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Un crimen no organizado - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 Cap 16 El Gran Asalto al Supermercado
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16: Cap 16: El Gran Asalto al Supermercado 16: Cap 16: El Gran Asalto al Supermercado Después del traumático intento de secuestrar la máquina de café, Jacinto, Fernando y Josefina decidieron que necesitaban un nuevo golpe.

Uno más inteligente, más lucrativo… y, sobre todo, uno que no involucrara perseguir cápsulas de café por el suelo de la comisaría.

Jacinto reunió al equipo en su “cuartel secreto”, que en realidad era una mesa del fondo en un bar de mala muerte.

—¡Escuchen!

Esta vez vamos a robar algo realmente valioso.

Algo que nos hará ricos sin levantar sospechas.

Fernando y Josefina lo miraron con escepticismo.

—¿Y qué es?

—preguntó Fernando.

Jacinto se inclinó hacia adelante y susurró con dramatismo: —¡Un supermercado!

Silencio.

Josefina se masajeó las sienas.

—Dime que no estamos a punto de cometer un atraco por… ¿zanahorias y papel higiénico?

—¡No es solo eso!

—Jacinto sacó un papel arrugado—.

He investigado.

Fernando se rió.

—Ajá, sí.

Porque eres un maestro de la estrategia.

Jacinto ignoró la burla.

—Este supermercado, “Súper Solano”, cierra a las 11:00 PM.

Pero su camión de provisiones llega a las 11:30 PM, con productos frescos y la recaudación del día.

Fernando levantó una ceja.

—¿Y por qué transportan la recaudación en un camión de provisiones?

Jacinto dudó.

—Mira, no soy un experto en logística, ¿vale?

Solo sé que el dinero está ahí.

Josefina suspiró.

—A ver si entendí bien… Tu plan es esperar a que llegue el camión, robarlo y huir con toda la mercancía.

—¡Exactamente!

—¿Y cómo vamos a mover un camión lleno de productos?

Jacinto parpadeó.

—… No pensé en eso.

Fernando y Josefina se miraron.

—Otra vez… —murmuró Josefina.

—¡No importa!

—insistió Jacinto—.

Improvisaremos.

Fernando suspiró.

—Dios nos ayude… — Misión: Robo Express… otra vez A las 11:20 PM, el equipo estaba escondido detrás de unos contenedores, esperando la llegada del camión.

Jacinto tenía puesto un pasamontañas que había encontrado en una tienda de segunda mano.

Fernando llevaba gafas de sol (de noche) y Josefina simplemente se tapó la cara con una bufanda.

—¡Ahí viene!

—susurró Jacinto.

Un gran camión blanco se acercó lentamente a la entrada trasera del supermercado.

Un guardia de seguridad salió bostezando y apenas miró al conductor antes de abrir las puertas.

—Bien, chicos —susurró Jacinto—.

Esperemos a que bajen la mercancía y luego… atacamos.

Josefina levantó la mano.

—Pequeña pregunta.

¿Con qué vamos a atacar?

Jacinto sacó de su bolsillo… un plátano.

—¡Con esto!

Fernando lo miró con absoluta incredulidad.

—¿Un plátano?

Jacinto sonrió.

—Es amarillo y resbaloso.

Arma perfecta.

Josefina cerró los ojos.

—Dios, dame paciencia… — El “Asalto” Comienza Cuando los empleados empezaron a descargar las cajas del camión, Jacinto saltó desde su escondite.

—¡ALTO AHÍ!

¡ESTO ES UN ATRACO!

Los empleados lo miraron sin reacción.

Fernando y Josefina se quedaron donde estaban, evaluando si valía la pena asociarse con alguien que llevaba un plátano como arma principal.

El guardia de seguridad suspiró.

—Mire, amigo, he trabajado 20 años en este lugar.

Me han intentado robar con pistolas, cuchillos y hasta una chancla.

Pero un plátano… es nuevo.

Jacinto no se dejó intimidar.

—¡No se mueva o… o… lo dejo sin potasio!

Fernando se tapó la cara de la vergüenza.

—Voy a fingir que no lo conozco.

Josefina asintió.

—Apoyo la moción.

El guardia bufó y le arrebató el plátano.

—Mire, ya no tengo paciencia.

Lárguese antes de que llame a la policía.

Jacinto, sin opciones, miró a su equipo.

—¡Plan B!

—¿Cuál es el plan B?

—preguntó Fernando.

Jacinto señaló las cajas apiladas.

—¡Corran y agarren lo que puedan!

Y así, los tres salieron corriendo como lunáticos, agarrando productos al azar.

Fernando terminó con una bolsa de zanahorias, Josefina con tres paquetes de servilletas y Jacinto con una sandía.

—¡HUYAN!

Pero justo cuando intentaban escapar… Se encontraron cara a cara con los inspectores Adolfo y Juanjo.

Adolfo los miró de arriba abajo.

—Bueno, bueno… ¿qué tenemos aquí?

Juanjo observó la sandía en las manos de Jacinto.

—A ver si entiendo… ¿Acaban de robar… frutas y papel higiénico?

Josefina suspiró.

—Sí.

Yo también estoy decepcionada.

Jacinto, en pánico, lanzó la sandía contra el suelo y salió corriendo.

La sandía rebotó.

Fernando y Josefina salieron tras él.

Los inspectores intentaron perseguirlos, pero Juanjo pisó un plátano (el mismo que Jacinto había usado como “arma”) y cayó de espaldas.

Adolfo resopló.

—Maldición, se nos escaparon… otra vez.

Juanjo, desde el suelo, suspiró.

—Adolfo… necesitamos un aumento de sueldo.

Mientras tanto, Jacinto, Fernando y Josefina corrían por las calles de San Solano, cargando una bolsa de zanahorias y tres paquetes de servilletas.

—¡LO LOGRAMOS!

—gritó Jacinto.

Fernando jadeaba.

—¿Pero qué… logramos?

Josefina miró su botín.

—Nos hemos convertido en los ladrones más lamentables de la historia.

Jacinto, sin perder la fe, levantó un paquete de servilletas.

—¡Pero tenemos papel higiénico gratis por un mes!

Fernando y Josefina consideraron seriamente renunciar al crimen organizado.

Pero sabían que no lo harían.

Porque en San Solano… siempre había otra oportunidad para fracasar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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