Un crimen no organizado - Capítulo 17
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Cap 17: Operación:Robo de Gasolina 17: Cap 17: Operación:Robo de Gasolina Operación: Robo de Gasolina Tras el desastroso intento de robar un supermercado y escapar con una sandía, zanahorias y servilletas, el equipo necesitaba un nuevo golpe.
Esta vez, Jacinto había ideado un plan infalible (según él).
—¡Vamos a robar gasolina!
—anunció con orgullo, golpeando la mesa del bar donde se reunían.
Fernando casi escupió su café.
—¿Qué?
Josefina apoyó la cabeza sobre la mesa.
—Dios mío, otra vez no… Jacinto ignoró sus quejas y sacó un mapa mal dibujado en una servilleta.
—Escuchen, la gasolinera “El Rayo Veloz” cierra a la medianoche, pero los tanques de almacenamiento quedan llenos y desprotegidos.
Fernando arqueó una ceja.
—Déjame adivinar… no has pensado en cómo vamos a llevarnos la gasolina.
Jacinto se cruzó de brazos.
—¡Por supuesto que sí!
La sacaremos con una manguera y la echaremos en garrafas.
Josefina lo miró con incredulidad.
—Jacinto… ¿tienes manguera?
—No.
—¿Tienes garrafas?
—Tampoco.
Fernando suspiró.
—Ajá… así que básicamente, nuestro plan es llegar allí y darnos cuenta de que no tenemos nada.
Jacinto sonrió.
—¡Exacto!
Y luego improvisamos.
Josefina se masajeó las sienes.
—Voy a fingir que me uní a esta banda por error.
— Misión: Robo de Gasolina… sin Herramientas A las 11:45 PM, el equipo llegó a la gasolinera “El Rayo Veloz”.
Como era de esperarse, no tenían ningún equipo necesario para robar gasolina, pero Jacinto insistió en que “lo resolverían sobre la marcha”.
—Bien, Fernando, hackea la cámara de seguridad.
Fernando sacó su portátil, lo abrió… y la pantalla se quedó en negro.
—Eh… esto es un problema.
—¿Qué pasó?
—preguntó Josefina.
—Creo que… se me acabó la batería.
Jacinto puso los ojos en blanco.
—¡Pero si la cargaste hace un rato!
—Sí… pero me puse a ver vídeos de gatos y olvidé enchufarlo.
Josefina suspiró.
—Genial, nuestro hacker no puede ni encender su computadora.
—¡Oigan!
—Jacinto los interrumpió—.
El encargado se está yendo.
¡Es nuestra oportunidad!
El empleado de la gasolinera, un hombre con más sueño que ganas de vivir, bajó la persiana y se marchó sin mirar atrás.
Jacinto se frotó las manos.
—¡Vamos allá!
Se acercaron con cautela a las bombas de gasolina.
—Bien, necesitamos una forma de sacar el combustible —dijo Jacinto.
Josefina lo miró con los brazos cruzados.
—Déjame adivinar… no trajiste ni una botella vacía.
Jacinto se rascó la cabeza.
—Técnicamente… no.
Fernando levantó un bidón de basura.
—¿Y si lo echamos aquí?
Josefina casi lo golpea.
—¡NO VAMOS A TRANSPORTAR GASOLINA EN UN BASURERO!
Jacinto chasqueó los dedos.
—¡Ya sé!
¡Usaremos los tanques de los coches!
Fernando y Josefina lo miraron sin entender.
—A ver si entiendo —dijo Josefina—.
¿Vamos a robar gasolina… usando gasolina?
—Exacto.
Fernando se frotó la cara.
—Dios… si alguien nos está observando, debe pensar que somos los ladrones más tontos de la historia.
Jacinto se encogió de hombros.
—¡Menos charla y más acción!
— La Peor Forma de Robar Gasolina Jacinto agarró la manguera de la bomba y la metió directamente en el tanque de su viejo auto.
—¡Perfecto!
Ahora solo tenemos que sacar la gasolina de aquí y… ¡OUCH!
La manguera se soltó y empezó a rociar gasolina por todas partes.
Josefina dio un salto hacia atrás.
—¡Jacinto, imbécil!
¡Ahora hueles como si fueras una bomba andante!
Fernando miró la escena, boquiabierto.
—Voy a hacer como que no conozco a este hombre.
Jacinto, con la camisa empapada en gasolina, trató de recuperar la manguera.
—Tranquilos, lo tengo bajo controOOOL… Se resbaló y cayó de espaldas.
Josefina se tapó la cara.
—Voy a llorar.
En ese momento, se escuchó una sirena.
—¡Maldición, la policía!
—gritó Fernando.
—¡Corre!
—gritó Jacinto, intentando levantarse.
Josefina y Fernando salieron disparados hacia la calle.
Jacinto trató de seguirlos, pero… —¡Ahhh!
¡Resbala!
Se cayó otra vez.
Adolfo y Juanjo bajaron de su patrulla.
—Mira quiénes son —dijo Juanjo, señalando a Jacinto, empapado de gasolina en el suelo—.
Los reyes del crimen.
Adolfo se cruzó de brazos.
—A ver, Jacinto… explícame esto.
Jacinto se quedó callado unos segundos… y luego señaló hacia la carretera.
—¡Miren, un ovni!
Juanjo y Adolfo ni se inmutaron.
—No vamos a caer en esa, Jacinto.
Jacinto suspiró.
—Valía la pena intentarlo.
Fernando y Josefina, que ya estaban a una cuadra de distancia, vieron cómo Jacinto era esposado y metido en la patrulla.
Josefina suspiró.
—Otra vez… Fernando negó con la cabeza.
—Mira el lado bueno.
Esta vez no se robó una sandía.
Josefina lo pensó por un momento.
—Es verdad.
Un pequeño progreso.
Y con eso, se fueron caminando tranquilamente, mientras Jacinto era llevado a la comisaría, donde seguramente pasaría la noche oliendo a gasolina y cuestionando sus decisiones de vida.
— Horas después… Juanjo entró a la oficina con cara de fastidio.
—Adolfo, tenemos un problema.
—Déjame adivinar… Jacinto se quedó dormido en la celda y ahora el lugar huele a gasolina.
—Peor.
Cantó rancheras toda la noche y los demás presos están pidiendo su liberación solo para que se calle.
Adolfo suspiró.
—¿Y Josefina y Fernando?
—Desaparecidos.
Otra vez.
Adolfo miró el techo, cansado de la vida.
—Dime la verdad, Juanjo… ¿Por qué seguimos persiguiendo a estos inútiles?
Juanjo lo pensó un momento.
—Bueno, nos mantienen entretenidos.
Adolfo se masajeó la cara.
—Necesito vacaciones… Y así, otro intento de crimen había fracasado estrepitosamente, pero en San Solano siempre habría una nueva oportunidad para el desastre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com