Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Un crimen no organizado - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Un crimen no organizado
  3. Capítulo 6 - 6 Cap 6 Un soplón con poca información
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: Cap 6: Un soplón con poca información 6: Cap 6: Un soplón con poca información Jacinto, Fernando y Josefina se miraban en silencio, sopesando la oferta de Adolfo y Juanjo.

Delatar a alguien para librarse del problema sonaba tentador, pero había un pequeño inconveniente: no conocían a nadie lo suficientemente importante como para traicionar.

Fernando se inclinó hacia Josefina y susurró: —¿Y si les damos el nombre de alguien que ni exista?

Josefina suspiró.

—Eso funcionaría… si no estuviéramos tratando con policías que pueden buscar nombres en una base de datos.

Jacinto, por su parte, sonrió con su característico exceso de confianza.

—Tranquilos, tengo la persona perfecta.

Los detectives lo miraron con desconfianza.

—Bien, Jacinto —dijo Adolfo, cruzando los brazos—.

Sorpréndenos.

Jacinto se aclaró la garganta y se inclinó hacia ellos con un aire de conspiración.

—Han oído hablar de… El Gordo Aurelio?

Adolfo y Juanjo se miraron.

—¿Quién?

—preguntó Juanjo.

—El Gordo Aurelio —repitió Jacinto con tono de misterio—.

Un pez gordo del mundo del crimen.

Un tipo que mueve los hilos en las sombras.

Nadie sabe dónde vive, pero todos le temen.

Fernando y Josefina lo miraban con incredulidad.

—¿Quién demonios es El Gordo Aurelio?!

—susurró Josefina, furiosa.

—Improvisación, amigos —respondió Jacinto entre dientes—.

Improvisación.

Adolfo levantó una ceja.

—¿El Gordo Aurelio?

Nunca hemos oído hablar de él.

—¡Pues claro que no!

—Jacinto levantó las manos como si fuera obvio—.

¿Qué tipo de criminal dejaría rastro si es realmente inteligente?

Los detectives se miraron otra vez.

—Hmm… —murmuró Juanjo, sacando una libreta—.

¿Y cómo podemos encontrar a este misterioso personaje?

Jacinto dudó por un momento, pero luego sonrió.

—Nosotros podemos tenderle una trampa.

Sabemos cómo opera.

Si nos dejan libres, lo llevaremos a ustedes directamente.

Fernando escupió el agua que estaba bebiendo.

—¡¿Qué?!

Josefina se cubrió la cara con las manos.

Adolfo y Juanjo los miraron con sospecha.

—Déjenme ver si entendí bien —dijo Adolfo, apoyando las manos en la mesa—.

Nos están pidiendo que los dejemos ir… para atrapar a un tipo del que nunca hemos oído hablar… y que casualmente ustedes conocen bien.

Jacinto asintió con entusiasmo.

—¡Exacto!

Hubo un silencio incómodo.

—Esto suena a una idiotez monumental —comentó Juanjo.

—Pero… —añadió Adolfo—.

Si resulta ser cierto y nos llevan con alguien importante, podríamos limpiar las calles de San Solano de un pez gordo.

Juanjo suspiró.

—Lo peor es que esto es tan absurdo que podría funcionar.

Adolfo los miró fijamente.

—Está bien.

Pero si nos engañan… —¡No lo haríamos!

—dijo Jacinto demasiado rápido.

Josefina y Fernando simplemente asintieron, resignados.

Un plan en marcha (pero sin plan real) Poco después, los tres estaban fuera de la comisaría, libres pero vigilados de cerca por los detectives.

Caminaban por las calles de San Solano con una única pregunta en mente: ¿Quién demonios podría ser El Gordo Aurelio?

—Nos van a descubrir en menos de un día —dijo Fernando, nervioso.

—No si encontramos a alguien a quien llamar así primero —respondió Jacinto, con la misma confianza de alguien que nunca ha pensado en las consecuencias.

Josefina lo miró con incredulidad.

—¿Tu plan es buscar a alguien al azar y decir que es un criminal de alto nivel?

—Exacto.

—… Me rindo.

Los tres siguieron caminando por la ciudad, buscando desesperadamente a alguien que pudiera encajar en el papel de “El Gordo Aurelio”.

Finalmente, en una pequeña cafetería de barrio, lo vieron: Un hombre enorme, con una camisa manchada de café, sentado solo en una mesa mientras devoraba un pastelillo de crema.

Jacinto sonrió.

—Señoras y señores… hemos encontrado a El Gordo Aurelio.

Fernando y Josefina se miraron con horror.

—Esto va a terminar mal… —murmuró Josefina.

Y efectivamente, tenían razón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo