Un crimen no organizado - Capítulo 25
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
25: Cap 25: Trabajo Honesto 25: Cap 25: Trabajo Honesto Después del desastre de sus vacaciones en Playa Paraíso, Jacinto, Fernando y Josefina hicieron un pacto sagrado: no meterse en problemas durante una semana.
—Solo siete días —dijo Josefina—.
Sin robos, sin estafas, sin planes ridículos.
—Ni siquiera un pequeño fraude —añadió Fernando.
—Ni un billete falso —murmuró Jacinto, con tristeza.
—¡Nada!
—dijo Josefina, cruzándose de brazos—.
¡Vamos a ser ciudadanos decentes por una vez en nuestras vidas!
El problema era que nadie tenía dinero.
Así que decidieron hacer lo impensable: buscar un trabajo honesto.
— La Entrevista (O Cómo Ser Despedidos Antes de Ser Contratados) El primer intento fue en un supermercado de San Solano, donde buscaban cajeros.
El gerente, un hombre calvo con el ceño fruncido de alguien que ha visto cosas terribles en la vida, miró sus currículums con escepticismo.
—A ver… Jacinto, ¿su única experiencia laboral es… “líder visionario en operaciones nocturnas”?
—¡Sí, señor!
—dijo Jacinto, sonriendo.
—Eso suena a ladrón.
—Eh… es cuestión de perspectiva.
El gerente suspiró y miró a Fernando.
—¿Y usted?
Dice aquí que es “experto en sistemas de seguridad y acceso remoto”.
Fernando sonrió con falsa modestia.
—Me gusta decir que soy un hacker… pero legal.
—No suena muy legal.
Fernando tragó saliva.
—Bueno… depende de a quién le pregunte.
El gerente se pasó la mano por la cara con frustración.
—¿Y usted, señorita Josefina?
Josefina sonrió con orgullo.
—Yo sí soy una persona honesta.
—¿Y qué hace con estos dos?
Josefina suspiró.
—Me lo pregunto todos los días.
Después de una pausa incómoda, el gerente se aclaró la garganta.
—Bueno… tenemos un puesto como reponedores nocturnos.
Jacinto frunció el ceño.
—¿No tienen algo más… emocionante?
—Es un supermercado.
Lo más emocionante que verá es una pelea por la última caja de cereales en descuento.
Fernando se estremeció.
—La gente en oferta es peligrosa.
Josefina puso los ojos en blanco.
—Aceptamos el trabajo.
Y así, contra todo pronóstico, fueron contratados.
— La Primera Noche (O Cómo Destruir un Supermercado en Cuatro Horas) Ser “reponedor nocturno” parecía fácil.
Parecía.
—Solo hay que poner los productos en los estantes —dijo Josefina—.
No puede ser tan difícil.
Cinco minutos después… —¡¡AGÁRRENLOOOOO!!
—gritó Fernando.
Un carrito descontrolado se deslizaba a toda velocidad por el pasillo de lácteos, con Jacinto montado encima como si fuera un jinete del apocalipsis.
—¡ESTO ES MÁS DIVERTIDO QUE UN ROBOOOO!
El carrito chocó contra una torre de cajas de leche, provocando una cascada de cartones que empapó todo el suelo.
El gerente irrumpió en el pasillo con la cara roja.
—¡¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO?!!
Josefina intentó disimular.
—Eh… ¿promoción de lácteos?
El gerente les fulminó con la mirada.
—¡Última advertencia!
— El Turno de Caja (O Cómo Perder Dinero en Lugar de Ganarlo) Como castigo, fueron asignados a la caja registradora.
Jacinto se frotó las manos.
—¡Esto es perfecto!
Contar dinero, dar cambio… como en nuestros viejos tiempos.
—Sí, pero sin robar —dijo Josefina, mirándolo con sospecha.
Todo iba bien hasta que Jacinto se encontró con su mayor enemigo: las matemáticas.
Cliente: Son 9,75 euros.
Jacinto: (Confundido con la caja registradora) “Ajá… vale… si usted me da 20 euros… entonces yo le devuelvo… eh…” Cliente: 10,25 euros.
Jacinto: “¡Exacto!” (Le entrega 15 euros.) Cliente: “Eh… esto es demasiado.” Jacinto: (Sonríe nervioso.) “Felicidades, ha ganado el sorteo del supermercado.” Josefina lo agarró del brazo.
—¡Nos van a despedir, idiota!
Fernando intentó ayudar, pero estaba atrapado en una crisis tecnológica.
—¡La caja registradora se trabó!
¡No sé cómo reiniciarla!
—¿No eres hacker?
—preguntó Josefina.
—¡Sí, pero con computadoras viejas!
¡Esto es demasiado moderno!
El gerente apareció otra vez.
—¡¡¿QUÉ PASA AHORA?!!
—Nos equivocamos un poco con el cambio… —admitió Josefina.
—¿Cuánto?
Fernando miró la caja.
—Eh… hemos perdido… unos… cien euros.
El gerente se quedó en silencio.
—¿¿CÓMO PUEDEN PERDER CIEN EUROS EN DOS HORAS??
Jacinto sonrió con nerviosismo.
—Somos muy generosos… El gerente se masajeó las sienes.
—¡Fuera de mi tienda!
—¿Nos despidió?
—preguntó Fernando.
—¡No, les estoy dando vacaciones indefinidas!
¡LÁRGUENSE!
— El Último Intento: Restaurante de Comida Rápida Desesperados, intentaron un último trabajo en “Don Burguer”, el peor restaurante de la ciudad.
Problema #1: Jacinto quemó todas las hamburguesas en los primeros 10 minutos.
Problema #2: Fernando intentó arreglar la freidora… y ahora echaba chispas.
Problema #3: Josefina, la única competente, tuvo que tomar pedidos… pero el gerente era un demente.
—¡NO SE SONRÍE TANTO!
¡ESTO ES UN RESTAURANTE, NO UN CIRCO!
Josefina frunció el ceño.
—¿Quiere que sea amable, pero sin sonreír?
—¡SÍ!
¡Y NO TE ATREVAS A USAR MÁS DE TRES PALABRAS POR CLIENTE!
Josefina miró a un cliente.
—Eh… “¿Hamburguesa o papas?” El cliente parpadeó confundido.
—¿Perdón?
El gerente gritó.
—¡MUCHAS PALABRAS!
¡DESPEDIDA!
En menos de una hora, fueron echados de otro trabajo.
— Conclusión: Volver al Crimen De vuelta en casa, los tres se desplomaron en el sofá.
—El trabajo honesto es una pesadilla —murmuró Fernando.
—El crimen es más fácil —admitió Josefina.
Jacinto sonrió.
—Chicos… aprendimos una valiosa lección.
Fernando frunció el ceño.
—¿Que nunca más trabajaremos?
—¡Exacto!
Josefina suspiró.
—Oye… ¿y si intentamos robar un banco?
Jacinto sonrió.
—¡Ese es el espíritu!
Y así, su breve intento de ser personas decentes llegó a su fin.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com