transición.

McQueen pegada a Cali.

Los dos unidos en sus caderas, frotándose entre ellos con un ritmo que no dejaba lugar a interpretaciones.

EL cabello claro moviéndose salvajemente, la postura de ambos, el ángulo de sus cuerpos, la manera en que las caderas de McQueen se movían sobre la cintura del joven lo decían todo sin necesidad de confirmación visual directa.

Él estaba dentro.

Empujando.

Atormentándola con su boca sobre sus puntos rosas.

McQueen, destrozándose a sí misma contra él con los ojos perdidos y la voz convertida en algo que Dober nunca había escuchado salir de su prima.

–Ve, más rápido mi pastel.

Entonces recordó.

Cómo estaba ella vestida.

Cómo había quedado dormida.

La colcha sobre sus hombros y su cuerpo completamente expuesto debajo de ella y el juego de estos dos continuando sin ella durante todo el tiempo que llevaba perdida en el sueño.

No lo soportó.

—Ustedes dos— La voz de Dober salió clara y sin rastro de somnolencia, activada completamente en el tiempo que tardó en incorporarse sobre sus rodillas.

—Sepárense en este instante.

Subió a la cama.

Se desplazó sobre sus rodillas con la agilidad de una corredora que lleva años agilizando cada movimiento de su cuerpo, acercándose a la pareja con una determinación que no admitía obstáculos.

McQueen la notó.

Con uno de sus ojos todavía perdidos en el placer, algún instinto de supervivencia activó una alarma en su sistema nervioso.

Sintió el peligro acercándose con la misma certeza animal con que se siente una rival ganando terreno en los últimos metros.

Y se apresuró, sus caderas intensificando su movimiento, buscando alcanzar lo que anhelaba antes de que el tiempo se agotara.

No fue suficientemente rápida.

La mano de Dober encontró su hombro y empujó hacia atrás con una firmeza que separó parcialmente a la pareja, creando entre ellos un pequeño espacio; separándola un poco de su objeto de placer, McQueen no tenía ninguna intención de tolerar.

–Hmmm, mwua, noooo~ Se negó, apretó con fuerza su abdomen.

Sus brazos buscaron a Cali con la urgencia de alguien que pierde su ancla, rodeándole, abrazándole por la espalda y la nuca en un abrazo que era simultáneamente afecto y estrategia, pegando su cuerpo completamente al suyo.

Cayendo hacia delante sobre Cali y dándole la espalda a Dober en el mismo movimiento.

Sus caderas retomaron su ritmo sobre la cintura del entrenador sin perder ni un segundo.

Dober confirmó lo que ya intuía.

Él y ella conectados.

McQueen tomando casi toda la longitud del joven dentro de ella, sus paredes húmedas abrazando todo lo que las anteriores peleas de voluntades nunca habían alcanzado.

Y se sorprendió; en los anteriores encuentros en contra de la voluntad del joven ellas no habían llegado tan a fondo, con el caos, la culpa, el miedo y la resistencia de por medio.

Y aquí estaba McQueen, eligiéndolo, destrozándose a sí misma contra él con una entrega que Dober reconoció, porque era la misma que ella había sentido antes de que Morfeo se la llevara.

–(No puede, no puede continuar o ambos van a-…) La estaban adelantando.

Algo en el pecho de la pelinegra que no era exactamente celos pero que se les parecía mucho en temperatura y en urgencia se encendió con una claridad que no necesitó análisis.

Su espíritu le gritaba una sola instrucción.

Alcanzarla.

Sus ojos lila evaluaron la situación en el tiempo que tardó en respirar una vez.

La espalda de McQueen frente a ella.

Cali detrás de esa espalda, su rostro asomando sobre el hombro de la peli-lavanda.

La colcha caída a sus pies.

Su propio cuerpo completamente libre de cualquier tela.

Dober no era de las que se quedaban mirando carreras desde las gradas.

Y su carrera volvía a empezar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Tengo una duda lectores, ¿les gusta el huevo cocido o el huevo frito?

necesito sus respuestas para una tarea, es de estadística, así que me gustaría al menos tener una muestra considerable para poder llenar mi tarea.

…

Los Leo y VEO EN EL PROXIMO CAP.

GUIÑO GUIÑO.

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