Un viaje a Star Wars - Capítulo 23
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23: Enfrentamiento en Toydaria 1 23: Enfrentamiento en Toydaria 1 POV: OBI-WAN KENOBI Me encontraba recorriendo los amplios y silenciosos pasillos del Templo Jedi en Coruscant.
La noche anterior, la Legión 212 y yo habíamos regresado a la capital junto a mi nuevo aprendiz, el Padawan en entrenamiento Galen Marek.
Mientras tanto, Anakin, Ahsoka y la Legión 501 permanecían en espera como refuerzos del Maestro Plo Koon.
Él había partido en una misión crítica: descubrir por qué nuestras flotas están siendo diezmadas por una nueva arma enemiga que parece invisible a nuestros sensores.
Yo, por mi parte, había sido citado de urgencia por el Consejo.
Querían que entregara personalmente el informe sobre la primera misión de Galen.
Acababa de salir de la cámara circular y todavía sentía el peso de sus miradas sobre mí.
—Uff…
eso ha sido intenso —murmuré para mí mismo—.
Pasó de ser un completo desconocido a convertirse en una especie de superestrella para el Consejo.
Y pensar que ha forjado esa reputación en una sola salida…
Ya me había puesto al tanto con Anakin sobre su breve tiempo en compañía de mi Padawan.
Sumando su testimonio a lo que yo mismo presencié en Teth, sentía que tenía una imagen clara de Galen, aunque todavía llena de sombras.
No me extrañaba que el Alto Mando estuviera tan interesado en el chico; eso explicaría el trato preferencial que recibió desde su llegada.
A pesar de su personalidad…
peculiar, fue aceptado de inmediato en el Clan del Oso bajo la tutela directa del Gran Maestro Yoda.
Mace Windu supervisó personalmente sus sesiones de entrenamiento, e incluso lo enviaron a los Cuerpos Médicos solo para “reservarlo”, evitando que cualquier otro Maestro lo reclamara antes de tiempo.
Esperaron pacientemente a que yo solicitara un aprendiz para asignármelo, bajo la excusa de que su recuento de midiclorianos y su estilo de combate eran similares a los míos.
Sin embargo, considerando la asombrosa habilidad que demostró, dudo mucho que haya algo que yo pueda enseñarle realmente.
Empezaba a preguntarme si Galen había planeado sus acciones de tal forma que influyó sutilmente en la decisión del Consejo sobre quién debía ser su Maestro.
—(¿Tal vez estoy siendo paranoico?)— pensé, deteniéndome frente a un gran ventanal que mostraba el tráfico infinito de Coruscant—.
(Pero si no es así…
¿por qué buscarme específicamente a mí?
¿Hay algo en mi linaje o en mi forma de enseñar que sea de especial interés para él?)—.
Recordé vívidamente la conversación que tuve con Anakin cuando le pedí su versión de los hechos en Tatooine.
—Definitivamente no es alguien ordinario, Anakin —le dije en aquel entonces—.
Pensar que tuvo el valor de enfrentarse al propio Dooku para sacarte de un aprieto…
La expresión de mi antiguo aprendiz se torció en una mueca de vergüenza herida.
—B-bueno…
llamarlo un “aprieto” me parece precipitado, Maestro —respondió Anakin, aclarándose la garganta—.
Galen creyó que yo estaba en problemas (aunque no fuera así) y por eso decidió intervenir.
Ejem.
Fue un acto muy valiente, lo admito.
Hizo una pausa, mirando hacia otro lado mientras recordaba el combate.
—Admiré especialmente cómo no se dejó dominar por el miedo que emanaba el Conde.
Pudo crear ese plan de tres etapas y efectuarlo a la perfección.
Conseguimos salir de allí sin más inconvenientes gracias a él.
Si alguien tan orgulloso como Anakin Skywalker se tomaba la libertad de usar palabras como “admiración” y daba las “gracias” de forma tan abierta…
significaba que las cosas se habían puesto increíblemente peligrosas.
Lo más probable era que Galen lo hubiera salvado de una muerte segura, aunque Anakin preferiría tragarse su sable de luz antes que admitirlo en voz alta.
—(Suspiro).
Anakin…
No importa.
Eso es algo que definitivamente incluiré en mi informe.
Muchas gracias, no te quito más tiempo.
Tomé mi anotador y estaba a punto de marcharme cuando Anakin carraspeó.
Parecía inusualmente inseguro, como si estuviera debatiéndose internamente sobre si soltar una confidencia o guardársela.
—Ejem.
Oye, Obi-Wan…
hay algo más que me gustaría comentarte.
Pero solo lo haré si prometes no ponerlo en tu informe oficial.
Es sobre una charla que tuvimos mientras caminábamos por las dunas de Tatooine.
Galen compartió algunos de sus pensamientos más sinceros con nosotros y, como su Maestro, creí que deberías saberlo.
Algo dudoso, observé a mi antiguo aprendiz.
Sabía que Anakin no era dado a los protocolos, pero si me pedía discreción, era por una buena razón.
—Está bien, no lo incluiré —acepté, cerrando mi libreta—.
Puedes contármelo.
Anakin soltó un suspiro y empezó a relatar…
Tomé mi anotador y estaba a punto de marcharme cuando Anakin carraspeó.
Parecía inusualmente inseguro, como si estuviera debatiéndose internamente sobre si soltar una confidencia o guardársela.
—Ejem.
Oye, Obi-Wan…
hay algo más que me gustaría comentarte.
Pero solo lo haré si prometes no ponerlo en tu informe oficial.
Es sobre una charla que tuvimos mientras caminábamos por las dunas de Tatooine.
Galen compartió algunos de sus pensamientos más sinceros con nosotros y, como su Maestro, creí que deberías saberlo.
Algo dudoso, observé a mi antiguo aprendiz.
Sabía que Anakin no era dado a los protocolos, pero si me pedía discreción, era por una buena razón.
—Está bien, no lo incluiré —acepté, cerrando mi libreta—.
Puedes contármelo.
Anakin soltó un suspiro y empezó a relatar…
(Presente: Pasillos del Templo) —¿Así que “no desligarte, sino aceptarte”, eh?
—murmuré para mis adentros mientras caminaba—.
Definitivamente es algo que podría haber escuchado de la boca de mi antiguo Maestro.
Recordando ahora lo que Anakin me contó sobre la filosofía de Galen, la teoría de por qué el niño me buscó específicamente a mí cobraba una fuerza renovada.
Creciendo en el Templo, no sería extraño que Galen hubiera oído hablar de Qui-Gon Jinn y su famosa, aunque controversial, manera de entender la Fuerza Viva.
Como Qui-Gon falleció hace años, el niño debió buscar a quien fue su Padawan —yo— esperando encontrar un eco de esas enseñanzas.
Tal vez simplemente buscaba a alguien que pudiera tolerar sus ideas poco ortodoxas.
—Bueno…
eso tiene bastante sentido para mí —concluí con una media sonrisa.
Sin embargo, no pude evitar una punzada de ironía.
Me preguntaba cómo reaccionaría Galen si se enterara de cuántas veces regañé a Qui-Gon por su “rebeldía” frente al Código.
Pero, al menos, era cierto que yo lo entendería mejor que nadie; después de todo, ya tenía experiencia lidiando con idealistas incorregibles.
—¿Qué es lo que tiene “bastante sentido”, Maestro Kenobi?
—dijo una voz juvenil impregnada de burla.
—¿Perdido en sus pensamientos, Maestro?
—añadió una voz femenina, serena y melodiosa.
Me sobresalté ligeramente, saliendo de mi meditación.
Frente a mí, Galen Marek me observaba con una sonrisa ladina, parado junto a una mujer Jedi de tez morena y mirada profunda: la Maestra Depa Billaba.
—(¿Qué pasa con esa cara, Galen?
Parece que alguien acaba de caer en una de sus bromas)— pensé, desconcertado.
Pero lo que más me inquietó fue otra cosa: —(¿Cómo es que no los sentí acercarse?
Estamos a un paso de distancia y ni siquiera oí sus pasos…
¿Realmente estaba tan distraído o este niño está ocultando su presencia de nuevo?)—.
—Maestra Billaba, Galen…
¿qué están haciendo aquí?
—pregunté, recuperando mi compostura de Caballero Jedi.
—Solo estaba charlando con tu…
eh…
“Padawan” —respondió Depa, con una nota de curiosidad en su voz mientras miraba a Galen—.
Lamento haberte sacado tan abruptamente de tus pensamientos, Obi-Wan.
Parecía algo realmente importante.
—Descuide, Maestra Depa.
El Maestro simplemente puede llegar a ser algo distraído, hehe —intervino Galen con una sonrisa ligera, intentando suavizar el ambiente.
Noté que las palabras de la Maestra Billaba ocultaban pequeñas espinas.
No era para menos; considerando que el Consejo le negó al Padawan que ella pretendía, manteniéndolo en los Cuerpos de Servicio hasta los dieciséis años solo para ofrecérmelo a mí en bandeja de plata…
podía entender su frustración.
—Ejem.
No se preocupe por eso —dije, tratando de reconducir la charla—.
Por cierto, no la vi hoy en la reunión del Consejo, Maestra.
Supongo que recibirá mi informe más tarde.
Depa Billaba era un miembro respetado del Alto Consejo, pero había abandonado sus funciones tras la muerte de su hermana en la Batalla de Geonosis a principios de este año.
Sabía que había pasado por un periodo oscuro, rozando el límite de abandonar la Orden.
—(Me alegra que haya decidido volver…
El Maestro Windu se pondrá de buen humor al ver que su antigua aprendiz ha recuperado el rumbo)—.
—Regresé hoy para ver cómo estaban las cosas…
pero decidí no entrar en la cámara para evitar irritarme —respondió ella, cruzándose de brazos—.
Después de todo, tendría que escuchar los “grandes logros” del niño que me rechazó, relatados por su nuevo y orgulloso Maestro.
Su actitud era liviana comparada con su fama de personalidad explosiva.
No cualquiera era capaz de aprender y dominar los principios del Vaapad junto a Mace Windu sin perder el juicio en el proceso.
—Aunque mi ausencia fue inútil —continuó Depa, clavando su mirada en Galen—.
El nombre de tu Padawan ya es famoso entre los clones y en los pasillos del Templo.
Los rumores vuelan: un líder nato, con una capacidad de análisis asombrosa.
Habilidades con el sable que no envidian a ningún Caballero.
Una serenidad digna de un Maestro y un uso de la Fuerza tan exquisito que fue capaz de capturar a la mismísima Asajj Ventress…
Sí, creo que “está bastante bien” para ser su primera misión.
Incluso dicen que planeas formalizar tu estilo de combate como una nueva Forma Jedi.
Desde que Depa mencionó que Galen la había “rechazado”, mi aprendiz había dejado de participar.
Se limitaba a sonreír con torpeza, haciéndose pequeño.
Con cada nuevo elogio, su cuerpo sufría pequeños espasmos de incomodidad, encogiéndose de pura vergüenza.
—(Es curioso…) —pensé, observándolo con interés—.
(Normalmente demuestra una madurez que asusta, pero se vuelve un niño tímido cuando alguien le reconoce el mérito de esa manera).
—¡B-bueno, creo que los dejaré para que charlen solos!
—exclamó Galen de repente, notablemente ansioso por escapar—.
Tengo que ir a prepararme…
el Maestro Yoda no tardará en llamarme.
Ejem.
Maestra Billaba, por favor, piense en lo que le dije, ¿sí?
Y conserve la pulsera.
Es un presente y una disculpa por no haberla podido acompañar adecuadamente durante su duelo…
Mi aprendiz soltó aquellas palabras cargadas de una extraña culpa y se marchó a paso ligero antes de que Depa pudiera siquiera abrir la boca.
Pronto partiría hacia el Sistema Toydaria para ayudar al Maestro Yoda en una delicada negociación, así que necesitaba tiempo para meditar.
—¡Oye, espera, niño!
—gritó Depa, estirando el brazo, pero Galen hizo oídos sordos y desapareció tras el recodo del pasillo.
—(Suspiro).
Parece que a tu Padawan le hace falta más disciplina; pensar que me ignoraría de esa manera…
—murmuró Depa, aunque su tono carecía de verdadera molestia—.
Además, ¿cree que un simple presente es suficiente para disculparse por haberlo rechazado a uno tan duramente hace tres años?
A pesar de su exterior severo y sus palabras afiladas, noté cómo la Maestra Billaba ajustaba la pulsera en su muñeca con un gesto cargado de afecto, acariciándola suavemente.
—(Parecen tener una conexión genuina)— pensé, observándola—.
(A pesar de ser tan distintos, me pregunto si realmente hubieran funcionado como Maestro y Aprendiz).
—Jaja, sí, me disculpo en su nombre —respondí, recobrando el paso—.
Galen puede ser algo…
informal con las jerarquías.
Me aseguraré de trabajar en ello.
Y también, Maestra, lamento darle mi pésame tan tarde.
No habíamos coincidido desde los eventos de Geonosis, pero me alegra profundamente que haya decidido regresar.
—Pierda cuidado, Maestro Kenobi.
No necesita disculparse —Depa bajó la mirada hacia la pulsera—.
Yo también necesitaba tiempo para meditar y vivir el duelo por mi hermana a solas.
Ahora he logrado asentar mis ideas…
y, sorpresivamente, fue su Padawan quien más me ayudó a aclararme.
—(Ese niño de nuevo…) —sentí un ligero escalofrío—.
(Depa es un miembro del Consejo; espero que Galen no le haya metido ninguna idea extraña en la cabeza).
—Él me dijo…
—continuó Billaba, con la voz suavizada— que las personas a quienes amamos nunca nos abandonan realmente.
Que tras perderlas, no solo podemos sentir nuestra conexión con ellas a través de la Fuerza, sino que habitan en nuestro corazón.
Sus pensamientos, acciones e ideales perduran y viven a través de nuestros recuerdos.
Me dijo que deberíamos sentirnos aliviados de que no hayan sido olvidados.
—(Viven en nosotros…) —me quedé pensativo—.
(¿Qué clase de crianza tuvo este chico para desarrollar una filosofía tan…
humana?
Es reconfortante, pero roza peligrosamente el concepto de apego).
—Ufufu~ no es el tipo de pensamiento que esperarías de un Jedi, ¿verdad?
—dijo ella, adivinando mi conflicto—.
Pero me ayudó a soltar la amargura con más facilidad.
También me aconsejó pasarme por los entrenamientos de los Iniciados de vez en cuando; ese mocoso presuntuoso me aseguró que allí encontraría a mi “Padawan predestinado” y que lo sabría en cuanto lo viera.
¿No te parece que su actitud es hilarante?
Jaja.
Depa se dio la vuelta, lista para retomar su camino.
—En fin, no le robaré más tiempo, Maestro Kenobi.
Debo ir a ver a mi antiguo Maestro…
Cuida bien del niño, Obi-Wan.
—¿Eh?
A-ah, sí, Maestra Billaba.
Descuide.
Nos vemos luego.
Le contesté de forma distraída, todavía procesando la idea de que un aprendiz hubiera logrado “reparar” emocionalmente a un miembro del Consejo.
Galen Marek se volvía un enigma cada vez más denso.
Pero justo cuando Depa se alejaba, un destello en su muñeca captó mi atención.
—(Un momento…
¿esa pulsera estaba hecha de…
Kyber Blanco?)—.
Sacudí la cabeza, parpadeando varias veces.
—(No, es imposible.
Los cristales Kyber son sagrados y extremadamente raros, mucho más en ese color.
Debe haber sido un efecto de la luz de Coruscant…
sí, solo mi imaginación).
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