Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Un crimen no organizado - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Un crimen no organizado
  3. Capítulo 14 - 14 Cap 14 El bingo de la desesperación
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: Cap 14: El bingo de la desesperación 14: Cap 14: El bingo de la desesperación El plan estaba en marcha.

Jacinto, Fernando y Josefina iban a organizar el bingo ilegal más caótico de la historia en casa de la tía Remedios.

Había solo un pequeño problema: no tenían ni idea de cómo organizar un bingo.

—¿Alguien aquí ha ido a un bingo?

—preguntó Josefina con los brazos cruzados.

Fernando se encogió de hombros.

—Una vez mi abuela me llevó a uno… pero me echaron porque grité “¡Bingo!” sin haber ganado.

Jacinto asintió.

—Yo fui una vez… pero no entendí nada, así que terminé apostando en otra mesa y perdí todo mi dinero.

Josefina los miró con incredulidad.

—¿Y aún así creen que esto va a funcionar?

Jacinto sonrió con confianza.

—¡Por supuesto!

Solo necesitamos cartones, un bombo con bolas y… gente dispuesta a perder dinero.

Fernando se rascó la cabeza.

—¿Y de dónde sacamos un bombo con bolas?

Jacinto lo pensó por un segundo.

—Creo que mi primo tenía uno… aunque lo usaba para jugar lotería con los vecinos.

—¿Y los cartones?

—preguntó Josefina.

Fernando sonrió y sacó su computadora.

—Los imprimiré.

Solo necesito que la impresora funcione.

Josefina puso los ojos en blanco.

—Eso significa que no tendremos cartones.

Fernando frunció el ceño.

—¡Ey, ey!

No seas pesimista.

La impresora ha funcionado una vez… por accidente… hace dos años… Josefina suspiró.

—Estamos condenados.

Jacinto aplaudió.

—¡Basta de negatividad!

¡Tenemos un bingo que organizar!

—¡Y sin cartones ni bombo!

—se burló Josefina.

Jacinto la ignoró y sacó su celular.

—Voy a avisarle a la tía Remedios que vamos a usar su casa.

Fernando levantó una ceja.

—¿No deberíamos preguntarle primero?

Jacinto lo miró como si hubiera dicho la cosa más absurda del mundo.

—¿Para qué?

Si ya sabemos que va a decir que sí.

Media hora después… Los tres estaban en la puerta de la casa de la tía Remedios.

Era una casa vieja con plantas por todas partes y un ejército de gatos mirándolos fijamente desde las ventanas.

Jacinto respiró hondo y tocó el timbre.

Miau.

—¿El timbre maúlla?

—preguntó Fernando.

—No, creo que fue un gato de verdad —dijo Josefina.

La puerta se abrió y apareció Remedios, una anciana con gafas enormes y un suéter cubierto de pelos de gato.

—¡Mi querido Jacintito!

—dijo con entusiasmo, dándole un abrazo que casi lo asfixia—.

¿Qué te trae por aquí?

Jacinto se despeinó un poco y sonrió.

—Tía… ¡te tenemos una sorpresa!

Los ojos de Remedios se iluminaron.

—¿Una sorpresa?

¿Es un gato?

—Eh… no.

—Oh… bueno, ¿qué es entonces?

Jacinto estiró los brazos con dramatismo.

—¡Un bingo!

Remedios abrió la boca en asombro.

—¡¿Un bingo?!

—¡Sí!

La anciana aplaudió emocionada.

—¡Ay, Jacintito, qué lindo!

¡Hace años que no juego!

¿Cuándo será?

Fernando y Josefina suspiraron con alivio.

Al menos no tuvieron que convencerla.

Jacinto sonrió.

—¡Mañana en la noche!

Remedios dejó de aplaudir.

—¿Mañana?

—Sí.

La anciana los miró fijamente.

—Mmm… ¿y cómo piensan organizar todo tan rápido?

Jacinto parpadeó.

—Bueno… con ingenio.

Josefina suspiró.

—O sea, improvisando.

Remedios los miró con cara de sospecha.

—¿Este bingo es… legal?

Fernando tosió.

—Eh… depende de lo que entiendas por “legal”.

Jacinto sonrió nervioso.

—¡Es un bingo, tía!

Lo importante es la diversión, ¿no?

Remedios los miró por unos segundos más… y luego se encogió de hombros.

—Bah, qué más da.

¡Mientras haya premios, yo juego!

Jacinto respiró aliviado.

—¡Perfecto!

—Pero… —agregó la anciana— si me hacen trampa, los echaré con mis gatos.

Josefina tragó saliva.

—Anotado.

La organización del bingo Los siguientes 24 horas fueron un caos absoluto.

Fernando no logró que la impresora funcionara, así que tuvieron que dibujar los cartones a mano.

Jacinto nunca encontró un bombo con bolas, así que terminaron usando una licuadora sin cuchillas y bolas de papel con números escritos con marcador.

Josefina, mientras tanto, intentaba hacer la lista de premios con lo poco que tenían.

—Bueno, tenemos… un peluche viejo, una caja de galletas vencidas y… un vale por “un favor” de Jacinto.

Fernando leyó la lista.

—Estos premios son una burla.

Jacinto se cruzó de brazos.

—¡Oye!

Un favor mío puede valer oro.

Josefina suspiró.

—Sí, claro… como cuando le prometiste a tu primo ayudarlo a pintar su casa y luego te escapaste.

Jacinto sonrió con nostalgia.

—Ah, buenos tiempos.

La gran noche A pesar del desastre, la gente llegó.

El boca a boca había hecho efecto, y el salón de la tía Remedios estaba lleno de vecinos emocionados.

Remedios se sentó en primera fila con sus 14 gatos rodeándola como guardaespaldas.

Jacinto tomó el micrófono (que en realidad era una cuchara de madera).

—¡Bienvenidos al primer Gran Bingo de San Solano!

Fernando se sentó junto a la licuadora y sacó una bola de papel.

—El primer número es… ¡el 42!

Un anciano alzó la mano.

—¡Bingo!

Jacinto frunció el ceño.

—¿Cómo que bingo?

¡Si solo hemos dicho un número!

El anciano se encogió de hombros.

—Tuve suerte.

Josefina se llevó una mano a la cara.

—Esto va a ser un desastre… Y no se equivocó.

En los siguientes minutos, hubo gritos, trampas descaradas y al menos tres peleas por premios.

La tía Remedios acusó a su vecina de robarle un número.

Un señor intentó cambiar su premio por un gato.

Y Fernando… casi es golpeado con la licuadora.

Cuando todo terminó, habían ganado exactamente 100 dólares.

Josefina los miró con incredulidad.

—¿Todo este caos por 100 dólares?

Jacinto sonrió con orgullo.

—¡Sí!

Solo necesitamos hacer esto 10 veces más y podremos pagar el tutorial.

Fernando se dejó caer en una silla.

—O podemos aceptar que esto fue una pérdida de tiempo.

Josefina suspiró.

—¿Y ahora qué?

Jacinto se cruzó de brazos.

—Tendremos que buscar otro plan… pero eso lo resolveremos mañana.

Fernando y Josefina lo miraron.

—¿Por qué mañana?

—preguntó Fernando.

Jacinto sonrió.

—Porque ahora… ¡me muero de hambre!

Y así, después de un bingo desastroso, los tres salieron a gastar la mitad del dinero en hamburguesas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo