Un crimen no organizado - Capítulo 19
- Inicio
- Un crimen no organizado
- Capítulo 19 - 19 Cap 19 El Secuestro ExpressSin Presupuesto y Sin Cerebro
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Cap 19: El Secuestro Express…Sin Presupuesto y Sin Cerebro 19: Cap 19: El Secuestro Express…Sin Presupuesto y Sin Cerebro Después de sus rotundos fracasos en el crimen, Jacinto, Fernando y Josefina decidieron probar una nueva estrategia.
—¡Vamos a secuestrar a alguien!
—anunció Jacinto con entusiasmo, como si estuviera sugiriendo ir a comer pizza.
Fernando se atragantó con su café.
—¡¿QUÉ?!
Josefina dejó caer la cabeza sobre la mesa.
—Dime que estoy soñando… y que cuando despierte, tú serás una persona con sentido común.
Jacinto sacó un papel arrugado con su “plan maestro”.
—Miren, es sencillo.
Encontramos a alguien con dinero, lo secuestramos, pedimos un rescate y listo, nos hacemos ricos.
Fernando lo miró fijamente.
—Jacinto… solo por curiosidad, ¿dónde planeas esconder al secuestrado?
Jacinto se encogió de hombros.
—Eh… No sé.
Podemos meterlo en el armario de mi casa.
Josefina casi se ahoga con su propio aire.
—¿¡En tu casa!?
Jacinto, eso es lo PRIMERO que la policía revisaría.
—Bueno, entonces en la casa de Fernando.
Fernando puso las manos en la mesa.
—¡Ni lo sueñes!
¡Yo ya tengo suficientes problemas con mi casero como para que encuentre a un secuestrado en mi sala!
Jacinto suspiró.
—Fine… improvisaremos.
Josefina lo miró con absoluto desprecio.
—Jacinto, cada vez que improvisamos, acabamos en la comisaría.
Pero era tarde para hacerle entrar en razón.
El plan estaba en marcha.
— El Objetivo Perfecto (O No Tanto) Después de “analizar” posibles víctimas (es decir, mirar a la gente al azar por la calle), Jacinto eligió a su objetivo: —¡Vamos a secuestrar a Don Evaristo!
Fernando parpadeó.
—¿Quién demonios es Don Evaristo?
Josefina se cruzó de brazos.
—Déjame adivinar… es un viejito inofensivo.
Jacinto asintió con emoción.
—¡Exacto!
Un abuelito que siempre anda con traje y un maletín.
¡Debe estar forrado en dinero!
Fernando cerró los ojos con desesperación.
—A ver, genio… ¿y si ese maletín está lleno de… no sé, su almuerzo?
—¡Tonterías!
—Jacinto se rio—.
Ese tipo es un magnate, lo sé.
Josefina negó con la cabeza.
—Si acabamos secuestrando a un pensionado que solo va a jugar dominó, te juro que te abandono en la mitad del crimen.
Pero Jacinto ya estaba convencido.
— El Secuestro Más Ridículo del Mundo Los tres esperaron a que Don Evaristo pasara por un callejón solitario.
Jacinto sudaba de la emoción.
—¡Ahí viene, ahí viene!
Fernando y Josefina se prepararon… pero en el último segundo, Jacinto tropezó con su propio pie y cayó de cara al suelo.
Josefina se llevó la mano a la frente.
—Esto no puede estar pasando… Don Evaristo se detuvo y los miró con curiosidad.
—Muchachos, ¿están bien?
Jacinto se levantó de un salto y, en pánico, le tiró una manta encima al viejo.
—¡AGÁRRENLO!
Fernando y Josefina se quedaron quietos.
—Jacinto… —susurró Josefina— Le cubriste con una manta TRANSPARENTE.
Don Evaristo se quitó la manta como si nada.
—A ver, ¿qué rayos están haciendo?
Jacinto sudaba.
—Eh… nada, nada.
Estamos… eh… practicando magia.
Fernando lo miró boquiabierto.
—¿Magia?
Jacinto asintió con energía.
—¡Sí!
Íbamos a hacerte desaparecer… pero fallamos.
Don Evaristo se rió.
—¡Ja!
¿Secuestrarme a mí?
¡Muchachos, yo no tengo un centavo!
Jacinto palideció.
—¿¡Qué!?
¿Y el maletín?
El viejo lo abrió.
Estaba lleno de panecillos.
Fernando no sabía si reír o llorar.
—Jacinto… intentamos secuestrar a un PANADERO.
Josefina quiso desaparecer.
—Dios santo… somos un chiste.
Pero antes de que pudieran reaccionar, se escucharon sirenas de policía.
— Los Inspectores Entran en Acción (Otra Vez) Adolfo y Juanjo bajaron de la patrulla con cara de hastío.
Adolfo miró la escena: un viejito con una manta transparente, Jacinto con cara de culpable, y Fernando y Josefina con expresión de derrota.
—Déjame adivinar… —dijo Adolfo con tono cansado— Jacinto intentó otro crimen ridículo.
Juanjo revisó su libreta.
—Sí.
Esta vez intentaron secuestrar a un panadero… con una manta de plástico.
Adolfo se masajeó la cara.
—Voy a pedir mi jubilación anticipada.
Los inspectores esposaron a Jacinto.
—Bueno, Jacinto, otra vez en la comisaría —dijo Juanjo.
—¡Pero fue un malentendido!
—protestó Jacinto.
—Sí, sí, claro —resopló Adolfo—.
Igual que la vez que intentaste robar gasolina con un basurero.
Fernando y Josefina se quedaron de pie, en silencio.
Adolfo los miró.
—¿Y ustedes no van presos?
Josefina suspiró.
—Yo sólo vine a asegurarme de que Jacinto no hiciera estupideces.
Fernando levantó la mano.
—Y yo… soy cómplice a la fuerza.
Juanjo negó con la cabeza.
—Los dejaré ir… pero solo porque ya tienen suficiente castigo siendo amigos de Jacinto.
Y así, Jacinto terminó otra vez en la comisaría, Don Evaristo siguió vendiendo panecillos y Fernando y Josefina se preguntaron en qué momento de su vida tomaron tan malas decisiones.
Pero una cosa era segura… Jacinto volvería con otro plan aún peor.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com