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Un mundo: Empezando desde cero en un mundo desconocido - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 Syran Matthew
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8: Syran Matthew 8: Syran Matthew El hueso de Hiroki estaba roto con una fractura limpia, pero la sobrecarga mágica había inflamado los tejidos circundantes, provocando una fiebre alta.

—No es una simple rotura, joven —dijo el boticario, vendando el brazo de Hiroki—.

Es un trauma de sobrecarga arcana.

El hueso sanará, pero el maná interno está luchando contra la estructura física.

Necesitas reposo absoluto por al menos diez días.

Los diez días se convirtieron en el infierno personal de Hiroki.

Postrado en la cama de la posada, sudando y delirando por la fiebre, se sentía más inútil que nunca.

Reina, aunque preocupada, mantenía su rutina, saliendo a misiones cortas y regresando para atenderlo con la frialdad práctica que la caracterizaba.

—¿Te duele mucho, ingeniero?

—preguntaba, poniéndole un paño húmedo en la frente.

—No es el dolor físico, Reina.

Es la inactividad.

Lyra y Saila están cruzando la frontera, enfrentándose a peligros desconocidos.

Y yo estoy aquí, destrozando espadas y rompiéndome los huesos por intentar ser útil —murmuró Hiroki.

—Tu valor está en tu mente, Hiroki, no en tu brazo roto.

Y tu mente está demasiado caliente ahora mismo —replicó ella.

—Cuando te cures, retomaremos el viaje a Aerthos.

No antes.— La frustración crecía en Hiroki.

La idea de que su cuerpo fuera un obstáculo para su propia voluntad era insoportable.

Él era un ingeniero, estaba acostumbrado a solucionar problemas, no a ser el problema.

Al sexto día de reposo forzado, la fiebre bajó, pero la frustración de Hiroki llegó a su punto máximo.

Reina había salido a una misión en solitario en la mañana.

—No puedo quedarme aquí.

Necesito hacer algo —se dijo Hiroki.

Se levantó, se puso su túnica gris, y sujetó el brazo roto con la bandolera que Reina le había puesto.

Cojeando y con el cuerpo aún débil, se dirigió al Gremio.

Vio una misión de Rango D en el tablón que nadie quería: “Eliminación de Rixters en la Fosa de Pestes.” Los Rixters eran monstruos bomba, criaturas pequeñas y bulbosas con una piel extremadamente sensible a la magia.

Si se les golpeaba con demasiada fuerza, explotaban con el poder de un barril de pólvora.

Eran ideales para Hiroki: un desafío mental que requería precisión y no fuerza bruta.

—Si uso un Punctura débil y calculo la trayectoria, no deben explotar con una fuerza fatal —razonó.

Tomó el pergamino y se dirigió solo, con el brazo roto inutilizado, a la Fosa de Eliminación de Pestes, un cañón seco en las afueras.

La fosa estaba llena de Rixters.

Eran lentos, y Hiroki se movía con cautela.

Apuntó con su mano izquierda a un Rixter de tamaño mediano.

—Punctura… Nivel cero.— Lanzó un pequeño chorro de hielo, apenas más fuerte que agua congelada.

El hielo golpeó al Rixter.

¡Fsshhh!

El Rixter se desintegró con un pequeño pop, dejando un rastro de humo y la piedra de maná.

—¡Lo logré!

Precisión, no fuerza.

¡Soy útil!— La euforia lo hizo bajar la guardia.

Se sintió tan bien al ser competente que olvidó dónde estaba.

Se tropezó con un fragmento de roca.

Al caer, su brazo roto chocó contra el suelo, el dolor le hizo perder la concentración mágica.

El maná de su cuerpo, descontrolado por el dolor, se filtró hacia el suelo.

Un Rixter Gigante de Rango C, oculto bajo tierra, detectó el repentino y caótico flujo de maná.

La criatura reaccionó instantáneamente.

El Rixter emergió de la tierra, hinchándose rápidamente.

Hiroki lo vio, paralizado por la mezcla de dolor y terror.

—Mierda…— El Rixter, del tamaño de una sandía y con un brillo rojo intenso, explotó justo debajo de él.

¡BOOOOOOMMM!

La onda expansiva de la explosión Rixter fue tremenda.

Hiroki no solo fue pulverizado, sino que su cuerpo fue absorbido por la onda de choque y desintegrado en un millón de pedazos.

La oscuridad volvió a envolverlo.

—Sobrecarga de maná fatal.

Activación de la Bendición del Fénix.

Regeneración de emergencia de la estructura ósea dañada.

Once segundos.

— Cuando Hiroki despertó, estaba desnudo de nuevo, cubierto de polvo y el hedor a pólvora.

El aire le escocía la garganta.

Su mente estaba confusa, su cuerpo había sido destrozado por cuarta vez.

Se levantó, sujetándose el brazo derecho por instinto.

Pero no había dolor.

Hiroki palpó su antebrazo.

El hueso estaba recto, firme.

No había hinchazón.

Quitó la bandolera y flexionó el brazo.

Era lento, pero fuerte, como si nunca se hubiera roto.

—Mi… mi brazo…— Se concentró y sintió el flujo de maná.

Estaba limpio, no había inflamación arcana.

—¡Me sanó!

—exclamó, con la voz ahogada por la incredulidad.

—La Bendición del Fénix… no solo me trae de vuelta, sino que repara cualquier daño físico preexistente en el proceso de regeneración.— Comprendió el mecanismo de su Bendición.

Si su cuerpo estaba roto o dañado (brazo roto, fiebre, agotamiento), al morir, la Bendición lo reconstruía desde cero, llevando la salud a un estado perfecto.

La muerte se había convertido en su poción de curación definitiva.

Hiroki sintió una oleada de poder y una oscura ironía.

Para curar su brazo roto, tuvo que morir por la explosión de un monstruo bomba.

Rápidamente, recogió las piedras de maná y regresó a la posada para vestirse.

Reina regresó de su misión, limpiando la sangre seca de un troll de su armadura.

Encontró a Hiroki, ya vestido con su túnica gris y la chaqueta de cuero, sentado en el borde de la cama, moviendo su brazo derecho con normalidad.

—¿Qué haces levantado?

Te dije diez días de reposo —dijo Reina, acercándose.

—No.

Se acabó el reposo.

Mira esto —dijo Hiroki, flexionando su brazo y señalando el lugar de la fractura.

Reina, incrédula, tocó el brazo.

El hueso estaba intacto y la inflamación había desaparecido.

—Imposible.

Esto es sanación de Rango S.

¿Qué hiciste?

¿Encontraste un Curandero Arcángel?— —No.

Encontré un Rixter —confesó Hiroki.

Reina se detuvo.

—¿Qué?— —Salí a hacer la misión de los Rixters.

El brazo me dolió, perdí el control del maná, y el Rixter Gigante me estalló.

Morí.

Y al revivir, mi brazo estaba bien.

La Bendición me cura por completo si me mata.— El silencio en la habitación fue tenso.

Reina procesó la información: la Bendición era una herramienta de curación alucinante, pero requería el sacrificio de la vida para activarse.

Y Hiroki había desobedecido una orden directa.

La calma de Reina se rompió.

En lugar de gritar, hizo algo mucho peor.

Caminó hacia Hiroki, levantó su mano y le dio un golpe seco en la cabeza con los nudillos.

No fue un golpe fuerte, pero fue un regaño contundente.

—¡Idiota!

¿Qué crees que eres, un personaje de videojuego con vidas extra?

¿Cómo te atreves a usar tu Bendición como una poción de sanación?

¡Esa no es una herramienta, es tu última línea de defensa!— —¡Pero me curé!

¡Ahora puedo ir a Aerthos!—protestó Hiroki, sobándose la cabeza.

—Y ¿si te hubiera explotado un Rixter potenciado con Magia Oscura?

¿O si hubieras revivido en medio del ácido sin la capa?

¡Tu plan es estúpido y arriesgado!

No vuelvas a poner tu vida en peligro por sentirte útil, ¿entiendes?

Eres valioso vivo, no como un experimento de regeneración.— Hiroki asintió, entendiendo la gravedad de su acción.

—Entendido.

Solo… no quiero ser un lastre.— Reina suspiró, su ira se desvaneció en agotamiento.

—No lo eres.

Ahora, vamos.

Ya que estás en perfectas condiciones, tenemos que ganar más Yeris para el viaje.

Y tengo una misión que pondrá a prueba tu control.

Reina se dirigió al tablón de misiones y descolgó un pergamino de Rango D.

—Mira.

La ciudad de Várg reporta un Zooni Lobo que ha caído en frenesí.

Es un Zooni (un humanoide con rasgos animales, en este caso, de lobo) cuya magia se ha descontrolado.

Se vuelven extremadamente violentos, más fuertes que los lobos comunes, y su apariencia se vuelve más animal, casi como una bestia completa.— —Zooni en Frenesí.

Rango D de fuerza —leyó Hiroki—.

¿Cuál es el riesgo?— —El riesgo es que no podemos matarlo.

Los Zooni en frenesí son extremadamente raros, y la hermandad Zooni exige que sean capturados vivos para poder revertir el frenesí con rituales de luna llena.

La misión es: Captura no letal.— —Eso sí es un desafío.

Requiere precisión de maná y control —dijo Hiroki, su mente de ingeniero ya ideando un plan.

—Exacto.

Yo lo ralentizaré con Fractura Ventus.

Tú tienes que usar el hielo de forma precisa y controlada.

No para congelarlo, sino para inmovilizar sus miembros sin romperlos.— Tomaron la misión y partieron hacia el bosque de Várg, a un día de viaje.

Al llegar al bosque, el aire era frío y tenso.

Las marcas del frenesí eran evidentes: árboles destrozados, marcas de garras profundas en la tierra y el olor a sangre animal.

—Ahí está —susurró Reina, señalando una abertura.

El Zooni Lobo en Frenesí era una figura aterradora.

Medía casi dos metros, su piel estaba cubierta de pelo gris oscuro, y sus ojos brillaban con una luz amarilla salvaje.

Su mandíbula era alargada, llena de colmillos.

Rugía, destrozando una rama gruesa con sus garras.

No era un hombre, era una bestia.

—La fuerza es definitivamente Rango D.

Si nos alcanza, nos mata de un solo golpe —advirtió Reina, preparando una flecha.

—Yo iré primero.

La precisión no letal requiere acercamiento.

Necesito que mi hielo sea delgado, como cadenas —dijo Hiroki, dejando caer su mochila.

—No te acerques demasiado, ¡Hiroki!— —Confía en mí, jefa.

Ya he muerto por algo más tonto.— Hiroki avanzó lentamente.

El Zooni Lobo gruñó cuando miró al chico, Mostró sus garras antes de correr hacia él.

Hiroki mostró una leve sonrisa antes de susurrar un conjuro.

—”El cielo llora cristales afilados.

Que la tormenta minore el paso y corte lo que roce.

Nives.”—Alzó su mano hacia el zooni Cientos de pequeños fragmentos de hielo aparecieron alrededor de él, Cada uno pequeño pero con una carga de maná diferente.

Todos los fragmentos volaron hacia el zooni lobo, Cada uno golpeó y hirió la piel y el cuerpo de la bestia.

Reina no dejaba de observar, Asombrada por el conjuro realizado.

—Imposible, Eso es magia intermedia.

Pero tú apenas podías usar magia principiante.—Habló con sorpresa.

Hiroki se sintió un poco agotado después del conjuro realizado, Pero tenía reserva para uno más, Así que decidió guardarlo para más adelante.

El zooni lobo se enfureció tras el ataque y cargó hacia ellos con sus garras listas para destrozarlos.

Reina preparó su arco para disparar pero Hiroki la detuvo.

—Aún no.

Espera.— —¡Pero va a matarnos!— Reina estaba desesperada, No quería escuchar a Hiroki pero él seguía insistiendo.

—¿No que eras rango C?

Lógicamente tienes que ser más fuerte que esa bestia.—Siseo —Pero no soy fuerte.

Mi rango es C por que soy una arquera.

Me enfoco en la distancia y precisión, No en la fuerza.— Estaba empezando a sudar de los nervios.

La bestia siguió avanzando hasta que Hiroki señaló la rodilla derecha y gritó.

—¡AHORA!— Reina disparó la flecha mientras conjuraba.

—”El aire comprimido en mi flecha es mi proyectil.

Sclopetum.”— La flecha fue disparada a una velocidad asombrosa, Logrando darle en la rodilla derecha al zooni lobo.

La bestia cayó de rodillas gritando del dolor, Tratando de sacar la flecha con sus brazos, Pero al hacerlo bajó la guardia.

Hiroki corrió hacia él y puso su mano en el pecho del zooni en frenesí.

—”Gelida”— El cuerpo del zooni se enfrió con una capa de escarcha que cubría su pelaje.

El intenso frío lo debilitó y eso le dio la oportunidad a Reina de dar el golpe final.

Ella corrió hacia la bestia y con el puño hacia él gritó.

—¡”La presión se vuelve un golpe seco, un corte invisible y preciso que no perdona.

Fractura Ventus.”!— El golpe liberó una presión que mandó varios metros al zooni hacia atrás, Dejandolo inconsciente tras el puñetazo.

Hiroki sonrió antes de caer al suelo con un golpe seco, Reina se acercó a él para revisar su estado.

—Eres un dolor de cabeza…

Pero al menos sirves de algo.— El zooni lobo comenzó a volver a la normalidad, Su pelaje comenzó a disminuir hasta quedar piel blanca.

Su cola y orejas oscuras permanecieron al ser naturales para él.

En pocos minutos, Su estado frenesí se alivió dejando al chico lobo inconsciente con algunas heridas.

Reina lo ató, lo llevó al carruaje y luego volvió por Hiroki para llevarlo al carruaje también.

Los tres viajaron varias horas hasta regresar a la cuidad.

Reina bajó al zooni inconsciente y lo llevó hacia la taberna de Anna, Deja al joven y alza la mano.

Anna ya sabía lo que diría y saca una bolsa llena de monedas de plata.

—Gran trabajo.

Lograste atraparlo rápidamente.

Por cierto ¿Donde está el chico que te acompañaba?— Reina señaló hacia el carruaje.

Anna comprendió de inmediato, Sabiendo que Hiroki siempre se debilita en cada combate.

—Entiendo.

Llevaré al chico con la sacerdotisa para sanarlo.—Dijo dirigiéndose hacia una habitación del gremio.

Reina regresó al carruaje para ver a Hiroki.

El chico seguía inconsciente por el desgaste de maná al no estar acostumbrado a la magia intermedia.

Reina lo dejó ahí y llevó el carruaje al establo, Dejando el caballo ahí y cargando a Hiroki hacia una habitación rentada en el gremio.

Dos días después, Hiroki despertó, recuperado de su agotamiento mágico.

Reina estaba sentada en un rincón, afilando una daga.

—Veo que has decidido regresar al mundo de los vivos.

Dormiste durante 52 horas —dijo Reina, sin levantar la vista.

—El Zooni…

—murmuró Hiroki.

—Capturado.

La Hermandad pagó bien.

Ahora, a lo importante.— Reina finalmente guardó la daga y lo miró.

—Hiroki, tienes el control de un Rango Avanzado, pero la reserva de maná de un Rango E.

Eres un arco de alto grado con una sola flecha.

Lo que me asombró no fue el Nives, sino cómo lo usaste.

Disparaste cientos de fragmentos con cargas de maná individuales.

Eso es Multifocalización, una técnica que ni siquiera yo domino.

El Gremio te subió a Rango E+.— Reina señaló un recorte de periódico gastado del Gremio.

El titular era impactante.

—Hemos llamado demasiado la atención.

Un caballero de la Orden Sagrada, el Arzobispo Syran Matthew, está preguntando por nosotros.

Es un Rango SS, líder de los Caballeros Blancos, y el purista más peligroso del continente.

Él detectó el pico de maná masivo de tu muerte.

Un pico de Rango Real.— Hiroki sintió un escalofrío.

El Arzobispo Syran Matthew.

—Los Caballeros Blancos están dominados por la facción de los Demonios Blancos.

Su ‘Doctrina de la Pureza’ es solo una excusa para la crueldad —explicó Reina, su voz tensa—.

Si nos encuentra, no nos arrestará; nos ejecutará por ‘impureza mágica’.

Es la Hoja de la Luz Corrupta, Hiroki.— —¿Entonces qué hacemos?

La única forma de evitarlo es que tengamos un protector más fuerte que él.— —Ningún reino aquí se atreverá a enfrentarse a un Rango SS de la Orden Sagrada por un par de mercenarios.

Especialmente no el Rey Orus V, quien se doblará de miedo.

Debemos huir de Aerthos, pero hacerlo de forma inteligente.— Reina se levantó y desplegó un mapa del mundo, que incluía los siete continentes.

Su dedo se detuvo en una tierra distante.

—Mira.

El Continente Kharak-Zum.

Específicamente, el Reino de Sirius.— —¿El Reino de Sirius?

—preguntó Hiroki.

—Sí.

Es un reino sin discriminación a otras razas, gobernado por el Rey Aes Grimor.

Es disciplinado y, lo que es más importante, no está bajo el dominio total de la Orden Sagrada.

No son fanáticos.

Si llegamos allí, podremos hablar con el Rey Grimor y explicarle tu Bendición.

Allí tendremos una oportunidad.— —¿Y cuánto se tarda en llegar?— —Kharak-Zum está a unos cuarenta días de viaje, una vez que consigamos un barco desde la costa.

Pero la costa está a unos quince días a pie.

Lo haremos a pie.

Clandestinamente.— Reina arrojó el broche de plata, el Ancla de Suerte, a Hiroki.

—Toma esto.

Te evitará errores estúpidos.

Ahora escucha: No usaremos magia.

La Orden Sagrada tiene rastreadores de maná.

Cualquier rastro, por pequeño que sea, nos delatará.

Nuestra única ventaja es la velocidad y el sigilo.

Nuestra magia está en cuarentena hasta que estemos en el barco.— —Entendido.

A pie hasta la costa, sin maná.

—Hiroki.

—Exacto.

Empacamos.

Al amanecer, nos convertiremos en sombras.

—Reina.

Ubicación: Las afueras boscosas de la Ciudad Portuaria, Reino de Orós.

Al amanecer, Hiroki y Reina salieron de la ciudad por un sendero abandonado, vestidos con ropas de viaje sencillas y mochilas livianas.

Cada paso era una tortura para Hiroki, cuyo cuerpo aún no estaba acostumbrado a la marcha larga, y mucho menos sin la ayuda de la magia.

La Orden Sagrada no perdió el tiempo.

Apenas habían caminado medio día cuando vieron a lo lejos el inconfundible brillo blanco de la armadura de los Caballeros Blancos.

—¿Los ves?

Esas armaduras están imbuídas de Magia de Luz; son faros.

Deben haber puesto puestos de control a lo largo de las principales rutas —susurró Reina, agachándose detrás de un arbusto.

—Su búsqueda es precisa.

Syran Matthew no está aquí personalmente, pero ha usado la información para establecer un cerco.

—Hiroki.

—Sí.

La magia de la luz es útil para la detección.

Es por eso que debes caminar como un muerto.

No dejes que tu maná se active por instinto, ni siquiera para encender una fogata.

—Reina.

Los siguientes días fueron una prueba de supervivencia física.

Caminaron de noche, durmieron acurrucados bajo rocas o en cuevas durante el día, y comieron bayas secas y pan duro.

El ingeniero, acostumbrado a solucionar problemas con un conjuro o un diseño ingenioso, se vio obligado a confiar únicamente en la disciplina de Reina y en su propia resistencia.

—El suelo está húmedo, debemos desviarnos.

Si dejamos huellas claras, el rastreo no tardará en encontrarnos.

—Hiroki.

—Eso es pensamiento de ingeniero, pero aplicado al barro.

Bien.

—Reina.

Reina, la arquera de Rango C, era una maestra del sigilo y la supervivencia.

Ella navegaba por las colinas y los densos bosques con una gracia silenciosa, mientras Hiroki luchaba por no tropezar con las raíces, maldiciendo su propia torpeza.

—Parece que has estado usando el amuleto que te di.

Te ha evitado romperte el cuello tres veces solo hoy.

—Reina, observando cómo Hiroki recuperaba el equilibrio tras un resbalón.

—No me he caído.

Es solo un reajuste rápido del centro de gravedad.

Gracias por el broche, de todas formas.

Es un buen accesorio de seguridad.

—Hiroki.

Tensión en la costa Llegaron a la costa de Aerthos al décimo día de viaje.

No era un puerto principal, sino una pequeña cala utilizada por pescadores y, ocasionalmente, por contrabandistas.

Era un lugar discreto, perfecto para contratar un pasaje a Kharak-Zum.

—Aquí.

Esta es la cala del Viejo Rhymer.

Siempre hay un barco mercante con destino a Sirius.

—Reina.

A lo lejos, vieron un velero de aspecto robusto.

Una oportunidad.

Pero antes de que pudieran bajar a la cala, Hiroki se detuvo en seco.

Se le erizó el vello del cuello y sintió un intenso frío, a pesar de que el sol de la tarde brillaba sobre el mar.

—Reina.

Algo está mal.

—Hiroki.

—¿Qué sientes?

—Reina, desenvainando un cuchillo, alerta.

—Es el maná.

Es como una ola de presión que viene de la tierra hacia el mar.

Es frío, es puro, es arrogante…

Magia de Luz de Rango SS.

—Hiroki.

No lo vio, pero lo sintió.

El Arzobispo Syran Matthew no solo había puesto un cerco; había llegado a la costa, o al menos su influencia mágica era tan vasta que podía cubrir kilómetros.

Estaba usando un conjuro de detección en el área para encontrarlos, una Purificación de Campo para revelar cualquier rastro de maná “impuro”.

Dato importante: Hiroki es el único que puede visualizar los rangos de otros usuarios con sólo enfocar su mirada a ellos, Cómo si fuese un videojuego.

Ese es la bendición del conocimiento, La cual la mayoría tiene.

—Está cerca.

No podemos acercarnos al barco.

Si su magia nos detecta, no tendremos tiempo de pagar el pasaje.

—Reina.

—Un Caballero de Rango SS nos atrapará antes de que podamos hacer dos conjuros.

Nuestra única opción es un bloqueo temporal que nos dé la oportunidad de negociar el pasaje.

—Hiroki.

Reina asintió, entendiendo que el momento de la “cuarentena mágica” había terminado.

—Tú tienes el elemento sorpresa.

Hazlo rápido.

Hiroki cerró los ojos y respiró profundamente, canalizando el maná que había estado acumulando durante diez días de reposo forzado.

Dejó que su mente de ingeniero tomara el control.

No usaría un golpe de daño, sino una distracción precisa que anulara momentáneamente la detección de Syran Matthew.

Apuntó su mano hacia el muelle de madera donde el velero estaba amarrado, justo debajo de la línea de flotación.

Pero antes de que hiciera algo, Una mano blanca se posó en su hombro y un hombre habló con neutralidad.

—¿Quienes son ustedes y que hacen aqui…?

CONTINUARÁ…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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