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Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 34

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Capítulo 34: 29. part.2

Salto de tiempo.

“En medio de un valle en una tundra nevada envuelta en la oscuridad de la noche, los cinco guerreros gloriosos desde derrotar al Golem de hierro, caminaban a paso firme hacia la entrada de la próxima mazmorra.”

Mi voz resonó solemne por todo el salón, cargada de teatralidad. Mis hermanos me escuchaban con atención, alrededor del tablero de juego que había desplegado en la mesa central.

“Caminaron hasta la entrada del cementerio de Ramnir. ¡Cuando de repente! De las frías capas del subsuelo emerge un poderoso enemigo. Es Qnoctum, ¡Guardián del cementerio de Ramnir! Una criatura ancestral que exuda un aura asesina capaz de helar la sangre. El aire se espesa, el suelo tiembla. ¿Qué harán nuestros valientes héroes?”

Hestia, con sus ojitos brillando de emoción, alzó el puño con una sonrisa de oreja a oreja.

“¡Le lanzaré una onda de fuego que lo calcinara hasta los huesos!” anunció, sin pensarlo dos veces, y agitó los dados con entusiasmo.

Estos rodaron sobre la mesa. El resultado fue bajo. Muy bajo.

“Tu ataque impacta de lleno en el Lich,” narré con solemnidad, alargando las palabras, “pero su cuerpo es invulnerable a las llamas gracias a su magia de muerte. Se sacude las cenizas como si fueran polvo y, con una risa gutural, extiende sus manos esqueléticas para invocar a una horda de no muertos desde las tumbas del cementerio.”

‘Thud… crack… thud’. El sonido de huesos y tierra levantándose resonó en mi voz.

Hera chasqueó la lengua con fastidio, cruzando los brazos.

“¿Ves lo que hiciste, Hestia? Ahora será más difícil salir del cementerio. No tenemos el equipo para luchar contra una horda.”

Poseidón, como siempre, no perdió la oportunidad de molestarla.

“Entonces, ¿por qué no nos cubres en la retirada?” preguntó con una sonrisa burlona.

Hera giró el rostro hacia él con los ojos entrecerrados.

“¿Y por qué tendría que hacerlo yo? ¿Por qué no lo haces tú?”

“Porque se supone que tú eres la paladín,” replicó él con calma, encogiéndose de hombros. “Con tu defensa corporal deberías soportar el ataque frontal del Lich sin problemas. Yo solo soy un pícaro, me especializo en el ataque silencioso. La defensa no es lo mío.”

‘tch’. Hera bufó, pero no siguió discutiendo con él. En su lugar, giró hacia Deméter, que se removía incómoda en su asiento.

“Tú eres la hechicera. Haz algo.”

“¡Eh? ¡S-sí, enseguida!” respondió Deméter nerviosa, revolviendo sus hojas de personaje como si buscara la salvación escrita allí. Finalmente, sus ojos brillaron con determinación.

“¡Aquí está! Lanzo un muro de fuerza para frenar a los no muertos.”

Los dados rodaron. El resultado fue alto. Yo también lancé los míos, como buen amo de la mazmorra.

“La hechicera druida Demelin invoca un poderoso muro etéreo que surge del suelo con un resplandor verde. La barrera frena en seco el avance de la horda y protege exitosamente la integridad del grupo.”

“¡Sí!” exclamó Deméter, aliviada, sonriendo con orgullo.

Y así seguimos.

—

Los cinco hermanos olímpicos estábamos absortos en una de las tantas versiones de Dungeons & Dragons que había en mi inventario. Habíamos decidido aprovechar el tiempo de viaje hacia el territorio del titán Océano para sumergirnos en ese mundo de aventuras y fantasía.

El ambiente dentro del carruaje marino se volvió más cálido, alegre, incluso familiar. Claro, hasta que Hera empezaba a quejarse de las pésimas estrategias de sus hermanos o Poseidón añadía comentarios sarcásticos para molestarla. Deméter permanecía indecisa, nerviosa al tomar decisiones, mientras que Hestia, por el contrario, hacía lo que quería: en su mente, la mejor solución para todo era “lanzar fuego”.

Yo, por supuesto, era el Gran Maestro de la Mazmorra. Y tenía que vestirme para el papel.

Llevaba puesta una capa púrpura que me llegaba hasta los talones, un sombrero puntiagudo clásico de mago y, sobre el rostro, una larga barba postiza blanca que picaba como mil demonios, pero era parte del sacrificio. En una mano sostenía los dados que definían la vida o muerte de los personajes; en la otra, un bastón de aluminio coronado con una esfera de plástico que brillaba tenuemente gracias al poder sagrado de las baterías AAA.

Zeus y Metis observaban desde un costado.

Metis, para mi sorpresa, parecía fascinada. Sus ojos seguían cada detalle: las reglas, la personalización de personajes, los hechizos escritos en hojas de papel, los tableros improvisados. Todo ese mundo artificial, hecho de imaginación, dados y lápices, parecía atraparla poco a poco.

Zeus, en cambio, estaba perdido. Fruncía el ceño como si todo aquello fuera un idioma extranjero. No entendía por qué sus hermanos se emocionaban tanto, ni por qué Metis se veía tan embelesada. Solo sabía que quería recuperar su atención.

Pero mientras todo esto sucedía en el exterior en la mente de Hades comenzaba a gestarse nuevamente una pregunta que lo había estado inquietando desde hacía tiempo.

No era algo muy importante al inicio, pero con el pasar del tiempo su duda fue tomando fuerza.

Era sobre el nivel de poder de su mundo, o como el sistema lo llama, el “nivel de potencia” algo que en un inicio le parecía lógico y fácil de entender pero que con el pasar del tiempo, a medida que iba conociendo más de su mundo (que muy posiblemente podría ser DxD) y de los seres sobrenaturales que viven en él.

La inconsistencia a la que se refería eran los niveles de poder de los dioses, o más bien a la falta de consistencia en estos.

En el poco tiempo que llevaba conviviendo con otros seres divinos había visto a dioses de todas las clases y niveles, pero ninguno de ellos tenían un nivel de potencia lo suficientemente consistente como para crear una escala de poder lógica.

Por ejemplo estaba Prometeo quién es un Dios tiene 24.000 unidades de potencia y la diosa Temis que tiene también 18.760 unidades de potencia.

Ambos son considerados dioses de alto rango y aunque hay cierta diferencia entre sus poderes se consideran dentro del mismo rango.

Pero luego están las deidades menores cuyo poder oscila entre las 1.000 y las 15.000 unidades, lo cual para mí no tiene sentido.

Y no me refiero a sus títulos ni al orden jerárquico por el cual se les califica, se refiere a su calificación de poder en sí.

Para cualquiera que sepa algo del lore de DxD, sabrá que los dioses son posiblemente la raza más fuerte de ése mundo, una raza que se considera a la par de los poderosos dragones y muy por encima de las demás razas que habitan en ese mundo.

Incluso los dioses mas débiles que aparecian en la novela ligera y el manga como mínimo estaban al nivel de la clase suprema, lo suficientemente fuertes como para no ser barridos por un demonio de clase Maou.

Y los dioses menores que el a conocido en cambio parecían ser mucho más débiles que eso.

Y el no es tonto, sabe claramente que el nivel de potencia no determina el poder real de un individuo, también influyen cosas como el estilo de lucha, el estado físico, la capacidad mágica/Divina del individuo y por supuesto las técnicas que esté emplee para utilizar su poder mágico.

Hades sabe que una técnica como el rasengan que es una técnica cuerpo a cuerpo y tiene un área de daño limitado, nunca sería tan destructivo como si el utilizará sus llamadas del inframundo que pueden abarcar un área más extensa.

Pero en términos de letalidad el rasengan superaría por completo a sus llamas del inframundo ya que está es una técnica que puede penetrar las defensas del enemigo e infligir un daño interno considerable, mientras que sus ataques de llamas a pesar de ser letales, y de que tienen la capacidad de abarcar áreas más extensas, pueden ser bloqueadas u evitadas con mayor facilidad los cuál hace que sean menos efectivas.

Lo mismo aplicaría con otras personas, un Dios podría ser débil pero tener un ataque con un área de daño grande y otro podría ser más fuerte pero tener un área de daño limitado.

Pero el problema es que la mayoría de las deidades que a conocido son demasiado débiles, como mucho llegan a tener una fuerza y resistencia super humana, junto con algo de poder divino, pero estos palidecían en comparación con el y sus hermanos o incluso dioses menores del mismo rango.

Y no es que el fuera un experto pero estaba seguro de que el rango supremo no empezaba en las 1.000 unidades.

Era bastante confuso.

Así que utilizando la habilidad consciencia múltiple, separo una parte de su consciencia mientras que la otra seguiría jugando a calabozos y dragones.

(Sistema tengo una pregunta) Hades hablo en su mente y no pasó mucho antes de que recibiera una respuesta.

{Ding}

{A sus órdenes anfitrión 😉 en que puedo servirle?}

(Sistema, tienes información sobre como funciona el sistema de poder de los dioses en este mundo?)

{buscando…..}

{Información sobre el poder de los dioses, en el mundo de High school dxd existen un conjunto de seres mágicos a los que se les conocen por varios nombres, Deva, kami, Aesir, vanir, olimpos, shangdi, shen, guðin, etc… pero por lo general se suelen referir a ellos como dioses.}

Hades arrugó ligeramente las cejas.

(Ejem!, gracias por la información sistema… pero eso no ese exactamente lo que pregunté, yo me refería al sistema de poder)

{Entendido, los dioses dependiendo de su ascendencia y lugar de origen pueden tener diferentes características y sistemas de poder, pero todos tienen algo en común, la llamada chispa divina.}

{La chispa de Divinidad es la manifestación física del dominio divino de un Dios, y éstos dominios divinos se califican en diversos grupos que van desde los físicos como los elementos de naturaleza, fuego, agua, tierra etc.}

{Luego están los abstractos, éstos son dominios divinos que no pertenecen al orden natural, como lo son aquellos dominios que combinan dos o mas conceptos: un dominio divino como una esfera de influencia o poder espiritual de una deidad, y la abstracción como la capacidad de manifestar un concepto, pensamiento o información de forma abstracta y ejercer un control sobre él}

{Por lo tanto, este tipo de dominios son la representación o el reino de una deidad que se centra en conceptos o ideas abstractas, en lugar de en una manifestación física o concreta, permitiendo al personaje o entidad afectado manipular la abstracción misma, ejemplos: sabiduría, guerra, tiempo, sol, arroz, agricultura, medicina etc, este tipo de dominio divino suele ser el que más abunda entre los dioses de DxD, y la mayoría de dominios suelen estar más relacionados con los aspectos mas mundanos del mundo, lo que le permite a un único dominio encarnar varios conceptos del mundo en una escala menor, aunque entre ellos puede haber algunos realmente poderosos dependiendo de la deidad que los encarne.}

{Por último están los dominios divinos conceptuales, estos suelen ser es tipo de dominio divino más difícil de encontrar, además de ser el tipo de dominio que más interactua con las leyes del mundo, siendo que por lo general los dioses que portan uno de estos dominios divinos suelen ser entidades que encarnan el concepto de estos mismos, para dar un ejemplo, entre estos dominios suelen estar, la destrucción, el cielo, la tierra, la luz, el caos, la vida, el infinito, los sueños etc.}

{Los dominios divinos de este tipo pueden no solo ejercer un mayor control sobre los elementos En comparación con los dominios normales o abstractos, si no que le permiten a los dioses el encarnar varios sub-dominios correspondientes a la misma categoría de su dominio divino conceptual.}

Eso no lo sabía, entonces es por eso que en dxd dioses como Ophis, Shiva, el Dios bíblico, el gran rojo y demás entidades primordiales son tan poderosos?.

(Sistema, puedes darme un ejemplo de un dominio conceptual?,)

{En seguida anfitrión, el dominó divino de la luz, como su nombre lo dice le permite a su Dios portador controlar cualquier tipo de energía basada en luz, además de ser capaz de encarnar El concepto de la luz misma volviéndolo inmune a cualquier tipo de ataque basado en este elemento, pero El dominio primordial de la luz no solo incluye el concepto físico de esta, sino que también combina el concepto abstractos como la curación, la iluminación, la purificación, la velocidad, la vida, lo sagrado, y el calor entre otros.}

{por lo que un dominio divino conceptual puede abarcar desde uno hasta varios dominios en uno solo}

(Ya veo, eso tiene sentido?, no me meteré en eso, entonces sistema A qué categoría pertenece mi divinidad?)

{¡Ding!}

{actualmente el anfitrión posee dos dominios divinos, el dominio sobre la muerte y el agua}

{El dominio divino sobre la muerte de la anfitrión pertenece a la categoría de divinidad abstracta, ya que además de encarnar El concepto de la muerte física también encarna otros conceptos como la decadencia, los muertos las almas y las sombras}

Bueno eso tiene sentido, teniendo en cuenta que mi Divinidad está masa relacionada con lo terrenal que con lo conceptual pero sin entrar en ninguna de las dos categorías, bien Podría ser calificada como abstracta.

(¿Y mi divinidad sobre el agua sistema?)

{La divinidad sobre el agua que posee el anfitrión puede ser calificada el la categoría de divinidad conceptual}

‘parpadear’ ¿Qué carajos?

(Sistema como que mi Divinidad sobre el agua es una divinidad conceptual?}

Debería ser una broma ¿Verdad?.

Su dominio divino sobre el agua es literalmente el aspecto más débil de su divinidad, la divinidad de la diosa Aqua no sirve para el combate en absoluto, y como mucho tiene la capacidad de crear agua de la nada, además de purificar y limpiar las cosas.

{Anfitrión, le recuerdo que el poder divino sobre el agua que usted posee, en un principio no pertenece a su mundo, esta divinidad pertenece a la diosa Aqua del mundo konosuba, un mundo donde los dioses ya no son simples deidades terrenales, sino que los dioses de ese mundo son las encarnaciones de vivas de conceptos y creencias de distintos mundos, con poderes que les permiten trascender la realidad y las leyes de la naturaleza, incluso la diosa Aqua, Qué es calificada como uno de los dioses más débiles, y también como una “diosa inútil ” sigue siendo una deidad que encarna a todas las fuentes de agua del mundo}

{El dominio del agua de la diosa a cual no se refiere a la encarnación divina de una fuente de agua o río en específico, se refiere al agua en general, ya que el poder de Aqua encarna a todas las fuentes de agua que existen y sus conceptos correspondientes}

Eso realmente me descoloco, Aqua realmente era tan increíble?, Entonces por qué parecía ser más cómo una diosa inservible la mayor parte del tiempo.

El sistema no había terminado.

{Anfitrión, tenga en cuenta que la Divinidad sobre el Agua no solo ejerce un dominio conceptual sobre todas las fuentes hídricas del mundo, sino también sobre aspectos abstractos como la purificación, lo sagrado, la vida, la resurrección y la pureza, entre muchos otros.}

Los ojos de Hades se entrecerraron.

“¿Purificación, sacralidad, vida, resurrección…? ¿Todo eso viene incluido?”

{Así es. También posee capacidades que superan ampliamente a las de cualquier mago o hechicero de este mundo, e incluso sobrepasan las de la mayoría de los dioses dentro del universo DxD.}

El ceño de Hades se frunció.

“¿Me estás diciendo que el poder de Aqua es superior al de los dioses de DxD? Eso suena absurdo…”

El sistema no dudó en corregirlo:

{Entre dichas capacidades se encuentra la purificación absoluta: puede limpiar no solo objetos malditos o criaturas corrompidas, sino también entidades abstractas como las almas y los pensamientos. Bajo la influencia de este poder divino, nadie puede albergar pensamientos pecaminosos hacia la diosa Aqua… y, por extensión, hacia usted, anfitrión.}

Hades se quedó en silencio. Luego soltó una risa seca.

“Eso… no lo sabía. Quizás debería tomarme más tiempo para experimentar con mi divinidad sobre el Agua.”

La verdad era que nunca lo había hecho.

A lo largo de los años, apenas había prestado atención a ese aspecto. La auténtica razón por la que descargó el archivo de Aqua en primer lugar fue por mera curiosidad: primero, quería probar si el apartado de descargas de personajes del sistema realmente funcionaba; y segundo, deseaba utilizar el hechizo mágico Purificar sin arriesgarse a morir en el intento.

En aquel entonces era un dios de la muerte débil, y obtener un poder extra le había parecido una buena jugada. Nada más. Nunca había sido su intención profundizar en ello.

Pero el sistema prosiguió, implacable:

{El poder divino de la diosa Aqua también incluye la habilidad de la Verdadera Resurrección. Puede revivir a los muertos con facilidad, incluso desafiando conceptos como la muerte absoluta o el ciclo de reencarnación. Este poder equivale o incluso supera las capacidades de deidades como el Dios bíblico, e incluso a artefactos legendarios como el Santo Grial de DxD.}

Los ojos de Hades se abrieron de golpe.

“¡Carajo! Es cierto… ¿cómo pude olvidar eso?”

En su mente volvió a la imagen del anime. Aqua, con esa actitud tonta y chillona, era en realidad un maldito código de trucos viviente. Kazuma moría una y otra vez, y ella simplemente lo devolvía a la vida como si nada hubiera pasado. Sin importar si su alma ya estaba siendo arrastrada al ciclo de reencarnación o incluso si se encontraba en un reino divino, Aqua siempre podía traerlo de vuelta… y lo hacía como si apenas le costara energía.

“¡Eso es una habilidad rota en toda regla!” murmuró, incrédulo.

El sistema aún no había terminado:

{La divinidad del Agua también contiene el principio de la creación de la vida. Es capaz de transferir energía vital para sanar a los moribundos, bendecir a las personas, o incluso otorgar el aliento de vida a objetos inanimados.}

Hades parpadeó varias veces, confundido.

“Espera, espera, espera… Sistema, ¿a qué te refieres con aliento de vida? ¿Aqua podía hacer eso?”

{Correcto. Puede otorgar vida verdadera a objetos que carecen de ella.}

“Eso jamás lo vi en el anime…” pensó Hades, rascándose la cabeza. Tal vez lo mencionaban en las novelas, o era un detalle perdido en los spin-offs. Pero su experiencia como lector de manga y seguidor de historias de fantasía le decía una cosa: “Otorgar aliento de vida” no era un término cualquiera. Era literalmente crear vida de la nada.

Y eso… era un poder divino que incluso en DxD sería considerado un milagro prohibido.

El sistema entonces remató con una última nota:

{La diosa Aqua posee mucho más poder del que muestra en la superficie. Sin embargo, debido a su actitud irresponsable, vaga y desinteresada, rara vez explota todas sus capacidades. Por esa razón fue llamada “diosa inútil”. De hecho, la verdadera razón por la que fue enviada junto a Kazuma al otro mundo fue porque los mismos dioses de su universo deseaban deshacerse de ella, utilizando como excusa el título de “herramienta elegida para el héroe”.}

Hades se recostó contra el respaldo del asiento del carruaje, pasándose una mano por su larga barba con incredulidad.

(…No puede ser… esa idiota era tan increíble en realidad.)

(¿Sabes qué? -murmuré con fastidio mientras me pasaba la mano por el rostro-. De ahora en adelante ya no diré que los poderes de Aqua son inútiles… Solo diré que la inútil es Aqua en sí misma.)

Mi comentario sonó a broma, pero en realidad era un recordatorio para mí mismo. El poder en bruto que aquella diosa poseía estaba tan lejos de la media, por lo que llamarla “inútil” era un insulto a las leyes de la lógica.

No, el problema era ella, su personalidad desinteresada y descuidada.

“Muy bien entonces, prosigamos. Sistema… ¿sabes por qué los dioses en general parecen más débiles en comparación con lo que debería ser, según el canon de DxD?”

El característico sonido metálico resonó en mi mente.

{Respondiendo a la pregunta del anfitrión: la causa es el poder de la fe… o, mejor dicho, la carencia de él.}

Fruncí el ceño con fuerza. Ese término, fe, era demasiado obvio… y sin embargo cargaba con un peso enorme. Había leído y escuchado incontables historias mitológicas en las que la fe era el combustible de los dioses, pero tenerlo confirmado directamente por el sistema me hizo sentir un escalofrío recorrerme la espalda.

Recordaba vagamente que en la novela de DxD mencionaban este aspecto, aunque sin demasiado detalle. Pero ahora entendía que no era un concepto de trasfondo, sino una ley fundamental de la existencia divina.

(Sistema… dime cómo se originó exactamente la energía de la fe.)

{Por supuesto, anfitrión. El poder de la fe es la cristalización pura de los deseos, sueños, temores y creencias de los seres vivos. Es una energía única que puede ser generada por cualquier criatura pensante que posea anhelos en su corazón. Incluso puede nacer de emociones extremas: la devoción, la esperanza, el amor… o bien el miedo, el odio y la desesperación.}

Me quedé en silencio, observando el horizonte. Eso significaba que incluso un culto basado en el terror podía alimentar a un dios tanto como la adoración genuina.

{El origen de esta energía se remonta a los albores de la primera era mítica. En aquel tiempo, los dioses apenas habían surgido y los primeros seres conscientes los contemplaban con temor y reverencia. Sus oraciones y ofrendas producían una energía tenue, casi imperceptible. Era escasa, insuficiente para fortalecer a los dioses en gran medida, pero marcaba el inicio de una nueva relación entre lo divino y lo mortal.}

{Más adelante, con el nacimiento de la nueva humanidad, todo cambió. Los dioses descubrieron que los nuevos humanos eran radicalmente distintos de las otras razas inteligentes. Su capacidad de soñar, de desear, de temer y de aspirar superaba con creces a cualquier criatura conocida. Eran, en cierto modo, un espejo imperfecto de los dioses, y su potencial para producir fe era inigualable. Fue entonces cuando los dioses desviaron sus miradas de las antiguas razas y fijaron su atención en la humanidad.}

El tono del sistema se volvió más pesado, como si relatara una verdad incómoda.

{Los dioses decidieron moldear a los humanos, muchos panteones decidieron adoctrinar y someter a la humanidad, tratándola como un ganado de ovejas descarriadas: y en muchos casos sometiéndolos, para convertirlos en fuentes inagotables de fe. Mediante rituales, ofrendas, los templos, los sacrificios y la adoración… todo ello fue diseñado no solo para honrar a los dioses, sino para ordeñar a la humanidad como ganado espiritual.}

Hice una mueca amarga.

(¿Así que… en otras palabras, los humanos fueron cultivados como baterías vivientes?) Pensé con ironía.

(Lo sabía… siempre es la misma historia. Al final, para los dioses, los humanos no eran más que granjas vivientes de adoración.)

Me crucé de brazos y respiré hondo.

(Entonces, sistema, explícame: ¿cómo funciona exactamente el poder de la fe y qué influencia real tiene sobre los dioses?)

{¡Ding! Respondiendo al anfitrión: la energía de la fe es única, y aunque no pertenece a la categoría de energía mágica ni divina, puede integrarse directamente en la chispa divina de un dios.}

{Los dioses pueden quemar fe para sustituir el gasto de su poder divino. Esto les permite sostener enfrentamientos prolongados sin agotar su esencia. Además, la fe fortalece todos sus aspectos: incrementa la cantidad y calidad de su energía divina, refuerza su cuerpo físico hasta niveles inimaginables, e incluso amplifica el alcance y versatilidad de sus habilidades divinas.}

Me quedé mirando mis propias manos, sintiendo el peso de la revelación.

(Entonces… un dios con millones de creyentes activos sería prácticamente imparable. Incluso si su chispa divina no fuera particularmente poderosa, la fe lo transformaría en un titán.)

{Correcto. La diferencia entre un dios venerado por multitudes y uno olvidado por la humanidad es abismal.}

El sistema hizo una pausa antes de añadir, con un matiz casi solemne:

{Sin embargo, este poder también conlleva debilidades. La energía de la fe, aunque milagrosa, no es infinita. Puede acumularse durante siglos o incluso milenios, pero siempre depende del flujo constante de creencias que la alimenten.}

{Si un dios pierde a sus adoradores, el caudal de fe que sostiene su divinidad comienza a secarse. Una vez agotado, ese dios se verá obligado a retroceder a su poder original. En el caso de deidades muy antiguas, que han dependido de la fe durante milenios, el retroceso puede ser aún peor: degenerarán hasta caer por debajo de su nivel inicial, como cáscaras vacías de lo que alguna vez fueron.}

(…Así que ese es el precio. Sin creyentes, un dios no es nada. Ni siquiera su divinidad puede sostenerlo eternamente.)

Tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

(…Entonces, esa es la verdadera explicación. Los dioses que parecen tan débiles ahora no lo son por falta de talento o dominio. Es porque no tienen creyentes suficientes que los respalden.)

{Exactamente, anfitrión. El poder de un dios no se mide solo por su naturaleza divina, sino también por cuántos corazones mortales lo alimentan con su fe. Por eso algunos dioses del presente, aunque posean dominios majestuosos, son sombras de lo que deberían ser. Y por el contrario, aquellos con grandes masas de creyentes pueden llegar a rivalizar con entidades muy superiores en origen.}

Cerré los ojos y me quedé pensando. Todo encajaba: las diferencias de poder, las incoherencias en la fuerza de ciertos dioses menores, las extrañas caídas de otros… no era cuestión de azar, era cuestión de fe.

(Sistema, te tengo una última pregunta que quiero que me respondas: ¿cómo se clasifican las escalas de poder de este mundo?)

Esto era otra cosa que realmente quería saber. En el anime de DxD los rangos de poder eran ambiguos: nunca quedaba del todo claro qué separaba a un demonio de rango medio de uno superior, o por qué un ángel de seis alas podía estar al mismo nivel que un demonio noble.

{Anfitrión, respondiendo a su pregunta: en el universo de DxD no existe una escala de poder oficial. Sin embargo, si lo desea, el sistema puede crear una lista de rangos basándose en la información del canon y el conocimiento acumulado.}

Sonreí. (Gracias, sistema. Eso sería perfecto, puedes continuar).

La pantalla del sistema parpadeó.

{Entendido. Sin embargo, anfitrión, tenga en cuenta que esta lista refleja únicamente el poder teórico individual que un ser puede ejercer. No necesariamente equivale a poder destructivo puro o a su capacidad real de combate. Bajo las condiciones adecuadas, incluso alguien de un rango inferior puede derrotar a otro de una escala superior.}

(Entendido). Asentí. -Después de todo, de nada sirve tener poder suficiente para destruir una montaña si no posees la técnica, las habilidades o la experiencia necesarias para lograrlo-.

{Los niveles de poder [no oficiales] del mundo de High School DxD pueden clasificarse en los siguientes rangos:}

—

{Clase Humana – Rango de amenaza: nivel mortal}

Individuos cuyo poder se mantiene dentro de los límites de lo mundano. Incluye desde animales hasta la gran mayoría de los humanos.

Nivel de potencia general: 2 – 70 unidades.

Hazañas típicas: romper concreto a golpes, desviar un auto en movimiento, levantar más de 3,000 kg, primeros pasos en la manipulación mágica.

—

{Clase Baja – Rango de amenaza: nivel edificio}

Primer paso real hacia lo sobrenatural. Incluye demonios de clase baja, reencarnados como peón, ángeles y ángeles caídos de bajo rango, y magos humanos prometedores.

Nivel de potencia general: 100 – 250 unidades.

Hazañas típicas: destruir edificios, fuerza y resistencia sobrehumanas, reservas mágicas superiores a las humanas.

Ejemplo en el canon: Issei Hyoudou (al inicio) y Koneko Toujou. Koneko podía pulverizar una fábrica con su fuerza, mientras que Issei apenas destacaba… salvo por Boosted Gear, que le permitía herir a un ángel caído de dos alas.

—

{Clase Media – Rango de amenaza: nivel ciudad}

Superan ampliamente a la clase baja. Representan amenazas para ciudades pequeñas o grupos humanos enteros. Incluyen demonios de clase media y reencarnados como alfiles, torres y caballeros.

Nivel de potencia general: 300 – 480 unidades.

Hazañas típicas: superar la velocidad del sonido, magia de nivel medio-avanzado, fuerza y resistencia muy por encima de lo humano, destruir varias manzanas de edificios en un solo ataque.

—

{Clase Alta – Rango de amenaza: nivel montaña}

Los nobles del inframundo y otros seres de gran calibre. Capaces de liberar poder suficiente para arrasar con montañas, aunque depende de la técnica empleada. Aquí se encuentran demonios nobles de clase alta, reinas reencarnadas, yokais poderosos, ángeles y ángeles caídos de seis alas, y exorcistas de élite.

Nivel de potencia general: 650 – 5,000 unidades.

Hazañas típicas: arrasar montañas enteras, levantar docenas de toneladas, moverse cientos de veces más rápido que el sonido, magia de combate avanzada.

—

(¿5,000 unidades? Vaya salto… no me extraña que esta categoría lleve el nombre de los nobles. La diferencia entre un demonio de clase media y un noble de clase alta era como la noche y el día en el anime).

—

{Clase Suprema – Rango de amenaza: nivel isla}

El umbral que separa a los fuertes de las verdaderas potencias. Individuos capaces de devastar islas o países pequeños. Aquí aparecen los demonios supremos, altos ángeles, ángeles caídos de ocho alas, semidioses de menor rango y dioses menores, yokais jefes y dragones, campeones de facciones.

Nivel de potencia general: 6,000 – 16,000 unidades.

Hazañas típicas: arrasar islas con ataques concentrados, matar dragones, provocar catástrofes naturales a nivel nacional, velocidad miles de veces superior al sonido.

—

{Clase Definitiva – Rango de amenaza: nivel país}

Los que superaron la clase suprema pero aún no alcanzan la categoría de dioses. Aquí habitan las verdaderas leyendas del canon: demonios de clase Maou, reyes demonio y archiduques, ángeles caídos cadre, serafines, reyes dragón, yokais ancestrales, dioses de alto rango, líderes de clanes y facciones sobrenaturales.

Nivel de potencia general: 20,000 – 40,000 unidades.

Hazañas típicas: crear dimensiones de bolsillo, aniquilar países enteros, manipular poderes divinos a menor escala, moverse a velocidad luz.

—

{Clase Dios – Rango de amenaza: nivel continente}

Este rango pertenece a las deidades mayores y auténticas potencias que gobiernan sobre dominios divinos completos. No son solo seres con gran poder mágico: su existencia misma está ligada a las leyes fundamentales del mundo. Cada dios de este rango posee al menos un dominio abstracto o conceptual, lo que los coloca en una liga totalmente distinta al resto de razas.

Nivel de potencia general: 50,000 – 85,000 unidades.

Hazañas típicas: destruir continentes enteros con técnicas de gran escala; alterar leyes naturales como el clima, la vida o la muerte; crear mundos de bolsillo estables; inmortalidad relativa mientras su chispa divina exista.

Ejemplos: Zeus, Poseidón, Amaterasu, Odin, Susanoo, Quetzalcóatl.

—

{Clase Dragón – Rango de amenaza: nivel planetario}

El rango más irregular y, a la vez, el más temido. Aquellos individuos considerados “catástrofes vivientes”, capaces de rivalizar con dioses y sobrepasar a muchos de ellos sin necesidad de fe ni adoración. Sus cuerpos y almas son encarnaciones puras de poder, y su escala de amenaza se extiende desde los dragones menores hasta los Dragones Celestiales, entidades que rozan lo absoluto.

Nivel de potencia general: 100,000 – sin límite definido.

Hazañas típicas: destruir o consumir planetas enteros; manipular leyes dracónicas únicas; regeneración y vitalidad casi infinitas; resistencia a dominios divinos; rivalizar con dioses primordiales; matar dioses de alto rango; uso de magia de nivel prohibido.

Ejemplos: Grandes Reyes Dragón como Crom Cruach; los Dragones Celestiales; y entre los dioses trascendentes de DxD figuran Tifón, Hades, Lugh, Thor, Amón-Ra, Elohim/Yahvé, Indra Brahma, Vishnu y Shiva. También super demonios como Ajuka Beelzebub y Sirzechs Lucifer.

—

.

(Así que aquí es donde se supone que entro yo… aunque todavía no llego a esos números. Claro, el sistema olvida mencionar que muchos de estos seres están oxidados, dependen demasiado de sus creyentes o armamentos mágicos externas y no tienen el hábito de entrenar. No es lo mismo un dios “teórico” que uno que realmente sepa pelear… sin mencionar que uno de ellos ya está muerto en el canon de DxD).

En la cúspide absoluta de este rango se encuentran el Trihexa, la Bestia del Apocalipsis, Ophis la Dragona del Infinito y Great Red, el Dragón de los Sueños, considerados entidades que trascienden incluso la “Clase Dragón”.

Mi ceja parpadeó con un tic nervioso, tuve que contenerme para no hacer una mueca desagradable.

(Sí, genial… justo lo que me faltaba: bichos lagartija que pueden tragarse un planeta y todavía eructar después. No me sorprende que incluso los dioses se caguen en los pantalones cuando aparece uno de estos Cuáltres).

—

La pantalla del sistema brilló con un tono solemne, como si remarcara el peso de lo revelado:

{Recordatorio: los rangos mencionados son una aproximación creada por el sistema. Sin embargo, en el mundo real las escalas de poder son flexibles y relativas. Las condiciones del combate, el terreno, el dominio y la experiencia pueden hacer que un ser supere las barreras de su propio rango.}

Asentí con los brazos cruzados, dejando escapar un suspiro satisfecho.

“Claro, como siempre… al final no importa tanto el número, sino cómo lo usas. Pero debo admitir que esta clasificación ayuda bastante a poner en perspectiva dónde estoy yo… y hasta dónde quiero llegar.”

Mis ojos recorrieron una vez más las clases que el sistema había desplegado ante mí, analizando con calma cada detalle. Después de todo, era importante no perder de vista la escala en la que me movía ahora. Finalmente, decidí abrir mi propio estado para comparar.

[Estado]

{Nombre: Hades}

{Raza: Dios griego / Aithyropoioi – Titán primigenio / Colossus Sapien Arcana}

{Títulos: Dios del Inframundo – Dios del Agua – Titán}

{Nivel de potencia: 57.317}

{STR: 2.672}

{DES: 2.000}

{VIT: 9.000}

{MAG: 53.900}

{CHA: 45}

{KRA: 140.000}

{Puntos libres: 95}

Me quedé en silencio unos segundos, observando los números con una mueca torcida.

Mi nivel de potencia se detuvo en 57.000. Eso significaba que, en términos prácticos, me encontraba en la parte inferior de la Clase Dios. Y considerando que estábamos en una época donde no existían religiones organizadas ni creyentes devotos, era lógico concluir que mi posición era bastante privilegiada.

(Aunque sea el “nivel bajo” de los dioses, sigue siendo un nivel que en teoría tiene el potencial de borrar continentes… así que no me voy a quejar mucho).

Me rasqué la barbilla, recordando. Si mi memoria no me fallaba, el nivel de Kronos rondaba las 35.000 unidades de potencia. Tal vez estaba equivocado en el número exacto, pero la conclusión era obvia: en un combate directo tenía bastantes probabilidades de vencerlo.

Mientras reflexionaba, recordé un detalle que me hizo apretar el puño con ligera emoción.

(Si no recuerdo mal, el nivel de Kronos rondaba las treinta y cinco mil unidades de potencia. Quizás me equivoque, pero estoy bastante seguro de que podría ganarle en un combate uno a uno.)

Una sonrisa ladina se dibujó en mis labios. Aunque gran parte de mi poder residía en mis colosales reservas de chakra, y aunque mi experiencia de combate seguía siendo menor que la de un titán veterano como él, estaba convencido de que tenía varias cartas bajo la manga para superarlo llegado el momento.

“Hmm… aunque, para estar realmente seguro, tendría que hacerles una visita a los titanes.” Pensé con cierta malicia, saboreando la idea de jugarles algunas bromas crueles cuando volviera a verlos.

Sacudí la cabeza y decidí enfocarme en algo más práctico. “Por ahora, ya que estoy en el sistema, lo mejor sería ver el progreso de mis habilidades.”

[Estado]

[Estado – Apartado Habilidades]

La lista se desplegó y tuve que contener un resoplido.

{Dios de las sombras}

{Conciencia múltiple}

{Llama infernal}

{Rayo necrótico}

{Miasma de muerte}

{Manipulación mayor de almas}

{Dominio divino de la oscuridad}

{Magia de purificación}

{Rayo sagrado}

{Puñetazo sagrado}

{Barrera sagrada}

{Aura de curación sagrada}

{Cañón de agua sagrado}

{Corazón de titán}

{Competencia en glifos – principiante}

{Linaje del titán}

{Aura sagrada}

{Aura de muerte}

{Transformación de Titán}

{Escamas duras}

{Absorción mágica}

{Mokuton – Elemento Madera}

{Suiton – Elemento Agua}

{Doton – Elemento Tierra}

{Katon – Elemento Fuego}

{Fūton – Elemento Viento}

{Raiton – Elemento Rayo}

{Yōton – Elemento Lava}

{Shakuton – Elemento Calor abrasador}

{Hyōton – Elemento Hielo}

{Jinton – Elemento Polvo}

{Liberación Yin}

{Liberación Yang}

{Chakra de la reencarnación de Asura}

{Rinnegan – Ojos del Samsara}

{Los Seis Caminos – Rikudō}

{Camino Deva – Tendō}

{Camino Asura – Shuradō}

{Camino Humano – Ningendō}

{Camino Animal – Chikushōdō}

{Camino Preta – Gakidō}

{Camino Naraka – Jigokudō}

{Camino Exterior – Gedō}

{Clon de Limbo – Rinbō: Hengoku}

{Receptor de chakra – baguette}

{Técnica de los seis caminos – Gudōdama}

{Transformaciones avanzadas de naturalezas combinadas}

{Susanoo}

{Rasengan}

{Rasenshuriken}

{Rasengan elemental}

{Rasenshuriken elemental}

{Chidori}

{Chidori Eisō – Lanza de Chidori}

{Transmisión de rayos}

{Atadura de truenos}

{Espada de trueno}

{Falsa oscuridad}

{Muro de rayos}

{Cuchillas de agua}

{Balas de agua}

{Barrera acuática}

{Cadenas de agua}

{Surfeo rompedor de olas}

{Técnica oculta de la niebla}

{Dragón de agua}

{Bala de dragón de fuego}

{Bola de fuego}

{Escalera de incendios}

{Gran aniquilación de fuego}

{Dragón de fuego}

{Muro de madera}

{Lanzas de madera}

{Barrera de árboles}

{Dragón de madera}

{Advenimiento del mundo de los árboles}

{Mano de madera}

{Gólem de madera}

{Muralla de tierra}

{Elevación de la tierra}

{Desgarramiento de tierra}

{Cuchillas de aire}

{Balas de aire}

{Dominio de la espada – experto}

{Dominio de la lanza – experto}

{Combate cuerpo a cuerpo – experto}

{Dominio del escudo – experto}

{Dominio de dagas – experto}

{Dominio del bastón – Maestro}

{Dominio de armas de fuego – Intermedio}

{Resistencia a la corrosión}

{Resistencia a las malformaciones}

{Control de chakra – Gran Maestro}

{Sigilo}

{Ingeniero}

{Cocinero decente}

{Montar A+}

{Continuación de batalla A}

{Vacío púrpura}

{Ton Ton no Mi}

{One for All – Brasas}

{Psicoquinesis}

{Pepsiquinesis}

{Futterwacken}

{Onicocinesis}

.

.

.

.

La lista seguía… y seguía… y seguía. Los ojos me dolían de tanto desplazar hacia abajo.

Me quedé paralizado, pestañeando con incredulidad.

“Por amor a Bruce Lee… ¿cuántas habilidades he acumulado?” masculle

Claro que sabía que tenía muchas, pero nunca pensé que fueran tantas. Algunas parecían absurdamente poderosas, mientras que otras rozaban lo ridículo.

Mokuton, Suiton, Doton, Katon, Futon, Raiton, Yoton, Shakuton, Hyoton, Jinton, Yin, Yang, Rinnegan, Los Seis Caminos, Clon de Limbo, Gudoudama, Rasengan, Chidori, técnicas de fuego, agua, tierra, viento, rayos, hielo… y eso solo era el bloque elemental.

Luego vinieron las armas: dominio de la espada, la lanza, el escudo, las dagas, el bastón. Técnicas de sigilo, resistencia, absorciones, transformaciones. Incluso habilidades que ni siquiera sabía que tenía.

Definitivamente tengo que revisar el sistema más seguido.

De pronto, mi vista se detuvo en una línea que me hizo soltar una carcajada incrédula.

Y entonces lo vi.

{Caminar}

Sí, literalmente: caminar.

“¿Incluso tengo una habilidad que consiste en… caminar?”

(A ver, ¿en serio? ¿Una habilidad para caminar? ¿Qué sigue, “respirar nivel maestro”?…. No espera esa habilidad, también está).

{Respirar}

Suspiré, resignado.

(Bueno, no está tan mal… dice que me da más resistencia para caminatas largas y mejor equilibrio al andar. Supongo que será útil cuando me toque marchar kilómetros, aunque sea la habilidad más ridícula que he visto en mi vida).

El sistema no respondió, pero juraría que escuché a alguien reírse a costa mía en lo más profundo de mi mente.

Me llevé una mano a la frente.

(Por amor a … ¿cuántas habilidades he acumulado? Yo sabía que eran muchas, pero no pensé que fueran tantas).

La pantalla brillaba con una ironía que parecía burlarse de mí, como si el propio sistema disfrutara mostrándome lo exagerado que me había vuelto.

(Definitivamente… necesito organizar esta lista antes de que la lista colapse como un menú de Windows lleno de carpetas ocultas) murmuré con un suspiro.

Eran muchas, demasiadas habilidades. Y aunque no todas parecían realmente útiles ―pues la mayoría estaban orientadas a actividades rutinarias o secundarias―, podía distinguir entre ellas algunas nuevas que resultaban sorprendentemente valiosas.

{Corazón de titán}:

Otorga al portador un órgano mágico excepcional capaz de transformar la propia fuerza vital en energía mágica pura. Incluso si el anfitrión deja de respirar, su cuerpo jamás dejará de producir energía mágica, y esta se condensa en un estado de densidad extrema.

—

{Competencia en glifos – principiante}:

Posees las cualidades necesarias para practicar magia glífica, junto con la comprensión suficiente para ejecutar con éxito los principios más básicos de este arte.

—

{Aura sagrada}:

Al concentrar el poder divino del agua en torno al cuerpo del portador, este puede exhalar una suave y etérea neblina sagrada que purifica las energías malignas, disipa los pensamientos turbios y elimina impurezas de los cuerpos de quienes se encuentren en las cercanías.

—

{Linaje del titán}:

Eres portador del linaje del legendario titán de las Islas Hirvientes. Gracias a esta herencia, posees una comprensión innata de la magia glífica, y tu cuerpo resuena con un poder natural primitivo y majestuoso. La magia circula en tus venas como si fuese sangre misma, y la atmósfera que respiras alimenta tu poder. Tus reservas de maná se regeneran con una velocidad notablemente superior a la de cualquier ser común.

—

Exceptuando el Aura Sagrada, todas estas nuevas aptitudes provenían directamente del linaje titánico que había adquirido tras beber la sangre del titán de las Islas Hirvientes.

Un cuerpo más resistente que el de cualquier mortal, escamas retráctiles capaces de defenderme de manera automática, y un corazón renovado que funcionaba como una auténtica planta de producción mágica: cada atributo fortalecía mi existencia hasta límites que aún no comprendía del todo.

Claro, lo demás debía dejarlo para repasar después. No era el momento de sumergirme en interminables pruebas; lo más sensato era esperar hasta llegar a nuestro destino, pues seguramente en la ciudad submarina tendría el espacio y el tiempo suficientes para experimentar a fondo con estas nuevas facultades.

Con ese pensamiento en mente, dejé escapar un suspiro, abandoné mi ensimismamiento y continué desempeñando mi papel como amo de la mazmorra, mientras el tiempo transcurría lentamente rumbo a la ciudadela sumergida.

———-

Punto de vista tercera persona.

Habían pasado ya cuatro horas dentro del carruaje.

Hades y sus hermanos habían dejado hacía rato de jugar a Dragones y Mazmorras. Si bien el juego de rol resultó sorprendentemente entretenido al inicio, poco a poco se volvió caótico: los dioses, con sus personalidades tan dispares, no tardaron en chocar entre sí.

Hestia, caótica por naturaleza, no dudaba en saltarse cualquier estrategia para seguir sus impulsos.

Hera parecía más concentrada en dar órdenes que en jugar en equipo, lo cual terminaba provocando choques con Poseidón, quien (para sorpresa de todos) sí se había leído el manual de reglas completo y no dudaba en contradecirla.

Deméter, en cambio, se mantenía relativamente tranquila, aunque acababa en medio de las discusiones entre ambos.

Al final, Hades decidió dar por terminado el juego, que ya amenazaba con volverse una pelea real. Lo único que les quedó fue entablar conversaciones para pasar el tiempo.

Fue entonces cuando observó una escena peculiar: Hera charlaba animadamente con Metis. A Hades le resultó extraño, pues sabía que en la línea original de los acontecimientos una estaba destinada a reemplazar a la otra como reina del Olimpo. Aunque recordaba que en la historia había habido varios matrimonios intermedios y que los cambios que él mismo había provocado, trastocaban el curso natural, no pudo evitar preguntarse qué les depararía el futuro a ambas.

En ese momento, algo llamó su atención.

Hades cerró los ojos y expandió sus sentidos: a varios kilómetros de distancia, en las profundidades del abismo marino, percibió cientos… no, miles de firmas energéticas.

Sonrió con calma y murmuró suavemente:

“Al parecer hemos llegado.”

Los demás lo miraron sin comprender.

Hestia, movida por la curiosidad, pegó su rostro contra la ventanilla del carruaje, pero no logró distinguir nada más allá de la vasta oscuridad marina.

“Mmmm… no veo nada” dijo con su carita aplastada contra el cristal.

“Pfff…” Hades apenas logró contener la carcajada y negó con la cabeza.

Metis, divertida, se cubrió los labios con una mano para ocultar su risita.

“Tranquilícese, señorita Hestia” dijo con suavidad, y luego giró la vista hacia Hades. “Pero tu hermano tiene razón. De hecho, ya hemos llegado.”

Señaló hacia abajo, confirmando las palabras de Hades.

“A sus órdenes, mi señora” dijo de pronto Glaukos, quien hasta ese instante se había mantenido inmóvil como una estatua.

El sireno avanzó hasta una de las esquinas de la sala, donde reposaba una piedra azul pálido que emitía pequeñas fluctuaciones de energía mágica. Colocó la palma sobre ella, y la roca comenzó a brillar.

En un instante, un resplandor azul cubrió la sala, extendiéndose hacia afuera hasta formar una cúpula translúcida alrededor del carruaje.

Hades observó la escena en silencio. Había visto demasiados artefactos mágicos como para sorprenderse, y comprendió de inmediato la función del hechizo: aislar el interior del carro del agua del exterior.

Su hipótesis se confirmó cuando el carruaje comenzó a descender de manera vertical, hundiéndose con suavidad en el mar.

En cuestión de minutos, el transporte tirado por hipocampos se convirtió en un auténtico submarino, desplazándose a gran velocidad bajo el agua.

Los pasajeros no pudieron evitar maravillarse con la visión. Incluso siendo dioses, observar por primera vez el paisaje marino fue algo conmovedor.

Claro que había excepciones: Metis, acostumbrada desde siempre como hija de Océano, no se inmutó demasiado; y Poseidón, que ya había explorado los fondos marinos cercanos a Creta, apenas comentó que había más variedad de peces en la zona.

Poco después, el carruaje llegó hasta una montaña de piedra sumergida, custodiada por dos enormes formaciones rocosas.

Al cruzar el umbral, los ojos de Hades se abrieron de par en par.

Allí, en el lecho marino, rodeada por una gigantesca cúpula de aire, se alzaba una ciudadela monumental de piedra blanca que parecía un milagro arquitectónico.

Sobre una base rocosa de varios kilómetros de diámetro (que daba la impresión de haber sido arrancada del mismo fondo del mar) se extendía una metrópolis entera. Sus edificios de piedra, iluminados por cristales marinos que actuaban como faroles, reflejaban la luz de manera que la ciudad parecía plateada, brillando como un faro en la oscuridad abisal.

En el centro se erguía un inmenso castillo de oro macizo, adornado con gemas y piedras preciosas exclusivas del océano. Por instinto, todos asumieron que debía tratarse del Palacio Marino de Océano.

A medida que se acercaban, podían distinguir más detalles.

Siete colosales pilares de más de cien metros rodeaban la ciudad, unidos por murallas de roca. En lo alto de cada pilar se alzaban torres de vigilancia, reforzando la defensa del reino.

Metis extendió una mano hacia la ventanilla, adoptando una postura teatral:

“Mis estimados invitados, les doy la bienvenida a Thalassia, el reino en las profundidades del mar de Grecia.”

Sus palabras, junto con la deslumbrante vista, hicieron que los jóvenes dioses contuvieran el aliento. Para Hera, Deméter, Hestia y el propio Hades era la primera impresión de semejante maravilla. Solo Zeus parecía indiferente, ya que había estado allí en otra ocasión, y Poseidón observaba con calma, evaluando la geología del lugar.

Hades, sin embargo, no solo se maravilló, sino que comprendió algo más profundo. La geografía natural y las fortificaciones artificiales convertían aquel reino en una fortaleza inexpugnable. Entendió al instante por qué en la mitología ningún dios, excepto Poseidón, se atrevió a desafiar a Océano: para cualquiera ajeno al mar, atacar ese lugar sería imposible.

La ciudad estaba protegida no solo por sus muros, sino también por el lecho marino que la rodeaba, formando una cúpula defensiva natural que obligaba a cualquier enemigo a un ataque frontal por los pilares.

Y eso sin mencionar las miles, quizá cientos de miles, de firmas mágicas que Hades percibía en la ciudad. Aunque eran demasiadas para sentirlas con claridad, sus instintos de sensor le indicaban que al menos una quinta parte poseía el nivel de un dios menor.

Hades llegó a una conclusión: incluso si Kronos intentara atacar Thalassia, se vería obligado a retirarse. Después de todo, un elefante puede aplastar a una hormiga, pero miles de hormigas pueden devorar vivo al elefante.

El carruaje atravesó la barrera mágica que separaba la cúpula de aire del océano y se deslizó por un canal hasta detenerse en una estación de atraque.

Los dioses bajaron uno a uno.

Hestia salió primero, maravillada como una niña en su primer parque de diversiones. Hera se mostró más reservada, pero no pudo ocultar la emoción en su mirada. Tras ellas descendieron Hades, Poseidón y Deméter, mientras que Metis y Zeus se quedaron al final, disfrutando de las reacciones del grupo.

“¡Vaya!” exclamó Hestia estirándose. “Ese viaje se sintió eterno, casi me asfixio en ese espacio tan pequeño.”

Hades rodó los ojos y replicó.

“No seas exagerada, hermanita. El viaje duró unas horas a lo sumo.” Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. “Aunque claro… para los pitufos el tiempo fluye de manera diferente.”

Revolvió el cabello de Hestia con fuerza, haciendo que la cinta azul que lo sujetaba casi cayera y su peinado se desordenara.

Las venas se marcaron en la frente de la diosa.

“¡Bastardo! ¿Quieres pelear?” rugió, con chispas naranjas recorriendo su cuerpo.

Hades levantó una mano con gesto desafiante, invitándola a que se acercara.

El ambiente se volvió tenso, hasta que Metis intervino con voz conciliadora:

“Disculpen, pero creo que este no es ni el momento ni el lugar.

Los hermanos se miraron, y tras un breve silencio, se encogieron de hombros. Para ellos aquello era simple juego: él la provocaba, ella lo insultaba, fingían pelear y después seguían intercambiando burlas. Ninguno de los dos lo tomaba en serio, y por eso ni Hera, ni Deméter, ni Poseidón intervenían.

Metis, en cambio, lo malinterpretó como una disputa real.

“Muy bien” continuó la hija de Océano con una sonrisa. “Lo siguiente será llevarlos al palacio principal. Mi padre está ansioso por conocerlos.”

El grupo avanzó hacia una de las avenidas principales. El pavimento de piedra blanca brillaba bajo la luz de los cristales mágicos.

Hades, curioso, activó su Sharingan de tres tomoe. Observó cómo la energía mágica fluía a través de los cristales que iluminaban la ciudad, como si se tratara de una red eléctrica. El mismo flujo se dirigía hacia el castillo central y se hundía bajo tierra.

“Líneas ley…” murmuró en voz baja, fascinado.

El grupo continuó avanzando, y Hades no tardó en percibir la sorprendente diversidad de seres sobrenaturales que poblaban aquel lugar. Había ninfas de agua, espíritus líquidos que danzaban con gracia en la corriente, y también pequeños dioses de los ríos que irradiaban una presencia serena. Entre ellos distinguió a un grupo de mujeres aladas: harpías de plumaje brillante, que observaban con curiosidad el paso de los forasteros.

Más adelante, su atención se detuvo en varias sirenas invertidas, de la misma especie que Glaukos. Sin embargo, a diferencia de este último, aquellos ejemplares poseían escamas relucientes y cuerpos más humanoides, casi elegantes. El contraste lo hizo preguntarse si Glaukos pertenecía a una subespecie distinta… o si simplemente era feo.

Pronto se dio cuenta de que su propio grupo estaba atrayendo miradas por doquier, igual que la primera vez que había puesto pie en la isla de Creta.

Aunque no le molestaban las atenciones, Hades notó con incomodidad que, de manera consciente o no, la mayoría de los curiosos fijaban la vista en los cuernos que coronaban su cabeza. No eran muy largos, pero parecían ejercer un magnetismo inevitable. Lo hacía sentir como una criatura extraña exhibida en público. Finalmente, optó por ignorar las miradas y continuar el trayecto en silencio.

El recorrido los condujo hasta una extensa escalinata que se alzaba hacia el corazón del palacio, residencia del mismísimo Océano. Los escalones parecían interminables, como si quisieran poner a prueba la paciencia de quienes deseaban alcanzar la cima. Al fin, tras una larga ascensión, penetraron en el palacio principal, donde un grupo de guardias los aguardaba con solemnidad.

Hades notó enseguida que aquellos guardianes no eran simples soldados: todos ellos eran hermanos de Metis. En realidad, comprendió que gran parte de los habitantes de aquella ciudad submarina compartían la misma sangre. Y aunque al principio le pareció absurdo, la idea cobraba sentido si recordaba la descomunal descendencia de Océano y Tetis.

Después de todo, si Zeus era conocido como el semental del Olimpo, Océano bien podía ser llamado el gran caballo de mar: capaz de rivalizar (o incluso superar) a su sobrino en número de hijos, con la diferencia de que lo había logrado sin traicionar jamás a su esposa.

Tras aquella caminata agotadora, los hijos de Rea se encontraron finalmente frente a unas imponentes puertas de mármol. Detrás de ellas aguardaban sus desconocidos tíos, los vastos engendros de Océano y Tetis. Todos comprendieron que había llegado el momento de conocerlos.

No obstante, mientras la expectativa crecía, nadie advirtió que Hades se había deslizado silenciosamente lejos del grupo, con una sonrisa enigmática dibujada en los labios.

———–

El salón del trono estaba colmado de expectación. Océano y Tetis permanecían sentados en dos magníficos tronos de oro macizo. A diferencia del salón de Kronos, donde un trono descomunal imponía jerarquía sobre los demás, aquí reinaba cierta igualdad: los dos asientos eran casi idénticos, aunque el de Océano se alzaba unos centímetros más, lo justo para remarcar su estatus de Rey Dios.

A su alrededor se congregaban decenas de figuras ilustres: hijos y nietos del titán marino, todos expectantes por la inminente llegada de los vástagos de Rea. El ambiente estaba cargado de murmullos y reverencia, aunque la serenidad aparente escondía la tensión de Océano.

Tetis, notando la inquietud de su esposo, rozó con ternura su hombro.

“¿Estás nervioso amor?” susurró con dulzura.

El dios reprimió un suspiro. Desde el momento en que sus sobrinos habían puesto pie en la ciudad, había sentido su presencia. Y aunque todos eran notables, solo uno lo preocupaba de verdad: Hades. Había medido su poder semanas atrás, hallándolo comparable al de un titán. Pero ahora… ahora su aura resultaba abrumadora. Sin necesidad de verlo, podía asegurarlo: lo había superado.

Ese hecho lo molestaba y lo asustaba a la vez. No era odio lo que sentía, sino el instinto natural de un monarca que percibe una amenaza a su supremacía. Una parte de él quería expulsar aquella presencia peligrosa de su dominio. Otra, más racional, lo obligaba a reprimir ese impulso. Su deber era lo contrario: granjearse la confianza de esos sobrinos, en especial de Hades, cuyo potencial ya percibía como algo muy superior al de su padre Kronos.

Respiró hondo y recobró la compostura.

“No te preocupes, mi flor de coral. Estoy perfectamente” dijo con una sonrisa calculada. Luego miró hacia las puertas del palacio, sereno otra vez. “Prepárate, porque pronto estarán aquí.”

Tetis asintió, y su rostro se iluminó con entusiasmo.

“Es cierto, me emociona tanto conocer al fin a los hijos de la hermana Rea. He oído que sus hijas son hermosas, muero por verlas en persona”

Océano rió entre dientes.

“Solo procura no abrumarlos con tus atenciones. Están aquí para comprender su poder divino, no para ser asfixiados con mimos… aunque estoy seguro de que te adorarán”

En ese instante, las enormes puertas de mármol se abrieron con solemnidad. Seis figuras cruzaron el umbral guiadas por Metis: Zeus, Poseidón, Hestia, Hera y Deméter.

“Dios padre, diosa madre” saludó Metis con una reverencia.

“Metis” respondió Océano con voz grave.

-Adelante, niños, preséntense -indicó Tetis, su tono cálido como una caricia.

Zeus dio el primer paso, sonrisa carismática en el rostro.

-Saludos, tío y tía. Es un honor encontrarme ante los ilustres reyes del océano.

Océano asintió satisfecho, pero Tetis lo fulminó con la mirada y resopló molesta. Zeus se retiró en silencio, tragándose la incomodidad.

Poseidón fue el siguiente, su tono más mesurado:

-Es un placer hallarme en presencia de los reyes del océano. Espero que mi visita sea bien recibida.

De nuevo, Océano aprobó con un leve gesto. Luego, uno por uno, sus sobrinos fueron presentándose… hasta que llegó el turno de Hades. Y entonces, todos se percataron de su ausencia.

-¿El hermano mayor se fue? -preguntó Deméter, inquieta, girando la cabeza en todas direcciones.

-¿Qué…? -Hestia también buscaba con la mirada, confundida.

Poseidón frunció el ceño, temiendo que Hades estuviera a punto de causar un desastre en un salón repleto de dioses. Hera, por su parte, guardó silencio con el ceño fruncido: tenía un mal presentimiento.

Y como si los hados la escucharan, un estruendo rompió la solemnidad.

Desde los pasillos exteriores comenzó a sonar música: tambores retumbantes, trompetas agudas y flautas vibrantes llenaron el palacio. Al compás aparecieron varias figuras danzantes: muñecos de madera tallada, articulados con finas varillas negras, vestidos con atuendos exóticos al estilo de los bazares orientales. Llevaban turbantes coloridos, chalecos sin mangas, pantalones bombachos y zapatos dorados de punta curvada. Sus movimientos eran ágiles, casi acrobáticos, y algunos manipulaban espadas ornamentadas o lanzaban antorchas encendidas al aire, arrancando destellos de fuego en medio de la danza.

“¡Todos saluden al príncipe Habibbu! ¡Alabado sea el príncipe Habibbu!” -clamaban al unísono.

Entonces apareció un clon de Hades, disfrazado con ropajes indios, arrojando confeti de una canasta mientras detrás flotaban instrumentos tocados por una energía psicoquinética verde. La música estalló con fuerza, y la letra de la canción (pegadiza, e imposible de ignorar) resonó por todo el salón.

“Gloria al Príncipe Habibbu”

“Viva, el Príncipe Habibbu”

“Abran camino en el gran bazar”

“Hey tú, una estrella verán pasar”

“¿Quién es el primero que lo va a admirar?”

“Mira, viene ya, tambores tocar”

“Todos lo adorarán”

“Principe Habibbu, honor a ti”

“Habibbu de Ababua”

“Y a sus pies”

*Póstrense bien”

“Quédense ahí”

“Felices admirarán”

“Con respetuoso Salaam”

“Su séquito es sensacional, sin mentir”

Finalmente, lo imposible ocurrió: un colosal elefante hecho de sombras emergió por las puertas, adornado con un howdah cubierto de cintas y flores. Sobre él, sentado con solemne fingimiento, estaba Hades.

Su piel estaba pintada de azul, las mejillas marcadas con franjas rojas. En la cabeza lucía un turbante desmesurado; sobre el torso, una camiseta musculosa falsa bajo una túnica blanca de mangas abullonadas, fajín dorado y pantalones amarillos. Una capa con bordados dorados caía desde sus hombros, y en los pies calzaba zapatos puntiagudos exageradamente grandes. Como toque final, llevaba unos dientes postizos de conejo que hacían contraste con su gesto solemne.

Con un brazo saludaba al público, con el otro arrojaba semillas al aire como si fueran bendiciones rituales en un ritual absurdo.

La escena era tan absurda, tan surrealista, que nadie atinó a interrumpirla. De hecho, algunos comenzaron a mover la cabeza al ritmo de la canción.

El salón del trono entero quedó paralizado. Los dioses, ninfas y herederos de Océano no sabían si debían horrorizase, reír o simplemente aplaudir.

Los muñecos de madera vestidos con atuendos estrafalarios -pantalones bombachos de colores vivos, turbantes desproporcionados, chalecos sin mangas repletos de lentejuelas y zapatos puntiagudos que curvaban hacia arriba- comenzaron a dar saltos acrobáticos. Algunos lanzaban antorchas en el aire, otros hacían malabares con espadas decoradas, mientras sus pasos seguían el estruendo de tambores y trompetas flotantes.

De pronto, la música cambió a un ritmo aún más alegre y pegajoso, y los muñecos alzaron sus “voces” al unísono:

Coro de muñecos

🎶 ¡He aquí llega Habibbu, el príncipe singular!

Con dientes de conejo y su elefante espectral.

Trae confeti, trae semillas, trae locura sin igual,

¡aplaudan fuerte al príncipe, el rey del carnaval! 🎶

Los clones de Hades aparecieron dando saltos, girando sobre sí mismos y repitiendo con un entusiasmo ridículo:

🎶 Habibbu, Habibbu, oh señor del disfraz,

Con turbante gigante y zapatos de más.

De los mares hasta el cielo, nadie puede igualar,

Al príncipe Habibbu, ¡qué estilo al caminar! 🎶

El eco de la música y las voces de sus clones retumbaban por todo el salón, y lo más sorprendente era que, a pesar de lo ridículo, la tonada era tan contagiosa que algunos asistentes movían la cabeza al ritmo sin darse cuenta.

Océano, en su trono, no sabía si indignarse o replantearse toda su estrategia diplomática.

Tetis, en cambio, ya no contenía la risa: su rostro iluminado por una carcajada sincera.

Entre los hermanos de Hades reinaba la incredulidad. Poseidón se cubría el rostro de la vergüenza, preguntándose cómo podía su hermano mayor ridiculizarse sin el menor pudor.

Zeus hervía de frustración: ¿ese era el hombre al que temía, el que siempre lo había eclipsado? ¿Un bufón? Metis estaba atónita: ¡Hades se había separado del grupo apenas un par de minutos! ¿Cómo había tenido tiempo para organizar algo así?

Deméter y Hestia lloraban de risa, abrazándose el vientre para no convulsionar. Hera intentaba mantener la compostura, pero en sus labios temblaba una sonrisa indomable.

Hades, erguido sobre su elefante de sombras, parecía disfrutar cada segundo del caos que había desatado. Su sonrisa se ensanchó todavía más cuando el sistema resonó en su mente:

[Ding, felicidades al anfitrión por recibir: cupón plateado x2]

El espectáculo, absurdo y glorioso a partes iguales, había llegado a su punto culminante.

🎶”Príncipe Habibbu honor a ti, Habibbu Ababua”🎶

🎶”Y a sus pies postrense bien, quedense ahí”🎶

(Oh-oh-oh)

🎶”Felices admiraran, con respetuoso Salaam, su séquito es sensacional, sin mentir, Príncipe Habibbu Íreinas aquí, Habibbu Ababua”🎶

“Es más fuerte que diez hombres del visir, ha-ha-ha”🎶

🎶”Las hordas enfrentara, a más de cien vencerá, ¿Quién a esos tontos mandó?”🎶

🎶”¡Fue el príncipe Habibbu!”🎶

.

.

.

Fin del capítulo.

( 19,200 palabras)

——————————————————————

✦ Nota del autor ✦

¡Hola a todos!

Antes que nada, quiero darles las gracias por leer mi historia. 🙏

Me alegra muchísimo ver el apoyo que le han dado, aunque también tengo que darles una pequeña noticia: probablemente ya no pueda actualizar con la misma frecuencia que al inicio.

En aquel tiempo estaba de vacaciones, lo que me daba la libertad de escribir y buscar información con calma, pero ahora, hasta que lleguen nuevamente las vacaciones, no podré darme ese lujo. Aun así, no quiero dejar abandonada la historia, así que intentaré organizarme: en lugar de publicar varios capítulos cortos en la semana, me dedicaré una o dos horas diarias a escribir partes del capítulo, para luego traerles un capítulo largo cada una o dos semanas.

Dicho esto, quisiera hacerles una pregunta importante:

¿Prefieren que en los próximos capítulos Hades explore el mar 🌊 o que inicie ya el arco del mundo shinobi?

La razón de la pregunta es que ambos arcos ya están planeados, pero el orden en que se desarrollen cambiará por completo el rumbo de la historia.

Además, quería comentarles que me tomé el tiempo de investigar mejor el sistema de poder y los rangos dentro del universo de High School DxD. Sé que antes les había mostrado una escala de poder personal que, a mi parecer, tenía cierta lógica; sin embargo, esa primera versión solo reflejaba el estado actual del mundo del protagonista, sin tener en cuenta el estándar de poder de todas las razas.

Por eso, elaboré algunos prototipos de escalas de poder, y una de ellas fue esta:

—

✦ Clasificación de Poder – Sistema ✦

[ CÚSPIDE ABSOLUTA ]

───────────────────────────

Ophis (Dragona del Infinito)

Great Red (Dragón de los Sueños)

Trihexa (Bestia del Apocalipsis)

Dios bíblico (el Dios abrahámico en su mejor momento)

Líderes Evies (los líderes de la raza de los dioses mecánicos malvados de ExE)

Líderes Etouldes (Los pilares de los dioses espirituales de ExE)

[ CLASE DRAGÓN ]

───────────────────────────

Nivel: Planetario / sin límite definido

Encarnaciones puras de poder.

Resistentes incluso a dominios divinos.

Capaces de devorar planetas enteros.

Ejemplos: Crom Cruach, Dragones Celestiales, Tifón, Hades, Shiva, Ajuka, Sirzechs, lugh, Thor, Amun-Ra

[ CLASE DIOS ]

───────────────────────────

Nivel: Continental (50,000 – 95,000)

Control sobre leyes naturales.

Creación de mundos de bolsillo.

Inmortalidad relativa (chispa divina).

Ejemplos: Zeus, Poseidón, Amaterasu, Odín, Indra, Susanoo, Quetzalcóatl, Atum

[ SEMI-DIOS / SANTO ]

───────────────────────────

Nivel: Nacional – Subcontinental

Bendecidos con chispas divinas menores.

Capaces de manipular milagros limitados.

Líderes de ejércitos sobrenaturales.

Ejemplos: héroes legendarios, altos ángeles, campeones de panteones.

[ CLASE REY DEMONIO ]

───────────────────────────

Nivel: Nacional (15,000 – 30,000)

Magia de alto nivel capaz de arrasar naciones.

Control sobre legiones infernales.

Ejemplos: reyes demonio menores, generales del inframundo.

[ CLASE REY ]

───────────────────────────

Nivel: Ciudad – Nación (5,000 – 15,000)

Guerreros y magos de élite.

Líderes de clanes y facciones.

Ejemplos: campeones valerosos, yokais mayores.

[ CLASE HÉROE ]

───────────────────────────

Nivel: Ciudad (1,000 – 5,000)

Individuos capaces de decidir el curso de guerras.

Dominio de técnicas únicas y armas divinas.

Ejemplos: espadachines legendarios, semidioses menores.

[ CLASE GUERRERO ]

───────────────────────────

Nivel: Ciudad pequeña – Ciudad (100 – 1,000)

Soldados de élite, capitanes, magos avanzados.

Capaces de superar a decenas de humanos comunes.

Ejemplos: caballeros sagrados, brujos experimentados.

[ CLASE HUMANO ]

───────────────────────────

Nivel: 1 – 100

La base. Individuos sin poder sobrenatural relevante.

Ejemplos: humanos normales, soldados, civiles.

—

Sin embargo, me di cuenta de que incluso esta escala no refleja del todo la naturaleza del mundo de DxD. Allí, incluso seres de rangos bajos pueden derrotar a entidades más fuertes si las condiciones son favorables.

Un ejemplo es Fenrir, quien, pese a clasificarse en la Clase Suprema, es capaz de asesinar a dioses gracias al veneno que porta.

Otro ejemplo es Vali Lucifer, que logró derrotar a Kokabiel en apenas dos movimientos gracias a su habilidad Divide. Algunos lo subestiman, pero si se analiza bien, ese ángel caído es casi equivalente a un demonio de nivel Maou, es decir, al menos diez veces más poderoso que un demonio de clase alta cuando alcanza el cénit de su fuerza.

—

✦ Estado actual del protagonista ✦

[Estado]

Nombre: Hades

Raza: Dios griego / Aithyropoioi – Titán Primigenio / Colossus Sapien Arcana

Títulos: Dios del Inframundo – Dios del Agua – Titán

Nivel de potencia: 57.308

STR: 2.675

DES: 2.000

VIT: 9.006

MAG: 53.915

CHA: 45

KRA: 140.100

Puntos: 95

Actualmente, Hades se encuentra en la parte inferior de la Clase Dios, al menos en su forma base y sin recurrir a poderes externos o artefactos adicionales. Es decir, no cuenta con ventajas como el Modo Sabio, la lanza divina Gungnir de Odín, ni otros recursos de ese estilo.

En una época donde los dioses aún no han explotado al máximo el poder de la fe, podría considerarse una existencia imponente, pero aún así existen numerosos seres capaces de derrotarlo, como los primordiales o los dragones ancestrales.

En cuanto a lo que podría alcanzar en el futuro, basta con mirar el ejemplo de los dioses hinduistas. En el mundo de DxD, son de los más venerados después del dios bíblico, y se les teme justamente porque cuatro de sus deidades se encuentran en el Top 10 de las existencias más poderosas de todo el Dragon x Deus. Partiendo de la base actual, Hades podría llegar a ese nivel… o incluso superarlo, si logra aprovechar todo el tiempo que resta antes de la era de las religiones.

—

Eso sería todo por ahora.

¡Déjenme su opinión en los comentarios y no olviden dejar su voto! ⭐

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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