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Un crimen no organizado - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 Cap 29 El Informe la Máquina y el Peor Día de Adolfo
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29: Cap 29: El Informe, la Máquina y el Peor Día de Adolfo 29: Cap 29: El Informe, la Máquina y el Peor Día de Adolfo Un nuevo día en la comisaría San Solano amaneció con un sol radiante.

Era un día perfecto para hacer ejercicio, salir a pasear o, en el caso de Adolfo, sentarse en su escritorio y fingir que no existía.

Pero, como siempre, Patricia tenía otros planes.

—¡Adolfo, despierta!

¡Tenemos trabajo!

—gritó, golpeando la mesa con entusiasmo.

Adolfo levantó la cabeza con los ojos entrecerrados.

—Patricia… son las siete de la mañana.

—¡Exacto!

¡El crimen no duerme!

—Pues debería.

Como yo.

Antes de que Adolfo pudiera volver a cerrar los ojos, el comisario Ramírez entró a la oficina con cara de pocos amigos.

—Adolfo, Patricia, necesito el informe del caso de la alcantarilla.

Ahora.

Adolfo se enderezó de inmediato.

—¡Sí, señor!

¡Ya lo tengo listo!

Ramírez asintió con aprobación… hasta que miró a Patricia.

—¿Y el tuyo?

Patricia se quedó en silencio.

—Ehh… Bueno… Lo estoy… digamos… afinando.

—¿Afinando?

—Ramírez frunció el ceño.

—Sí, sí… Le estoy agregando dramatismo.

Adolfo cerró los ojos y murmuró para sí mismo: —No, por favor, no otra vez… Ramírez apoyó las manos en su escritorio con paciencia forzada.

—Pérez, solo quiero un informe sencillo.

Nada de efectos especiales.

—¡Por supuesto, jefe!

Solo unas pequeñas mejoras… Ramírez se frotó las sienes.

—Patricia, la última vez que entregaste un informe, tuvo ilustraciones, un poema y un mapa del tesoro.

—¡Y aún así nunca encontraron el tesoro!

—dijo Patricia, indignada.

Adolfo no pudo evitar responder.

—Porque no existía, Patricia.

Ramírez soltó un largo suspiro.

—Dámelo en una hora.

SIN INVENTOS.

Patricia saludó militarmente.

—¡Sí, señor!

Cuando Ramírez salió, Adolfo se volvió hacia Patricia con desesperación.

—Dime que de verdad lo tienes listo.

Patricia sonrió con nerviosismo.

—Ehh… lo tengo medio listo.

—Patricia… —Bueno, en realidad… No lo he empezado.

Adolfo se agarró la cabeza.

—¡¿CÓMO QUE NO LO HAS EMPEZADO?!

—¡Tranquilo!

¡Puedo hacerlo rápido!

—Patricia, tu concepto de “rápido” es el mismo que el de una tortuga con insomnio.

—Oye, eso es cruel.

—¡Lo cruel es que ahora tenemos una hora para escribir un informe entero!

Patricia se encogió de hombros.

—Bueno… Voy por café y empezamos.

Adolfo se llevó las manos a la cara y exhaló lentamente.

—Dios mío, ¿por qué me castigas así?

— La máquina de café: Un enemigo mortal Patricia se dirigió a la máquina de café con confianza.

—¡Hora de hacer la magia!

Adolfo corrió tras ella.

—¡NO TOQUES ESA MALDITA MÁQUINA!

Pero ya era demasiado tarde.

Patricia pulsó un botón y la máquina hizo un ruido extraño.

—Oh… eso no suena bien.

Adolfo retrocedió instintivamente.

—¿Qué hiciste?

Patricia miró los botones con confusión.

—Bueno, intenté hacer un expreso, pero creo que… BEEEEEP.

La máquina comenzó a temblar.

BEEEEEEEEEEEEEEP.

Adolfo se cubrió la cara con las manos.

—Dime que no va a explotar.

PFFFFFSSSHHHHH.

Un chorro de café ardiente salió disparado como un géiser, cubriendo a Patricia de pies a cabeza.

—¡¡AAAAAAAH, ME QUEMA!!

¡¡PERO TAMBIÉN ME DESPIERTA!!

Adolfo dio un paso atrás lentamente.

—Yo… yo no vi nada.

Patricia se quitó el café de la cara y lo probó.

—Mmm… Sabe a desesperación.

El comisario entró en la sala en ese momento y se quedó mirando la escena en completo silencio.

—No quiero saberlo.

No me digan nada.

Se dio la vuelta y se marchó.

Adolfo miró a Patricia con enojo.

—¿Ves lo que haces?

Patricia sonrió con inocencia.

—¡Pero ahora estoy más despierta que nunca!

¡Vamos con el informe!

Adolfo se dejó caer en su silla, completamente derrotado.

— El informe más ridículo de la historia Adolfo tecleaba furiosamente, mientras Patricia le dictaba con dramatismo innecesario.

—Y entonces… el criminal saltó como un tigre en celo sobre el contenedor de basura, creyendo que escaparía de la justicia.

Adolfo se detuvo y la miró fijamente.

—¿Un tigre en qué?

—En celo.

Para agregar intensidad.

—Patricia, no podemos escribir eso.

—Bueno… Entonces pon que saltó como un “elegante felino nocturno”.

—¿Por qué todo tiene que ser con gatos?

—¿Por qué no?

Adolfo masculló una maldición y siguió escribiendo.

—Muy bien, sigamos.

Patricia carraspeó y continuó.

—Y entonces, en un acto de valentía sin precedentes, la inspectora Pérez voló por los aires con la gracia de una heroína legendaria… Adolfo rodó los ojos.

—¿Y dónde queda el inspector Adolfo en esta historia?

Patricia pensó un segundo.

—Mmm… Bueno… tú estabas ahí.

—¡GENIAL!

¡El inspector Adolfo “estaba ahí”!

¡Mi papel es fundamental!

Patricia rió y le dio una palmada en la espalda.

—¡Exacto!

Ahora… pon una parte emotiva.

—¿Emotiva?

—Sí, como un final inspirador.

Adolfo resopló, pero siguió escribiendo.

—”Gracias a la rápida acción de los inspectores, el criminal fue detenido y la paz volvió a San Solano.

A pesar de los obstáculos y los gatos agresivos, la ley siempre prevalece.” Patricia se emocionó.

—¡Es hermoso!

¡Mándalo ya antes de que el jefe se arrepienta de dejarnos trabajar aquí!

Click.

Enviar.

Los dos se dejaron caer en sus sillas, exhaustos pero victoriosos.

Justo en ese momento, el comisario apareció en la puerta con su tablet.

—Acabo de leer su informe… Patricia sonrió con orgullo.

—¿Le gustó?

Ramírez frunció el ceño.

—¿QUÉ DIABLOS SIGNIFICA “TIGRE EN CELO”?

Adolfo cerró los ojos y deseó estar en otro planeta.

Y así terminó otro día caótico en la comisaría de San Solano.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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