Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 CAP 06 — III Lo que es robado sabe mejor
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5: CAP 06 — III: “Lo que es robado sabe mejor” 5: CAP 06 — III: “Lo que es robado sabe mejor” La habitación de Dober en los dormitorios de Tracen siempre había sido un santuario de orden y control.
Libros alineados.
Lápices clasificados.
Cuadernos de dibujo cerrados bajo llave.
Todo en ese espacio gritaba que su dueña no dejaba nada al azar.
Pero esa tarde, la dueña del cuarto estaba tumbada bocarriba en la cama, mirando al techo con una fijeza que asustaría a cualquiera de sus compañeras de familia.
Aún llevaba puesta la ropa deportiva oscura.
Aún llevaba el sujetador de encaje negro.
No se había duchado.
No porque estuviera cansada, sino porque no quería borrar todavía la memoria táctil que le ardía bajo la piel.
—Un idiota —murmuró al aire de la habitación—.
Un absoluto y completo idiota.
Pero la palabra carecía del veneno habitual.
Sonaba extrañamente hueca.
Dober levantó lentamente la mano izquierda y rozó con las yemas de sus dedos el borde superior de su pecho, justo donde la tela de encaje se encontraba con su piel.
Al cerrar los ojos, la sala de recuperación volvió a materializarse a su alrededor.
El olor del aceite neutro.
El crujido leve del banco rodante.
La respiración pesada de Cali.
El momento exacto en que él decidió dejar de ser el entrenador arrinconado para convertirse en el agente subterráneo que no tenía miedo de jugar con fuego.
Recordó la presión firme, cálida y peligrosamente experta del pulgar de él sobre su músculo pectoral, deslizándose bajo el borde prohibido.
El calor subió de golpe por su cuello hasta sus orejas.
Dober soltó un suspiro largo y se giró sobre un costado, abrazando la almohada contra su pecho, como si necesitara presionar algo contra sí misma para calmar el latido sordo que todavía le retumbaba en las costillas.
Había ido a la sala de masajes con un plan muy simple: acorralarlo.
Quería demostrarle que, aunque él la chantajeara con videos o deudas de efectivo, el control de la dinámica física lo tenía ella.
Quería verlo sudar, dudar y retroceder ante el peso de su linaje y su descaro.
Pero Cali no había retrocedido.
Había avanzado directo hacia el campo minado y le había sonreído desde el centro.
Y lo peor de todo, lo que la mantenía tumbada en la cama con el estómago revuelto de una forma que no tenía nada que ver con el estrés muscular, era que esa respuesta le había fascinado.
—No se asustó —se dijo en voz baja, casi saboreando las palabras—.
No apartó la vista.
Se enfrentó a mí.
Ese entrenador no era como los herederos pálidos y educados que su familia solía presentarle.
No era como los hombres de la academia que bajaban la cabeza cuando ella pasaba.
Cali era un sobreviviente, un oportunista descarado que no respetaba las líneas de seguridad.
Dober se llevó el pulgar a los labios y lo mordió suavemente, un gesto infantil y oscuro a la vez que reservaba solo para la soledad absoluta de su cuarto.
Si Cali estaba dispuesto a jugar bajo esas reglas… ¿hasta dónde llegaría si ella subía la apuesta?
La idea de McQueen cruzó su mente por un segundo.
La imagen elegante y refinada de su prima recibiendo un masaje ordenado, clínico y correcto de ese mismo hombre.
El contraste la hizo sonreír.
Una sonrisa pequeña, depredadora.
A McQueen le daba el trato formal.
A ella le daba la adrenalina, el desafío y las manos bajo el encaje.
—Lo que es robado… sabe más exquisito —susurró Dober, soltando el pulgar y pasándose la lengua por los labios.
La frase quedó flotando en la habitación silenciosa.
Era una conclusión traviesa, casi perversa.
No le importaba si el vínculo había nacido de una trampa, de un video embarazoso o de una extorsión barata de UmaCoins.
El trato inicial ya no era el motor.
El motor ahora era el tira y afloja.
La guerra de control.
Dober se sentó de golpe en la cama.
Miró su reflejo en el espejo de cuerpo entero del armario.
Su cabello estaba un poco revuelto, sus mejillas tenían un leve tinte rojizo y sus ojos oscuros brillaban con una intensidad renovada.
—¿Creíste que retrocediendo hacia la esquina de la sala ganabas tú, Cali?
—le preguntó al espejo, acomodándose la chaqueta sobre el hombro—.
Al contrario.
Acabas de avisarme que también puedes quebrarte.
Fue hasta su escritorio, abrió el cajón principal y sacó su cuaderno de dibujo.
Tomó un lápiz de grafito blando.
Durante mucho tiempo, sus trazos habían estado dedicados a paisajes, escenas de acción, fantasías heroicas donde ella tenía todo el poder.
Pero esta vez, la mano se movió sola, dibujando líneas diferentes.
La curva de una espalda masculina tensa.
Un par de manos con cicatrices pequeñas.
Una mirada afilada que devolvía el desafío desde abajo.
Mientras la punta del grafito rasgaba el papel, la Mejiro tomó una decisión.
El próximo masaje no sería de corrección funcional de carrera.
Sería una prueba de resistencia.
Y esta vez, se aseguraría de que él no pudiera escapar hacia ninguna esquina.
—Prepárate, entrenador experto —murmuró, soplando el polvo del carbón de la hoja—.
Vamos a ver si puedes desactivar la siguiente mina sin volar en mil pedazos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR Trámites…, si nos revisas día a día, no avanzan para nada, igual que estas idease historias…
Saldrán más capítulos?, hasta donde llegará esta obra?
Bueno…
Entre bit y bit, unidos por creatividad, poco a poco se crearán más y más capitulos, si puedes; comparte este Zzzuculento contenido…
si así lo gustas, mi querido lector.