Un viaje a Star Wars - Capítulo 10
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10: Encuentro 6 10: Encuentro 6 El resto del viaje se me hizo extremadamente rápido.
Cuando caí en la cuenta, ya estábamos descendiendo de la nave y caminando en dirección a un edificio que parecía tocar el cielo.
Señores…
habíamos llegado al Templo Jedi de Coruscant.
Presenciar esta gigantesca estructura de más de un kilómetro de altura me hizo perder el aliento.
—(Ah…
esto definitivamente tiene que ser un sueño).
Totalmente cegado por la magnitud de la situación, todo fluyó en un borrón de luces y túnicas.
Fuimos presentados ante el Consejo Jedi.
Nos hicieron pasar las mismas pruebas que enfrentó Anakin en La Amenaza Fantasma: identificar imágenes en un holopad sin verlas.
Ahsoka solo se equivocó tres veces y yo…
bueno, yo no fallé ninguna.
Contestamos algunas preguntas de esos maestros legendarios, cuyas miradas parecían atravesarte el alma.
Luego fuimos enviados a tomar un baño, recibimos nuestras túnicas de iniciado y nos guiaron a los habitáculos donde viviríamos los próximos años, hasta que se nos asigne un Maestro y nos convirtamos en Padawans.
El Maestro Plo se quedó en la cámara del Consejo para dar su informe detallado.
Desperté de mi ensoñación mientras estaba sentado en la litera de mi nuevo cuarto, ya preparado para dormir.
Me miré las manos; las túnicas de tela rústica se sentían reales.
El olor a incienso y metal limpio del Templo llenaba mis pulmones.
—(Todo esto se siente tan irreal…
Estoy cumpliendo mi sueño gracias a Dios.
Literalmente).
Mañana empezará la verdadera aventura.
Comenzaré mi entrenamiento como iniciado y daré mis primeros pasos en el camino para convertirme en un Jedi.
No puedo esperar a ver qué me depara el amanecer.
Nunca vi en las películas o series contenido detallado sobre cómo entrenan a los iniciados en la filosofía y las artes desde cero…
voy a ser un pionero en esto.
—(Fiuu~ debo tranquilizarme…
Meditaré un poco antes de dormir para bajar las revoluciones).
Con una sonrisa que no podía borrar de mi rostro, cerré los ojos, buscando esa conexión cálida con la Fuerza que ahora era mi única y verdadera guía en este vasto universo.
…
En la espaciosa y circular sala del Consejo Jedi, el Maestro Plo Koon se encontraba informando de sus hallazgos en Shili a dos de las figuras más imponentes de la galaxia: el Maestro de la Orden, Mace Windu, y el Gran Maestro Yoda.
—Ambos son grandes talentos, muy inteligentes.
Tienen mucho potencial y son niños con mentes y corazones puros —afirmó Plo Koon con convicción.
—Tiempos difíciles avecinándose parecen estar, mmm…
Gran esperanza estos niños nos traen, ¡oh, sí!
—respondió Yoda, cerrando sus ojos y apoyándose en su bastón de gimer.
—12,000 y 14,000 son números muy altos —añadió Mace Windu, cruzando los brazos sobre su túnica—.
En especial el niño.
Su potencial supera al de todos los actuales miembros del Consejo, con excepción de usted, Maestro…
y la niña iguala el mío.
Es una responsabilidad que no debemos tomar a la ligera.
—En la edad exacta para la enseñanza están y buenas personalidades ellos portan.
Buenas noticias recibir por fin en este tiempo de agitación, alegrándome está, hoho~ —rió Yoda suavemente.
Sin embargo, las siguientes palabras de Plo Koon asombraron aún más a los otros dos presentes.
—El niño, Galen…
sabe acerca del arte de la meditación Jedi.
Lo encontré comunicándose con la Fuerza en su cabina durante el viaje.
También parece que la Fuerza lo ha ayudado a potenciar su talento con la tecnología a una edad muy temprana.
El silencio se apoderó de la sala durante unos segundos.
Mace Windu frunció el ceño.
—…Eso sí preocupante podría ser —murmuró Yoda, perdiendo su rastro de alegría—.
Gran habilidad él demuestra.
Un niño saber no debería comunicarse con la Fuerza de forma consciente; la meditación es una disciplina especialmente difícil.
En cuanto a su talento en otras áreas, desarrollarlo solo tendrá que…
si así lo desea.
—Con respecto a lo primero, creo que la respuesta la podemos obtener al observar bien su nombre completo —sugirió Plo Koon con un tono cargado de significado.
Al escuchar esto, las expresiones de los dos Maestros Jedi cambiaron drásticamente, como si una pieza de un rompecabezas antiguo hubiera encajado de golpe en sus mentes.
—Jmmm~…
Complicada nuestra situación parece ser —sentenció Yoda, su mirada volviéndose mucho más seria.
—¡¡!!
Maestro Plo…
—exclamó Windu, visiblemente impactado—.
¿Usted se refiere a…?
Plo Koon asintió con gravedad y procedió a revelar lo que había descubierto en los archivos del Templo.
—El nombre completo del niño es Galen Marek…
No habría sospechado nada hasta que lo vi comunicarse con la Fuerza a voluntad.
Algo como eso no sería posible si no hubiera visto a alguien hacerlo antes —explicó Plo Koon.
—A sus padres…
—murmuró Windu, cuya expresión se endureció.
—Sí, Maestro Windu.
Galen es hijo de dos antiguos Caballeros Jedi: Mallie y Kento Marek.
Las acciones del niño se explicarían si hubiera imitado el hábito de meditación de sus padres.
Confirmé mis sospechas usando la muestra de sangre; su firma genética coincide con ellos.
Plo Koon hizo una pausa, dejando que la noticia calara en el ambiente.
—Busqué información sobre el paradero de los Marek.
Encontré registros en el planeta Kashyyyk.
Ambos murieron hace dos años mientras protegían a un grupo de wookiees de esclavistas y mercenarios trandoshanos contratados por separatistas.
Todo coincide con lo que nos dijo Galen, aunque aún no sé cómo terminó en el planeta Shili.
Las dos cabezas del Consejo se quedaron heladas.
La consternación era evidente en el rostro de Windu, mientras que el Maestro Yoda cerró los ojos con una mezcla de dolor y resignación.
—Dolorosas noticias traes hoy también, Maestro Plo…
Enterarme de la muerte de esos niños no esperaba yo.
La joven Mallie una luz en este Templo fue alguna vez —suspiró Yoda.
—A pesar de su ligera arrogancia e indisciplina, Kento también fue un gran hombre.
Un guerrero talentoso que siempre obró por el bien…
Lamento profundamente la pérdida de ambos —añadió Windu.
Los tres Jedi guardaron un minuto de silencio, rindiendo respeto a sus antiguos compañeros caídos.
Fue Yoda quien rompió el silencio con una pregunta crucial: —Pensar en si debemos decirle sobre este asunto al joven Galen tenemos que.
—Esa decisión sería contraproducente en este momento, Maestro —opinó Windu—.
Galen tenía solo tres años cuando los perdió; no creo que entienda aún lo que significa el “apego” para los Jedi.
Nuestro deber es que aprenda nuestra filosofía sin que el pasado de sus padres influencie sus elecciones.
Con el tiempo, él mismo lo descubrirá, y será su momento de elegir.
—Mmm…
razón en tus palabras hay.
El futuro del joven Galen en sus manos está, pero guiar su presente nosotros debemos.
Meditación sobre este asunto haré —concluyó el Gran Maestro.
Antes de retirarse, Plo Koon decidió mencionar la última espina que lo inquietaba.
—Si es así, hay algo más que me gustaría recomendar.
La joven Tano ha desarrollado un apego significativo hacia Galen.
Él es lo único que le queda de su hogar y su primer amigo.
Me temo que, si su relación se vuelve demasiado estrecha, pueda complicar su futuro como Jedi.
Yoda entornó los ojos, procesando la advertencia.
—Acertada su preocupación es, Maestro Plo.
Tener cuidado debemos.
¿Cuál sería su sugerencia?
—Pienso que deberíamos separar a ambos en distintos clanes.
No entrenarlos juntos como iniciados…
Mientras menos tiempo pasen el uno al lado del otro, su apego disminuirá paulatinamente.
Para el momento de convertirse en Padawans, el problema debería estar resuelto —sugirió Plo Koon con tono clínico.
Yoda y Windu se miraron y asintieron al unísono.
Era la lógica estándar de la Orden: prevenir antes que curar.
—Así será, entonces.
Los niños serán enviados a diferentes grupos y educados de forma separada.
Sin embargo —añadió Windu con una pizca de pragmatismo—, no debemos arrebatarle su pequeño droide a la iniciada Tano.
Tener un compañero mecánico la ayudará a distraerse y evitará que anhele tanto reunirse con su amigo.
—Entiendo.
Entonces, con el permiso de ambos, doy por concluido mi informe y me retiro —concluyó Plo Koon, haciendo una reverencia antes de abandonar la sala.
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Ya a solas, los dos maestros más poderosos de la galaxia se miraron y, por un breve instante, permitieron que una sonrisa cansada cruzara sus rostros.
El día de hoy les había resultado más agotador de lo habitual.
—Parece ser que un pequeño bribón hoy nos ha llegado…
Un iniciado aún ni siquiera es, pero varios problemas ya nos está causando, hohoho~ —rio Yoda, sacudiendo levemente la cabeza—.
¿Qué crees que nos deparará el futuro, Maestro Windu?
Una sonrisa de ironía se formó involuntariamente en el rostro de Mace.
—(Suspiro).
Lo único que tengo claro es que no debemos perder a una semilla tan buena debido a nuestra negligencia, Maestro.
Una niebla de incertidumbre y pesadez ha recaído sobre nuestra visión de la Fuerza.
Estamos a ciegas en un momento ya peligroso…
y un aprendiz con tanto potencial nos ha caído del cielo.
No podemos permitirnos perderlo.
—Mmm…
razón tienes, Maestro Windu.
Tomar nuestras decisiones con verdadera precaución tenemos que.
Meditar profundamente sobre este asunto debemos —sentenció el Gran Maestro.
—(Un niño fruto del amor entre dos Jedis que rompieron sus votos e ignoraron las enseñanzas de la Orden…
pero ese mismo niño es ahora el candidato más claro a ser el próximo Gran Maestro…
suspira.
Toda esta situación es realmente hilarante)— pensó Windu mientras observaba el atardecer de Coruscant a través de los ventanales.
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