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Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 10

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10: 9.

rompiendo límites, ¡Plus ultra!

10: 9.

rompiendo límites, ¡Plus ultra!

POV Hestia Últimamente, una miríada de pensamientos danzaban sin cesar en la cabeza de Hestia.

Todo había comenzado desde el instante en que tomó consciencia de sí misma.

Aunque los recuerdos de su nacimiento eran nebulosos, destellos de siluetas y ecos de voces resonaban vagamente en su memoria.

Podía evocar la sensación de múltiples presencias a su alrededor, como suaves ondas en un estanque tranquilo.

Entre todas ellas, una destacaba por su calidez envolvente y reconfortante, un sentimiento tan intrínseco que la hacía sentir como parte de su propia esencia, como familia.

Pero luego, otra presencia emergía en sus recuerdos, igualmente familiar en un rincón de su ser, aunque teñida de una frialdad punzante y una sensación aterradora que erizaba su alma.

Y de repente, sin comprender cómo ni por qué, se encontró cayendo en un abismo oscuro e insondable.

El miedo, frío y paralizante, la atenazó.

Pero justo cuando la desesperación comenzaba a nublar su conciencia, su caída se detuvo abruptamente.

Fue entonces, en ese instante suspendido en la oscuridad, cuando conoció por primera vez a su hermano mayor, Hades.

Lo primero que hizo fue pronunciar su nombre, “Hestia”, con una voz sorprendentemente suave y melodiosa.

Luego, una sonrisa cálida y genuina iluminó su rostro, disipando momentáneamente las sombras que la rodeaban.

Con un gesto protector, la tomó de la mano y la condujo hacia lo que él llamó “nuestro hogar”.

Desde el principio, todo a su lado fue una experiencia maravillosa y llena de descubrimientos.

Su hermano solía dedicar tiempo a jugar con ella, inventando juegos imaginativos y animándola de mil maneras distintas, contagiándole su energía y alegría.

Una punzada de tristeza la invadía cada vez que él se marchaba, y esa sensación de separación aún persistía en su joven corazón.

Sin embargo, comprendía que él dedicaba incontables horas a un riguroso entrenamiento diario, una disciplina que parecía consumirlo por completo.

En esos momentos de ausencia, Hestia solía pasar largas horas absorta en la contemplación de imágenes de criaturas diminutas y adorables que, con el tiempo, supo que se llamaban “caricaturas”.

O se entretenía con los cientos de juguetes fascinantes que su hermano inexplicablemente traía consigo después de sus misteriosas salidas diarias.

En aquel entonces, la procedencia de esos extraños obsequios no despertaba su curiosidad infantil; simplemente disfrutaba de su presencia.

Pero a medida que crecía y su mente se volvía más inquisitiva, comenzó a anhelar pasar más tiempo con su hermano.

Intentó tímidamente pedirle que la incluyera en sus entrenamientos, con la esperanza de aprender de él y compartir más momentos a su lado.

Fue entonces cuando la marcada diferencia entre ellos se hizo dolorosamente evidente.

En comparación con la destreza y agilidad de Hades, ella parecía carecer por completo de cualquier talento atlético para el entrenamiento físico.

Cada torpe intento de desarrollar su fuerza terminaba en cómicos desastres que, para su pesar, provocaban las burlas cariñosas de su hermano.

En contraste, él era capaz de realizar hazañas asombrosas de fuerza y habilidad con una gracia natural.

En una ocasión, impulsada por la curiosidad, lo siguió a escondidas mientras entrenaba con uno de los “caballeros de sombra”, como él los llamaba.

La escena que presenció fue simplemente increíble, grabándose vívidamente en su memoria.

Podía sentir el suelo temblar bajo la furia de sus golpes, sus movimientos se difuminaban en una vertiginosa ráfaga de puñetazos y patadas, y lo más asombroso de todo, los veía elevarse hacia los cielos, enfrascados en un combate aéreo que parecía una danza etérea y peligrosa.

En un instante fugaz, logró vislumbrar el rostro de su hermano en medio de la contienda.

A pesar de que su cuerpo seguramente soportaba el impacto de los golpes, su expresión no reflejaba dolor, ni ira, ni ninguna otra emoción discernible.

Solo una enorme sonrisa de excitación pura iluminaba sus facciones, una alegría palpable por la intensa batalla que estaba librando en ese momento.

Hestia no comprendía completamente esa fascinación por el combate, pero ver a su hermano tan genuinamente feliz le llenó el corazón de una calidez inexplicable.

En ese instante, lo supo con certeza: ella también anhelaba sentir esa misma emoción, quería estar ahí arriba, luchando con la misma intensidad y experimentando esa descarga de adrenalina.

Pero, desafortunadamente, las cosas no resultaron tan sencillas como su joven corazón deseaba.

“Tu poder divino está suprimido”, fueron las palabras de su hermano, una explicación que, si bien no entendía del todo, resonaba con la frustración que sentía.

Incluso cuando ponía todo su empeño en el entrenamiento, con la ferviente esperanza de mejorar, sus esfuerzos demostraban ser inútiles.

Aunque su condición física experimentó una ligera mejoría con las semanas de constante ejercicio, fue un aumento insignificante en comparación con la asombrosa progresión de su hermano, quien parecía volverse más fuerte y ágil con cada día que pasaba.

También intentó acceder a su propio poder divino, esa fuerza latente que sentía en lo profundo de su ser, pero le resultó completamente imposible.

Sin importar lo que hiciera o cuánto se esforzara, no lograba manifestar ni una mínima parte de esa energía.

Aunque de manera instintiva podía percibir su existencia y comprender vagamente su potencial, la conexión se mantenía elusiva.

Con el tiempo, Hestia dejó de lado sus ambiciones de poder y se dedicó a disfrutar de los placeres y comodidades que su hogar les ofrecía, entregándose a juegos y realizando uno que otro ejercicio ocasional para mantenerse activa.

Pero a medida que los días se convertían en semanas y las semanas en meses, comenzó a notar detalles que antes pasaban desapercibidos, anomalías sutiles que, a pesar de estar justo frente a sus ojos, su mente infantil no había registrado.

Entonces, finalmente, la verdad comenzó a tomar forma en su mente, una verdad extraña e innegable: la anomalía era su propio hermano mayor, Hades.

Desde el misterio de cómo conseguía todos esos fantásticos juguetes y aparatos que llenaban su casa, objetos que parecían surgir de la nada, hasta su extraña habilidad para materializar cosas de la nada misma, un fenómeno que logró observar en una ocasión fugaz y desconcertante.

Y, sobre todo, el hecho de que pudiera utilizar su poder divino sin restricciones aparentes, a pesar de que se suponía que el estómago de su Padre debería suprimir dichas habilidades en todos ellos.

Los pensamientos de Hestia volvían una y otra vez a todas esas ocasiones en las que sucesos inexplicables ocurrían justo después de que Hades hiciera algo peculiar.

Como aquella vez que se puso un gorro ridículo en la cabeza y comenzó a realizar un baile extraño y sin sentido, que culminó con su cuerpo sostenido precariamente sobre su cabeza, girando como un trompo descontrolado.

Y había muchas otras cosas raras y antinaturales, sucesos que desafiaban cualquier lógica que su joven mente pudiera concebir.

¿Por qué sabía instintivamente que no eran normales?

Ni ella misma lo sabía con certeza, solo podía sentir en lo más profundo de su ser que nada de eso encajaba en el orden natural de las cosas.

Y lo más desconcertante era que el propio Hades parecía completamente ajeno a estas peculiaridades.

A veces, un impulso la invadía, el deseo de señalarle estas rarezas, de preguntarle sobre su origen.

Pero al verlo tan despreocupado y feliz, completamente inconsciente de la anomalía que él mismo representaba, las palabras se quedaban atascadas en su garganta, disolviéndose en una mezcla de confusión y afecto fraternal.

Y lo más extraño de todo sucedió hace unos meses, mientras estaba acurrucada en el sofá, absorta en una película animada sobre un pez parlante que busca a su hijo.

Él se me acerco con una expresión peculiar en el rostro, una mezcla indefinible de misterio y expectación.

Flashback hace tres meses.

“Hola, hermana, ¿qué estás haciendo?” Preguntó Hades, su voz teñida de una curiosidad inusual, y esa extraña expresión aún danzaba en sus ojos.

Por alguna razón inexplicable, una punzada de mal presentimiento recorrió el cuerpo de Hestia al verlo acercarse de esa manera.

“Nada, solo pasando el rato”, respondió Hestia con una cautela instintiva, sin comprender realmente el propósito oculto de su hermano.

“Bueno, eso está bien”, dijo él, asintiendo lentamente con la cabeza, como si estuviera sopesando algo en su mente.

“Y dime, ¿no te gustaría hacer algo más?” Dijo Hades, su tono ahora imbuido de un misterio juguetón que intrigó a Hestia.

“¿Algo como qué?”, respondió ella con una creciente duda, escrutando las intenciones ocultas detrás de las palabras de su hermano.

“Como por ejemplo, ¡entrenar para hacerte fuerte!”, respondió Hades con un tono repentinamente animado, su sonrisa creciendo hasta iluminar todo su rostro con entusiasmo.

Hestia permaneció en silencio, sus ojos fijos en él con una mezcla de sorpresa e incredulidad.

“¿Entrenamiento?

Sabes que ya lo intenté y no funcionó en absoluto”, dijo Hestia con un deje de desgana en su voz, recordando sus frustrantes intentos pasados.

“Yo no soy como tú…”, añadió finalmente, con un matiz de desánimo y una punzada de envidia en su tono.

La habitación quedó sumida en un silencio incómodo, solo interrumpido por una pequeña carcajada que comenzó a brotar de los labios de Hades.

Pronto, esa risa contenida se transformó en una carcajada estruendosa que resonó en todo el espacio.

“¡JAJAJAJAJA!”, rió Hades a carcajadas, inclinando su cuerpo hacia atrás mientras erguía su figura y flexionaba sus músculos con una pose exagerada.

Hestia, observando toda esta escena desconcertante, no sabía si sentirse ofendida por la burla implícita o simplemente profundamente confundida por la extraña actuación que su hermano estaba llevando a cabo.

“¡OH MY GOODNESS!”, exclamó Hades en un tono alto pero sorprendentemente animado, sobresaltando a Hestia con su repentino cambio de actitud.

“Tranquila, mi pequeña shonen.

Puedo sentir el peso en tus hombros, puedo ver la duda en tus ojos.

¡Has enfrentado desafíos, has tropezado y quizás hayas sentido que la oscuridad te envuelve, lo sé!…

¡Yo también he tenido mis batallas!”, espetó Hades con un tono inesperadamente comprensivo y empático.

(¿Qué está haciendo?) Pensó Hestia, su confusión creciendo a cada segundo que pasaba.

“Pero escúchame bien, jovencita.

¡Recuerda por qué luchas, recuerda la chispa que te encendió!

¡Ese deseo ardiente de ser mejor, de proteger lo que amas, de alcanzar tus sueños!”, gritó Hades, levantando un brazo dramáticamente con un puño apretado, como un héroe en medio de un discurso épico.

“¡Esa chispa es tu poder!

¡Es el One For All que reside en cada uno de nosotros, esperando ser liberado!”, exclamó Hades, estirando los brazos a los lados con teatralidad y luego flexionándolos con fuerza, mostrando sus músculos de manera cómica.

(¿One for qué?) La mente de Hestia luchaba por procesar las extrañas palabras de su hermano.

“Habrá momentos de dolor, de frustración.

¡El camino del héroe nunca es fácil!

¡Pero es en esos momentos cuando debemos apretar los dientes, levantar la cabeza y gritar con todo nuestro pulmón: ‘¡AÚN NO HE TERMINADO!'”, continuó Hades con una intensidad cómica, como si estuviera recitando un guion de una obra de teatro exagerada.

Hestia todavía se encontraba sumida en la confusión, pero en lo profundo de su corazón comenzaba a surgir una extraña sensación de expectativa y una tenue chispa de esperanza, alimentada por el fervor incomprensible de su hermano.

“¡No permitas que el miedo te paralice!

¡El miedo es solo una ilusión, una sombra que se desvanece ante la luz de la determinación!

¡Cada paso adelante, por pequeño que sea, te acercará más a tu meta!

¡Cada desafío superado te hará más fuerte!”, arengó Hades, moviéndose con una energía desbordante.

“Así que levántate, mi pequeña valiente.

¡Sonríe!

¡Porque el futuro te espera!”, proclamó con una sonrisa radiante que contagiaba un extraño optimismo.

Cuanto más hablaba Hades, más enérgica y animada se empezaba a sentir Hestia, como si sus palabras tuvieran un poder mágico para infundirle valor.

“¡Te espera un futuro brillante, lleno de esperanza y posibilidades!

¡Recuerda mis palabras: tú tienes el poder para cambiar el mundo dentro de ti!”, concluyó Hades con una solemnidad cómica.

Finalmente, en un gesto teatral apoteósico, Hades saltó ágilmente sobre la mesa, plantando sus manos en sus caderas en una pose heroica y ridícula a la vez.

“¡Ahora sal y demuéstrale al mundo de qué estás hecho!

¡Ve más allá!

¡PLUS ULTRA!

¡Jajajajaja!”, exclamó con una risa triunfal que resonó en la habitación.

“¡Plus ultra!”, gritó la pequeña Hestia casi sin pensarlo, como si esas palabras hubieran estado latentes en su interior, mientras no podía evitar aplaudir con genuina emoción, contagiada por el inesperado y motivador discurso de Hades.

Fin del flashback.

Desde aquel día, Hestia se había sometido a una variedad de entrenamientos ideados por su excéntrico hermano Hades.

Los “ejercicios de fuerza” consistían en interminables repeticiones levantando pesas improvisadas, correr por la llanura arrastrando cubos de madera sorprendentemente pesados, cortesía de la ilimitada imaginación de Hades, y todo tipo de pruebas locas y desafiantes que su mente peculiar podía concebir.

Pero a pesar del agotamiento que la embargaba al final de cada jornada, a pesar de que sus pequeños pies se llenaban de dolorosas heridas y su piel se cubría de una capa de mugre persistente, Hestia se negaba rotundamente a renunciar.

Estaba decidida a demostrarle a su hermano su inquebrantable determinación y a probarse a sí misma que poseía la fuerza interior para transformarse, para superar sus propias limitaciones.

POV Hades.

Se encontraba en la cima de una pequeña plataforma de madera toscamente construida, desde donde podía observar a una figura diminuta y tenaz: Hestia, corriendo con esfuerzo a través de un laberinto de obstáculos en medio de una pista de entrenamiento improvisada que yo mismo había diseñado con esmero.

Durante los últimos meses, había supervisado personalmente el entrenamiento de Hestia, dedicando tiempo y energía a guiarla en este arduo camino.

Y los resultados, debo admitir con una satisfacción creciente, habían superado con creces mis expectativas iniciales.

Su progreso era más que excepcional.

Antes.

{Hestia} {Nivel de potencia: 19} Ahora.

{Hestia} {Nivel de potencia: 35} A pesar de la persistente supresión de su poder divino, una limitación frustrante que aún no comprendía del todo, Hestia había demostrado un aumento notable y constante en su fuerza física bruta.

Incluso sus habilidades de combate cuerpo a cuerpo habían mejorado significativamente, alcanzando un nivel bastante decente para alguien que apenas había comenzado a entrenar.

Pero se debería confesar que Hades no habría iniciado nada de esto si no fuera por una peculiar misión que recibí hace algún tiempo, un encargo que despertó su interés de una manera bastante…

lucrativa.

{Misión: Entrenamiento espartano para hermanos flojos} {Recompensa: Cupón dorado} Esta fue, sin duda, la principal motivación detrás de mi repentino interés en sacar a mi adorable pero indolente hermanita de su cómoda rutina y someterla a un régimen de entrenamiento intensivo.

La perspectiva de obtener uno de esos escurridizos cupones dorados era demasiado tentadora para ignorarla.

La misión, tal como la recuerdo, consiste en ayudar a Hestia a alcanzar un nivel de potencia de al menos 500 unidades.

En circunstancias normales, esta tarea sería prácticamente imposible, considerando su actual carencia de acceso a su poder divino y la ausencia de cualquier herramienta o habilidad sobrenatural que pudiera acelerar su crecimiento.

Pero, afortunadamente para ambos, Hades posee una habilidad secreta, que podría ser la clave para superar este obstáculo aparentemente insuperable.

Sin embargo, para que esa habilidad sea efectiva, Hestia necesita volverse significativamente más fuerte de lo que es ahora, un requisito que justifica plenamente este riguroso entrenamiento.

La habilidad que rondaba la mente de Hades, una leyenda entre los dones únicos, era el formidable ‘One For All’.

Este superpoder poseía la asombrosa capacidad de acumular energía cinética, transformándola en un incremento exponencial de la fuerza bruta de su portador.

Quizás lo más destacable de esta peculiaridad era su potencial inherente para evolucionar y fortalecerse a través de un riguroso entrenamiento.

Sin embargo, un obstáculo considerable se alzaba ante los planes de Hades.

Su propio entrenamiento constante y dedicado había provocado un crecimiento sustancial en las capacidades del Quirk, llevándolo a un punto donde la magnitud de su poder generaba serias dudas en su mente.

Hades temía profundamente que el delicado cuerpo de la pequeña Hestia, pudiera no ser capaz de soportar la inmensa energía que ‘One For All’ ahora albergaba.

Esta apremiante preocupación había llevado a Hades a una conclusión ineludible: Hestia necesitaba alcanzar un cierto nivel de fortaleza física antes de que él pudiera transferirle de forma segura este extraordinario poder.

El bienestar de la niña era primordial, y Hades estaba decidido a encontrar el momento adecuado para asegurar una transición exitosa y sin riesgos.

Mientras tanto, consumido por la impaciencia y la responsabilidad, Hades se dedicaría con fervor a cultivar el potencial latente de Hestia.

No escatimaría esfuerzos en guiarla y desafiarla, diseñando entrenamientos meticulosos que la llevarían al límite de sus capacidades.

Su objetivo era claro: moldear su cuerpo y espíritu hasta convertirlos en un recipiente digno del inmenso poder del ‘One For All’.

Solo cuando Hades estuviera completamente seguro de que Hestia poseía la fortaleza física y la templanza mental necesarias, se atrevería a transferirle la legendaria peculiaridad.

“¡Excelente, Hestia!

¡Sigue presionando, no te des un respiro!” La voz potente de Hades resonó en el espacio de entrenamiento, un eco de orgullo y exigencia.

Observaba con atención cómo la pequeña Diosa, con el rostro perlado de sudor y la respiración agitada, continuaba ascendiendo la empinada pared de madera con una agilidad sorprendente.

Tras ella, las figuras caninas hechas de sombras danzaban y ladraban silenciosamente, impulsadas por la voluntad de su creador para mantener a la niña bajo una constante presión.

Fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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