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Un viaje a Star Wars - Capítulo 22

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  3. Capítulo 22 - 22 Encuentro con el Sith 6
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22: Encuentro con el Sith 6 22: Encuentro con el Sith 6 Justo antes de que Dooku lograra apoyar el pie en la arena tras su acrobacia, jugué mi carta sorpresa.

Con un tirón violento de la Fuerza, atraje mi segundo sable láser, que había dejado girando en un arco oculto fuera de su campo de visión.

—¡¡AGHH!!

—gruñó el Conde.

El arma le llegó por la espalda como un bumerán de plasma.

En el último milisegundo, Dooku hizo algo que desafiaba la física: pareció patear el aire mismo, impulsándose hacia arriba en un movimiento que rozaba el doble salto.

El sable solo logró abrirle un surco en la pierna antes de regresar a mi mano.

—(Tch.

¿Eso fue un doble salto?

No puede ser…

Realmente es difícil ir contra este tipo)—.

Todo mi plan, meticulosamente elaborado, se había ido al traste en segundos.

El bastardo poseía una maestría que la película no alcanzaba a retratar.

Además, ahora corría el riesgo de haber sido descubierto prematuramente por el aprendiz de Sidious.

Aunque no había mostrado todo mi potencial, esto haría que me tomaran en serio…

y tratándose de ese viejo con cara de escroto, eso nunca es bueno.

Tomé una decisión en una fracción de segundo.

Agarré el brazo de Anakin, quien se había acercado cojeando con su sable en alto.

—¡Galen, así que eras tú!

¿Qué ocurrió?

No logro ver nad…

¡O-oye!

—exclamó Skywalker cuando lo jalé.

—¡No hay tiempo para explicaciones, Maestro!

¡Huyamos de aquí!

Sin esperar réplica, pasé su brazo sobre mi hombro y saltamos en dirección a mi speeder.

Mientras ganábamos altura, lancé mi sable en un giro preciso que destrozó el motor del vehículo de Dooku, dejándolo varado.

Aceleré al máximo.

Sentí la furia del Conde estallar a nuestras espaldas; lo vi saltar en nuestra dirección intentando darnos alcance, pero su pierna herida lo hizo aterrizar pesadamente.

En ese último instante, me aseguré de que viera mi rostro: fingí una expresión bañada en puro terror.

—(Tal vez eso ayude a que me subestime un poco más adelante)—.

Tras unos minutos de vuelo tenso, Anakin rompió el silencio.

—Agradezco la ayuda, Galen, pero…

no era necesario que me sacaras así.

Tenía las cosas bajo control.

Ahora Dooku escapará de nuestras manos otra vez —dijo, tratando de salvar su orgullo.

—(Bajo control mis huevos)— pensé, pero mantuve la diplomacia—.

Estoy seguro de que sí, Maestro, pero estaba herido y no podíamos correr ese riesgo.

Además, me preocupa Ahsoka.

Ya debería haber llegado y su comunicador no responde.

—…

Es cierto —admitió él, bajando la guardia—.

Su señal está muerta.

En cuanto a lo otro, ejem, solo asegúrate de consultarlo conmigo la próxima vez.

Centrémonos en mi Padawan.

Cambiamos de asientos en pleno vuelo para que yo pudiera tratar su herida mientras él conducía.

El resto del viaje transcurrió en un silencio extraño; Anakin parecía avergonzado de que un niño hubiera actuado con más madurez que él en medio del caos.

…

Finalmente, la imponente mole de piedra del Palacio de Jabba se alzó ante nosotros.

Las pesadas puertas de hierro se abrieron con un gemido metálico, y fuimos recibidos por un droide de protocolo escoltado por mercenarios armados hasta los dientes.

—(Extraño…

Siento a Ahsoka dentro y no parece estar herida.

Entonces, ¿por qué esta escena me resulta tan familiar?)—.

El droide nos invitó a pasar con una reverencia mecánica, pero de pronto se detuvo y giró hacia nosotros.

—Ah, sí.

No se permiten armas en el Palacio de Jabba.

Por favor, entreguen sus sables de luz —dijo el droide con su voz monótona.

—(Ahhh, con que era esto…

Ya recordé)—.

Una sonrisa interna me recorrió.

Estábamos entrando en la boca del lobo, y Jabba no iba a ponérnoslo nada fácil.

Jabba estaba convencido de que nosotros éramos los secuestradores.

En su mente retorcida, los Jedi habíamos robado a su hijo para chantajearlo.

Anakin dudó ante la orden de entregar su arma, pero lo convencí con una mirada.

Sabía que Padmé estaba a punto de hacer su entrada triunfal en el holograma.

Además, somos usuarios de la Fuerza; muchos olvidan que el sable es solo una herramienta, no la fuente de nuestra esencia.

Al cruzar el salón, sondeé la habitación.

Ahsoka no estaba a la vista.

Cerré los ojos y proyecté mi voz a través del éter.

—(((Ahsoka, ¿puedes oírme?))) —lancé la sonda mental.

—(((¿Uh?

¿Galen?

Tu voz se oye…

¡esto es telepatía!

¿Cómo lo aprendiste?

Tienes que…))) —la voz de la Togruta resonó en mi mente, mezclando asombro con su habitual energía.

—(((Más tarde te enseño.

Ahora, ¿estás bien?

¿Te lastimaron?))) —(((No, estoy bien, pero me capturar…

¡Espera!

Es una trampa, Galen.

Tú y el Maestro deben salir de aquí.

No se preocupen por mí))).

Es una niña valiente, de eso no hay duda.

—(((Descuida.

Lo sé.

No necesitas preocuparte por nosotros.

Y por cierto…

¿estás segura de que sigues capturada?

Revisa tus muñecas))).

Mientras Anakin mantenía un tenso duelo de palabras con Jabba, yo me había concentrado en las cerraduras de las celdas traseras.

Con un sutil giro de la Fuerza, las esposas de Ahsoka se abrieron sin hacer ruido.

—(((Tú…

¿Cómo…?

Suspiro.

No importa.

Bajaré ahora mismo))).

—(((Haha~ llegarás a tiempo para conocer a la “amiga” de tu Maestro))).

Corté la conexión justo cuando ella soltaba una risita mental.

Poco después, el holograma de la Senadora Amidala iluminó la sala, revelando el complot de Ziro el Hutt y el Conde Dooku.

Las tornas cambiaron, Jabba firmó el tratado con la República y Anakin se quedó mirando la imagen de Padmé con una devoción que rayaba en lo poco profesional.

—Maestro Skywalker…

—le susurré, señalándome la comisura de la boca—, tiene algo de baba ahí.

Podría ser peligroso distraerse tanto en territorio hostil.

—Creo que está imaginando cosas, Padawan Marek —respondió Anakin, recuperando la compostura con una velocidad asombrosa—.

Y no se preocupe, mi guardia siempre está alta.

—(Vaya, se escabulló fácil de esa…

qué decepcionante)— pensé mientras caminábamos hacia las plataformas de aterrizaje donde nos esperaban el Maestro Yoda y Obi-Wan.

—Para ser mi primera misión —comenté mientras el viento del desierto nos azotaba—, ha tenido unos giros bastante agitados.

Obi-Wan se acercó y me rodeó los hombros con un brazo, atrayéndome hacia él con una alegría que me puso en alerta de inmediato.

—¡Hahahahaha!

¡Claro que sí!

Pero aun así, mi apuesto y talentoso Padawan logró superar todos esos desafíos con una nota sobresaliente —exclamó Kenobi con una efusividad sospechosa.

Mi cara se torció con una desconfianza absoluta.

—(Este tipo…

¿Qué fue lo que pasó?

Oh no, no me digas que…)—.

—Jujuju~ —el Maestro Yoda intervino, apoyándose en su bastón con una chispa de travesura en los ojos—.

Una bella relación de Maestro y aprendiz parecen tener, a pesar de conocerse hace solo un día.

Con gran actitud podrá tomar tu Padawan la noticia entonces: de que Asajj Ventress…

huido ha.

Jump.

Me quedé de piedra.

Miré a Obi-Wan, quien me devolvió una sonrisa de “lo siento, se me escapó”.

—(¡Maldita sea!

¡Te dejé el trabajo hecho, Kenobi!)— grité internamente.

—M-maestro Yoda…

se supone que me dejaría la explicación a mí —balbuceó Obi-Wan, rascándose la nuca con evidente incomodidad.

—(Maldición…

ni siquiera puedo sentirme realmente enojado.

Sabía en lo más profundo que algo así pasaría si no acababa con ella yo mismo.

¿Es obra del guion o el destino protegiendo a sus peones?

Ya no importa…)— —Suspiro.

Descuide, Maestro…

algo me decía que esto terminaría pasando.

No se preocupe, no lo culpo…

demasiado.

Ya tendremos oportunidad de capturarla otra vez —dije, tratando de sonar comprensivo, aunque mi tono me traicionó un poco.

—A-así es, hijo.

Es tiempo de tu primera lección Jedi: no todo en la vida sale como deseamos.

Las decepciones son parte fundamental del camino y debemos aprender a procesarlas.

Me alegra que lo tomes de una manera tan…

espera, ¿cómo que “demasiado”?

—Obi-Wan arqueó una ceja al notar el ligero puchero en mi cara.

—Es un gran consejo, Maestro.

Usted parece tener bastante experiencia lidiando con esas llamadas “decepciones” —respondí con una chispa de sarcasmo.

Anakin no pudo contener la risotada, señalando a su antiguo mentor mientras Yoda y Ahsoka reían por lo bajo.

Obi-Wan pasó el resto del camino hacia el transbordador intentando explicar, con gestos muy exagerados, cómo fue exactamente que Ventress logró escabullirse de sus dedos.

Finalmente, subimos a la nave y partimos hacia el Crucero Venator.

Tatooine y sus soles gemelos quedaron atrás, marcando el fin de mi bautismo de fuego.

POV: TERCERA PERSONA No muy lejos del sector, el veloz Solar Sailor del Conde Dooku se deslizaba hacia las coordenadas del salto hiperespacial.

En el interior de la lujosa cabina, Tyranus permanecía sentado, con la mirada perdida en la inmensidad del espacio hasta que su holocomunicador parpadeó con una luz azul gélida.

—[Mi Lord Tyranus, aún no ha enviado el informe sobre la misión que le he otorgado] —siseó la figura encapuchada.

Incluso a través de una transmisión, la presencia de Darth Sidious era como un sudario de hielo.

Dooku inclinó la cabeza con respeto, aunque su mente seguía fija en el duelo del desierto.

—La misión falló, Maestro.

Es desafortunado; los Jedi han obtenido acceso a las rutas de comercio.

Nuestra lucha se ha vuelto más compleja —informó Dooku con voz firme.

—[Concedeles a los Jedi esta pequeña victoria, mi Aprendiz.

Los engranajes de esta guerra siguen girando a nuestro favor].

—Así será, Maestro…

La sombra encapuchada permaneció en silencio, escrutando la expresión del Conde.

Sidious siempre podía oler la duda, incluso a años luz de distancia.

—[¿Eso es todo, Lord Tyranus?

Pareces…

inquieto].

—Usted me lee mejor que nadie, Maestro.

Pensaba en cuál sería el castigo adecuado para mi asesina.

Perder de forma tan patética contra un aprendiz…

me hace cuestionar si es realmente útil para nuestros planes.

Un poco de Dun Möch por parte de un niño fue suficiente para que perdiera el control.

—[Hehehehehehe…

No te exaltes, amigo mío.

Un error lo comete cualquiera.

Las burlas del Dun Möch pueden afectar a cualquiera, más aún a los que usamos nuestras emociones como combustible.

Solo debes ser más duro con ella.

Que entienda dónde debe enfocar sus sentimientos negativos…] Sidious hizo una pausa dramática, y sus ojos amarillentos parecieron brillar bajo la capucha.

—[Pero…

¿estás seguro de que fue solo la táctica de su oponente lo que llevó a Ventress a la derrota?

Siento que hay algo que no me estás diciendo sobre ese…

niño].

El antiguo Maestro Jedi se mantuvo en silencio por un momento, meditando sobre el asunto con una calma gélida.

—Estoy seguro de ello…

No fue la fortaleza del nuevo Padawan de Obi-Wan Kenobi lo que le permitió obtener la victoria, sino la debilidad de mi asesina.

Tuve la oportunidad de encontrarme con el chico y no es más que un niño ordinario…

tanto como podría serlo alguien a cargo del General Kenobi, por supuesto.

No es alguien a quien prestaría especial atención.

Solo será otra piedra en nuestro zapato, al igual que lo es su Maestro —sentenció Dooku.

Sidious sondeó cuidadosamente a su aprendiz a través del holograma, intentando detectar alguna fisura en su comportamiento o un rastro de engaño en la Fuerza.

Sin embargo, Darth Tyranus mantuvo una expresión rígida como una roca y una actitud imperturbable.

Poco después, la comunicación se cortó.

Solo en su cabina, Dooku soltó un suspiro de alivio que no se había permitido hasta entonces.

—(¿Ordinario?

¡Ja!)— pensó, mientras su mano derecha todavía hormigueaba por el impacto del desierto —.

(Ese mocoso no tiene nada de ordinario.

Su control de la Fuerza fue milimétrico, de una precisión aterradora…

Su habilidad con el sable parecía la de un maestro experimentado que temía mostrar todo lo que sabía.

El ingenio detrás de su estrategia fue impecable; me obligó a emplearme a fondo.

E incluso cuando sus planes fallaron, continuó atacando con una decisión letal, sin dudar ni un solo instante).

El Sith cerró los ojos, reviviendo los escasos segundos que duró su enfrentamiento.

Fueron momentos más intensos que cualquier batalla librada en sus largas décadas como Jedi o Sith.

Cada movimiento del muchacho lo había empujado al límite; un solo error, una fracción de segundo de retraso, y su vida se habría esfumado sin que él mismo comprendiera en qué momento ocurrió.

Cada detalle que recordaba reforzaba la idea de que aquel Padawan era un ser excepcional…

pero no era solo su técnica lo que lo perturbaba.

—Lo que me ha llevado a tomar esta decisión…

—murmuró para sí mismo.

—(Fueron sus ojos.

La mirada que mantuvo durante todo nuestro encuentro…

una mirada vacía de cualquier emoción humana.

Calculadora, decidida…

más fría que cualquier cosa que haya visto antes.

Su sable se movió con una convicción asombrosa hacia mi cuello.

Fue solo un milisegundo, pero sentí el peso del instinto asesino detrás de su acero.

Todavía siento el frío en la nuca al pensar qué habría pasado si no bloqueaba a tiempo).

Dooku se puso de pie, mirando hacia el vacío del hiperespacio.

—No…

No, Darth Sidious…

no puedo permitir que fijes tu vista en este muchacho.

No todavía.

Este diamante en bruto es mío…

y solo mío.

Yo lo moldearé a mi voluntad.

Lo convertiré en el Lord Sith definitivo.

Hahahaha…

¡HAHAHAHAHAHA!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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