Un mundo: Empezando desde cero en un mundo desconocido - Capítulo 4
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4: El despertar 4: El despertar Inorl estaba de pie frente al par de aventureros disfrazados de susurradores.
Él dudó un momento pero decidió ignorar sus pensamientos.
—¿Qué ocurre?
Estaba ocupado.—Siseo Hiroki dio un paso hacia adelante y habló en un tono serio —Señor ¿Por casualidad no ha venido alguien con una elfa?—Lo miró fijamente El noble trató de recordar.
A diario le llegaban decenas de esclavos y no lograba recordar como son, Pero comenzó a sospechar de ellos.
—¿Por qué quieren saberlo?—Entrecierra los ojos—¿Acaso le pasó algo?
Por qué si dañan mi mercancía, Les haré pagar.—Les hizo señas a algunos susurradores.
Varios susurradores se acercaron cuando Inorl les llamó, No confiaba en el par que tenía en frente.
—Solo queremos comprobar la mercancía, Señor amo.—Hablo Reina con voz monótona.
El noble pensó que había escuchado esa voz en algún lugar, Pero decidió ignorar por ahora, Empezó a hablar con una voz baja y grave.
—No confío en ustedes, Pero les dejaré ir al pasillo de esclavos.
Los acompañarán varios de mis hombres ¿Les quedó claro?— Hiroki y Reina asintieron, Mientras que cuatro susurradores de Rango D y C los seguían.
Siguieron caminando hasta bajar a un pasillo oscuro y silencioso.
Habían muchas celdas en las cuales habían varias personas de dientes razas.
Hiroki miró a los alrededores, Tratando de buscar a Lyra, Pero los elfos que habían eran otros.
Un zooni perro que estaba sentado miró hacia ellos.
Se acercó a las rejas con desesperación.
—Por favor…
No puedo soportar más este sufrimiento…
woof.—ladró débilmente.
Hiroki lo miró pero no se detuvo.
Uno de los susurradores pateó la reja y le grito.
—¡Deja de estarte quejando!
Alégrate que el amo es piadoso con ustedes.
Otros nobles maltratan a sus esclavos y los matan como hormigas.—Se incorporó—Pero eso no significa que el amo no pueda hacerlo…
Si te vuelves un rebelde, Solo te espera la muerte…—Se aleja riendo.
El zooni perro se quedó de rodillas sobre el suelo, Llorando en voz baja.
Hiroki sintió un nudo en la garganta.
Todo lo que veía era nuevo para él.
Ver demasiado sufrimiento solo lo enfurecía más, Pero Reina le dio una suave palmada en el hombro para calmarlo.
—Resiste, Hiroki.
Sé que esto es nuevo para ti, Pero tienes que resistir ¿De acuerdo?— Él asintió en silencio, Tratando de guardarse esa ira.
Más adelante, Llegaron al fondo del pasillo.
El lugar en donde están los nuevos esclavos.
Hiroki miró a los alrededores, Pero solo miraba a otros elfos, zoonis, demonios y humanos.
—No está aquí…
¿Donde estará?
Estaba desesperado al no encontrar a su compañera, Pero luego escuchó una voz conocida.
—¿Hiroki…?
¿Eres tú?—una débil voz venia de una celda.
Hiroki se acercó a la celda, Y vio a una elfa.
No era Lyra, Pero era la niña elfa de la aldea.
—¿Qué?
Oye ¿Por que estas aquí?
Hiroki estaba preocupado por la pequeña y por la aldea.
La niña levantó su rostro maltratado y habló nuevamente.
—Me atraparon…
Intenté seguirlos cuando salieron de la aldea, Pero los perdí de vista en la frontera de Aerthos.
No sabía adonde ir y unos hombres con túnicas negras me dijeron que me llevarían hacia ti, Pero me mintieron y me trajeron hasta acá.
He estado aquí desde hace tres semanas.—Baja su rostro mientras solloza.—Ayúdame, Héroe.— Hiroki estaba más que enojado.
No podía aceptar que le hicieran eso a una niña indefensa.
Se acercó a ella y le susurró.
—Voy a ayudarte, Pero dime si Lyra ha llegado aquí.—preguntó con preocupación La niña abre los ojos, mirando a Hiroki antes de llorar.
—Ella está aquí.
Vino hace varios días.
Unos hombres la golpeaban al igual que mí.
No podía hacer nada por que este lugar está cubierto con escudo de maná.— Hiroki pensó un poco.
No sabía que era el escudo de maná, Pero lo principal era saber dónde estaba Lyra y rescatarla junto a la niña.
—¿Como es ese escudo de maná?—Preguntó.
—El escudo de maná es una barrera que anula la magia de quien esté dentro de ella, es básicamente una prisión para magos, Por eso Lyra no pudo hacer nada contra esos hombres.—Cubre sus ojos con sus brazos—Son demasiado crueles.— Los susurradores escucharon a la niña llorando.
Se acercaron para golpearla, Pero Hiroki los detuvo con la palma.
—Dejen que yo me encargue…—Se dirige a la niña—¿Sabes donde está Lyra?— La pequeña elfa asiente, Confiando en él.
—Ella está en otra celda, Afuera de aquí.
El noble dijo que la matarían por que se resistió ante él.
Hiroki, Por favor haz algo.
Sino haces nada, La van a matar.—Lo mira con lágrimas.
Hiroki se incorpora y la mira a los ojos con una leve sonrisa.
—Las ayudaré a ambas, Se los prometo.— Los susurradores finalmente comprendieron el plan de él.
Sacaron sus espadas y sus báculos para enfrentarlo.
Hiroki se dio la vuelta para mirarlos fijamente, Sonrió con miedo y emoción.
—Hasta que por fin se dieron cuenta…—Se quita la túnica—Tardaron demasiado.— —¿Así que ustedes mataron a mis compañeros?
¡Voy a vengarme!—Gritó uno de ellos.
Reina sacó su arco y les apuntó.
—¡”La presión se vuelve un golpe seco, un corte invisible y…—Se detiene al ver a uno de los susurradores yendo a atacarla.
Pero Hiroki lo detiene con un Punctura.
—¡Puedes continuar!—Gritó él.
Reina asiente.
—¡”La presión se vuelve un golpe seco, un corte invisible y preciso que no perdona.
Fractura Ventus.”!—La flecha es disparada pero con una velocidad abrumadora.
La flecha atravesó a uno de los susurradores y a la vez le hace varias heridas cerca del impacto.
La flecha continuó y le dio al otro susurrador, Provocando el mismo efecto del corte.
El susurrador restante miró a los dos antes de hablar con arrogancia.
—Vaya, Esto se ha vuelto emocionante.
¡Veamos que tienen ustedes contra mí!— Reina gruñó al reconocerlo.
Hiroki ni siquiera prestaba atención.
—Te voy a vencer a como de lugar ¿Me escuchaste?—Dijo él.
Reina preparó su arco, Hiroki su espada.
Estaban apunto de enfrentarse a un rango B.
—”El aliento frío del invierno toca el acero de mi espada.
¡Espada gelida!”— La espada comienza a cubrirse de escarcha hasta volverse una espada de hielo.
Él sintió una leve sensación de cansancio al usar el conjuro, ya había hecho dos conjuros repetidos, Pero podía seguir de pie.
Reina lo miró con impresión.
Nunca había escuchado ese conjuro en el grimoire de aethel.
—¿Es algún tipo de conjuro inventado?—Preguntó con curiosidad.
—Lo hice.
Tú lo hiciste con la flecha—Sonrió.
—Pero fue diferente…—Tenia un poco de envidia al ver que él tenía su propio conjuro.
El susurrador se desesperó y gritó.
—¿¡Qué tanto están parloteando!?
¿¡Acaso no van a pelear!—Golpeó el suelo con una tremenda fuerza, Pero eso provocó que se rompiera el piso y cayera hacia abajo.—¡Maldición!
¡Olvidé que había una cueva…!—Se escuchó un pof seco en el agujero de la cueva.
Hiroki y Reina estaban desconcertados.
—Fue suerte…—Dijo Hiroki.
—O ese tipo era un estúpido.—Respondió Reina.
Hiroki se acercó a las celdas de los esclavos y las abrió una por una usando su magia de hielo para crear llaves.
Cada uno de ellos, humanos, zoonis, elfos, ogros, onis y muchas más razas, salieron de las celdas, Incluyendo la niña elfa.
—Gracias, Sabía que me ayudarían.
Woof.—Dijo el zooni perro.
—No sé quién eres pero te debo la vida por esto—Dijo un gran ogro.
—Es una bendición.
Una gran bendición.—Hablo una mujer demonio.
Casi todos estaban expresando su gratitud a él.
—Aún no me den las gracias.
Seguimos en esta isla.—Dijo él con seriedad.
—Es cierto, Tenemos que salir de aquí, Héroe.—Le respondió la niña elfa.
Cada uno empezaron a salir del pasillo de las celdas, Pero rápidamente fueron descubiertos por decenas de susurradores, Rango C en mayoría.
—¿Creyeron que se escaparían?
¡Llamaremos al amo para que los ejecute!— Hiroki salió del pasillo hacia el exterior y vio las cantidades de susurradores.
Él aire se puso tenso en el lugar.
Nadie hablaba y nadie se movía.
La mujer demonio estaba paralizada, Temía de que la mataran.
Reina tomó su arco, Preparándose por sí inicia una batalla.
Todos estaban esperando a quien iniciará el ataque.
Uno de los susurradores desenvaina su espada y se lanzó hacia el grupo de esclavos.
Cuando todos se habían dado cuenta, La cabeza de un ogro estaba rodando por el suelo.
El susurrador era alguien hábil, Un rango B especializado en la Magia de viento.
Hiroki intento ver al susurrador, Pero era demasiado rápido.
Varios cuerpos caían al suelo, Otros eran cortados a la mitad.
Reina le disparó una flecha, Pero fue desviada por la espada del susurrador.
El susurrador apareció detrás de ella con una rapidez inhumana, Le susurró con una voz grave.
—Sé que eres tú, Reina.
¿Acaso crees que me puedes engañar?—presiona el filo de su espada en el cuello de ella.
Reina abrió los ojos con miedo, Aterrada por la velocidad del susurrador.
No sabía que hacer y solo se limitaba a quedar quieta.
Hiroki observa la escena con pánico, Estaba entre tomar su espada y pelear o huir de la isla.
La niña elfa se pegó a él con temor, Sollozando del miedo.
—¿No vas a decir nada…?
Entonces voy a matarte.—Estaba apunto de contarle el cuello, Pero sus sentidos se abrieron al ver un pico de hielo volar hacia él.
Lo esquiva al último momento, El hielo rozando su capucha.
Hiroki tenía su mano extendida hacia él.
Su mirada estaba entre el miedo y la rabia.
—Sueltala…
Ahora…—Dijo con seriedad.
El susurrador miró a Hiroki, Pero no alejo su espada del cuello de Reina.
—¿Por qué soltaría a esta débil escoria?
Solo es un estorbo para existir.
Mejor debería matarla—Sonríe—De todas formas, El amo la ejecutará.— La espada le hizo un leve corte a Reina, Haciendo que sangraba un poco.
El resto de fugitivos y susurradores seguían sin moverse.
Hiroki estaba aterrado por el rango del susurrador con solo ver su placa roja.
El susurrador presionó más la espada contra el cuello de Reina.
Un hilo rojo cayó por su piel.
—No te muevas, princesa traidora…—escupió él.
Reina apretó los dientes.
Estaba temblando, pero su mirada cambió: ya no era miedo… era resignación amarga.
Hiroki la miró, confundido.
—¿Princesa…?
—murmuró él.
Pero el susurrador siguió hablando, sin darle tiempo a responder.
—La hija adoptiva del amo… La pequeña asesina que entrenó para ser su mano derecha… ¿De verdad creíste que no notaría tu voz detrás de esa máscara mediocre?— Reina apretó los puños.
Ya no podía seguir callando.
Su voz tembló, pero habló fuerte.
—Es cierto… Yo fui parte de ellos… Yo serví a Inorl.
Lo obedecí durante años… —sus labios se apretaron—.
Pero nunca más volveré a ser una herramienta de ese monstruo.— Los esclavos a su alrededor quedaron estupefactos.
El susurrador rio con crueldad.
—Qué discurso tan bonito.
Lástima que morirá contigo.— Empujó a Reina al suelo y se preparó para rematarla.
—¡No!
—gritó Hiroki mientras un aura helada envolvía su brazo—.
¡No te voy a dejar!— Hiroki lanzó un Punctura directo a la cara del susurrador, pero el enemigo se desvaneció como una ráfaga de viento.
Reapareció al costado del joven, dándole una patada en las costillas que lo hizo caer.
—Eres rápido para un niño… pero sigues siendo un insecto.— Los fugitivos comenzaron a retroceder.
El susurrador rango B era demasiado rápido.
Demasiado preciso.
Demasiado mortal.
—¡No se muevan!
—rugió el enemigo mientras conjuraba—.
Gladius Ventus.— Una cuchilla invisible atravesó el suelo, abriendo un corte desde las piedras hasta los pies de un demonio, quien cayó de rodillas gritando.
El caos estalló.
Los otros susurradores, decenas de ellos, cargaron con espadas, báculos y dagas.
Los esclavos, débiles y maltratados, intentaban defenderse con piedras, cadenas rotas y cualquier cosa que encontraran.
La mujer demonio lanzó un grito y conjuró llamas débiles con las manos, pero fue derribada por un impacto de viento.
Un ogro cargó contra tres susurradores, aplastando a uno, pero una ráfaga de Fractura Ventus le abrió el torso por completo.
Reina se puso de pie tambaleando, todavía sangrando del cuello.
—Hiroki… —lo llamó con desesperación—.
¡Levántate!— El joven apretó los dientes y se incorporó.
Su espada de hielo brilló con un tono más profundo, más frío.
—Si no luchamos… todos morirán —murmuró.
El rango B rio al ver la determinación en sus ojos.
—Vengan entonces.
Muéstrenme qué pueden hacer, juguetes rotos.— Reina tensó su arco.
Las flechas comenzaron a materializarse una tras otra.
—”La presión se vuelve un filo que atraviesa el aire… Corte Centelleante” —susurró.
Disparó.
El susurrador esquivó… pero la flecha cambió de dirección en el aire.
Él abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué…?
—Conjuré dos capas de presión.
Esa flecha no sigue el viento… sigue tu respiración —respondió Reina.
La flecha rozó su mejilla, arrancando parte de su máscara.
El susurrador perdió la compostura.
—¡Maldita…!— Se lanzó sobre ella, pero Hiroki se interpuso.
Su espada chocó contra la del enemigo, el impacto liberando una onda de aire congelado.
El susurrador retrocedió un instante y Hiroki aprovechó.
—¡Murus!
—Reina gritó, levantando una barrera de viento débil alrededor de los fugitivos para protegerlos.
El susurrador rango B arrasó la barrera en un segundo.
Pero ese segundo les dio tiempo a varios esclavos de lanzarse contra los guardias restantes.
La batalla se volvió un desastre brutal: Gritos, magia, sangre, cuerpos cayendo… Mientras tanto Hiroki y el susurrador intercambiaban golpes vertiginosos.
—Tú no eres un mago de hielo común… —gruñó el susurrador—.
¿Qué demonios eres?— Hiroki no respondió.
Su espada brilló.
—Frigus.— Una ráfaga paralizante salió disparada contra el susurrador, congelándole el brazo por un instante.
El enemigo lo rompió de un golpe, pero su velocidad disminuyó.
Hiroki vio su oportunidad.
—¡Espada gélida!
—su arma brilló como una estrella azulada.
El susurrador apretó los dientes.
—¡Basta de juegos!— Elevó ambos brazos.
—Vortex Ventus.— Un remolino gigantesco se formó.
Todo fue arrastrado: polvo, piedras, cuerpos, incluso fugitivos que gritaban mientras eran succionados.
Reina fue levantada del suelo.
—¡No… no puedo—!
¡Hiroki!— El joven clavó su espada en el piso para no volar.
Pero todo quedó en silencio de pronto.
El viento se detuvo de golpe.
El susurrador rango B miró alrededor confundido.
Y entonces sintieron la presencia.
Una presión imponente cayó como una montaña sobre todos.
Incluso el aire pareció endurecerse.
Los susurradores se arrodillaron automáticamente.
—¡Amo Inorl!— Hiroki dio un paso atrás.
Cada fibra de su cuerpo temblaba.
Un hombre descendía lentamente las escaleras, caminando sin prisa entre los cuerpos.
Su rostro estaba cubierto por una máscara dorada, y un libro flotaba a su lado, abriéndose solo.
Su voz, fría y calmada, resonó.
—Así que mis mascotas decidieron rebelarse…— La niña elfa cayó de rodillas del miedo.
—E-ese… ese es…— Reina apretó los dientes con dolor y odio.
—Hiroki… cuidado… él no es un noble cualquiera…— Hiroki trago saliva.
—¿Qué rango tiene?— Reina lo miró, pálida.
—Rango… A.
Mago de combate especializado en tres escuelas.
No podemos ganarle…— Inorl levantó un dedo.
El aire vibró.
—Tempus Ventus —susurró.
Y el tiempo alrededor de Hiroki se ralentizó a la mitad.
El joven apenas podía mover la cabeza.
Inorl se acercó a él, caminando sin esfuerzo, mientras todo alrededor parecía congelado.
—Interesante… Tú no eres de este mundo, ¿verdad?— Los ojos de Hiroki se abrieron de par en par.
Inorl levantó la mano.
—Te enseñaré una lección por atreverte a tocar lo que es mío.— Su palma brilló con un aura blanca y azul.
—Sclopetum Maximum Ventus.— Y disparó un proyectil de viento devastador directo al pecho de Hiroki.
El impacto del hechizo Sclopetum Maximum Ventus atravesó el pecho de Hiroki con una violencia tan absoluta que el aire explotó alrededor de él.
Su cuerpo fue arrojado hacia atrás como una muñeca rota, estrellándose contra el muro de piedra.
Un crujido húmedo y espantoso marcó el momento exacto en que varias costillas se quebraron.
El mundo pareció congelarse.
Reina dejó escapar un grito ahogado.
La niña elfa cayó de rodillas, temblando, con los ojos completamente en blanco del shock.
Los fugitivos, agotados y heridos, observaron al joven caer al suelo.
Hiroki no se movía.
Un charco oscuro se extendía bajo su cuerpo, creciendo… Lento… Implacable… —No… —susurró Reina, incapaz de respirar.
Inorl bajó la mano lentamente.
Su máscara dorada no mostraba emoción alguna; su aura permanecía fría, incluso aburrida.
—Demasiado frágil —murmuró—.
La sangre de otro mundo no compensa la falta de disciplina.— Los susurradores a su alrededor guardaron silencio.
Incluso ellos parecían sorprendidos por la facilidad con la que el joven había sido destruido.
Reina tropezó al intentar correr hacia él.
—¡HIROKI!
¡HIROKI, DESPIERTA!
¡NO!
¡NO TE ATREVAS A—!
Una mano invisible la golpeó contra el suelo con brutalidad.
Inorl ni siquiera la miró.
—No interrumpas.
Estoy confirmando condiciones.— Se acercó al cuerpo del joven, su libro flotando a su lado, pasando las páginas sin que él lo tocara.
—Sangre… completamente mezclada con maná… No es híbrido.
No es demonio.
No es elfo.
No es humano… —La voz se volvió más seria—.
¿Qué eres?— Hiroki no respondió.
Su cuerpo estaba inmóvil, su pecho hundido, su respiración inexistente.
Reina volvió a gritar, con la garganta quebrada: —¡¡¡SUÉLTALO!!!
¡¡NO TE ACERQUES A ÉL!!— Inorl se detuvo un instante.
Miró a la joven de cabello marrón que lloraba sin control.
—Impresionante —dijo con indiferencia—.
¿Aún te importa un pedazo de carne muerto?— El suelo bajo Hiroki se tiñó más oscuro.
Sangre espesa.
Coágulos.
Fragmentos.
Todo se resumía en un hecho simple: Hiroki había muerto.
— Los esclavos comenzaron a retroceder con horror.
La niña elfa, con la voz quebrada, murmuró: —P-por favor… que sea un sueño… Por favor…— Pero no lo era.
Sus manos temblorosas se cubrían la boca al ver la escena: el pecho del joven estaba hundido, atravesado; parte de su hombro había sido arrancado; su brazo derecho colgaba dislocado.
Reina estaba mordiéndose los labios hasta sangrar, golpeando la barrera de viento que la mantenía en el suelo.
—¡Hiroki… Hiroki…!
—sus lágrimas caían sin control, ensuciando su máscara—.
¡Ayúdame!
¡Por favor!
¡Solo una vez… por favor…!— Inorl se acercó al cadáver.
—Nada fuera de lo común.
Un cuerpo vacío y roto —concluyó.
Extendió la mano hacia Hiroki, generando un círculo mágico bajo él.
—Destruiré los restos.
No permitiremos que este fenómeno se repita.
Habrá que analizarlo más tarde.— Reina sintió cómo algo dentro de ella se quebraba por completo.
—¡NO TOQUES SU CUERPO, MALDITO!
—gritó con violencia.
Inorl la ignoró por completo.
La niña elfa intentó levantarse.
Sus pequeñas piernas cedieron.
Ella también lloraba.
—Hiroki… Hiroki, no me dejes sola… —sollozó, temblando—.
Dijiste que todos estaríamos bien…— Sus palabras resonaron entre los cuerpos y los escombros.
Pero Hiroki ya no estaba allí para oírlas.
— Mientras Inorl preparaba un hechizo para desintegrar el cadáver, los fugitivos comenzaron a gritar desesperados.
Algunos intentaron huir.
Otros tiraron piedras inútiles.
Un ogro cargó hacia Inorl para detenerlo, solo para ser cortado por una espada de viento antes de dar un solo paso.
Reina golpeaba la barrera una y otra vez, lastimándose los dedos, rompiéndose las uñas, pero no podía liberarse.
—¡ÉL NO MERECE MORIR ASÍ!
¡¡NO ASÍ!!
—rugió, empapada en lágrimas.
El susurrador rango B, todavía herido por Hiroki, sonrió con crueldad.
—¿Qué esperabas?
Ese tonto se metió donde no debía… —dijo—.
Pensó que podía enfrentarnos.— Reina gritó algo ininteligible y trató de disparar su arco, pero Inorl simplemente levantó un dedo y deshizo la flecha en el aire.
—Tu llanto es molesto —musitó.
Reina quedó en silencio, derrotada.
Los esclavos que aún estaban de pie se arrodillaron, temblando, sabiendo que su destino estaba sellado.
La niña elfa se arrastró hasta el cuerpo sin vida de Hiroki, tocando su mano fría.
—Por favor… vuelve… —susurró con una voz que apenas existía—.
No nos dejes…— Todo estaba perdido.
— Inorl alzó la mano.
—Que tu cuerpo retorne al polvo —declaró, activando el hechizo—.
Y que tu existencia no deje rastro en este mundo.— El círculo mágico bajo Hiroki comenzó a girar, consumiendo lentamente el cadáver.
Reina gritó con un dolor desgarrador.
La niña elfa se cubrió la boca, llorando en silencio, negando con la cabeza una y otra vez.
Los esclavos bajaron la mirada, resignados a la muerte.
Todo estaba decidido.
Hiroki ya no respiraba.
Su cuerpo se desmoronaba poco a poco.
Su sangre se evaporaba.
Y así, ante los ojos de todos… Hiroki murió.
Verdaderamente murió.
— Pero entonces… El aire vibró.
No fue magia de viento.
No fue un hechizo.
No fue Inorl.
Fue algo más profundo.
Algo que no pertenecía a este mundo.
Algo que dormía en silencio desde el día en que Hiroki llegó.
El círculo mágico de Inorl se detuvo.
El cadáver… brilló.
Al principio, fue apenas una chispa azul, débil, como una gota de luz.
Pero esa chispa creció.
Y creció.
La sangre del suelo comenzó a moverse contra toda lógica física, deslizándose hacia el cuerpo.
Fragmentos diminutos de hueso se elevaron.
Partes rotas comenzaron a brillar.
Los ojos de Inorl se abrieron detrás de su máscara.
—…¿Qué…?
—susurró por primera vez con verdadera sorpresa.
La niña elfa jadeó.
Reina dejó de llorar.
—Hiroki… —dijo con un hilo de voz.
El cadáver comenzó a fracturarse en polvo brillante, levantándose como cenizas azules en el aire.
Todo el brillo comenzó a girar alrededor del punto donde él había caído.
Un remolino de luz azul, suave y profunda, como fuego que no quema.
Un símbolo desconocido apareció bajo los restos: un círculo que ningún mago había visto jamás.
Los susurradores retrocedieron con terror.
Inorl, por primera vez en toda su vida, no sabía qué estaba viendo.
—Esto… —murmuró con voz temblorosa—.
Esto no es magia…— La luz azul tomó forma humana.
Reina se levantó del suelo, completamente atónita, lágrimas corriendo por sus mejillas.
El polvo celeste se juntó lentamente… Reformando músculo.
Piel.
Estructura.
Presencia.
La niña elfa extendió su pequeña mano, temblando.
—H-Hiroki… ¿Eres tú…?— Una figura transparente, luminosa, de tono azulado, emergió del centro de la luz, respirando profundamente por primera vez.
El corazón de Hiroki latió.
Una chispa azul recorrió su cuerpo.
Sus ojos se abrieron bruscamente… Y el mundo entero se estremeció.
CONTINUARÁ…
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