Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Un crimen no organizado - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Un crimen no organizado
  3. Capítulo 5 - 5 Cap 5 Un trato poco inteligente
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Cap 5: Un trato (poco) inteligente 5: Cap 5: Un trato (poco) inteligente Después del desastroso intento de esconderse en el museo, Jacinto, Fernando y Josefina se encontraron en una situación nada envidiable: esposados y sentados en la sala de interrogatorios de la comisaría de San Solano.

—Bueno… esto es nuevo —murmuró Fernando, mirando la fría habitación con una sola bombilla parpadeante.

—Jacinto, en serio —suspiró Josefina—.

Un museo.

¿De todos los lugares posibles?

Jacinto, con su inquebrantable confianza, apoyó las manos sobre la mesa.

—¡Esto no es el fin!

Solo necesitamos un buen abogado.

—¿Con qué dinero, Jacinto?

—preguntó Fernando—.

¿Con los 17 pesos y dos caramelos que traes en los bolsillos?

—Uno de esos caramelos es de menta —respondió Jacinto, ofendido—.

Y además, tengo un as bajo la manga.

Josefina cerró los ojos con frustración.

—Por favor, que esta vez no sea otra de tus geniales ideas… Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió de golpe.

Adolfo y Juanjo entraron, con expresiones de satisfacción en sus rostros.

—¡Pero miren nada más!

—exclamó Adolfo, cruzándose de brazos—.

Nuestros criminales favoritos.

Juanjo se dejó caer en una silla con una taza de café en la mano.

—Por fin los atrapamos —dijo con una sonrisa—.

Y sin necesidad de persecuciones ridículas ni trampas absurdas.

Los tres sospechosos se miraron.

—Bueno, técnicamente sí hubo persecuciones ridículas —señaló Fernando.

—Shhh —lo calló Jacinto.

—Pero bueno, hablemos de cosas serias —dijo Adolfo, tomando asiento frente a ellos—.

Saben que los tenemos, ¿verdad?

Ingresar ilegalmente a un museo, destruir propiedad pública, huir de la policía… —¡Eso último lo hacemos siempre!

—protestó Jacinto.

—Eso no ayuda a su defensa, amigo —dijo Juanjo, tomando un sorbo de café.

Josefina se masajeó las sienes.

—Ugh… cállate, Jacinto.

Adolfo abrió un expediente y lo puso sobre la mesa.

—Pero, a pesar de lo estúpidos que son sus crímenes, no son exactamente los peores delincuentes de la ciudad.

—¡Gracias!

—dijo Jacinto, orgulloso.

—No es un cumplido.

—Oh.

Adolfo los observó con atención y, tras un momento de silencio, se inclinó hacia ellos.

—Les voy a hacer una oferta.

Los tres se quedaron en silencio, mirándolo con atención.

—¿Qué tipo de oferta?

—preguntó Josefina con cautela.

Adolfo entrecerró los ojos.

—Sabemos que ustedes no trabajan solos.

Sabemos que hay alguien más grande moviendo los hilos en San Solano.

—¿En serio?

—preguntó Fernando, genuinamente sorprendido—.

Porque nosotros ni siquiera nos movemos bien entre nosotros… Adolfo ignoró el comentario.

—Si nos ayudan a atrapar a alguien realmente importante… podemos hacer que su sentencia sea más… llevadera.

Los tres se miraron.

—¿Nos están pidiendo que delatemos a alguien?

—preguntó Jacinto.

—Básicamente —respondió Juanjo.

—¿Y qué pasará si no lo hacemos?

—preguntó Josefina, cruzándose de brazos.

—Bueno… —Adolfo sonrió—.

Siempre podemos dejarlos aquí sentados unas 48 horas hasta que empiecen a hablar solos.

El silencio en la sala se hizo incómodo.

Jacinto carraspeó.

—Bueno… eh… quizás podríamos considerar la oferta, pero solo si hablamos de alguien que realmente se lo merezca.

Fernando asintió.

—Sí, alguien realmente… peligroso.

Josefina suspiró, resignada.

—Yo odio que estemos considerando esto… Juanjo se inclinó, curioso.

—Entonces… ¿tienen a alguien en mente?

Jacinto sonrió.

—Tal vez.

Pero primero, necesitamos un café.

—¿Creen que esto es un hotel?

—preguntó Adolfo, incrédulo.

—Bueno, considerando lo que tardaron en atraparnos, su servicio no es tan malo… —murmuró Fernando.

Adolfo suspiró y se frotó la frente.

—Esto va a ser una larga noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo