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Un crimen no organizado - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 Cap 15 El secuestro de la Máquina de Café
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15: Cap 15: El secuestro de la Máquina de Café 15: Cap 15: El secuestro de la Máquina de Café Después del desastroso bingo, Jacinto, Fernando y Josefina decidieron que necesitaban un golpe más grande.

Algo que no solo les diera dinero, sino que también les asegurara un lugar en la historia del crimen desorganizado.

—¡Esta vez lo haremos bien!

—exclamó Jacinto, con una confianza que claramente no tenía fundamentos.

Fernando levantó una ceja.

—¿Y qué significa “bien”?

—Significa que vamos a hacer un plan con estrategia, inteligencia y… —Jacinto hizo una pausa dramática— sin que termine en caos.

Josefina suspiró.

—Dijiste lo mismo con el bingo y casi terminamos en la sala de emergencias por una pelea con ancianos.

Jacinto agitó la mano, restándole importancia.

—¡Detalles, detalles!

Esta vez es diferente… porque vamos a secuestrar la máquina de café de la comisaría.

Hubo un silencio largo.

Fernando y Josefina parpadearon al mismo tiempo.

—¿Qué?

—preguntó Josefina.

—Sí, lo que escucharon.

La comisaría de San Solano tiene la mejor máquina de café de la ciudad.

Fernando frunció el ceño.

—¿Y cómo lo sabes?

Jacinto sonrió con orgullo.

—Porque una vez me colé en la comisaría y me tomé tres cafés gratis.

Josefina apoyó la cabeza en la mesa.

—¿Por qué no me sorprende?

Jacinto siguió con su entusiasmo.

—Si secuestramos la máquina, los policías entrarán en pánico.

¡Son unos adictos al café!

Sin café, la ley colapsa.

Fernando asintió lentamente.

—Debo admitir que suena… absurdo, pero lógico a la vez.

—¡Exacto!

—Jacinto se frotó las manos—.

Si secuestramos la máquina y pedimos un rescate, la policía nos pagará lo que sea por recuperarla.

Josefina suspiró.

—¿No podemos, no sé… robar un banco como la gente normal?

—¡No!

—gritó Jacinto—.

¡Eso es peligroso!

¡Esto es un golpe limpio, sin riesgos y sin violencia!

Fernando alzó la mano.

—Técnicamente, secuestrar una máquina de café sí es robar.

Jacinto lo ignoró.

—¡Bien!

Entonces, esta noche nos infiltramos en la comisaría!

Josefina y Fernando se miraron con resignación.

Esto iba a salir muy mal.

— Misión: Robo Express A las 2:00 AM, el equipo se encontraba en la parte trasera de la comisaría.

—Bien, según mi investigación —susurró Jacinto—, la máquina de café está en la sala de descanso.

Fernando revisó su “equipo de hacker”, que consistía en un destornillador, un alambre torcido y una linterna sin pilas.

—Estoy listo para abrir cualquier puerta… siempre y cuando no esté cerrada con llave.

Josefina suspiró.

—Genial, somos unos genios del crimen.

Jacinto sacó su herramienta secreta: una tarjeta de crédito vencida.

—¡Déjenme a mí!

Voy a abrir la puerta como un profesional.

Fernando y Josefina observaron mientras Jacinto intentaba meter la tarjeta en la ranura de la puerta… y la rompía en dos.

—¡Perfecto!

—exclamó Fernando—.

¡Has logrado fracasar en tiempo récord!

—¡Cállate!

¡Aún tengo un as bajo la manga!

—Jacinto sacó una ganzúa.

Josefina se cruzó de brazos.

—¿Sabes usar eso?

Jacinto sonrió confiado.

—¡Por supuesto!

He visto varios tutoriales en internet.

Cinco minutos después… —Esto… —dijo Fernando—.

¿Por qué la cerradura está doblada?

Jacinto sudaba.

—Pequeños errores de cálculo.

Josefina tomó aire.

—¿Y ahora qué hacemos?

Jacinto miró alrededor y vio una ventana abierta.

—¡Vamos a entrar por ahí!

Fernando miró la ventana.

—Es pequeña.

—Tú primero.

—¡¿Yo por qué?!

—Porque eres el más flaco.

Fernando gruñó y se subió con esfuerzo.

Cuando finalmente logró pasar… PLAF.

—¡AAAH!

—¿Qué pasó?

—preguntó Josefina.

—¡Hay una silla aquí!

¡Acabo de caer de cabeza sobre ella!

Jacinto sonrió.

—¡Perfecto!

¡Ya estamos dentro!

Josefina miró la puerta.

—O… podríamos probar si está abierta.

Giró la manija.

La puerta se abrió sin problemas.

Jacinto y Fernando se miraron en silencio.

—Esto… —murmuró Jacinto—.

Nadie hable de esto.

—De acuerdo —respondieron los otros dos.

— La Máquina Maldita Finalmente, llegaron a la sala de descanso.

Y ahí estaba: la gloriosa máquina de café.

Era grande, brillante y tenía un letrero que decía: “USO EXCLUSIVO DEL PERSONAL.

PROHIBIDO TOCAR.

O MUERES.” Fernando tragó saliva.

—Eh… ¿estás seguro de esto, Jacinto?

Jacinto sonrió.

—¡Por supuesto!

¡Vamos a llevárnosla!

Josefina inspeccionó la máquina.

—Esto pesa como 100 kilos.

¿Cómo la movemos?

Jacinto frunció el ceño.

—No lo sé… no pensé en eso.

Fernando se llevó una mano a la cara.

—¿Quieres decir que planeaste todo… pero no pensaste en cómo mover la máquina?

—Eh… sí.

Josefina respiró profundo para no gritar.

—Entonces… ¿qué hacemos ahora?

Jacinto lo pensó.

—¡Ya sé!

Tomemos todas las cápsulas de café.

Fernando se encogió de hombros.

—Bueno… supongo que eso también sirve.

Los tres comenzaron a llenar sus mochilas con cápsulas de café.

—¡Apúrense!

—susurró Jacinto—.

No sabemos cuánto tiempo tenemos.

—¡ALTO AHÍ!

Los tres se congelaron.

Era el inspector Adolfo.

Y a su lado, con una taza vacía en la mano, el inspector Juanjo.

—¿¡QUÉ HACEN CON NUESTRO CAFÉ!?

—rugió Juanjo, con los ojos desorbitados.

Fernando tragó saliva.

—Eh… ¿limpieza nocturna?

Juanjo señaló su taza.

—¡SI NO TOMO CAFÉ EN LOS PRÓXIMOS DIEZ SEGUNDOS, VOY A ENLOQUECER!

Adolfo chasqueó los dedos.

—¡Quedan arrestados!

Jacinto vio una salida.

—¡CORRAN!

Los tres salieron disparados, dejando un rastro de cápsulas de café detrás.

Los inspectores los persiguieron, pero Adolfo se resbaló con una cápsula.

Juanjo, en pánico, intentó atrapar una cápsula al vuelo… y cayó de cabeza.

Mientras escapaban, Fernando jadeó.

—¡¿QUÉ HAREMOS AHORA?!

Jacinto sonrió.

—¡Vamos a abrir nuestra propia cafetería ilegal!

Josefina miró la bolsa llena de cápsulas.

—¿Y la máquina?

Jacinto se encogió de hombros.

—Eh… ¿improvisamos?

Y así, una vez más, su crimen terminó en desastre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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