Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 CAP 38 El PLOT y la deuda de Dober
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42: CAP 38: “El PLOT y la deuda de Dober” 42: CAP 38: “El PLOT y la deuda de Dober” ————————————————————————————- Este es un capi-TULAZO dedicado al “Eltomacafe”…
GRACIAS POR TU PIEDRA DE PODER Se agradece.
*Le da las gracias y pretende besarle los pies, pero es pateado…* Disfruten y…
disfruta del CAP.
————————————————————————————- El chapoteo era inconfundible.
Cadera contra cadera, húmedo y rítmico, llenando el dormitorio con una honestidad acústica que Dober procesó con los oídos antes de procesar cualquier otra cosa.
Se acercó.
Sus manos encontraron las caderas de McQueen y jalaron hacia atrás con una firmeza que no era crueldad sino reclamación.
–(No vas a llegar antes que yo…) McQueen lo sintió como una sentencia.
Algo primitivo e inidentificable cayó sobre ella en ese momento, una urgencia que no venía del placer sino de algo más profundo y más irracional sintió que debía de apresurarse; como si de repente, sobre sus manos en sus entrañas recayera la responsabilidad de algo enorme.
Plop plop plop… De llevar dentro de sí la esencia del joven para continuar la vida.
Para llevar su desendencia.
De ser marcada como suya antes de que el tiempo se agotara.
Se negó a incumplir con su tarea; con su DEBER.
Actuó.
Apretó su abrazo hasta no dejar espacio entre sus cuerpos, aplastando sus puntos rosas contra los de él, sintiendo el calor directo de su pecho contra el suyo como un sello.
Bajó más sus caderas, empujando hacia adentro, tratando de tomar todo lo que quedaba por tomar dentro de ella.
Y no subió.
Si subía Dober tendría el agarre que necesitaba.
Si subía ella podría separarla de Cali y separarla de su misión.
Así que se quedó abajo, moviéndose en oscilaciones cortas y profundas que no le daban a la pelinegra el espacio para separarla completamente.
–(Ya vamos a terminar la carrera, no puede, no puede interrumpirnos ahora…) La presión del asedio de Dober desde afuera y de Cali desde adentro convergió sobre sus nervios de placer con una simultaneidad que su cuerpo no supo procesar de manera ordenada.
Todo escaló demasiado rápido.
El calor subió por rutas que no había usado antes, sus terminaciones respondieron antes de que ella pudiera establecer ningún ritmo controlado.
Lo notó.
Estaba llegando a su clímax y él, no, sus sensaciones corriendo en velocidades incompatibles.
Quiso sincronizarlos, aceleró sus movimientos buscando arrastrarlo consigo, pero el esfuerzo produjo el efecto contrario en ella, acelerando su propio descenso sin alcanzar el de él.
—Entrenador Cali— La voz salió fragmentada y urgente—.
No, yo; yo estoy… estoy por… haaa jaaaaaa— Y perdió las fuerzas una vez más en esa noche, o madrugada.
Todo su cuerpo cedió simultáneamente como si alguien hubiera cortado todos los hilos de una marioneta en el mismo instante.
Su abrazo se aflojó.
Cayó hacia adelante, su frente encontrando su pecho, su cuerpo descansando sobre él mientras sus paredes internas apretaban con las ultimas fuerzas y comenzaban su trabajo involuntario, contrayéndose, dilatándose y liberando, expulsando centímetro a centímetro el eje lleno de vida del joven de su interior espasmódico, en una secuencia lenta que ella no controlaba.
–(Eeesto, está mal, solo, solo un poco más…) Y su cuerpo obedeció, tomando la última voluntad de su reina, se detuvo en la última pulgada.
El cuello de su miembro quedó atrapado entre sus labios inferiores, como bloqueado por un ultimo remanente de fuerza y voluntad, de llenarse de su semilla y cumplir con su deber.
Como si fuera puro reflejo muscular; la pelinegra miraba atónita esa entrada, completamente estirada alrededor de él y como contenía la salida de su cabeza.
En su interior se derramó lentamente un líquido blanco y viscoso; rezumando lentamente ese néctar de esos labios rosas, estirados a más no poder.
Sin permiso salían y descendían por todo el miembro del joven recostado, algunos perdiéndose entre sus abdómenes Desafortunadamente, esa esencia translúcida no era de joven bajo ella.
Era la suya.
Dober lo vio todo.
Escuchó la respiración de McQueen calmarse sobre el pecho de Cali con la cadencia inconfundible de alguien que acaba de perder una batalla y no tiene fuerzas para continuar la guerra.
Esperó el momento exacto.
Y entonces jaló.
Sus manos sobre las caderas de McQueen tiraron hacia atrás, pero encontró aun resistencia, pero, esta cedía cada segundo, retomó sus esfuezos con la decisión que había estado conteniendo desde que despertó.
¡PLOT!.
McQueen, había fallado en su misión autoimpuesta.
El sonido fue grueso y definitivo, resonando en el dormitorio en el instante en el que se desconectaron.
Los labios inferiores de McQueen soltaron su presión sobre la cabeza y la punta del miembro de Cali en el mismo instante, liberándolo completamente al aire de la habitación.
Como para burlarse de la pelinegra, una serie de hilos de fluidos y gis entre blancos y transparentes conectaban sus intimidades, evidenciando la intensidad e intenciones por las que McQueen había luchado, fallando porque no consideró a su enemigo dormido.
–Eso hora de descansar McQueen, parece que no ganaste esa carrera ¿he?
McQueen fue depositada a un lado sin ceremonia, tomando una sábana y cubriendo descuidadamente el cuerpo de la peli-lavanda.
Dober miró al joven.
–Entonces, déjeme terminarla por ti… Sus ojos lila lo recorrieron de arriba abajo con una lentitud que era inventario e inconformidad en proporciones iguales.
Luego habló.
—Parace qué estuviste divirtiéndote mucho mientras no estaba.
No era una pregunta.
—Creo que tienes que compensarme esta jugada sucia.
Sus intenciones no necesitaban elaboración.
Se incorporó sobre sus rodillas con la fluidez de quien lleva toda la noche moviéndose sobre esa cama, se desplazó hacia el joven y se alineó, sus caderas encontrando la altura exacta de su rostro con una precisión que no fue accidental.
Lo miró desde arriba.
—Hazlo.
La orden llegó sin adornos ni contexto adicional porque Dober consideró que ambos tenían suficiente información para proceder sin instrucciones suplementarias.
Cali tomó el encaje inferior de la pelinegra.
Lo bajó.
El monte y el punto de deseo de Dober quedaron expuestos ante él con la misma claridad con que McQueen los había expuesto horas antes, pero con la diferencia de que esta vez Dober estaba completamente despierta, completamente consciente y completamente impaciente.
—Por cada segundo que perdí— informó Dober, su voz descendiendo a un registro más bajo mientras sus manos encontraban sus hombros.
Empujó.
Cali fue sentado sobre la cama con la presión de sus palmas sobre sus hombros y Dober descendió sobre su abdomen, sus rodillas a ambos lados de su torso, su peso acomodándose sobre él con la familiaridad de quien reclama un territorio que considera propio desde hace rato.
Se instaló.
En ese momento el joven sintió que algo tomaba su mano, y del contacto sintió un anhelo, una despedida, como si viniera de alguien que aceptó su perdida.
Cali movió su mirada, hacia esa mano, su dueña era McQueen, que con su ultima resolución se acercaba gateando, se trataba de arrastrase.
Dober miró hacia aquello que había distraído al joven, y se sorprendió.
-Entre, na, Cali, yo, yo aún.
Y esas fueron sus ultimas palabras, porque su ultimo acto fue de tomar su palma y entrelazando sus dedos.
Era una escena hermosa para él, la sábana blanca cubriendo sus curvas y moldeándose a sus pliegues por su sudor, para rematar los ojos llenos de destellos rosas apagándose y cerrándose, perdiendo su brillo.
La dama había terminado de costado con respiraciones débiles, desenado haber podido terminar junto con él.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR GUIÑO GUIÑO…