Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 296
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- Capítulo 296 - 296 Capítulo 296 – Castigo
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296: Capítulo 296 – Castigo 296: Capítulo 296 – Castigo Editor: Nyoi-Bo Studio ―Hay tantas mujeres en el mundo, pero ¿por qué eres tan persistente sólo conmigo?
―Métete en tus asuntos.
Mu Yazhe levantó su barbilla y acercó su atractivo rostro hacia el de ella.
Presionó ligeramente sus labios fríos contra la esquina de los de ella, el calor de su aliento se deslizó a través del espacio entre los labios de ella e invadió su boca.
Su respiración se volvió gradualmente inestable y un poco entrecortada.
Sus delgados y besables labios viajaban de un lado a otro de su cuello.
Le dio besos suaves y terminó queriendo cada vez más.
Era muy parecido a aquellos viajeros que se sentían sedientos cuando se extraviaban en el desierto; en cuanto a ella, era como un manantial mágico limpio y claro.
Bebió de ella intensamente, pero su sed no se saciaba.
Sus delgados labios presionaban su elegante cuello, y sus fuertes brazos se agarraban a su delgada y frágil cintura.
Aplicó fuerza en su espalda, para así impulsar su cuerpo más cerca de su pecho.
Separados sólo por una fina capa de ropa, podía sentir la temperatura, la flexibilidad, el calor y la maravilla de su piel.
Tomó la parte posterior del cuello de ella en la palma de su mano y la empujó hacia adelante para darle la bienvenida a sus labios.
Su aliento caliente se esparció completa e instantáneamente en sus labios; todo su ser fue tomado.
El hombre ya no se contentaba con arañar sólo la superficie, sino que se lanzaba ferozmente y se adentraba por completo.
Sin embargo, a diferencia de sus anteriores avances, los que habían sido más agresivos, sus ataques en ese momento se limitaban a besos.
La temperatura en la habitación repentinamente subió.
Ese cuarto estaba lleno de afecto, romance y dulzura.
Ella resistió todo en silencio.
Él no se resignó a su falta de respuesta.
Ampliando el espacio entre los labios de ella con la punta de su lengua, él la provocaba apasionada y tentadoramente para obtener una respuesta por parte de ella.
No obstante, durante toda la sesión, Yun Shishi cerró los ojos con firmeza y dejó que tomara todo lo que él necesitaba.
Si él quería algo, ella se lo daría.
No era algo demasiado complicado de hacer.
Incluso si ella luchaba, no tenía sentido, y en su lugar sólo despertaba el fuerte deseo del hombre en conquistarla.
Si ella abriera sus piernas y le dejara hacer lo que quisiera, definitivamente la encontraría aburrida y, tal vez, incluso perdería su interés en ella.
Entonces, ¿podría recuperar su libertad?
Ella se libraría de ese hombre y volvería a su vida normal.
Y tal como ella esperaba, sin obtener ninguna respuesta de ella, él simplemente encontró todo ese asunto insípido y detuvo abruptamente sus besos.
Él levantó la mirada para mirar a su terco y orgulloso rostro, y ligeramente entrelazó sus cejas por la irritación.
Le pareció que eso era muy aburrido.
Él prefería que ella luchara o se resistiera.
De esa manera, al menos sentiría la emoción de conquistarla.
El hecho de que ella se extendiera en la cama de esa manera y le permitiera hacer lo que quisiera con ella hizo que su interés disminuyera considerablemente.
Bajó la mirada y le mordió la oreja en castigo.
Un agudo dolor surgió en su interior, y le hizo rechinar los dientes, intentando evitar hacer algún ruido.
Incluso si era doloroso para ella, no hizo ningún gesto.
―¿Te crees un pez muerto?
¿Realmente ella no sabía cómo responder, o sólo pensaba que era demasiado difícil hacerlo con él?
―Te doy lo que quieres y te obedezco.
Querías que me portara bien, ¿no es así?
―lo ridiculizó con una sonrisa, con un ligero odio fugaz en sus ojos.
Ella odiaba su desenfreno y arrogancia.
Ella odiaba su obsesión.
―Muy bien.
¿No era ese otro nivel de resistencia de ella?
Inmediatamente él miró hacia el frente, sus labios deslizándose sobre su clavícula bien definida parecida al jade.
Puso sus labios en el cuello y alternó ferozmente entre chupar y morder, su hirviente y caliente aliento constantemente azotando su piel.
Ella apretó los dientes.
Al principio quería aguantarse, pero cuando se dio cuenta de las acciones despiadadas y provocativas del hombre, ya no pudo tolerarlo y lo alejó con fuerza.
Se bajó de la cama, y si dirigió hacia el espejo del tocador, y se miró fijamente.
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