Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Un viaje a Star Wars - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Un viaje a Star Wars
  3. Capítulo 26 - 26 Enfrentamiento en Toydaria 4
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Enfrentamiento en Toydaria 4 26: Enfrentamiento en Toydaria 4 —(La oscuridad…

solo para ella, al menos)— pensé, mientras el suelo se abalanzaba sobre nosotros.

Un microsegundo antes del impacto fatal, concentré mi voluntad.

Envolví nuestros cuerpos en una densa y apretada capa de la Fuerza.

Al mismo tiempo, generé un poderoso impulso telequinético en la dirección opuesta al suelo.

El efecto fue inmediato: nuestra caída libre se frenó en seco, elevándonos unos veinte metros de vuelta al aire en un rebote antigravitatorio.

Disipé la gran mayoría de nuestra inercia acumulada con solo imaginarlo.

De otra forma, esa frenada brusca habría reventado todos nuestros huesos y órganos internos como si de ramitas secas se tratara.

Sin embargo, dejé que se filtrara una pequeñísima parte de ese momentum residual y lo dirigí, con precisión quirúrgica, hacia la aprendiz de Dooku.

—(Eso debería haber provocado una sacudida bastante fuerte en su interior, lo suficiente para obligar a su cerebro a desconectarse y desmayarla…

sin dañarla permanentemente, por supuesto)—.

Fue un castigo ligero por hacerme creer, aunque fuera por un segundo, que realmente íbamos a morir.

Me quedé flotando un momento, suspendido en el aire, sosteniendo el cuerpo inconsciente de Ventress.

No había intentado algo de esta magnitud antes.

Definitivamente, acababa de eliminar por completo una de las leyes más fundamentales de la física con solo pensarlo.

Es algo impensable para el sentido común.

—(La “Fuerza”…

claramente podría ser un poder insondable.

Todopoderoso.

Sin límites.

Únicamente limitada por la imaginación de sus usuarios…)— reflexioné, sintiendo la inmensidad de la energía fluir a mi alrededor—.

Y la habilidad necesaria para lograr lo que imagines, claro está…

Los secretos de esta singularidad del universo Star Wars son demasiados.

¿Quién sabe qué es la Fuerza realmente?

—(En el futuro, deberé hacer un viaje hacia la Fuente de la Vida, en el centro de la Galaxia…

Espero que las Sacerdotisas de la Fuerza de allí puedan aclarar algunas de mis dudas)—.

La onda expansiva provocada por mi contraimpulso telequinético había devastado el fondo del cañón, levantando una densa nube de polvo y escombros.

—¿Eh?…

—miré hacia abajo.

A través de las grietas en forma de telaraña que se habían formado en la superficie del terreno por la presión, vi cómo se filtraba una especie de luz azulada y vibrante.

El suelo, inestable por la explosión, cedió bajo nosotros.

Atravesé la cortina de polvo y me acomodé para la nueva caída.

Descendimos unos diez metros hasta aterrizar con suavidad sobre la superficie de un río subterráneo que corría por una inmensa caverna.

Toda la cueva estaba iluminada por colonias de hongos luminiscentes que crecían en las paredes de coral, bañando el lugar en un tono cian irreal.

De inmediato, me aseguré de no causar ningún disturbio.

Desaparecí nuestra presencia de la Fuerza por completo, volviéndonos invisibles al radar sensorial de cualquier criatura.

No sabía qué tan profundo era este caudal, y definitivamente no quería averiguar si algo lo habitaba.

Mi talasofobia afloró, poniéndome algo nervioso; ser poderoso no elimina todos los temores instintivos.

Giré la cabeza para observar mejor el entorno, aliviado por la luz.

—(Es realmente bueno que haya luz aquí…

Si esto hubiera estado a oscuras, habría enviado a volar todo a mi alrededor por puro pánico)— admití para mis adentros.

—Qué lugar tan bonito…

Se siente más especial aún viendo que estoy parado y caminando sobre el agua, jaja.

Parezco Jesús —murmuré, avanzando con paso firme sobre la corriente.

Se debía a un uso bastante sencillo de la telequinesis, una aplicación de “repulsión sutil” bajo mis pies.

Nada tan extremo como lo que logró Luke Skywalker en Legends, quien incluso podía caminar sobre la lava hirviente, pero suficiente para mis propósitos.

Avancé durante algún tiempo, siguiendo la corriente río arriba.

Tal vez pasó una hora.

Fue cuando las paredes de la caverna comenzaron a estrecharse que logré ver un resplandor rojizo al final del caudal.

El aire fresco se filtraba por allí.

Caminé hasta salir por esa abertura.

—Ah, así que era la luz del atardecer…

—concluí.

La causa del río subterráneo era una cascada que caía desde lo alto del cañón, formando un pequeño lago que se filtraba al interior de la cueva.

El sol ya se estaba poniendo cuando logramos salir a la superficie de nuevo.

Había subido durante una hora, pero la cima del cañón aún estaba a unos cien metros de altura por encima de nosotros.

—(¿Cuánta distancia caímos exactamente?…)—.

Sentí a Ventress moverse un poco en mi espalda, pero no mostraba señales de despertar pronto.

Salí del lago y caminé hasta la orilla.

Me senté en posición de seiza, apoyando mi espalda contra las paredes rugosas del cañón, y acomodé la cabeza de Ventress en mis piernas.

Tenía que revisarla para asegurarme de que mi “pequeño castigo” no se me había ido de las manos.

Coloqué mi mano sobre su frente, usando la Fuerza para diagnosticar su estado interno.

—(Ay…

creo que se me pasó la mano)—.

Al cerrar los ojos y extender mis sentidos a través de su cuerpo, el diagnóstico no era prometedor.

En el exterior se veía intacta, pero el interior era otra historia.

El brusco movimiento de inercia que le filtré le había causado varias contusiones internas.

Especialmente en la zona craneal; si la dejaba así, dudaba que pudiera volver a caminar, y mucho menos a pelear.

Rápidamente me comprometí a curarla.

A pesar de la gravedad potencial, las microrroturas eran pequeñas, así que el gasto de energía fue mínimo.

Solo tomó unos minutos de concentración, pero sentí cómo su conciencia regresaba justo antes de terminar.

—(¿Oh?

¿Nuevamente fingirá estar dormida?)—.

Me pareció casi tierno —dentro de lo macabro de la situación— la manera en la que sus dedos buscaban sus sables con movimientos milimétricos, intentando que no me diera cuenta.

Pero su uso de la Fuerza era tan errático debido al nerviosismo que era como si estuviera gritando su posición en una habitación vacía.

Jamás lograría encenderlos a tiempo.

Lentamente, sujeté sus mejillas, fingiendo que seguía concentrado en el tratamiento médico.

—¿Qué significado tendrán estos tatuajes?…

—murmuré, observando las marcas en su piel pálida—.

Debe haber sido doloroso hacértelos.

No hubo reacción, así que decidí jugar un poco más con sus nervios.

Comencé a trazar las líneas de los tatuajes con la punta de mis dedos, lo que provocó pequeños espasmos involuntarios en sus hombros.

Ella ya había logrado cerrar la mano sobre sus empuñaduras, pero seguía esperando el momento “perfecto”.

Decidí terminar con el teatro y agarré su nariz entre mis dedos índice y medio.

—¿Vas a seguir fingiendo demencia?

Estoy hablando contig…

—empecé a decir.

—¡WAAAA!

—rugió Ventress, abriendo los ojos de par en par.

Su brazo trazó un arco directo hacia mi cuello con una velocidad asombrosa.

Sin embargo, debido al caos emocional que la embargaba, olvidó el pequeño pero crucial retraso que hay desde que accionas el botón de un sable de luz hasta que el plasma se extiende por completo.

Simplemente ladeé la cabeza un par de centímetros; su empuñadura pasó rozando mi garganta justo antes de que la hoja roja brotara con un siseo.

Sujeté su muñeca con mi mano libre mientras con la otra seguía presionando su nariz de forma ridícula.

—Qué grosera…

—le recriminé con calma—.

Y eso que me tomé la libertad de curarte.

—¡Cállateeee!

—chilló ella.

Me lanzó un empujón de la Fuerza mediocre.

Al parecer, su cerebro seguía intentando procesar el hecho de que no estaba muerta.

Solté su brazo rápidamente para no rompérselo con la palanca y dejé que la onda de choque me apartara un par de metros.

De inmediato, se abalanzó sobre mí con sus dos sables en alto, lanzando tajos a toda velocidad con una agresividad desmedida.

Esquivé cada ataque con facilidad, desplazándome hacia atrás como si estuviéramos bailando.

Sus emociones eran un torbellino y sus movimientos se sentían pesados, flojos.

Estaba tan llena de aberturas que cualquier Caballero Jedi la habría despachado en tres segundos.

Parecía un niño agitando dos varas de madera, así que, fiel a mi estilo, comencé el análisis crítico mientras evadía.

—Descuidado, flojo, lento…

no tienes enfoque —iba enumerando con cada tajo que pasaba a milímetros de mi túnica—.

Tu postura es horrenda.

Tu juego de pies parece indicar que no tienes pies.

Eso que acabas de hacer podría esquivarlo un bebé…

¿Estás haciendo un baile tradicional de algún tipo?

Porque como estilo de combate, deja mucho que desear.

—¡Grrr Cállateeee!

—Grito ella.

Esquivé su último tajo por el ancho de un cabello.

El error de cálculo la hizo tropezar; tomé su brazo dominante y deslicé mi pie entre sus piernas.

Ella desparramó su postura, víctima del puro nerviosismo.

Aprovechando el hueco, dirigí mi puño a toda velocidad contra su rostro expuesto.

Ventress cerró los ojos, apretando los dientes y esperando el impacto de un golpe que le rompería la mandíbula…

pero el golpe nunca llegó.

En lugar de eso, sentí la suavidad de su piel cuando sujeté su nariz entre mis dedos nuevamente.

—Tengo tu nariz~ —le dije con un tono infantil.

—¡U-uaaaa!

—soltó un grito que sonó más a un conejo asustado que a una asesina Sith.

Dio un gran salto hacia atrás, alejándose de mí mientras se sujetaba la cara con ambas manos, como si tratara de asegurarse de que su nariz seguía ahí.

—¿¡QUÉ DEMONIOS OCURRE CONTIGO!?

—bramó, con la voz quebrada por la frustración—.

¡Deja de burlarte de mí!

Si te atreves a no tomarme en serio, ¡te mataré!

Me apuntó con el brazo derecho en un gesto amenazante, solo para darse cuenta, con un segundo de retraso, de que su mano estaba vacía.

—Olvidas estos, jaja —le dije, haciendo girar sus sables en mis dedos antes de arrojárselos.

Ella los atrapó en el aire mientras varias venas de puro enojo comenzaban a marcarse en su frente pálida.

Estaba a punto de estallar.

—¡Basta!

—Jajaja, lo siento, lo siento…

¿De verdad soy tan extraño?

—Eres un maldito fenómeno…

—escupió ella.

—Auch…

Qué malvada.

Pero, realmente te atreves a pedirme que me lo tome con seriedad…

cuando tú eres quien parece estar jugando.

Eres descuidada, tus movimientos son de amateur.

Dudas demasiado…

Me pregunto, ¿por qué?

No eras así la primera vez que combatimos.

Su postura flaqueó.

Su mirada profundizó ese odio forzado que intentaba proyectar, pero yo podía leer entre líneas.

—¡Cállate!

Solo eres un mocoso estúpido, ¿crees conocer algo sobre mí?

¡Yo te odioooo!

¡Pienso matarte!

—Sé más sobre ti de lo que jamás imaginarías…

Y tal vez podría haberme tragado el comentario sobre tu “odio” antes, pero no ahora.

Lamento informarte que el odio falso e infundado nunca será odio real, señorita.

Las emociones de negatividad que mostró en ese risco eran demasiado intensas para ser el producto de una simple derrota.

Ventress perdió muchas veces en la serie contra Anakin y Obi-Wan, y aunque se obsesionó, nunca llegó al punto de suicidarse para ganar.

—(Esto no tiene sentido.

Tirar su vida para tomar la mía es una estupidez que ella no cometería por voluntad propia.

Dooku…

ese bastardo tiene algo que ver)—.

—Todo esto es por ese anciano pervertido, ¿no es así?

—solté, bajando el tono de voz—.

Ventress, hoy no solo curé las heridas de nuestra caída.

Había algo más.

Varias cosas más.

Sus pupilas se contrajeron.

Su cuerpo comenzó a temblar de forma visible y su mirada se perdió en el vacío del cañón.

Parecía estar reviviendo un trauma que su mente intentaba bloquear.

—Él te lastimó, ¿verdad?

Te hizo daño…

te castigó.

Dime, Ventress…

¿Qué te hizo Dooku?

—C-cállate…

tú no sabes nada…

¡No te atrevas a hablar así de mi Maestro!

¡Cállateeee!

Nuevamente se abalanzó sobre mí.

Esta vez no había rastro de la elegancia del Makashi que Dooku le enseñó.

Sus ataques eran erráticos, pesados y bárbaros.

Ya no buscaba mis puntos vitales; simplemente quería destruir lo que tuviera delante para acallar mis palabras.

Bloqueé cada golpe con mi sable, sintiendo la vibración del plasma chocando.

Retrocedí lentamente, guiándola hacia la orilla del lago subterráneo, mientras ella se hundía más y más en su propio caos.

—¡Te atreves a hablar como si me conocieras!

¡Como si supieras todo de mí!

¡No sabes nada!

¡T-todo esto es tu culpaaaa!

—gritó Ventress, lanzando un último ataque desesperado.

Levantó ambos sables por encima de su cabeza, buscando partirme a la mitad con toda la inercia de su cuerpo.

—Es suficiente —dije con voz firme.

Frené el combate en seco.

Extendí mi mano y la inmovilicé en el aire antes de que sus hojas descendieran.

Con un esfuerzo mental, apagué sus sables a la fuerza —forzando los interruptores magnéticos— y la alejé de mí con un potente empujón de la Fuerza.

Salió despedida hasta aterrizar en una pequeña plataforma de roca que sobresalía de la pared del cañón.

—Lo siento…

No era mi intención que fueras castigada de esa forma por ese monstruo —le dije, manteniendo la distancia—.

Pero sabes que no puedes derrotarme.

Ríndete, Ventress…

será lo mejor para ti.

—¿¡Acaso no lo entiendes!?

—su voz se quebró, mostrando una vulnerabilidad aterradora—.

Ya no puedo rendirme…

N-no puedo volver a fallar…

La mirada de terror puro en su rostro me confirmó que no mentía.

Para ella, volver con las manos vacías era peor que la muerte.

En ese momento, mi comunicador comenzó a emitir un pitido rítmico.

—Parece que ya me encontraron…

Nuestros brazaletes tienen un GPS integrado.

Ya saben mi localización.

Oí el crujir de sus dientes.

A pesar de saber que no tenía oportunidad contra mí, el miedo que le profesaba a Dooku era una cadena más fuerte que cualquier celda.

Suspiro.

Esto debería funcionar entonces.

Miré mi sable de luz y lo dividí en dos partes (su forma dual).

Enganché el mango derecho en mi cinturón y sujeté firmemente el de mi mano izquierda.

—¡Hap!

—exclamé, aplicando una presión telequinética brutal sobre la empuñadura.

El metal se abolló bajo la fuerza invisible, manteniendo la forma de mis dedos grabada en el acero.

El pequeño cristal Kyber en su interior se fracturó con un chasquido seco.

Relajadamente, le arrojé el arma destrozada a Ventress, quien la atrapó con manos temblorosas.

Se quedó estupefacta, mirando los restos del sable antes de volver a clavar sus ojos en mí.

—¿Po-por qué?…

—preguntó en un susurro.

—Simplemente no quiero que te vuelvan a lastimar así.

Además, lamentablemente no está en mis planes morir todavía, así que no puedo darte mi cabeza pero…

tómalo.

Debería ser suficiente para él.

Definitivamente se te ocurrirá una buena historia —le dije con una media sonrisa.

Ella me sostuvo la mirada durante lo que pareció una eternidad, en un silencio sepulcral.

Finalmente, se recompuso y, sin decir una palabra, se giró para marcharse.

—¡Ventress!

—la llamé.

Se detuvo.

Pareció dudar por un segundo, pero terminó volteando hacia mí.

—El sendero de la maldad puede traer mucho poder…

pero nunca te traerá lealtad.

Ten mucho cuidado con Dooku; tú eres prescindible para él, al igual que él lo es para sus superiores.

Los Sith solo se consideran herramientas unos a otros.

Pero tú no eres una Sith…

no te conviertas en uno.

La asesina frunció el ceño y miró el sable destrozado en su mano, pareciendo procesar mis palabras.

Luego, antes de desaparecer entre las sombras de las rocas, soltó una despedida inesperada: —Ya nos veremos…

Usó las salientes de coral como pivotes, ascendiendo con agilidad hacia la superficie hasta que su rastro se perdió.

—Qué extraña muchacha…

—murmuré para mí mismo—.

Si las cosas van bien, puede que se separe de Dooku mucho antes que en la serie original.

Ella se redimió al final de todo, después de todo…

incluso se sacrificó por Quinlan Vos.

Quizás esta vez su camino sea menos doloroso.

Unos veinte minutos después de que Ventress se marchara, el eco de unos motores rompió el silencio del cañón.

Me puse en pie, sacudí un poco mi túnica y concentré el flujo de la Fuerza en mis piernas.

Con un solo impulso explosivo, ascendí los cien metros de pared vertical en un salto limpio hasta alcanzar la superficie.

—(Amo este mundo, jaja.

Es como volar…

Me pregunto si así se sentirá Superman)— pensé mientras el viento silbaba en mis oídos antes de aterrizar suavemente en el borde del abismo.

Esperé a que la cañonera LAAT aterrizara frente a mi posición.

De ella descendieron el Teniente Thire —finalmente recordé su nombre—, el Rey Katuunko y, por supuesto, el Maestro Yoda.

—A tiempo parecemos haber llegado.

Bueno ver que a salvo estás es —dijo Yoda, bajando de la rampa con su paso lento pero seguro.

Me evaluó con una mirada analítica, buscando heridas graves.

Aunque me veía bastante lamentable —cubierto de polvo, suciedad y con la ropa humedecida por el río subterráneo—, físicamente solo tenía unos pocos rasguños superficiales que había decidido no sanar para darle credibilidad a mi historia.

—Gracias a la Fuerza, me encuentro a salvo, Gran Maestro —dije, bajando la cabeza con fingida pesadumbre—.

Pero…

lamento informar que perdí a Ventress.

Tras un duelo intenso en el que logró destruir uno de mis sables, escapó antes de que ustedes llegaran.

No tuve la fuerza suficiente para detenerla…

Lo siento.

—Juju~ preocuparnos por eso luego podremos —me tranquilizó Yoda, apoyando su mano en mi pierna—.

Que estés sano y salvo algo bueno es…

Pero prepararnos rápidamente debemos.

Malas noticias para informarte conmigo traigo, mh.

—(¿Malas noticias?)—.

Fruncí el ceño.

No recordaba que nada catastrófico sucediera inmediatamente después de Toydaria en el cronograma de la serie.

El Maestro Yoda vio la incertidumbre en mi rostro y soltó la bomba sin rodeos.

—La misión del Maestro Plo Koon fallado ha…

Su crucero destruido ha sido por un arma nueva del enemigo.

Noticias de él no tenemos.

Predecible podría ser…

que muerto está…

—concluyó Yoda, y su voz sonó más pesada que de costumbre.

Mi mundo se detuvo por un momento.

El aire pareció volverse denso.

—¿Eh?

—fue lo único que logré articular.

—(¡El Malevolence!

El crucero de combate del General Grievous con su cañón de iones…)—.

En la serie, Plo Koon es rescatado por Anakin y Ahsoka, pero aquí, con mi presencia alterando los hilos del destino y la incertidumbre de la guerra real, la posibilidad de que uno de los Maestros más sabios y poderosos de la Orden hubiera muerto en el vacío del espacio me golpeó como un impacto físico.

Si Plo Koon moría aquí, la serie se descarrilaría por completo.

…

POV: Asajj Ventress …

Mi mente era un desorden total, un hervidero de odio, confusión y algo que me negaba a llamar gratitud.

Ese maldito mocoso…

había estado jugando conmigo durante todo el encuentro en la luna de Rugosa.

Ni siquiera arrojándonos al vacío absoluto pude arrebatarle la vida.

Aposté mi propia existencia en ese descenso suicida y, aun así, él salió ileso.

En nuestra pelea en Teth no lo sentí con tanta claridad, pero ahora la duda me carcomía: ¿Realmente había tanta diferencia de poder entre nosotros?

Es imposible.

Apenas tiene dieciséis años…

y su actitud es exasperante.

Esa soberbia fingida que muestra constantemente…

pero sé que no hay nada más que vacío detrás de eso.

¿O sí?

En ningún momento del duelo supe cuándo hablaba en serio y cuándo estaba jugando conmigo como si fuera una aprendiz de primer año.

—(Además, ¿quién se piensa que es?

Bufido.

Sujetándome y bloqueando el impacto de la caída con su propio cuerpo…

¿Acaso también estaba jugando en ese momento?

Si realmente intentaba protegerme allí, solo puedo pensar que es un estúpido.

La mediocridad moral de los Jedi ya ha echado raíces en él)—.

Discernir entre la verdad y el engaño con Galen Marek es una tarea agotadora.

Hay momentos de pura estupidez mezclados con destellos de una sabiduría que no debería poseer alguien de su edad.

No se comporta como un Jedi tradicional y, sin embargo, a veces parece ser más Jedi que el propio Yoda.

Es una fachada de idiota pincelada con las miradas y oraciones más inteligentes que he visto en toda la galaxia.

—(Incluso si lo de protegerme con su cuerpo fuera una mentira…

¿por qué curarme por completo después?

Podría haberme dejado moribunda en el barro.

Capturarme habría sido una tarea trivial en ese estado)—.

Pero no lo hizo.

Me curó cada contusión, cada microrrotura interna.

Trató mi cuerpo con una suavidad que no había sentido en años y se atrevió a acariciar los tatuajes de mi rostro con una curiosidad casi…

humana.

—¿Acaso trataba de recalcar lo horrendo de mi persona?

¿O era otra de sus tácticas para desarmar mi guardia?

—me pregunté mientras mis dedos apretaban el metal abollado de su sable de luz en mi cinturón—.

“No te conviertas en un Sith”, dijo…

Un escalofrío me recorrió la espalda.

El miedo a Dooku seguía ahí, palpitante, pero el peso del sable de Marek en mi mano se sentía diferente a cualquier trofeo que hubiera reclamado antes.

No era una victoria.

Era un regalo de alguien que, por alguna razón incomprensible, decidió que mi vida valía más que su propia arma.

—Estúpido mocoso…

—murmuré para la cabina vacía de mi nave, aunque mi voz carecía de la convicción necesaria para sonar amenazante.

—(¡Estúpido, imbécil, idiota, tonto, tonto, tonto!)—.

Una fuerte migraña martilleaba mi cabeza mientras más intentaba profundizar en la lógica de ese mocoso presumido.

No podía dejar de pensar que buscaba algo de mí, que quería algo importante…

pero por más que repasaba mi vida, no encontraba nada que pudiera interesarle a alguien como él.

—(Y luego está esto…

Destruyó su propio sable de luz y me lo entregó)—.

Las palabras que pronunció cuando le pregunté la razón resonaron en mi mente como un eco persistente en una caverna vacía: —Simplemente no quiero que te vuelvan a lastimar así…

Además, lamentablemente no está en mis planes morir todavía, así que no puedo darte mi cabeza pero…

Tómalo, debería ser suficiente para él.

Definitivamente se te ocurrirá algo.

“No quiero que te vuelvan a lastimar”.

Pensar en esa frase provocaba un extraño revoltijo en mis emociones, algo que no lograba comprender.

Perdía mi calma y me descontrolaba de una manera que me resultaba ajena.

No entendía este sentimiento, pero definitivamente no me gustaba…

o tal vez sí, y eso era lo que más me aterraba.

—(¡UGH!

Cada vez que pienso en eso, la estúpida imagen de su sonrisa idiota viene a mi mente…

Me provoca una violencia extraña.

¡Quiero golpear su rostro y borrar esa expresión de su cara!)—.

Sus otras advertencias —”prescindible”, “herramienta”, “falta de lealtad”— también daban vueltas en mi cabeza.

Conscientemente intentaba ignorarlas, convenciéndome de que solo eran las provocaciones de un mocoso precoz.

Bip, bip, bip, bip…

El comunicador holográfico de mi nave comenzó a sonar, anunciando una llamada entrante.

Solo podía ser él.

Con el corazón latiendo con fuerza, contesté.

—[Ventress, parece que continúas con vida…

Bueno, no importa.

Debes saber qué es lo que deseo…

Dame el informe de tu misión] —dijo el Conde Dooku.

Su voz era fría, carente de cualquier rastro de preocupación por mi estado.

—(¿No importa?…)— el desdén en sus palabras dolió más que cualquier herida física.

—M-Maestro…

yo…

yo fallé —comencé, bajando la mirada—.

No pude tomar la vida del Padawan.

Nuestra caída se vio obstaculizada por una fuente de agua…

Luego de eso luchamos, pero…

Ver el ceño del Conde fruncirse a través de la luz azulada del holograma provocó un escalofrío que me recorrió toda la columna.

No podía parar de temblar.

Me sentía patética, débil ante su sola presencia.

—[¡Ha!

Ya esperaba que eso no acabara en su muerte, no en la de alguien como él…

algo que definitivamente no puedo decir de ti] —escupió Dooku con desprecio—.

[Si no tienes nada más que decir, vuelve a la base.

Me encargaré personalmente de ti más tarde; recordarás las consecuencias de fallarme nuevamente].

En el momento en que mi Maestro estaba a punto de cortar la comunicación, mi boca comenzó a moverse por su cuenta, impulsada por un instinto de preservación que Galen Marek había despertado.

—¡De hecho!

Maestro, tengo algo más que reportar…

algo que seguramente le interese —solté apresuradamente.

—[Habla, entonces] —ordenó Dooku, deteniendo el movimiento de su mano.

—Luego de estrellarnos, el río subterráneo nos arrastró hasta un claro en las afueras del cañón.

Allí, Galen Marek y yo luchamos férreamente…

Al principio no parecía estar tomándose nuestra batalla en serio, por lo que comencé a insultarlo de sobremanera y a amenazar con eliminar a todos sus familiares y amigos.

Ataqué verbalmente a su compañero Padawan y a su Maestro…

Tardé, pero finalmente logré obtener una reacción de él…

La mirada de mi Maestro se volvió expectante; parecía desear profundamente escuchar exactamente lo que mis labios estaban formulando.

—Su furia estalló como una llamarada —mentí, con una fluidez que me asustaba a mí misma—.

Su sable se volvió rápido y pesado, atacando mis puntos vitales con desesperación.

Pero cuando vio que yo podía frenarlo, su ira aumentó de sobremanera.

Me envió a volar con un empujón de la Fuerza y, en el proceso, apretó sus manos con tal saña que hizo estallar las empuñaduras de sus armas.

Logré tomar uno de los restos antes de escapar, juzgando que la situación superaba mi nivel de habilidad.

Los ojos del Conde brillaron con una intensidad casi febril.

—Muéstramelo…

Y luego colócalo en el analizador —ordenó.

Cumplí automáticamente.

El escáner de la nave procesó el fragmento metálico y envió los datos al holograma de Dooku.

—Esto es…

¡Jajaja!

¡JAJAJAJA!

—La risa de Dooku estalló, cargada de un éxtasis oscuro—.

Acero Mandaloriano.

Beskar puro…

Y fue convertido en puré por las manos de un niño de dieciséis años cegado por la ira.

¡Maravilloso!

Parecía haber encontrado la prueba final de algo que buscaba con desesperación.

—Bien hecho, Asajj Ventress.

Vuelve a la base; has cumplido adecuadamente tu misión.

Así como prolifero los castigos, también soy generoso con las recompensas.

Cortó la comunicación antes de que pudiera procesar el cambio en su humor.

Me desplomé en el asiento del piloto, temblando.

—¿Qué demonios fue eso?…

—susurré.

Las palabras se habían derramado de mi boca antes de que mi mente pudiera filtrarlas.

Pero la realidad me golpeó un segundo después: Marek no estaba dominado por ninguna emoción cuando aplastó ese sable.

Lo hizo con la misma calma con la que alguien dobla un trozo de papel.

Había destrozado Beskar con una sola mano simplemente porque “quería salvarme”.

Se me erizó la piel al imaginar qué habría pasado si ese puño, en lugar de apretar mi nariz, hubiera impactado de lleno en mi rostro.

No entiendo a este niño…

es un enigma aterrador.

Pero ahora comprendía por qué se refirió a nosotros como herramientas.

—Je…

“Prescindible” —murmuré, mirando el espacio infinito—.

Así que tú eras mi próximo reemplazo, Galen Marek.

Y te diste cuenta antes que nadie.

Cerré los ojos, visualizando su cara una vez más.

—Definitivamente quiero golpearlo en el rostro.

__ Poco sabía Assajj Ventress.

Que otra de las razones por las que Dooku enloqueció, fue porque justo en el momento en el que su aprendiz le contaba lo que ocurrió con el sable.

Llegó al comunicador del Conde Dooku, una grabación de lo que hizo Galen contra los Droides en el campo de batalla…

Haciendo que se vuelven la cabeza con sus propias armas, de una manera totalmente fría y desalmada aunque fueran máquinas..

Y se imaginó al niño haciendo eso con personas comunes.

Todo ocurrió justo y por casualidad en el momento en que Ventress hablaba sobre la furia de Galen.

Cómo si ambos hechos hubieran sido cuidadosamente colocados en ese momento y lugar por una fuerza externa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo