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Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 21

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Capítulo 21: 20. el Sabio del bosque shikkōtsu.

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El sol se alzaba en lo alto del cielo, una esfera de oro puro que bañaba la isla en una luz deslumbrante, iluminando cada rincón hasta el horizonte. La brisa marina, fresca y salada, mecía las palmeras y traía el suave murmullo de las olas que rompían en la orilla, creando una sinfonía de calma y naturaleza salvaje.

En la isla, un paraíso oculto donde se encontraban Hades y sus hermanos, las cosas transcurrían con una especie de calma peculiar, o bueno, lo más calmado que puede ser el ambiente cuando un grupo de jóvenes dioses, llenos de energía y particularidades, habitan el lugar.

Hestia, la mayor y más serena de las hermanas, se encontraba afuera, inmersa en la quietud de un pequeño bosque adyacente al mar. Estaba sentada cómodamente en una reclinada de plástico de un vibrante color azul, sus piernas cruzadas en un gesto relajado. En sus manos sostenía, con una concentración casi reverente, una consola de juegos portátil de un diseño inusual, con una pantalla brillante que reflejaba la luz del sol. La consola estaba conectada por un cable largo y resistente a una batería portátil, compacta pero potente, la cual a su vez estaba ingeniosamente conectada a un panel solar que instaló Hades, con su peculiar visión y habilidad para la ingeniería improvisada, había instalado para asegurar una fuente ininterrumpida de energía en el día. Sus dedos se movían con agilidad sobre los botones, inmersa en su mundo virtual.

A unos metros de ella, se podía ver la figura de Deméter, la Diosa de la Agricultura, la cual se encontraba absorta y feliz, armando un pequeño jardín en un pedazo de tierra cuidadosamente preparado junto a la casa de madera, una estructura sencilla pero acogedora que había servido como su hogar desde su inesperada “liberación”.

A petición de Hades, quien siempre buscaba la mejora de su poder, esta se encontraba trabajando con fervor en su viejo proyecto de crear plantas con la capacidad de producir Chakra natural, una energía vital que Hades había “descubierto” y que la había dejado fascinada.

Un sinfín de macetas llenas de brotes tiernos y exóticas semillas esperaban pacientemente su turno para ser replantadas en el suelo fértil, transformando ese pequeño rincón de la isla en un lienzo vivo de su pasión. A su lado, un bastón de madera largo y finamente tallado, decorado con tres gemas extrañas que pulsaban con leves destellos de energía mágica, permanecía apoyado, esperando su uso en la manipulación de la vida vegetal.

Cada una de las hermanas se encontraba entretenida en sus propias actividades, sumergidas en su burbuja de tranquilidad, hasta que de repente, desde la orilla del mar, se escuchó un sonido de chapoteo ahogado, seguido de una figura atlética que salía del agua con la gracia de un actor de película.

Este era Poseidón, el dios del Mar. No llevaba camiseta, el torso bien formado y la piel bronceada reluciéndole bajo el sol, salpicada aún por las gotas de agua salada. Con su tridente, finamente tallado y reluciente, en una mano y un pez muerto de tamaño considerable en la otra, un verdadero trofeo de su pesca matutina, este empezó a caminar en dirección de las diosas hermanas, dejando un rastro húmedo en la arena.

“¡Hola, Poseidón!”, la primera en saludar fue la siempre animada Deméter, su voz cálida y melodiosa como un canto de pájaros. Levantó una mano para enviarle un caluroso saludo, una sonrisa en su rostro, antes de volver su atención a sus preciosas plantas, sus dedos ya en la tierra.

“Hola, hermano. ¿Qué tal la pesca?”, preguntó Hestia, levantando levemente la mirada de su consola, sus ojos brevemente fijos en el gran pez que portaba Poseidón, antes de que su atención fuera de nuevo secuestrada por su juego, sus pulgares moviéndose con la velocidad del rayo.

“Hmm, bastante bien, de hecho,” respondió Poseidón en tono relajado, con un aire de orgullo apenas disimulado. Levantó el pez con un movimiento decidido.

“¡Esta vez pesqué uno grande!” Dijo con una sonrisa radiante mientras mostraba el gigantesco pez que cargaba con su mano, el cual era casi tan grande como la propia Hestia, un espécimen impresionante.

“Por cierto, ¿dónde están Hades y Hera?”, preguntó Poseidón con curiosidad, sus ojos recorriendo el área al no ver sus figuras por ninguna parte, extrañándose de su ausencia.

Entonces la que le respondió fue Hestia, sin siquiera apartar la vista de la pantalla. “Bueno, el baboso se encuentra por allá,” Hestia hizo un gesto despreocupado con el pulgar, señalando una dirección hacia el interior de la isla, hacia donde la densa vegetación se alzaba.

Cuando Poseidón giró la mirada para ver en la dirección dada por Hestia, su rostro pasó de la tranquilidad y la complacencia a una expresión de puro asombro y desconcierto, casi un ‘¡WTF!’.

Lo que Poseidón vio fue una gigantesca torre que se alzaba hasta las nubes, una monstruosidad arquitectónica que parecía estar hecha de ¿cubos de piedra? Era una construcción tan absurdamente alta y de un material tan rudimentario que desafiaba toda lógica divina y mortal. Poseidón no pudo evitar cubrirse la cara con una mano, sintiendo una exasperación creciente, y luego inhaló una gran cantidad de aire para soltar un largo y exhasperado suspiro. Hades y sus ideas…

Luego giró su cabeza hacia Hestia, quien todavía seguía absorta en su juego, imperturbable ante la vista de la torre. “Bien, ahora, ¿qué se supone que está haciendo? ¿Esto es otra de sus acrobacias impulsivas, Hestia? Porque, francamente, parece una locura hasta para él,” preguntó Poseidón, su voz cargada de incomprensión y un toque de miedo.

Hestia sonrió divertida, una sonrisa que no auguraba nada bueno, y solo dijo dos palabras, pronunciándolas con un tono de anticipación: “Water Drop”.

“¿Water Drop?”, repitió Poseidón, completamente perdido, sin entender realmente el significado de esas palabras crípticas. “¿Qué es eso?” Preguntó ahora con mayor interés, la curiosidad empezando a superar su exasperación.

“Jejeje~” Hestia no respondió directamente, pero le hizo un gesto con la cabeza para que se acercara, sus ojos brillando con picardía, y luego señaló la pantalla de su consola.

Al acercarse, Poseidón pudo ver directamente la pantalla de la consola de Hestia, la cual mostraba una perspectiva en primera persona de un mundo sorprendentemente pixelado y cuadrado, con bloques de tierra y árboles estilizados.

“¡Mira bien, esto es un Water Drop!”, exclamó Hestia, su voz vibrante de emoción. Al instante siguiente, manipuló a su personaje cúbico para que subiera por las escaleras de una enorme torre hecha con bloques de tierra, una réplica virtual de la que Hades estaba construyendo en la realidad. El personaje alcanzó la cima y, sin dudarlo, se lanzó al vacío, cayendo a una velocidad vertiginosa. Pero justo antes de que este se estrellara contra el suelo, el personaje sacó un balde con agua y lo arrojó hacia abajo momentos antes del impacto.

“¡Splash!”

El personaje cúbico se estrelló contra el agua que acababa de aparecer, la cual, contra toda lógica, retuvo su caída, permitiéndole aterrizar a salvo en un pequeño estanque de un solo bloque de profundidad.

“Esto…”, al ver la escena, Poseidón tenía claras dudas en su rostro, la incredulidad grabada en sus facciones.

“¿Se supone que va a hacer eso… desde allá arriba?”, preguntó, su voz perdiendo fuerza mientras sus ojos ascendían por la gigantesca torre de tierra de Hades, cuya cima se perdía en las alturas, un punto diminuto que apenas se distinguía entre las nubes. “¿Hacer eso siquiera es posible en la realidad? Hasta donde sé, solo hiciste eso en un video juego, Hestia.”

“No lo sé, él dijo que podría,” admitió Hestia encogiéndose de hombros, una expresión de divertida incertidumbre en su rostro. “Hades es… Hades. Siempre encuentra la manera de hacer lo imposible posible, aunque sea de la forma más extraña posible.”

“Por eso estoy aquí”, admitió Hestia directamente sus intenciones, una sonrisa traviesa bailando en sus labios. “Estoy esperando el momento en que se lance. Quiero estar presente en caso de que lo logre.” Dijo finalmente con una risa contenida. “¡Imagínate la cara de Kronos si supiera que uno de sus ‘Hijos’ está tratando de desafiar las leyes de la física con un truco de videojuego!”

Pero al instante siguiente, su sonrisa divertida se convirtió en una expresión burlona y llena de una malicia juguetona. “Pero, en caso de que fracase estrepitosamente…” Hestia metió su mano en un bolso que tenía a su lado, un pequeño morral de tela que siempre llevaba consigo, para luego sacar un teléfono celular, un artefacto de tecnología avanzada que Hades había “creado” para ellos. “¡Estaré allí para inmortalizar el momento!”

“¡Jajajajajaja!”, Hestia no pudo contenerse y empezó a reír a carcajadas, una risa clara y contagiosa que resonó en el pequeño claro. Ya podía imaginar la escena de Hades fracasando en su intento de emular un truco de videojuego en la realidad, la imagen vívida de su hermano estrellándose contra el suelo y dejando un cráter en el proceso. “¡Ya quiero ver la cara graciosa que pondrá al estrellarse contra el piso! ¡Ese momento, será legendario!”

Al ver esta escena, Poseidón se quedó sin palabras, una mezcla de incomodidad y vergüenza ajena invadiéndolo. No queriendo saber más de los delirios de Hestia y las excentricidades de Hades, cambió rápidamente el tema de la conversación, buscando un terreno más seguro.

“Ejem, ¿y… dónde está Hera entonces?”, Poseidón cambió el tema abruptamente, ahora preguntando por su otra hermana, la más majestuosa y hermosa de las diosas.

“¿He?”, Hestia, que todavía se estaba riendo sola, fue repentinamente sacada de sus fantasías de desastre por la pregunta de Poseidón. Parpadeó un par de veces, volviendo a la realidad.

“Oh, ¿ella? Está por allá,” dijo Hestia sin demasiado interés, ya que sus prioridades estaban claras. Giró su cabeza en dirección a la playa, donde el sol brillaba con más intensidad.

Poseidón también giró su cabeza en la dirección que indicó Hestia y, cuando lo hizo, sus ojos casi se salieron de sus cuencas. Su mandíbula se relajó, y su cerebro pareció detenerse por un instante.

Allí, en la arena dorada de la playa, se encontraba Hera, su figura recostada con una gracia innata sobre una silla de playa de lona, tomando el sol con una tranquilidad absoluta. La brisa marina jugaba con mechones de su cabello, y el sonido de las olas era su única compañía. Pero lo que realmente llamó la atención de Poseidón, lo que congeló su aliento, fue lo que su hermana llevaba puesto en ese momento: ¡Era un bikini!

Hera estaba vistiendo un llamativo y delgado bikini blanco de dos piezas, confeccionado con una tela que parecía capturar y reflejar la luz del sol. La prenda exponía su elegante figura natural, realzando la suave curva de sus caderas, el contorno delicado de sus piernas, y el sugerente perfil de sus pechos. Su cabello dorado, que caía en una cascada de rizos sedosos sobre su hombro, parecía formar una cascada de oro líquido que brillaba con la luz del sol, enmarcando su rostro de diosa. Toda su figura exudaba un aire innegable de nobleza y feminidad, una belleza etérea que no era de este mundo, incluso en una pose tan relajada.

Poseidón se había quedado pasmado ante esa vista única, hipnotizado. Tanto que ni siquiera se dio cuenta de que había empezado a babear un poco por la comisura de su boca, sus pensamientos completamente nublados. Y habría seguido así, perdido en su admiración, de no ser por un…

“¡Golpe!”

“¡Ouch!”, Poseidón fue sacado a la fuerza de su estado encantado por un repentino y contundente golpe en su hombro por parte de Hestia, un impacto sorprendentemente fuerte para alguien de su tamaño. El dolor lo sacó de su aturdimiento, obligándolo a parpadear y volver a la realidad.

“¡Por qué fue eso!”, gritó Poseidón, girando su mirada furiosa para ver quién lo había golpeado. Sus ojos encontraron a Hestia, quien en algún momento se había parado a su lado sin que este se diera cuenta, su expresión seria y una mano aún en el aire.

“¡Ya deja de mirarla con esos ojos de pervertido!”, le replicó Hestia, su voz firme y sin espacio para réplicas. Su ceño fruncido la hacía parecer una pequeña, pero formidable, jueza.

“¿Qué? ¡No, yo no la estaba mirando de esa manera!”, Poseidón, al ver que lo habían atrapado en flagrante, rápidamente negó la acusación, sus mejillas enrojecidas. “¡Ya deja de decir calumnias, Hestia! Yo solo… yo estaba mirando el mar.”

Hestia, al ver el mal intento de Poseidón de negar sus obvias acciones, solo pudo poner los ojos en blanco con una exasperación muy madura para su apariencia. “No lo niegues, pequeño bribón. Prácticamente te la estabas comiendo con la mirada. Tu aura de lujuria prácticamente se extendía hasta el otro lado de la isla.”

“E-eso no es cierto,” aunque Poseidón sabía que lo habían descubierto, su orgullo, y quizás un poco de miedo a su hermana, jamás le permitirían admitirlo abiertamente. “Yo… yo solo estaba admirando las conchas en la playa. Son muy bonitas hoy.”

Todavía con la mirada en blanco, Hestia simplemente lo señaló al rostro con un dedo, una pequeña sonrisa burlona asomando en sus labios. “Se te escurrió la saliva de la boca.”

Poseidón la miró, luego se llevó el dorso de la mano a la boca y se dio cuenta de que era verdad; tenía rastros de saliva en las comisuras de su boca. Rápidamente se los limpió, sintiendo un bochorno que le subía por el cuello.

Hestia miró esta escena con un rastro de diversión, pero inmediatamente se puso seria y miró a Poseidón fijamente a los ojos, su pequeña figura emanando una autoridad innegable.

Suspiro “Mira, Poseidón,” comenzó Hestia, su voz ahora grave y resonante, aunque su carita redonda y su baja estatura la hicieran parecer tierna, a los ojos de Poseidón, la hacía parecer un pequeño demonio justiciero. “Entiendo que sientas interés por el sexo femenino, es natural. Pero, no quiero que vuelvas a mirar de esa manera a ninguna de tus hermanas, ni a Hera ni a Deméter. ¡Y mucho menos a mí! ¿Entendido?”

“Tampoco quiero tener noticias de que estuviste espiando a alguna de nosotras a escondidas, o si no…”, aunque Hestia no terminó su amenaza verbal, sí levantó su brazo izquierdo, apretándolo en un puño con una determinación absoluta. Al instante, su brazo fue rodeado por una leve aura naranja con leves rayos amarillos crepitando a su alrededor, una manifestación visible de su poder latente, el ‘One For All’ del que tanto se enorgullecía y al que tanto temía Poseidón.

Tragar saliva. Poseidón mostró un leve rastro de miedo y aprensión en su mirada, sus ojos azules fijos en el puño brillante de Hestia. Bajó la cabeza e inclinó su cuerpo en una sumisión instintiva ante Hestia.

“S-sí, sí, hermana mayor. Entendí bien el punto. No lo volveré a hacer. Lo juro por los océanos.”

Al ver a Poseidón completamente intimidado, Hestia no pudo evitar sonreír con suficiencia, una victoria silenciosa sobre su hermano que le daba un placer especial.

Inmediatamente después, bajó el puño, la energía disipándose. “Bien. Ahora ve adentro, pon ese pescado en el refrigerador antes de que se eche a perder. Y no te atrevas a mirar de esa forma de nuevo.”

“Sí, señora”, Poseidón rápidamente recogió su tridente y partió en dirección a la casa en el bosque, moviéndose con una celeridad inusual, ansioso por escapar de la mirada severa de su hermana.

“Jejeje~” Deméter, la cual había estado viendo el espectáculo a unos metros de distancia, cuidando sus plantas como si nada, no pudo evitar soltar una suave risita, una carcajada ahogada que denotaba su diversión.

Poseidón, el cual todavía no se había ido y apenas alcanzaba la puerta de la casa, pudo escuchar claramente esa risa, lo cual solo sirvió para deprimirlo aún más. Su dignidad de Dios del Mar se veía constantemente comprometida por sus hermanas.

Al ver la figura de Poseidón tan decaída, Hestia no pudo evitar resoplar. La verdad es que esa no era la primera vez que Poseidón había sido atrapado mirando de manera indecente a alguna de sus hermanas.

En el pasado, cuando solo tenía dos meses de haber nacido, apenas un niño divino con curiosidades inapropiadas, había intentado espiar a Deméter mientras esta se bañaba. Pero en su intento de escabullirse, con la torpeza propia de su edad, fue pillado en el acto por Hestia. Esta lo había descubierto intentando espiar el interior del baño por la puerta, que en ese momento se encontraba un poco abierta, con su cabeza asomándose.

Lo que siguió para Poseidón fue una leve paliza por parte de Hestia, una serie de golpes rápidos y contundentes que lo dejaron aturdido, seguida de una andanada de regaños por parte de Hestia y Deméter, ambas indignadas por su comportamiento.

Y para colmo, solo para después ser arrastrado por Hestia a su sesión de Sparring, recibiendo otra paliza aún más severa, una “lección” que lo dejó adolorido.

Y desde entonces, había sido llevado continuamente por Hestia a sus sesiones de entrenamiento, como una forma de castigo y para no dejarlo solo en casa con sus hermanas, donde podría seguir intentando sus “actos indecentes”.

No hubo nada que Poseidón pudiera hacer. En ese entonces, quedó más que claro que Hestia era muchísimo más fuerte que él, a pesar de su pequeño tamaño. E incluso ahora que estaban libres y se había vuelto más fuerte, Poseidón todavía no se atrevía a hacer nada. Ya que, aunque su físico divino se había vuelto fuerte, en palabras de Hades, era capaz de rivalizar con muchos dioses menores, Hestia lo era aún más. Incluso si utilizara su poder divino para controlar el Mar, para invocar las olas más grandes o las corrientes más feroces, Poseidón dudaba que pudiera hacerle algo significativo.

No solo porque Hestia tenía una fuerza física mucho mayor a la de él y un mejor estilo de pelea cuerpo a cuerpo, perfeccionado a lo largo de incontables sesiones de entrenamiento.

sino porque podía utilizar su extraño poder, el cual ella llamaba ‘One For All’, para aumentar su fuerza física de manera descomunal, convirtiéndola en una máquina de pelea.

Eso sin contar su dominio sobre el fuego, el cual él mismo vio cómo lo utilizaba para incinerar completamente la superficie del mar a casi cien metros, un espectáculo aterrador que demostraba la versatilidad y el peligro de sus habilidades.

Poseidón estaba más que seguro de que si peleaban en serio, si alguna vez la llevaba a ese límite, era muy probable que él terminara tirado en el suelo con moretones y quemaduras por todo el cuerpo, humillado y vencido.

Así que lo menos que podía hacer era ser un hermano obediente y no meterse en problemas. Después de todo, lo que más lo aterraba era que en algún momento Hestia le dijera lo que hizo a su hermano mayor Hades, el cual no sabía nada de sus ‘actos indecentes’. Si Hades, con su temperamento impredecible y su ya temible reputación, se llegara a enterar de sus “perversiones”, sin dudas lo dejaría medio muerto en el piso, o peor aún, lo enviaría a un rincón oscuro de algún abismo para que se calmara.

Y así, Poseidón apresuró el paso, casi trotando, queriendo alejarse lo más rápido posible del pequeño demonio que tenía como hermana.

Aunque tenía su orgullo como dios del mar, esté siempre se diluía ante la implacable autoridad de Hestia.

Pov Hades.

Mientras los demás hermanos se encontraban ocupados en sus respectivas actividades, sumidos en la tranquilidad de sus hobbies personales, Hades, el dios del Inframundo, se encontraba inmerso en una tarea de proporciones épicas, mucho más importante a sus ojos que cualquier jardín o sesión de pesca: apilar bloques.

¿La razón de tal peculiar accion?

Hades, esa misma mañana, mientras observaba a Hestia jugar con su consola por puro aburrimiento -y porque, sinceramente, no había mucho más que hacer en esa paradisíaca pero solitaria isla-, recibió una notificación. No una notificación cualquiera, sino una nueva misión de su enigmático Sistema, una misión cuya recompensa era algo que codiciaba: un cupón plateado.

La misión era simple en su concepto, pero a la vez, absurdamente complicada en su ejecución. Se llamaba:

[Water Drop extremo] {Recompensa Cupón Plateado X2}

El requisito para cumplir la misión era preciso y exigente: hacer un “Water Drop” desde una altura de 3.876 bloques, cada uno con las dimensiones exactas de 1 metro de alto, 1 metro de largo y 1 metro de ancho.

Además, el “Water Drop” tenía que salir perfecto a la primera, sin margen de error. A cambio, el sistema le otorgaría dos cupones plateados, duplicando la recompensa habitual, Sonaba… manejable.

además, no tenía nada mejor que hacer ese día, por lo que Hades, con su pragmatismo habitual y su tendencia a la acción impulsiva, decidió en ese mismo instante ponerse manos a la obra para completar la misión.

Al principio, Hades encontró un problema fundamental: ¿de dónde sacaría los bloques? Su mente, en un primer momento, le sugirió usar sus habilidades telequinéticas para arrancar la tierra del suelo y darle forma de cubo, era un método rudimentario pero efectivo.

Sin embargo, en un chispazo de genialidad -o quizás, de su peculiar forma de “pensar fuera de la caja”-, su mente gaznápira finalmente funcionó. Entonces recordó que era prácticamente ¡un maldito dios de Chakra! Una fuente ilimitada de energía maleable.

Así que, con un renovado entusiasmo, empezó a moldear los cubos uno por uno utilizando su Chakra, infundiéndoles forma y solidez, y colocándolos cuidadosamente uno encima del otro en una torre que crecía hacia el cielo mientras él volaba, suspendido en el aire, guiando cada bloque con precisión divina.

Así pasaron varias horas. Cuando llegó el mediodía y el sol se encontraba en su punto más alto, un disco ardiente en el cénit, se podía ver a nuestro pequeño y quizás un poco alocado dios de la muerte, Hades, en la cima de una absurdamente alta torre de cubos. Bloques de un metro por un metro se apilaban en una columna precaria que, contra toda lógica, lograba mantenerse en pie, desafiando las leyes de la física y la gravedad con una insolencia divina.

“Esto… quizás es un poco demasiado alto”, pensó Hades para sí mismo, su voz interna con un matiz de nerviosismo mientras miraba hacia abajo desde la cima de la torre improvisada que había construido. No es que Hades le tuviera miedo a las alturas; de hecho, volar era una de sus actividades favoritas.

Pero ya estaba empezando a arrepentirse un poco de lo que estaba a punto de hacer. La brisa en la cumbre era helada, y el vacío bajo sus pies se sentía como un abismo infinito.

La gran altura, junto con el frío penetrante que le erizaba los cabellos, y la extraña y persistente sensación de estar siendo observado -una sensación que no podía atribuir a sus hermanos, demasiado lejos para sentir su chakra-, estaban empezando a poner un poco nervioso a Hades. Un dios que rara vez sentía el nerviosismo.

Hades, intentando calmar sus latidos, tomó un respiro profundo y dio un paso al frente, quedando justo en el borde de la torre. La estructura, sorprendentemente robusta, se balanceó levemente ante su movimiento, un recordatorio de su precaria existencia.

“Lo voy a hacer, no es tan alto, vamos, es solo un paso”, Hades empezó a murmurar palabras de ánimo para sí mismo, como un mantra, mientras trataba desesperadamente de no mirar hacia abajo, evitando el vértigo.

“¡Santa cachucha, esto es muy alto!”, no pudo evitar exclamar para sí mismo al ver el vacío que se extendía ante sus ojos, un abismo de aire y distancia.

Hay que saber que, aunque Hades obviamente había estado a grandes alturas sobre el suelo, gracias a su capacidad de volar, estos solo fueron vuelos a unos cientos de metros de altura como máximo. Por lo que, incluso si se caía al suelo desde esas alturas, no sería nada realmente peligroso para él, que tiene el cuerpo de un dios de alto nivel, con una durabilidad sobrenatural.

Pero ni siquiera él estaba seguro de salir ileso de una caída a esta altura. ¡Más de tres mil ochocientos metros! Era una caída que convertiría a cualquier mortal en pasta cuando su cuerpo tocara el suelo.

“Bueno, entonces, empecemos,” Hades estaba a punto de lanzarse al vacío, con el corazón latiéndole fuerte, cuando de repente se detuvo en seco.”Espera, primero hay que calentar.”

Entonces Hades empezó a hacer ejercicios simples de calentamiento, estirando sus extremidades, moviendo el cuello y los hombros, todo mientras mantenía el equilibrio precario en la minúscula cima.

Una vez que su cuerpo estuvo bien estirado, y sintiendo sus músculos más flexibles, se preparó nuevamente para dar el salto de fe. Dio el primer paso, luego otro, se inclinó… estaba a punto de lanzarse… “Espera, la hidratación primero.”

Hades invocó una botella de agua directamente de su inventario, un objeto que apareció en su mano como por arte de magia, y la abrió para beber su contenido de un solo trago, vaciándola por completo. Una vez que la botella estuvo vacía, Hades la devolvió a su inventario con un pensamiento, desapareciendo al instante.

‘Suspiro’, “Bien, esta vez es de verdad, no más excusas.” Hades volvió a caminar hasta quedar nuevamente en el borde de la plataforma rocosa, estiró su pie e inclinó su cuerpo levemente hacia adelante y entonces… “¡Momento, primero teng-!”

‘¡Trueno!’ ‘¡Retumbar!’

“¡LO VAS A HACER O NO!”

Con el retumbar de un trueno que hizo vibrar el aire a su alrededor, Hades pudo jurar haber escuchado la gruesa y furiosa voz de un hombre, una voz que resonó en su mente y en el mismo cielo.

En ese momento, Hades se paró rígido, todos sus sentidos en alerta máxima ante cualquier posible amenaza. Giró la cabeza en todas direcciones, escudriñando el cielo.

Pero no importaba a dónde mirara, no podía ver nada más que nubes esponjosas y blancas, y un cielo despejado, de un azul prístino. Al mirar esto, Hades no pudo evitar tener una mirada extraña, una mezcla de confusión y asombro, preguntándose ¿entonces de dónde había venido el trueno? ¿Era su imaginación?.

Al no encontrar nada extraño, Hades, con una última exhalación exasperada, volvió su atención nuevamente hacia el objetivo de su misión. Entonces, una vez más, se paró al borde de la estructura de bloques, estiró su pie, inclinó su cuerpo, y cuando se estaba preparando mentalmente para dar el paso final…

“¿Qué? ¡Wao!”, Hades fue empujado por una repentina y poderosa ráfaga de aire, un empuje invisible pero contundente que lo sacó de la torre y lo lanzó al vacío.

¡Había sido empujado!

“¡Hawaawa!”, Hades se encontró cayendo directamente en picado, una piedra lanzada hacia el suelo.

Podía sentir el aire chocando con su rostro de manera violenta, causando que este se ondulara y se estirara, distorsionando sus facciones.

El frío helado de las alturas poco a poco era reemplazado por un leve calor que su cuerpo generaba al caer, gracias a la fricción con el aire y a su velocidad de caída que poco a poco iba en un constante aumento, acelerando sin control.

Hades siguió cayendo hasta que atravesó una capa de nubes densas y algodonosas, sintiendo cómo lo envolvían por un instante antes de que las superara.

Entonces, la vio: pudo ver la isla que actualmente habitaba, la cual se estaba acercando constantemente, creciendo a un ritmo aterrador.

Fue entonces cuando Hades finalmente cayó en cuenta de su situación. Su rostro, que antes estaba en pánico, adoptó un matiz de seriedad, de concentración intensa. Equilibrió su cuerpo en el aire con una habilidad practicada, tratando de ponerse en una posición en la que pudiera lanzar el cubo de agua al suelo de manera efectiva, emulando el truco del videojuego.

1.110 metros…

900 metros…

700 metros…

500 metros…

400 metros…

300 metros…

250 metros…

160 metros…

90 metros…

Cuando ya quedaban menos de 50 metros, Hades ya estaba listo, sus movimientos precisos y rápidos. Rápidamente sacó un cubo de agua de Minecraft de su inventario, un cubo pixelado y de aspecto irreal que apareció en su mano, y lo apuntó hacia abajo con determinación. Cuando quedaban menos de seis metros para impactar contra el duro suelo…

Lastimosamente, Hades había olvidado un detalle crucial: aunque el cubo de agua que sostenía efectivamente era del mundo de Minecraft, una réplica perfecta del objeto del juego… el agua en su interior no lo era. Ni tampoco las leyes de la física de su mundo, el mundo real.

‘¡Chapoteo!’

‘¡PUUM!’

Al momento de lanzar el agua hacia abajo, en vez de que formara un colchón de agua que retuviera su caída, esta se estrelló duramente contra el suelo, una delgada capa que no ofrecía ninguna resistencia, y se dispersó en un instante, dando como resultado que Hades impactara fuertemente contra la superficie de la isla, no con un aterrizaje suave, sino con un impacto brutal que sacudió la tierra.

El impacto llevó consigo una poderosa onda de choque, una explosión de energía cinética que barrió directamente con los árboles y rocas que había alrededor, desarraigándolos y lanzándolos por los aires como si fueran palos.

También generó una poderosa ráfaga de viento que barrió la superficie del bosque, incluso llegando hasta donde estaban sus hermanos, a docenas de metros de distancia, quienes habían estado disfrutando el espectáculo con una mezcla de morbo y preocupación.

“¡Haaaa! ¡Mi cabello!”

“¡Jajajajajajajajaja!”

Se pudo escuchar a una Hera quejarse amargamente, su elegante peinado dorado completamente desordenado por el intenso viento, sus manos tratando de alisarlo con frustración.

Y a una Hestia, la cual parecía a punto de sufrir un ataque de risa debido a la escena de Hades estrellándose con fuerza contra el piso, mientras esta, con el teléfono inteligente firmemente en la mano, estaba grabándolo todo con una sonrisa maníaca.

A su lado se encontraba Poseidón, el cual tenía una mueca dolorosa en su rostro al ver la escena, sintiendo una punzada de simpatía por su hermano. Y una Deméter, la cual, con sus dos manos cubriendo su boca, trataba de ahogar un grito de horror, mientras su rostro tenía una expresión de sorpresa y absoluto terror.

“¡No puedo creerlo, realmente lo hizo! ¡Jajajajajaja!”, Hestia no podía parar de reír para sí misma al ver el reciente fallo épico de Hades, una verdadera joya para su colección de videos vergonzosos. (Una memoria USB llena de ellos)

“H-hermana Hestia, por favor no te rías, ¿y si Hades está lastimado?”, dijo Deméter en un tartamudeo, su voz llena de pánico y preocupación. En ese momento, Deméter era un manojo de nervios, no quería ni imaginar a su hermano favorito herido, o peor, muerto, debido a la caída.

Tragar. Poseidón no dijo nada, solo pudo tragar saliva ruidosamente al ver cómo su buen hermano se estrellaba duramente contra el suelo. Pero incluso él compartía el sentimiento de preocupación de su hermana mayor Deméter; ni siquiera él estaba seguro de poder salir ileso a una caída de la altura de la que se lanzó Hades.

Hera, por su parte, no dijo nada, solo mantuvo una mirada molesta mientras trataba de arreglar su cabello despeinado, que se había vuelto un nido de pájaros.

Pero si mirabas bien, si eras lo suficientemente astuto, verías que en sus ojos había un matiz de preocupación genuina, aunque no lo admitiría ni bajo tortura divina. Realmente le preocupaba la condición de Hades.

Hestia, al mirar las expresiones de preocupación de sus hermanos, rápidamente habló, descartando sus temores con la autoridad de quien sabe de lo que habla. “Tranquilos todos, esto no es tan malo. He visto a Hades recuperarse de cosas peores, muchísimo peores.”

“Una vez vi cómo regeneraba un brazo completo después de uno de sus entrenamientos de combate con su caballero de sombras. De seguro estará bien,” dijo Hestia, cruzándose de brazos con una mirada de total confianza.

Después de todo, ella era la que llevaba más tiempo con Hades, desde que ambos eran pequeños, y era la que mejor conocía su absurda capacidad de recuperación. Lo había visto recuperarse de todo tipo de heridas, desde cortes superficiales hasta quemaduras graves y desmembramientos, incluso antes de ser tan fuerte como lo es ahora.

El punto es que Hades no morirá fácilmente. En su mente el era casi indestructible.

Cuando los cuatro hermanos se acercaron a la posición de Hades, que yacía en el centro de un cráter humeante, no pudieron evitar hacer una mueca de dolor, un escalofrío de repulsión y asombro recorriéndolos. El cuerpo de Hades estaba, ¿cómo decirlo? Completamente roto.

Su cuello estaba torcido en un ángulo antinatural, casi girado por completo. Sus brazos estaban torcidos en ángulos imposibles de lograr para cualquier ser humano normal o incluso un dios común, con huesos sobresaliendo de la piel. Su abdomen quedó aplastado, con los órganos internos visiblemente dañados, e incluso se podían ver varias heridas profundas por las que fluía la sangre dorada de los dioses, brillando con una luz extraña. Y sus piernas, bueno, eran la parte menos afectada, si ignorabas que se podía ver por encima de la piel cómo uno de los huesos de la rodilla se había desencajado, dándole el aspecto de un zombi recién salido de una película de terror.

‘¡Golpe!’ Deméter, que había corrido con una preocupación desesperada, se desmayó al ver la horrible escena, cayendo al suelo con un pequeño ‘thud’.

Hades, que miraba todo esto desde el piso, con su cuerpo destrozado, no dijo nada. En ese momento, realmente estaba agradecido de tener las habilidades de su ‘sistema’: ‘Futterwacken’ y ‘Mente Gamer’. Estas le ayudaban a suprimir el dolor atroz, convirtiéndolo en una molestia manejable, una picazón que podía ignorar. Pero, de todos modos, no iba a durar mucho.

Tal y como lo pensó Hades, su cuerpo, que antes estaba en un estado cercano a la muerte y desmembración, empezó a sanar a una velocidad visiblemente rápida, casi milagrosa.

Los huesos y órganos volvieron a su lugar con un crujido audible, pero imperceptible para sus hermanos que seguían en shock. Las extremidades se reacomodaron con una suavidad asombrosa.

Las fibras musculares se regeneraron con una eficiencia sobrenatural, y las heridas se cerraron, la piel volviendo a su estado impecable.

Todo el proceso pasó en unos pocos segundos, un parpadeo, y al terminar, se podía ver a Hades estando como nuevo, su cuerpo completamente restaurado.

Hades se levantó del suelo, sacudiéndose el polvo como si nada, estando completamente curado, bueno, a excepción de su ropa, la cual había quedado completamente destrozada y hecha jirones por el impacto. Todo lo demás estaba bien. Al mirar las miradas sorprendidas y atónitas de sus hermanos (a excepción de Deméter, la cual seguía desmayada en el suelo), no pudo evitar sentirse orgulloso. Su “cuerpo Gamer”, con las bonificaciones de durabilidad y regeneración, sumado a la absurda vitalidad de sus células y su Chakra de elemento Yang, lo dotaban de una capacidad de auto-curación/regeneración bastante aterradora, algo que lo hacía casi invulnerable.

Hades era consciente de que, incluso entre los dioses, su capacidad de sanación era más que destacable, era élite. Ya había visto la capacidad de recuperación de Kronos durante su charla anterior a su escape en Otris, cuando lo había estudiado con sus “ojos” del Sistema. Y sabía bien que si los comparaba, él saldría ganando por goleada. Y no es que la regeneración de Kronos fuera lenta o deficiente, ¡sino que las capacidades de recuperación de Hades eran sencillamente vertiginosas, absurdamente rápidas!

Aunque Hades era completamente consciente de que su regeneración no estaba al nivel de ser instantánea -aún requería unos pocos segundos-, sí era mucho más rápida y precisa de lo que cualquier dios normal podía hacer. Si Gaia estuviera presente, fácilmente podría confirmar que su regeneración era incluso mejor que la que tenían la mayoría de los dragones y los dioses primordiales menores, superando por completo las capacidades de los dioses comunes y la de muchos de los Titanes. Era un don que lo hacía excepcionalmente difícil de matar.

“Bueno, eso no salió como esperaba”, Hades no pudo evitar quejarse consigo mismo, con una mueca en el rostro, al ver que su truco de “Water Drop” no salió como debería, arruinando su demostración perfecta.

Pero dejó todo eso de lado al recibir una notificación de su Sistema, el sonido familiar de un ding que resonó solo en su mente.

{Ding~}

[Se ha detectado el cumplimiento de la tarea (Water Drop extremo)]

[Se ha otorgado recompensa – Cupón plateado X2]

Al recibir la confirmación de la tarea cumplida, Hades inmediatamente se puso feliz, una sonrisa genuina extendiéndose por su rostro. Con eso, ahora tenía cuatro Cupones plateados en su inventario, un tesoro que pronto podría usar. Al parecer, el sistema tomó su aterrizaje sobre el agua como un “Water Drop” completo, sin contar cómo se estrelló contra el suelo al final. Una victoria técnica, al menos.

Al salir del cráter que dejó al estrellarse, se encontró directamente con sus hermanos, los cuales todavía estaban parados en su lugar, sus expresiones un estudio en la incredulidad. La cara de sorpresa de Poseidón sin duda era un espectáculo, su mandíbula casi tocando el suelo. Pero la cara de incredulidad de Hera era algo nuevo para Hades, algo raro de verla con algo más que no fuera su habitual cara de indiferencia o ligera molestia.

Pero al mirar mejor, pudo notar que Hestia tenía un teléfono en su mano, y una sonrisa demasiado familiar adornaba su rostro.

“¡Oye, oye, oye, Hestia! ¿Qué crees que estás haciendo?”, Hades preguntó, sus ojos entrecerrados con suspicacia.

“¿Yo?”, respondió Hestia, su sonrisa de burla ensanchándose. “Solo estoy grabando tu gran momento, Hades. El momento en que demostraste cómo NO hacer un Water Drop. ¡Fue épico!”

“Ya déjate de juegos, Hestia, dame el teléfono”, Hades dio un paso al frente e intentó arrebatar el teléfono de las manos de Hestia, extendiendo su brazo.

Pero rápidamente, Hestia, más rápida de lo que parecía, dio un paso hacia atrás, escurriéndose de su alcance, y ocultó el teléfono entre sus manos, protegiéndolo como un tesoro.

“¿Qué crees que haces?”, dijo Hestia, mirando a Hades con recelo, sus ojos brillando con desafío.

“Solo quiero ver el video, Hestia. Necesito ver si tomaste mi mejor ángulo. ¡Ya dame el teléfono!”, dijo Hades con una sonrisa forzada en el rostro, una que no llegaba a sus ojos, mientras se acercaba más a Hestia, su paciencia comenzando a agotarse.

“Si quieres verlo, puedes hacerlo más tarde”, Hestia podía ver claramente las intenciones de Hades, y no iba a dejar que le quitara el teléfono, al menos no hasta que creara una copia del video para la posteridad.

A Hades ya se le estaba acabando la paciencia. “Hestia, dame ese teléfono o tendré que quitártelo”, amenazó con seriedad, sus ojos oscuros brillando con advertencia.

Pero Hestia, lejos de intimidarse, sonrió con aún más audacia y le sacó la lengua a Hades, un gesto infantilmente desafiante.

“Pues entonces tendrás que atraparme primero”, con esas palabras, el cuerpo de Hestia fue completamente envuelto en el flujo de energía del OFA, su aura naranja crepitando, para luego desaparecer en un borrón de velocidad en dirección a la isla, dejando una ráfaga de viento tras de sí.

Hades sintió que se le iba a reventar una vena del enojo.

No podía dejar ese video en las manos de Hestia. ¡Quién sabe para qué lo usaría la pequeña gremlin en el futuro! Probablemente para humillarlo frente a los demás dioses o para chantajearlo.

“¡Vuelve aquí!”

Por lo que Hades también pisó el suelo con fuerza, liberando una ráfaga de Chakra Yang que lo propulsó, desapareció en un estallido de velocidad, dejando un cráter poco profundo a su paso, buscando alcanzar la figura de Hestia que ya se perdía entre los árboles. La persecución había comenzado.

Poseidón, que había visto toda la escena desde un lado, se quedó sin saber qué hacer por un buen tiempo, su mandíbula todavía ligeramente descolgada. No sabía cómo reaccionar. Tanto la milagrosa recuperación de Hades, que había sido grotesca y fascinante a partes iguales, como la consiguiente pelea cómica que tuvo con Hestia, lo habían dejado sin palabras. Al final, solo pudo suspirar negando con la cabeza, decidiendo ya no pensar en la peculiar escena que había visto. Eran demasiado para su joven mente.

“Bueno, Hera, ¿crees que deberíamos… ¿Ha?” Cuando volteó la cabeza buscando a Hera para buscar su opinión o al menos una reacción, se dio cuenta de que esta ya se había ido. Al mirar al suelo, también se dio cuenta de que la desmayada Deméter tampoco estaba. Habían desaparecido en algún momento durante la persecución.

Entonces, finalmente, se dio cuenta de que lo habían dejado solo, en medio de un cráter humeante y un paisaje devastado, con el eco de las risas y las pisadas rápidas de sus hermanos desvaneciéndose en la distancia. Solo, junto a la torre de piedra gigante que parecía estar a punto de caer.

“Mejor me voy de aquí”

Salto de tiempo.

Pov Hades.

Era de noche. El manto aterciopelado de la oscuridad se extendía sobre la isla, salpicado por el titilante resplandor de miles de estrellas que brillaban como diminutos diamantes en la bóveda celeste. La luna, un disco plateado y perfecto, se alzaba en lo alto del cielo, derramando su luz etérea sobre el paisaje, disipando la negrura y pintando el mar con destellos iridiscentes. El aire, fresco y cargado con el dulce aroma de las flores nocturnas, invitaba a la quietud y la contemplación.

Utilizando una pequeña roca lisa y fresca como asiento improvisado, Hades se encontraba en un claro apartado del bosque, absorto en su propia misión personal. En sus manos sostenía un pergamino de papel enrollado, de apariencia inconfundiblemente antigua y delicada, con un soporte de madera pulida que lo atravesaba. En ese soporte, grabada con una caligrafía impecable, se leía la palabra ‘呼び出し’ (Yobidashi), que resonaba con el significado de “invocación”.

Este era, ni más ni menos, el pergamino de invocación al azar que había obtenido del último Gacha del Sistema hacía un par de días. Un tesoro, o una maldición, dependiendo de la suerte.

Hades había estado esperando el momento apropiado para utilizarlo, no por superstición, sino por precaución. Ahora que se había instalado correctamente en la isla, y que había confirmado que no había ninguna posible amenaza para él o sus hermanos, ni de dioses Titanes ni de otras entidades extrañas, finalmente podía dedicarle tiempo a la emocionante y a la vez incierta tarea de invocar a su primera criatura contratada del vasto y fascinante mundo de Naruto. La anticipación lo llenaba, una mezcla de nerviosismo y excitación.

Ya había leído la información del pergamino por medio de su habilidad de Observación, escaneando cada símbolo y cada palabra con la precisión de su Sistema. Lo que hacía este pergamino era crear un contrato vinculante entre la criatura invocada y el invocador, similar a los contratos normales del mundo de Naruto que él tanto conocía. Sin embargo, el pergamino proporcionado por el Sistema era un poco diferente, e inmensamente más poderoso. No solo le permitía invocar una criatura que cumpliera con los requisitos para convertirse en una criatura invocada, sino que también le permitía a Hades realizar la invocación y des-invocación de dicha criatura desde el mundo de Naruto a su propio mundo, sin estar limitado por el mundo o realidad desde donde se hiciera la invocación. Eso quería decir que, el estar en un mundo diferente, un cosmos distinto al de Naruto, no era ningún impedimento para realizar la invocación. Una habilidad que le abría un universo de posibilidades.

Hades ya había pensado en las posibles criaturas que podría llegar a invocar. Él sabía que el mundo de Naruto poseía muchos tipos de seres que calificaban como criaturas de invocación. Desde las legendarias criaturas de los tres Lugares Sagrados -los sapos del Monte Myōboku, las serpientes de la Cueva Ryūchi, o las babosas del Bosque Shikkōtsu-, hasta otras criaturas que, aunque no pertenecían a esos lugares, también eran muy buenas y útiles, como los cuervos, los perros, los gatos, los monos, e incluso algunos insectos gigantes o bestias exóticas.

El tipo de criatura que obtuviera dependería completamente de su suerte, y una vez utilizado el pergamino, ya no se podría utilizar una segunda vez. Era una única oportunidad.

Esto era lo que preocupaba principalmente a Hades. No solo el hecho de que no pudiera elegir el tipo de criatura que obtendría -ya que si fuera por él, elegiría tener el contrato de los sapos del Monte Myōboku, con la esperanza de aprender el codiciado Modo Sabio, una técnica que aumentaría exponencialmente su poder-, sino también el hecho de que la invocación sería tomada de un espacio-tiempo al azar. Es decir, no controlaba de qué época o línea temporal vendría la invocación. Podría ser un cachorro de serpiente, o una babosa milenaria. Por eso Hades había dudado en utilizarlo la primera vez que lo obtuvo, guardándolo como un as bajo la manga.

Pero ahora, Hades ya estaba decidido a utilizarlo. Había sopesado los pros y los contras, y la curiosidad y el deseo de aumentar su arsenal de habilidades eran mayores que su cautela. Se conformaría con la invocación que obtuviera, independientemente de la criatura que fuera. Incluso si era solo un animal común que, a duras penas, sabía utilizar el Chakra, no se quejaría.

Después de todo, algo es mejor que nada, pensó con una leve sonrisa.

“Muy bien, aquí vamos”, murmuró Hades para sí mismo, levantándose de la roca. Su voz resonaba con una mezcla de anticipación y nerviosismo.

Hades caminó hacia un área grande que había despejado previamente, asegurándose de que no hubiera árboles ni rocas que pudieran estorbar, en caso de que su invocación resultara ser una criatura gigante o explosiva.

Colocó el pergamino en el suelo con cuidado y lo extendió completamente, revelando una compleja red de sellos y símbolos. Al mirar el pergamino, se saltó todo el texto innecesario y fue directamente a la parte importante, la parte de abajo del pergamino: una matriz de invocación intrincadamente diseñada, compuesta de patrones geométricos y caracteres kanji, que tenía una forma sorprendentemente similar a la palma de una mano.

Hades intuitivamente podía sentir qué era lo que tenía que hacer. Era como si el pergamino mismo le hablara, guiando sus acciones. Por lo que colocó su mano sobre el sello, su palma encajando perfectamente en el diseño, y vertió Chakra en él, una corriente de energía violeta y negra fluyendo de sus dedos hacia el pergamino.

Al instante de hacer esto, el pergamino se encendió en una leve aura de energía transparente, casi imperceptible al principio, pero que rápidamente se intensificó. Varias cadenas de sellos intrincados y pulsantes comenzaron a flotar alrededor del pergamino, emanando una luz oscura y vibrante, y luego se expandieron por el suelo, moviéndose con una vida propia hasta marcar un área circular de alrededor de diez metros de diámetro.

Hades, al ver esto, empezó a retroceder con cautela, sus ojos fijos en el espectáculo, hasta quedar fuera del área donde los sellos, compuestos de una energía negra como la tinta y en constante movimiento, se expandían y contraían.

El propio Hades veía este proceso que parecía casi mágico, con total expectación grabada en su rostro. Era la fusión de la ciencia del Chakra y el misticismo, algo que lo fascinaba.

De repente, los sellos empezaron a girar en el sentido de las agujas del reloj, acelerando, y a brillar con un leve resplandor azul claro y pulsante. Al mismo tiempo, en la superficie de la matriz de invocación, se liberaban vapores etéreos que empezaban a formar una leve cortina de humo, siseando al contacto con el aire.

El brillo siguió intensificándose, volviéndose casi cegador, y el vapor comenzó a salir en mayores cantidades, arremolinándose y creciendo hasta que…

‘¡Puff!’

La matriz explotó en una gran y densa cortina de humo que se elevó hacia el cielo nocturno, cubriendo el área de invocación y oscureciendo las estrellas, indicando la finalización del proceso. El olor a ozono y a algo ligeramente dulce llenó el aire.

Hades, que estaba viendo esto, se emocionó al ver la explosión de humo. Como un fiel fan del anime de Naruto, sabía que cuando se hacía una invocación exitosa, siempre venía acompañada de una dramática cortina de humo. Era la señal inconfundible de que algo, grande o pequeño, había llegado.

Al ver cómo la cortina de humo comenzaba a disiparse lentamente, revelando el área, Hades se acercó con grandes expectativas sobre qué tipo de criatura había invocado. Miró hacia arriba primero, esperando ver un monstruo colosal, pero cuando la cortina de humo se disipó, no había nada. ¿Quizás era una criatura pequeña, un animal de compañía?

Con ese pensamiento en mente, miró hacia abajo, esperando encontrar a algún tipo de animal diminuto en el centro del círculo de invocación. Pero al disiparse por completo la cortina de humo, tampoco había nada en el lugar. No importaba dónde mirara, Hades no podía ver ninguna clase de animal o criatura extraña. ¿Acaso la invocación había fallado? ¿Había malgastado su preciado pergamino?

“No, espera”, Hades se detuvo un momento, su mente analítica negándose a aceptar el fracaso tan fácilmente. Miró fijamente el centro de la matriz de invocación, la zona donde debería haber aparecido la criatura, y empezó a caminar lentamente hacia ella.

Al llegar al centro de la matriz, se detuvo. Allí, envuelto en un último y persistente soplo de humo que se arremolinaba como una nube en miniatura, había algo. Y cuando Hades se arrodilló para ver más de cerca, el pequeño objeto se movió.

Entonces, finalmente, Hades pudo verlo con mayor claridad. Era… una pequeña babosa. Apenas unos centímetros de tamaño, de un color blanco perlado con pequeñas líneas verdes pálidas que atravesaban su cuerpo gelatinoso. Estaba plácidamente enrollada sobre su propio cuerpo, durmiendo.

Al ver que no se movía, Hades, con una cautela teñida de asombro, estiró un dedo y la movió suavemente, un toque delicado que apenas la rozó.

“Hmm”, se escuchó un leve gemido soñoliento, la voz sorprendentemente clara y aguda, como la de una niña pequeña, que resonó en el aire, transportada por el Chakra.

Hades volvió a tocar el cuerpo de la pequeña babosa, pero esta vez con algo más de fuerza, una sacudida un poco más notoria.

“¡Gaaa!”, finalmente, con ayuda de las sacudidas de Hades, la pequeña criatura pareció despertar de su profundo letargo. Levantó su pequeña cabeza, y de esta emergieron dos diminutas y delicadas antenas, que se movieron tentativamente, explorando el entorno.

Entonces, rápidamente, la babosa empezó a mirar de un lado a otro, sus pequeños ojos buscando a quien la había despertado de su sueño. Finalmente, su cabeza giró en dirección a Hades, sus antenas apuntándolo.

Sus ojos hicieron lo que parecía ser un parpadeo, una lenta evaluación. Parecía estar analizando a Hades, y de repente, una voz suave y melódica, que se transmitía a través del aire mediante Chakra, resonó claramente: “Hee, ¿cuánto tiempo me dormí? ¿Ya empezó el nuevo ciclo de invocación, o es un error?”

Hades se confundió por esta pregunta, pero al escuchar nuevamente la voz de la pequeña babosa, que sonaba sorprendentemente familiar, ya no tuvo ninguna duda. Esta voz, aunque más aguda, era casi idéntica a la de cierto personaje del anime de Naruto de su vida anterior. Esa voz, esa forma de hablar…

No había duda. Esta pequeña babosa era el sabio guardián del Bosque Shikkōtsu. ¡Esta era la babosa sabia Katsuyu! O bueno, al menos una pequeña parte de ella, una de sus muchas divisiones. Su corazón se aceleró con la emoción. ¡Había invocado a una de las criaturas de los tres Sannin!

Al ver que la pequeña babosa seguía mirándolo con sus pequeños y extraños ojos, analizándolo, Hades decidió presentarse formalmente al que posiblemente sería su futura criatura invocada y, si tenía suerte, su maestro. Era un honor inesperado.

“Ejem, es un gusto estar en presencia del sabio guardián del Bosque Shikkōtsu,” Hades se inclinó ligeramente, un gesto de respeto que le salió natural a pesar de la situación. “Mi nombre es Hades, y fui la persona que te invocó.” Se presentó con bastante entusiasmo a la pequeña babosa, esperando una respuesta.

El momento pasó en un silencio que se extendió. La pequeña babosa no respondió directamente a la presentación de Hades, sino que siguió observándolo con una mirada analítica, sus antenas moviéndose suavemente. Sin que Hades lo supiera, Katsuyu había estado utilizando sus sentidos para analizarlo desde el momento en que lo vio.

Estaba analizando su cuerpo y su firma de Chakra, las cuales le parecían extrañamente familiares pero a la vez completamente desconocidas, una dualidad intrigante. Junto con otra energía extraña que le resultaba desconocida por completo, algo más allá del Chakra o la energía de la naturaleza. Siguió así por un rato, absorbiendo información, hasta que pareció encontrar lo que buscaba, una resonancia, un chakra similar al de un contratista antiguo al que conoció muy bien.

Entonces, sintiendo que Hades ya se estaba sintiendo incómodo por el prolongado silencio, finalmente decidió presentarse, su voz suave y dulce, transportada por el Chakra, resonando de nuevo en el aire.

“Un gusto en conocerte, Hades-sama,” se presentó en un tono suave y gentil, la formalidad en su voz sorprendiendo gratamente a Hades. “Mi nombre es Katsuyu. Yo soy la sabia guardiana del Bosque Shikkōtsu.”

Hades finalmente relajó sus nervios y esbozó una brillante sonrisa, una que iluminó su rostro en la penumbra. “¡Es un placer igualmente, Katsuyu-sama!”, exclamó, el entusiasmo palpable en su voz.

Y así, un dios del Inframundo y una venerable babosa se conocieron bajo la luz de la luna, dando inicio a una relación de invocador e invocación bastante única y, sin duda, llena de inesperadas aventuras.

.

.

.

Fin del capítulo.

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Estado actual del protagonista.

[Estado]

{Nombre: Hades}

{Dios del Inframundo – Dios del Agua}

{Nivel de potencia: 32.972}

{STR: 931}

{DES: 855}

{VIT: 1.940}

{MAG: 16.300}

{CHA: 38}

{KRA: 81.000}

Puntos: 12

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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