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Un mundo: Empezando desde cero en un mundo desconocido - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 El poder y la historia
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6: El poder y la historia 6: El poder y la historia Ubicación: El Muelle Principal, Puerto velado, Archipiélago Shadownet.

El hedor a pescado muerto, ron barato y miedo era el aire que se respiraba en el Archipiélago Shadownet.

El barco atracó sin ceremonia en un muelle de madera desgastada, rodeado de embarcaciones más grandes y más siniestras, decoradas con banderas piratas y emblemas de contrabando.

Hiroki, Reina, Lyra y la pequeña Saila desembarcaron al amanecer.

El lugar era una masa caótica de razas variadas: mercenarios de Umbralys, mercaderes de Kharak-Zum, y una abrumadora mayoría de matones humanos.

La discriminación era palpable; los pocos no-humanos visibles caminaban cabizbajos, ocultando sus rasgos.

—Tenemos que separarnos ahora —dijo Reina, ajustando su capa y mirando a su alrededor con una tensión palpable.

Su voz era baja y urgente.

—Aquí, Lyra y Saila son mercancía de alto precio a simple vista —continuó Hiroki, su mirada fija en dos guardias corpulentos que examinaban a los recién llegados.

Lyra se estremeció, recordando el calabozo.

—Es un infierno…— —Es el corazón del infierno para nosotros, sí —afirmó Reina—.

Las fronteras de Eldoria están al norte, a través del istmo continental que lo conecta con Aerthos.

El camino terrestre es largo y peligroso, pero es la única ruta que Inorl no esperaría que tomasen.— —¿Por qué Aerthos?

—preguntó Hiroki, confundido.

—Aerthos es la tierra de los Shiro Oni.

Un elfo tendría más posibilidades de ser capturado allí que en Eldoria.

Pero los dos continentes están unidos por una Pradera de Cuatro Kilómetros en el extremo norte, la Eiríni —explicó Reina, mirando un punto en la distancia—.

Es un paso poco vigilado por Inorl, pues cree que nadie querría ir a pie tan lejos.

Pueden cruzar esa pradera y entrar en el Bosque Susurrante en Hyle, la región de ustedes, sin ser vistas.— Saila, la niña, se aferró a la túnica de Lyra.

—No quiero ir sola…— —No lo harás —dijo Lyra, su voz firme a pesar del miedo que sentía—.

Te prometo que te protegeré, Saila.

Y te llevaremos de vuelta a la aldea, con la Matriarca.

Es nuestro único camino.

Hiroki se acercó a Lyra, mirándola a los ojos.

Había miedo, pero también una nueva fuerza.

—Te daré todo el dinero que tenemos, Lyra.

Compra provisiones en el pueblo de Pórtos, cerca de la frontera.

Y por favor… no confíes en nadie.— —Ustedes tampoco, Hiroki —dijo Lyra, tomando la mano de Reina y la de Hiroki—.

Ustedes tienen que ir a buscar las respuestas.

Deben entender la Bendición.

—Vamos a ir al Reino de Orós, la capital del Rey Theron V —anunció Reina—.

Allí está la Gran Biblioteca Real.

Si alguien conoce sobre Bendiciones Arcanas y sobre la historia del Emperador Inorl, debe ser la Monarquía.

Es la ruta más peligrosa, pero es la más rápida para obtener información.— Intercambiaron un breve abrazo, una despedida rápida y cargada de tensión, el tipo de despedida que se da cuando se sabe que el siguiente encuentro podría no ocurrir.

Lyra se colocó su capucha, apretando el pequeño saco de monedas.

Tomó la mano de Saila y se mezcló con la multitud, buscando las rutas de caravanas hacia el norte.

Hiroki y Reina se quedaron solos, dirigiéndose hacia la oficina de correos, que en Shadownet era solo una fachada para el Gremio de Aventureros.

La conversación sobre la bendición.

Ubicación: Carreta de Caballos, Ruta Central hacia el Continente de Eldoria/Aerthos.

Hiroki y Reina alquilaron una carreta que se dirigía hacia el Gran Continente, usando la excusa de ser comerciantes de especias.

El viaje era largo.

Una vez fuera del bullicio de Shadownet, el ambiente se relajó un poco, aunque la preocupación seguía latente.

Hiroki se sentó en la parte trasera, jugueteando con su tarjeta de aventurero.

—Mi Bendición… eso que pasó… ¿qué demonios fue?

—preguntó, rompiendo el silencio.

Reina, que conducía la carreta, suspiró con pesadez.

—Lo que dijo el elfo es cierto.

Las Bendiciones son Regalos Arcanos del destino, marcas de nacimiento.

Es imposible adquirirlas.

Y por lo que Inorl te hizo, es obvio que eres un caso único… y peligroso.— —¿Por qué peligroso?

Me salvó la vida.— —Porque una Bendición que opera sobre las muerte es el tipo de poder que hace que los Emperadores de la Oscuridad te quieran en una jaula, Hiroki.

Inorl te habría torturado hasta que murieras de nuevo, sólo para estudiar el mecanismo de tu Renacimiento.— Hiroki sintió un escalofrío en la espalda.

—¿Y qué fue ese límite de tiempo?

Sentí que… me endurecía de nuevo.— —El elfo mencionó el Renacimiento.

Es una palabra clave.

Si mueres y vuelves a la vida, debe haber un período en el que la Bendición se reinicia.

Podría ser que, si mueres dentro de ese tiempo, no vuelvas a levantarte.— Reina se detuvo a un lado del camino para dejar pasar una caravana de carretas fuertemente armadas.

—Cuando Inorl te lanzó el Sclopetum Maximum Ventus, te mató con una fuerza abrumadora.

La Bendición, para salvarte, te convirtió en un ser espectral e intocable por once segundos.

Es el tiempo que necesitas para que tu cuerpo se regenere y vuelva a ser sólido.

Por eso él no pudo tocarte.— —Once segundos de invulnerabilidad post-mortem… es mi única defensa —murmuró Hiroki.

—Es tu única vida, en realidad.

No la desperdicies.

Pero hay algo que no encaja… y es por lo que vamos a Orós.— —¿El qué?—Preguntó Hiroki —Inorl —dijo Reina, su voz tornándose oscura—.

En el Archipiélago, el rumor es que el Emperador Inorl de Shadownet es un mero noble exiliado.

Pero si es capaz de usar Magia de Tempus Ventus y conoce sobre las Bendiciones Arcanas… él es mucho más que eso.

Su conocimiento y poder de Rango A sugieren que estuvo muy cerca de la realeza o la cumbre mágica.

Quiero saber su historia para entender su debilidad.— Hiroki asintió, su rostro serio.

—Si vamos a enfrentarlo de nuevo, no puede ser a ciegas.

Tienes razón.

La Gran Biblioteca es nuestra mejor opción.

Lyra y Saila Ubicación: Pradera de Eiríni, Frontera entre Aerthos y Eldoria.

Mientras tanto, a kilómetros de distancia, Lyra y Saila caminaban por la Pradera de Eiríni.

La tierra era plana y abierta, sin árboles que ofrecieran refugio, lo que las hacía muy vulnerables a cualquier patrulla de Shiro Oni o bandido.

El sol caía, tiñendo el cielo de naranja.

—Parece un lugar seguro, Lyra —susurró Saila, aferrada a la capa.

—Es la calma antes de la tormenta, pequeña —respondió Lyra.

Se detuvieron al pie de una colina, con el Bosque Susurrante visible a lo lejos: un muro verde de inmensos árboles.

—¿Tú crees que Hiroki nos esté diciendo la verdad?

—preguntó Saila, de repente.

Lyra se sentó, cansada, y miró a la niña con una sonrisa forzada.

—¿Sobre qué?

¿Sobre su Bendición?— —Sí.

Lo vi… Cuando su cuerpo se desintegró en luz azul… parecía un ángel de hielo.

Pero no era magia de curación.

Era… horrible y bello a la vez.— —Hiroki no miente, Saila.

Él está tan asustado como nosotros, pero su voluntad es demasiado fuerte.

Él cree en lo que puede hacer.

Y tú lo viste.

Murió.

Y regresó.

Es una fuerza que no podemos entender, pero es la única cosa que nos da una oportunidad contra monstruos como Inorl.— Lyra apretó la bolsa de monedas, sintiendo la responsabilidad de proteger a la niña y llevarla a casa.

—Pero, Lyra… ¿No temes que la bendición tenga un precio?

Algo así no es natural…— Lyra cerró los ojos por un instante.

No.

No temo al precio, pensó, temo a no poder pagar la deuda.

—Nosotros, los elfos silvanos, hemos vivido creyendo en la Naturaleza y sus reglas —dijo Lyra, abriendo los ojos y mirando hacia el horizonte—.

Pero el mundo de Aethel es más que reglas.

Es magia, es Bendición… y es sobrevivir.

Y Hiroki… él es la encarnación de la supervivencia.

No dudemos de él.

Él nos necesita tanto como nosotros a él.— Se pusieron de pie.

El frío de la pradera comenzaba a calarles los huesos.

—Vamos, Saila.

El Bosque Susurrante está cerca.

Una vez allí, estaremos en casa.

Y podremos empezar a buscar una manera de ayudar a Hiroki y a Reina.— Las dos figuras, una elfa joven y una niña asustada, se adentraron en el resto de la pradera, el último paso antes de la seguridad relativa de Eldoria.

Hiroki y Reina en la capital Ubicación: Puertas de la Ciudad de Orós, Reino de Theron V, Continente de Eldoria.

Días después, Hiroki y Reina llegaron a las monumentales puertas de Orós, la capital del reino.

La ciudad se erigía como un faro de la civilización humana, pero bajo la luz del sol, su imponente presencia parecía más una jaula dorada.

—Esta ciudad es el centro de la discriminación contra los no-humanos —dijo Reina, deteniendo la carreta en la cola de inspección—.

Los Caballeros de Plata del Rey Theron V tienen una política estricta de “pureza humana”.

Es el peor lugar para Lyra y Saila, pero el mejor para la información.— —¿Caballeros de Plata?

¿No se supone que el Rey nos apoya?

—preguntó Hiroki.

—El Rey Theron V está obsesionado con la idea de que los no-humanos (demonios, elfos, zoonis) son agentes de Zargoth.

Su paranoia es alimentada por la Iglesia de la Luz y sus Caballeros Blancos —explicó Reina, su rostro sombrío—.

Los Caballeros de Plata solo siguen órdenes.

Los Blancos son los verdaderos fanáticos.

Nos infiltraremos como aventureros comunes.— Llegaron al puesto de control.

Un Caballero de Plata con armadura pulida los examinó con desconfianza.

—Identificaciones —ordenó.

Reina mostró su tarjeta Rango C.

Hiroki la Rango E.

—¿Propósito de la visita?

—preguntó el Caballero, escudriñando a Hiroki.

—Comerciantes de especias —dijo Reina, con una voz aburrida—.

Vamos a la biblioteca a investigar variedades de pimiento.

El Caballero levantó una ceja.

—¿Aventureros vendiendo pimientos?

Sospechoso.— —Somos aventureros que necesitan dinero para financiar nuestra próxima investigación —replicó Reina con sequedad.

El Caballero, tras un momento de duda, los dejó pasar.

—Entren.

Pero cuidado.

Las leyes de Orós son estrictas.

Un paso en falso y pagarán con creces.— Hiroki y Reina entraron a la ciudad.

Era magnífica, llena de torres de mármol y calles limpias, pero había una frialdad opresiva en el ambiente.

—Bien, Hiroki —dijo Reina, señalando un gigantesco edificio con cúpula en el centro—.

Allí está.

La Gran Biblioteca Real.

Si la historia de Inorl está escrita en alguna parte de Aethel, es allí.— Hiroki miró el edificio.

Sus ojos ya no eran los del otaku asustado, sino los de un hombre con un propósito, un hombre que había muerto y regresado.

—Vamos, Reina —dijo, ajustando la espada que le había comprado.

—Es hora de estudiar.— Ubicación: Sección de Historia Arcana, Gran Biblioteca Real, Orós.

La Gran Biblioteca era un laberinto de saber, un edificio de techos abovedados donde el aire olía a pergamino envejecido y a incienso.

Cientos de estantes se elevaban hasta alturas imposibles, vigilados por bibliotecarios estoicos y Caballeros de Plata que aseguraban que la información no cayera en manos “peligrosas”.

Hiroki y Reina se separaron.

Reina se dirigió a los tomos de la Guerra de los Elementos, mientras Hiroki, fingiendo interés, revisaba los textos de geografía, aprovechando para memorizar símbolos y planos arquitectónicos (su mente de ingeniero no podía evitarlo).

Después de horas de búsqueda, Reina encontró una serie de crónicas en latín arcaico que detallaban las bajas y las traiciones de la guerra.

—Aquí está —susurró Reina, señalando una entrada.

—El Caballero del Viento.

Fue el más leal a Zargoth durante la guerra.

Murió al inicio de la segunda década, pero su linaje fue perdonado por el Rey de ese entonces por su “servicio”, a diferencia de los otros traidores que se escondieron.— Reina leyó con voz grave, traduciendo el antiguo texto.

—”El linaje de Aetheros juró lealtad a la corona humana y se dedicó a la protección del Archipiélago Shadownet, sirviendo como guardianes contra la influencia de la Oscuridad de Umbralys.

El último descendiente conocido es Inorl Theodorus, un noble exiliado hace diez años por conflictos de sucesión… Mago de Tres Escuelas con rango de Magia Intermedia y el dominio de Tempus Ventus.”— Hiroki se acercó, sus ojos fijos en la descripción.

—Mago de Tres Escuelas… Eso lo hace muy versátil.

Y el dominio de la magia del tiempo, Tempus Ventus, lo hace rápido.

Lo que le dio la velocidad para esquivar mi Punctura y golpearnos.

Pero, ¿por qué exiliado?— —No lo dice.

Pero aquí está lo crucial: Inorl no es un contrabandista cualquiera, es la sangre del Caballero del Viento.

Eso explica su poder y su conocimiento sobre las Bendiciones Arcanas.

Seguramente está usando Shadownet como base para recuperar su posición o para vengarse del Rey Theron V.

Necesitamos saber dónde estuvo estos diez años.— Reina cerró el libro.

Tenían la identidad.

Ahora necesitaban la estrategia.

La Esgrima Ingobernable Ubicación: Escuela de Esgrima “Lanza de Plata” en el Distrito Central de Orós.

Decidido a fortalecer su cuerpo, Hiroki se dirigió a una escuela de esgrima local.

El maestro era un ex-Caballero de Plata, musculoso y con una cicatriz de honor en la mejilla.

—Veamos, muchacho.

Muestra la postura —ordenó el maestro.

Hiroki tomó la espada (una sencilla de práctica que Reina le había comprado).

Hizo una postura básica, concentrando su voluntad.

—¡Bien!

Ahora, estocada al maniquí.

¡Fuerza, muchacho!

—gritó el maestro, golpeando el suelo con su propio bastón.

Hiroki gritó y lanzó la estocada con una determinación feroz.

Su mente estaba fija en Inorl.

‘El suelo pierde su agarre y se vuelve cristal, Glaze.’ El muñeco de entrenamiento era su objetivo, pero la estocada falló por una fracción de segundo.

En su lugar, el acero chocó violentamente contra una pila de barriles llenos de agua.

¡SPLASH!

Los barriles se vinieron abajo, el agua inundó el suelo y, peor aún, derribó la armadura de un antiguo general que estaba en exhibición.

La armadura rodó, golpeó una mesa donde se preparaban las pociones de entrenamiento y…

¡BOOM!

Las pociones, al mezclarse con el agua mágica, explotaron con un humo de colores que cubrió todo el gimnasio.

El maestro, que no podía ver nada, solo escuchaba la cacofonía de cristales rotos y madera desmoronándose.

—¡Tú!

¡Fuera!

¡Fuera de mi vista, plaga!

—rugió el hombre, buscando a ciegas a Hiroki.

Hiroki, cubierto de pociones pegajosas, salió corriendo de la escuela, dejando un rastro de caos y humo multicolor.

Se cubrió la cara, sintiendo el mismo bochorno que en la otra ciudad.

—¡Maldición!

¡No es mi culpa!

—murmuró, frustrado—.

¡Mi voluntad es demasiado fuerte y lo estropea todo!

Tendré que volver a la magia de hielo…— El Bosque Susurrante: La Magia Divina Ubicación: Aldea Élfica, Bosque Susurrante (Hyle), Continente de Eldoria.

Mientras Hiroki fallaba estrepitosamente en la capital, Lyra y Saila finalmente llegaron al Bosque Susurrante tras cruzar la Pradera de Eiríni.

La aldea élfica, oculta por barreras naturales y magia de la tierra, las recibió con un silencio tenso.

La Matriarca Elderan las abrazó, aliviada, pero el alivio duró poco cuando Lyra comenzó a relatar la masacre de Nus, la aparición de Inorl y, sobre todo, la muerte y resurrección de Hiroki.

—Murió y revivió… por una Bendición Arcano —repitió Elderan, sus ojos sabios mirando a Lyra con seriedad.— Un fenómeno que solo se conoce en los mitos demoníacos más antiguos.

Los Siete Caballeros Elementales fueron Bendecidos, pero nunca un humano.— Mientras hablaban, una joven se acercó a la hoguera principal.

No era elfa, pero su aura era tan potente que incluso Elderan se inclinó ligeramente.

Tenía el cabello rubio ceniza, ojos verdes intensos, y su ropa, aunque humilde, no podía ocultar una presencia que se sentía antigua y poderosa.

—¿El chico… resucitó por sí mismo?

—preguntó la joven, su voz melódica, pero cargada de una extraña autoridad.

—Sí —respondió Lyra, nerviosa por la intensidad de su mirada—.

El cuerpo se volvió azul, espectral, y luego se reformó.

La joven cerró los ojos y respiró profundamente.

Los árboles alrededor parecieron vibrar en respuesta a su aliento.

La joven se giró hacia Lyra.

—Yo sentí la perturbación.

Era una señal.

La muerte y el renacimiento… El destino lo ha marcado —dijo, con una claridad espeluznante—.

Los ancestros de mi linaje siempre temieron a aquellos que escapan a la muerte.— —¿Quién eres tú?

—preguntó Lyra.

—Por ahora, sólo llámame Miyu —dijo la joven, su mirada se dirigió a la distancia, como si viera algo que nadie más podía ver—.

Y si lo que dices es cierto, el Caballero de la Oscuridad no tardará en notar la existencia de un humano con una Bendición.

La guerra no ha terminado.

Lyra se dio cuenta: estaba en presencia de la joven que Zargoth buscaba.

La que se escondía por tener el poder Divino de la Naturaleza.— —Te quedarás aquí, Miyu —ordenó Elderan.—El Bosque es seguro por ahora.— —No por mucho —replicó Miyu—.

Si Zargoth sabe que estoy cerca, vendrá.

Y si Hiroki ha regresado, esa Bendición lo atraerá como un faro.

Mi poder lo mantendrá a raya, por ahora.— Miyu se fue, dejando a Lyra y a Elderan en silencio, comprendiendo que su refugio temporal se había convertido en el campo de batalla de una guerra de 400 años.

La Búsqueda del Pasado Ubicación: Gran Biblioteca Real, Sección de Genealogía y Linajes Demoníacos.

De vuelta en Orós, Reina estaba sumergida en textos que el Rey Theron V probablemente preferiría que no existieran.

Estaba investigando la historia de los Siete Caballeros Elementales y sus descendientes, buscando cualquier debilidad que pudiera explotar contra Inorl o Zargoth.

Reina descubrió que, hace 25 años, el Caballero del Fuego y la Paladina de la Tierra se habían casado, un crimen imperdonable al ser de facciones opuestas (Elizabeth era Oscura, Maine era Claro).

—Aquí está —murmuró Reina, leyendo los registros de la Purga de Demonios—Elizabeth y Maine tuvieron dos hijos.

Uno, Elior Yaima, heredó los poderes elementales.

El otro, una hija, heredó la Magia Divina de la Naturaleza.— La sangre de Reina se heló.

La descripción coincidía perfectamente con la joven que Lyra había descrito como “Miyu”.

—Miyu Yaima —susurró el nombre.

Reina entendió la conexión: Zargoth no solo buscaba a los hijos de sus antiguos camaradas por venganza, sino también por el inmenso poder de Miyu.

Su plan era robar esa Magia Divina usando su Bendición del Saqueo y convertirse en un ser invencible.— Reina cerró los libros.

La información era tan grande que casi la abrumaba.

—El destino no es casual, Hiroki —pensó—.

Si Miyu es la clave para la Magia Divina… y tú eres la clave para una Bendición Arcano que desafía la muerte…— Se levantó con una nueva determinación.

El Caballero del Viento estaba siendo usado o actuando para el Caballero de la Oscuridad (Zargoth).

El tablero de ajedrez era más grande y mortal de lo que habían imaginado.

Reina sabía que Hiroki, a pesar de su inutilidad con la espada, era la pieza más importante del juego.

Ahora, necesitaban encontrar a Elior Yaima, el hermano de Miyu, que se había unido a los Caballeros Blancos de Aerthos.

Ubicación: Un pueblo portuario en el Continente de Eldoria, cerca de la frontera con Aerthos.

Habían pasado días desde que Hiroki y Reina salieron de la opresiva capital de Orós.

Reina había completado su investigación sobre Inorl y los Caballeros Elementales.

Ahora, la cruda realidad se imponía: necesitaban dinero y necesitaban confirmar si el Rey Theron V ya estaba activamente buscándolos.

Para evitar la vigilancia directa del reino de Orós, decidieron volver a la ciudad portuaria donde Hiroki se había registrado originalmente en el Gremio de Aventureros.

Era una ciudad más caótica y menos vigilada que la capital.

Llegaron al Gremio, un edificio ruidoso y lleno de la típica mezcla de borrachos, bravucones y aventureros serios.

—Necesitamos Yeris para provisiones.

No podemos confiar en el dinero de la capital por si está rastreado —dijo Reina, acercándose al tablón de anuncios.

—Tienes razón.

Busquemos algo de rango E o D —replicó Hiroki, ajustando el libro de Magia Elemental que llevaba bajo el brazo.

Reina se giró hacia él, notando algo que había ignorado en el ajetreo de la biblioteca.

—Espera.

¿Dónde está la espada que te compré?

La de filo ligero.— Hiroki se encogió de hombros, su expresión de vergüenza era evidente.

—Es una larga historia, Reina… digamos que tuve otro pequeño percance intentando entrenar.

El maestro de esgrima me expulsó.

Reina cerró los ojos y suspiró con una paciencia agotada.— —¿Qué fue esta vez?

¿Destrozaste un mausoleo?— —No.

Sólo hice explotar accidentalmente un estante de pociones en la escuela de esgrima de Orós.

Resultó en mucho humo de color, unos cristales rotos y una armadura histórica aplastada.

Pero no me hizo daño —se apresuró a añadir.

—A la espada sí —masculló Reina—.

Eres una maldición para el equipo de combate, Hiroki.— —¡Lo sé!

Mi voluntad es demasiado fuerte y desvía los golpes —protestó él—.

Tendré que concentrarme sólo en la magia.— Reina, ignorándolo, señaló una misión en el tablón: “Eliminación de Slimes Menores y Mayores.

Recompensa: 4.000 Yeris (Rango E/D).” —Slimes.

Criaturas lentas, gelatinosas y ácidas.

No tendrás que desenvainar una espada.

Usa tu Punctura y Glaze.

Concéntrate en la precisión, no en la fuerza.

Yo me encargaré de los Slimes Mayores con Fractura Ventus.— —¡Entendido!

Magia pura —dijo Hiroki, recuperando algo de su ánimo.

Anna, la recepcionista energética, los saludó con su habitual entusiasmo.

—¡Me alegra verlos de vuelta, Rango F!

Su compañera la elfa ¿Donde está?

¿Se retiró?— —Tuvo que irse a casa por asuntos familiares —respondió Reina con voz firme, sin dar más detalles.

Anna asintió, aunque su expresión mostraba un ligero escepticismo.

—Bien, aquí tienen el pergamino de la misión.

Por cierto, Rango F… ¿quién de ustedes ascendió?— Hiroki y Reina intercambiaron miradas de confusión.

—Mi tarjeta subió de rango de manera autónoma—dijo Hiroki, mostrando su tarjeta.

Anna se rió, señalando un registro en su escritorio.

—¡Oh, no, no!

El joven Hiroki ascendió a Rango E.

Pero su compañera, Lyra, la elfa… ella acaba de ascender a Rango D.— Hiroki parpadeó, completamente desconcertado.

—¿Lyra… Rango D?

Pero está en la Aldea Élfica.

No ha hecho ninguna misión.— Anna sonrió, inclinándose sobre el mostrador.

—El sistema de clasificación no solo se basa en misiones.

Las cartas detectan la experiencia de combate y, en el caso de magos y arqueros, la evolución de la caja de maná.

Tal vez su viaje fue más peligroso de lo que dijo.— Reina asintió lentamente, su mente procesando la implicación.

—Eso tiene sentido.

Enfrentar a Inorl cuenta como experiencia de Rango A.

Si su carta lo detectó, el ascenso es lógico.

Significa que Lyra está mucho más fuerte ahora.— Hiroki se sintió orgulloso y, a la vez, avergonzado de que su compañera ausente tuviera un rango superior al suyo.

—Bueno, ¡eso es genial para Lyra!

Nosotros a cazar Slimes.— CONTINUARÁ…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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