Un crimen no organizado - Capítulo 24
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24: Cap 24: Vacaciones Forzadas 24: Cap 24: Vacaciones Forzadas Después del desastre en el museo, Jacinto, Fernando y Josefina terminaron en la comisaría de San Solano… otra vez.
—Bueno, bueno, bueno… ¿A quién tenemos aquí?
—dijo el inspector Adolfo, cruzando los brazos con una sonrisa burlona.
Juanjo, su compañero, sorbió su café con tranquilidad.
—Déjame adivinar… ¿Intentaron robar algo y fallaron miserablemente?
Jacinto frunció el ceño.
—¡No fallamos miserablemente!
Fernando señaló su pie vendado.
—Jacinto, tengo el dedo del pie roto.
Josefina señaló su camisa quemada.
—Yo casi muero electrocutada.
Jacinto se encogió de hombros.
—Bueno… un poco miserablemente.
Adolfo suspiró.
—Miren, chicos.
Estoy harto de ver sus caras en esta comisaría.
¿Saben cuánto papeleo genera cada vez que los atrapamos?
Juanjo asintió.
—Tanto que Adolfo ha desarrollado un tic nervioso.
—¡No tengo ningún tic nervioso!
—gritó Adolfo, mientras le temblaba un ojo.
Fernando se inclinó hacia Josefina.
—¿Eso no es un tic nervioso?
—Sí, pero no se lo digas.
Adolfo resopló.
—Escuchen, si prometen mantenerse fuera de problemas, los dejo ir sin cargos.
Jacinto levantó la mano.
—¿Y si… nos quedamos quietos, pero en otro lado?
Adolfo frunció el ceño.
—¿Cómo que en otro lado?
—Digo… unas vacaciones.
Salimos de la ciudad un tiempo y dejamos que San Solano descanse de nuestra presencia.
Juanjo se rió.
—Sí, la ciudad necesita un respiro.
Adolfo lo pensó por un momento y luego sonrió.
—Vale.
¡Tienen tres días para salir de San Solano o los meto en la cárcel por fastidiosos!
— Destino: Playa Paraíso (O Algo Parecido) Josefina no podía creerlo.
—¿En serio vamos a tomarnos unas vacaciones?
Jacinto sonrió.
—¡Nos lo merecemos!
Fernando frunció el ceño mientras miraba un folleto.
—¿Pero por qué esta playa?
Se llama “Playa Paraíso”, pero tiene una calificación de 2 estrellas.
Josefina leyó en voz alta.
—”El agua es salada, los cocos caen sin previo aviso y el hotel tiene cucarachas del tamaño de un zapato”.
Fernando se estremeció.
—Ay no… Jacinto agitó la mano.
—¡Eso lo escriben los quejicas!
Seguro que es un paraíso.
Josefina suspiró.
—Bueno… peor que nuestros intentos de robo no puede ser.
— Llegada al “Paraíso” Cuando el trío llegó, el “resort” resultó ser un hotel decrépito con una piscina más sucia que el agua de una alcantarilla.
Fernando miró el lugar con horror.
—¡Nos han estafado!
Jacinto siguió adelante con entusiasmo.
—¡Vamos, chicos!
No podemos juzgar un libro por su portada.
Josefina señaló una rata gigante que se paseaba por la recepción.
—¿Y si el libro está lleno de ratas?
El recepcionista, un hombre con la camisa manchada de café, los miró con aburrimiento.
—¿Tienen reservación?
Jacinto asintió.
—Sí.
A nombre de Jacinto el Magnífico.
Josefina se tapó la cara de vergüenza.
Fernando se frotó las sienes.
—No pusiste ese nombre en serio… El recepcionista miró su lista y luego sonrió con burla.
—Ajá.
“Jacinto el Magnífico”.
Habitación 108.
Les entregó una llave oxidada.
Fernando susurró.
—Si me muero aquí, quiero que en mi lápida pongan “Murió en la peor decisión de su vida”.
— Supervivencia en Playa Paraíso La habitación era una pesadilla.
—Las sábanas están pegajosas… —dijo Josefina, horrorizada.
—El baño tiene un cartel que dice “bajo su propio riesgo” —añadió Fernando.
Jacinto se encogió de hombros.
—¡Son detalles!
¡Vamos a la playa!
Spoiler: La playa no era mejor.
La arena estaba llena de basura, el mar tenía un tono extraño y el único chiringuito disponible vendía pescado frito con un color demasiado sospechoso.
Josefina miró alrededor.
—Esto no es un paraíso.
Es el infierno con palmeras.
Jacinto no se desanimó.
—¡Vamos a nadar!
Fernando levantó una ceja.
—No sé… esa agua parece… ¿radioactiva?
Josefina leyó un cartel.
—”Precaución: Posibles avistamientos de medusas, tiburones y otros horrores marinos”.
Fernando dio un paso atrás.
—¡Ni loco me meto ahí!
Pero Jacinto ya estaba corriendo hacia el agua.
—¡Cobardes!
¡El océano es nuestro amigo!
Cinco segundos después… —¡¡AAAHH!!
¡¡ALGO ME MORDIÓ!!
Josefina se llevó la mano a la cara.
—¿Lo rescato o lo dejo sufrir un poco más?
Fernando sacó su móvil.
—Dame un segundo… quiero grabar esto.
Después de sufrir un ataque de cangrejo, Jacinto volvió a la orilla con el tobillo hinchado.
—¡Ese cangrejo era un demonio!
Josefina suspiró.
—Tal vez deberíamos hacer algo relajante.
Fernando señaló un folleto.
—Aquí dice que hay un spa.
Jacinto se emocionó.
—¡Vamos a mimarnos un poco!
— El Peor Spa del Mundo Cuando entraron al spa del hotel, se dieron cuenta de que algo estaba raro.
El “masajista” era un señor de 80 años con manos del tamaño de ladrillos.
Fernando tragó saliva.
—Tengo miedo.
Jacinto se subió a la camilla con confianza.
—¡Esto va a ser genial!
El anciano agarró a Jacinto y le hizo un crujido tan fuerte que se escuchó en toda la habitación.
Jacinto gritó como si lo estuvieran descuartizando.
—¡¡ME HA QUEBRADO COMO UN PALILLO!!
Josefina retrocedió.
—Yo mejor paso.
Fernando ya estaba en la puerta.
—¿Nos vamos?
—¡Nos vamos!
— Conclusión: Nunca Más Después de dos días de horror, los tres decidieron volver a San Solano.
Mientras esperaban el autobús, Jacinto suspiró.
—Bueno… unas vacaciones inolvidables.
Fernando tenía la cara quemada por el sol.
—Me duele todo.
Josefina tenía arena hasta en los zapatos.
—Nunca más.
Jacinto sonrió.
—Bueno, ahora estamos listos para volver a la acción.
Fernando gritó.
—¡¡NO MÁS PLANES LOCOS POR UN TIEMPO!!
Josefina asintió.
—Por favor, un descanso.
Jacinto se encogió de hombros.
—Está bien… pero solo por un tiempo.
Y con eso, el trío volvió a casa… con la firme promesa de evitar problemas (por lo menos por una semana).
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