Un viaje a Star Wars - Capítulo 27
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27: Asalto al Malevolencia 1 27: Asalto al Malevolencia 1 Las palabras del Maestro Yoda me descolocaron por un momento.
—(El Maestro Plo…
¿muerto?
Obviamente debe haber algún tipo de malentendido…
Es casi impensable que alguien como él pueda ser eliminado tan pronto al comienzo de la guerra)—.
Además, mi memoria de fan de The Clone Wars empezó a trabajar a toda máquina.
¿Había ocurrido algo así en la serie?
—(¡Espera!
¡Claro!
Esto pasó en los primeros episodios de la primera temporada)— recordé de pronto.
—Gran Maestro…
No quiero precipitarme, pero ¿podría explicarme adecuadamente la situación?
—pedí con calma.
El Maestro Yoda asintió y, mientras caminábamos hacia la nave, comenzó a relatarme la misión que el Consejo le había asignado a Plo Koon.
Buscaban desesperadamente la fuente de la destrucción sistemática de nuestras flotas; algún indicio de un nuevo poder o arma en manos de los Separatistas que les permitiera borrar del mapa cruceros enteros para luego desaparecer sin dejar rastro.
Todas las misiones anteriores habían fallado.
Los equipos de reconocimiento simplemente dejaban de emitir señal.
Por eso enviaron a un Maestro del Consejo, alguien con la experiencia de Plo Koon.
—Todo contacto con la flota del Maestro Plo hace algún tiempo perdido hemos…
Tristemente, imaginar un destino diferente al de las anteriores no podemos —dijo Yoda, bajando la mirada—.
Informarte lamento sobre esto; sé que el Maestro alguien cercano para ti fue.
—(Vaya, así que me está dando el pésame)— pensé con una mezcla de ironía y respeto.
—(Lamentablemente para su tristeza, pronto descubrirán gracias a Anakin que Plo Koon está vivito y coleando en una cápsula de escape)—.
—Muchas gracias, ahora entiendo el contexto, pero…
yo creo que aún es muy precipitado dar por muerto al Maestro Plo.
Siento que él sigue con vida —afirmé con seguridad.
El pequeño anciano verde frunció el ceño y me dirigió una mirada cargada de una compasión algo condescendiente.
—Un gran corazón tienes, Padawan, y mucho cariño para dar.
Pero como Jedi, saber debes que una parte de nuestra vida trata de olvidar y soltar…
Los apegos no son algo bueno para nosotros; a los demonios del corazón evitar debemos.
Refugio en la Fuerza encontrarás.
Yoda comenzó a darme una lección magistral sobre no hacerme falsas ilusiones.
Para él, mi insistencia era solo una manifestación de mi apego emocional por Plo Koon, una debilidad que debía aprender a superar.
Ver a un Maestro de más de ochocientos años errando de forma tan flagrante por no considerar que mi “seguridad” venía de otro lado, me provocó una pequeña risa interna que no pude contener.
—(Jjjjj)…
L-lo siento, Gran Maestro, pero es que yo sé muy bien eso.
No lo digo por una falsa idea de esperanza o por apego irracional.
Es algo de lo que tengo plena seguridad.
El Maestro Plo sigue vivo y está esperando nuestra ayuda.
Estoy seguro de que mi pensamiento es correcto…
de otra forma, la Fuerza me habría avisado de su partida.
Debería intentarlo usted también para aclarar sus dudas; yo siempre estoy escuchándola —concluí con una sonrisa inocente pero cargada de una certeza absoluta.
Yoda se quedó pasmado por un momento.
Se detuvo en seco antes de subir la rampa de la nave.
—Supongo que los adultos…
contagiarnos de la actitud y optimismo de los jóvenes deberíamos…
Grandes preocupaciones nublando la vista de este anciano están; volver a lo más simple muchas veces necesario es.
El tono juguetón de Yoda desapareció por un instante.
En ese breve silencio, se me revelaron pequeños destellos de la angustia e incertidumbre que lo carcomían por dentro ante una guerra que no comprendía del todo…
aunque rápidamente volvió a su fachada habitual.
Tomé al pequeño anciano del brazo —quien por un momento se vio mucho más frágil ante mis ojos— y lo asistí para abordar el transbordador.
Durante todo el trayecto, Yoda se mantuvo sumergido en un profundo silencio, perdido en sus propios pensamientos.
…
Habíamos atravesado la atmósfera de Rugosa y nos dirigíamos a nuestro crucero cuando decidí romper el silencio.
El ambiente en la lanzadera era pesado, cargado con la preocupación de Yoda por la aparente pérdida de Plo Koon.
—El Gran Maestro parece encontrarse en algún tipo de predicamento —comenté, observando su perfil encogido.
El anciano me dedicó una mirada ligera y asintió con parsimonia.
—Así es, joven Padawan…
—Pues…
solo soy un niño, por lo que todavía no comprendo claramente cuáles son aquellas preocupaciones que nublan su vista —comencé, midiendo mis palabras—.
Pero…
si me lo permite, me gustaría contarle lo que me funciona a mí cuando no puedo encontrar lo que deseo buscar.
Yoda se giró por completo hacia mí, con las orejas ligeramente erguidas.
Parecía genuinamente interesado en lo que un “niño” tenía que decir sobre la ceguera espiritual.
—No es algo tan complejo, jaja.
Maestro…
simplemente debería respirar hondo.
Relajarse.
Muchas veces, al buscar con tanta insistencia algo específico, terminamos perdiendo de vista las señales más importantes del camino.
Descanse y escuche.
No presione por la respuesta que usted espera recibir.
Ignore los bloqueos y sumérjase en las corrientes de la Fuerza.
Déjese llevar por ellas…
y entonces, logrará escuchar aquello que necesita saber.
Tal vez no sea lo que busca, pero definitivamente será lo que necesita.
Los ojos del pequeño anciano se abrieron con asombro.
Los destellos de incertidumbre que percibía en su ceño desaparecieron.
No sé si se esfumaron por completo, pero al menos para mi percepción, su aura se volvió mucho más clara.
—Mmm…
la mente de los jóvenes, brillante sin duda puede ser.
Tu consejo en cuenta tendré.
Agradecido estoy contigo, pequeño Padawan.
—No, el placer siempre será mío, Gran Maestro —respondí con una sonrisa, dando por cerrada la conversación.
Sin embargo, Yoda todavía tenía una duda rondando en su cabeza.
—Aún una cosa que no entiendo, en mi mente está…
Cuando informado sobre el Maestro Plo has sido, sentir la agitación en tu corazón pude.
Y aun con la certeza de que él con vida se encuentra, seguido has mi orden de reagruparnos con la flota…
¿Por qué es así?
¿Por qué no pedir ir a buscarlo?
Sé que ese es el deseo de tu ser ahora mismo.
Pero desobedecido mi orden no has…
¿Es acaso lealtad excesiva?
¿O tu sentido del deber?
Fue directo.
Sin acertijos ni juegos de palabras.
Realmente quería saber qué me detenía de salir corriendo al rescate.
—No es nada de eso…
Simplemente, antes de apresurarme, recordé que no estoy solo.
Y el Maestro Plo tampoco.
Ambos estamos rodeados de compañeros y amigos más que capaces.
Y conozco a algunos en específico para los cuales el abandono no es una opción, jaja —dije, pensando en Anakin y Ahsoka.
Yoda me dedicó una larga mirada reflexiva.
Luego, simplemente sonrió en señal de aceptación.
Lo más probable es que ya supiera exactamente a quiénes me refería.
Cerró los ojos y continuó su meditación, ahora con una expresión mucho más relajada.
…
Nuestra nave arribó al crucero estelar sin más inconvenientes.
Nos despedimos de Thire y los demás clones en la bahía de hangares.
—A una reunión en el centro de comando retrasado estoy —dijo Yoda—.
El asunto en Toydaria más tiempo del que pensaba ha tomado.
—Jaja, sí, lo lamento por eso…
Fue un enorme honor trabajar con usted, Gran Maestro.
No le quitaré más de su tiempo; iré a ducharme y luego a descansar en mi recámara.
Me disculpé entre risas y me preparé para retirarme tras despedirme, pero Yoda detuvo mi avance interponiendo su bastón en mi camino.
—Nono, conmigo irás tú.
Acompañarme al centro de comando debes; de nuestra reunión estratégica formas parte —sentenció.
—¿Yo?
No recuerdo que se tome en cuenta a los Padawan para estas cosas…
Además, necesito descansar un poco, Maestro…
—intenté quejarme, sintiendo el cansancio acumulado de Rugosa.
—Hehe~ eso esperar un poco más puede.
A esta reunión asistir debes…
Esperando alguien conocerte está.
El anciano no esperó respuesta y continuó caminando con esa agilidad engañosa que le daban sus años.
No tuve más remedio que seguirlo deprisa.
—(Alguien quiere conocerme…
Conociendo el punto de la cronología en el que estamos, solo hay una figura de alto perfil que participaba en estas reuniones estratégicas sobre el Malevolencia)—.
El Supremo Canciller Palpatine.
O, para los pocos que conocíamos la verdad: Darth Sidious.
El arquitecto de la guerra, el señor oscuro que movía los hilos de ambos bandos.
Siempre había evitado cruzarme con él durante sus visitas al Templo cuando yo era más inexperto, pero ahora la situación era distinta.
—(Soy más que capaz de ocultar mi verdadera naturaleza incluso frente a él, pero…
¿cómo debo actuar?
¿Como un Padawan sumiso?
¿Como un guerrero impetuoso?
No puedo permitir que detecte ni un ápice de mi conocimiento sobre el futuro)—.
Mientras debatía internamente cómo lidiar con esa “bolsa de huesos” podrida por el Lado Oscuro, un soldado clon apareció corriendo desde la dirección de la Sala de Mando.
Se cuadró frente a nosotros, llevando la mano al casco en un saludo militar perfecto.
—¡Gran Maestro Jedi Yoda!
¡El Maestro Jedi Plo Koon ha sido encontrado con vida!
—anunció el soldado con evidente alivio.
Yoda abrió los ojos con sorpresa genuina antes de que una expresión de inmensa alegría iluminara su rostro arrugado.
—¿Lo que ha ocurrido sabemos ya?
—¡Así es, señor!
El General Plo fue rescatado por el General Anakin Skywalker y su Padawan, Ahsoka Tano.
Fue localizado junto a algunos de los clones de su dotación; todos se encuentran a salvo.
El General Mace Windu y el Supremo Canciller Palpatine lo esperan en la sala de mando para el informe.
El clon se marchó tras entregar el parte.
Yoda se giró hacia mí, y por un momento, su mirada pareció atravesar cualquier barrera que yo hubiera puesto.
—Gran verdad tus palabras contenían, joven Marek…
Plo Koon vivo está y tú nunca dudado has.
Incluso quién se involucraría en su rescate acertaste, jujuju~.
—Aunque pienso que usted, Maestro Yoda, también lo sabía desde nuestro viaje de regreso —respondí con modestia.
—Mi esperanza definitivamente allí estaba.
Pero nublada por la duda había sido, mmm…
A despejar mi mente durante nuestro viaje ayudado has…
y te agradezco por eso.
El anciano Jedi tiró suavemente de mis túnicas con su pequeña mano, sonriendo con una calidez que me recordó inevitablemente a Grogu, a quien solía ver en las guarderías del Templo.
Me pregunté cuántos siglos tendrían que pasar para que aquel pequeño se viera tan “fósil” como el que tenía delante.
—Si mi humilde consejo fue de alguna ayuda para usted, no es más que un honor, Maestro —dije, inclinándome en señal de respeto.
Nuestra charla terminó allí.
Las puertas automáticas de la sala de mando se deslizaron, revelando el resplandor de los hologramas tácticos y las figuras que definirían el destino de la galaxia.
La gran puerta se deslizó con un susurro metálico.
El Maestro Yoda me guió hacia la mesa táctica central, donde tres figuras de luz azulada nos esperaban.
—[Parece que pudo ocuparse de sus asuntos en Toydaria a tiempo, Maestro] —dijo la imagen de Mace Windu, con su habitual tono de piedra.
—Algunos pequeños inconvenientes en las negociaciones hemos tenido, sí.
Pero nada que no podamos resolver ha sido —respondió Yoda, con una calma que me hizo admirar su capacidad para omitir que casi somos enterrados vivos por una montaña.
—[Tiempo sin verte, mi Padawan.
Realmente te haces extrañar…
Pero parece que lo estás haciendo bien por allá también] —intervino Obi-Wan.
Su holograma sonreía, pero sus ojos buscaban señales de fatiga en mí.
—También lo extrañé, Maestro.
Aunque no sé si seguirá pensando lo mismo cuando le llegue mi informe de misión, jaja —respondí, intentando mantener el tono ligero mientras mi mente gritaba “alerta” ante la tercera figura.
Una voz cálida, que destilaba una amabilidad casi abuela, se dirigió a Yoda.
—[Algo así era de esperarse, jaja.
Después de todo, alguien como usted, el Gran Maestro Yoda, se encargó de ello personalmente…
Sin mencionar que llevó consigo a la tan famosa pequeña estrella en ascenso de los Jedi, juju…] —dijo Palpatine.
Lejos de sentirme halagado, un escalofrío me recorrió la columna vertebral de punta a punta.
Conocer la verdadera naturaleza de este hombre y presenciar el carisma hipnótico que desprendía era espantoso.
—(No es de extrañar que este sujeto sea el manipulador más grande de la galaxia.
Solo mi conocimiento previo me impide caer ante su fachada…
La disonancia entre lo que veo y lo que sé que es —una bolsa de huesos podrida por el Lado Oscuro— es absoluta)—.
Al ser un holograma, no podía sondear su presencia real, lo cual era una bendición; no estaba seguro de si mi máscara aguantaría un contacto directo con el abismo de su ser.
—[Galen, el hombre aquí presente junto a mí es el Supremo Canciller Palpatine, Alto Líder de la República] —presentó Windu—.
[Es bueno que se conozcan al fin.
Trabajarás junto a él más estrechamente en el futuro si la guerra continúa…
Además, él buscaba conocerte.
Parece que las noticias sobre ti están llegando a todos los rincones de la República a un ritmo algo alarmante].
Detecté el filo en el comentario de Windu.
No era contra mí, sino contra la rapidez con la que Palpatine se había interesado en un Padawan.
El Maestro de la Orden sospechaba de las intenciones políticas del Canciller.
—[Jaja, sí.
Puedo decir que la admiración mostrada en los informes de los clones agitó mi curiosidad por conocer a este joven amigo.
Me disculpo si fui insistente; es solo que las cosas que se dicen sobre el niño suenan tan increíbles…
Solo quería admirar un poco de ese talento también] —añadió Palpatine, mirándome a través del proyector.
La forma en que dijo “nuestro joven amigo” me revolvió el estómago.
Poseía esa cualidad de hacerte sentir que eras una propiedad de la República, un activo más que un ser vivo.
—Es un placer conocerlo, Supremo Canciller.
Pero temo que tiene en muy alta estima a un simple niño como yo, jaja…
—dije, bajando la mirada con una humildad ensayada—.
Hoy casi arruino el día del Maestro Yoda, además de ser derrotado y permitir que el enemigo escapara.
La voz de Obi-Wan subió un octavo, teñida de una incredulidad genuina.
—[¿Tú perdiste, Galen?
¿Qué ocurrió exactamente?
No me digas que Dooku o Grievous se presentaron allí…] —Está dándome demasiado crédito, Maestro, jaja.
Si eso ocurriera, yo no estaría aquí hablando con usted —respondí, restándole importancia a mi encuentro con los pesos pesados de los Separatistas.
Obi-Wan asintió con una sonrisa entre resignada e hilarante.
Sabía que, aunque soy fuerte, enfrentarse a Dooku o Grievous a mi edad sería, en teoría, un suicidio.
—Fue Ventress.
Caímos juntos por un acantilado y, por casualidad, ambos sobrevivimos.
Ella acabó herida, así que decidí curarla, pero fui descuidado.
Subestimé cuánto demoraría en despertar y me sorprendió; me derrotó y escapó al sentir que llegaba la nave del Maestro Yoda…
Lo siento.
—[No deberías preocuparte por eso, Galen.
Hiciste lo correcto al final de todo] —me consoló Obi-Wan—.
[Ya fue un logro haber derrotado a la asesina de Dooku en Teth; ahora simplemente ocurrió al revés.
De este error puedes llevarte una lección valiosa para la próxima vez que sus caminos se crucen].
—Sí, Maestro —respondí, bajando la mirada para ocultar el brillo de satisfacción.
La coartada estaba sellada.
Palpatine, que había estado conversando en voz baja con Yoda y Windu, se giró hacia mi holograma con una curiosidad que me puso los pelos de punta.
—[Sin duda los Jedi nunca dejan de sorprenderme…
Nunca sé si podré llegar a comprenderlos del todo, jaja.
Fue muy noble rescatar y sanar a un enemigo que buscaba tu vida, aunque no sé si llamarlo también un acto ingenuo…
¿Qué te llevó a tomar esa decisión, joven?] —(Ya, por favor, deja de usar ese tono amigable conmigo, viejo pederasta)— pensé, mientras mantenía mi expresión de humildad—.
Simplemente seguía nuestros principios, señor.
Toda vida en la galaxia es preciada para nosotros.
Ventress estaba herida y desarmada; no habría sido correcto abandonarla.
Mi prioridad era capturarla para interrogarla…
pero fallé.
Windu intervino, desviando la conversación hacia un terreno más estratégico.
—[El actuar del Padawan fue el correcto, siguió el Código.
Lo que verdaderamente me preocupa es cómo el Conde Dooku es cada vez más consciente de nuestros movimientos.
Si los encargados de la misión hoy no hubieran sido el Maestro Yoda y Galen, habríamos perdido otro sistema aliado].
—De posibles espías Separatistas infiltrados en la República habla usted, Maestro Windu —añadió Yoda—.
Algo que preocupándome a mí también está.
Palpatine entrelazó sus dedos, adoptando una postura de falsa preocupación para aminorar la tensión.
—[¿Espías en los altos cargos de nuestra República?
Mmm…
eso es algo difícil de creer.
No comparto ese pensamiento, pues la semilla de la desconfianza crecería entre nosotros y no debemos permitirlo…
¿No podría el Conde haber descubierto nuestros planes mediante esas extrañas habilidades suyas relacionadas con la Fuerza?
Es la única explicación lógica que encuentro].
Solté una pequeña risa, una que sonó lo suficientemente inocente pero que llevaba una carga de ironía que solo yo podía entender plenamente.
—¿Oh?
Es cierto, también podría ser posible que el Conde Dooku nos monitorease de esa manera…
El Canciller parece conocer las profundidades de la Fuerza mejor que nosotros, jajajaja —solté con naturalidad.
Palpatine se quedó congelado por una fracción de segundo.
Su máscara de amabilidad flaqueó casi imperceptiblemente.
—[Oh, no…
yo solo…] —intentó balbucear.
Afortunadamente para él —y quizás para mi seguridad inmediata—, el Canciller fue interrumpido cuando un nuevo proyector se activó en la esquina de la mesa.
Las figuras de Anakin Skywalker y el Maestro Plo Koon aparecieron en el centro.
—[Parece que ya todos se han reunido aquí] —dijo Anakin con su característica confianza—.
[Lamentamos el retraso, tuvimos…
algunas complicaciones.
¡Gusto en verte, Galen!
No sabía que también serías invitado a la mesa de los adultos, pero te lo mereces, eso es seguro].
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