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Un viaje a Star Wars - Capítulo 28

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28: Asalto al Malevolencia 2 28: Asalto al Malevolencia 2 Anakin entró en la conversación como una ráfaga de viento, acribillando a todos con sus palabras y su energía inagotable.

Me saludó y me felicitó de esa forma tan suya —brusca pero sincera—, mientras Obi-Wan simplemente negaba con la cabeza, cubriéndose el rostro con una mano en un gesto de “aquí vamos de nuevo”.

—[Hola Galen, tiempo de no verte] —dijo Plo Koon con su voz calmada y distorsionada por el respirador.

—Maestro Plo, Maestro Anakin…

Me alegro tanto de que ambos se encuentren sanos y salvos.

Es un honor verlos —respondí con sinceridad.

A pesar de su máscara metálica y sus ojos oscuros, con el tiempo había aprendido a reconocer cada matiz en los gestos de Plo Koon.

Bajo esa apariencia severa se escondía el ser más amable del Templo.

Siempre fue como un padre para Ahsoka y para mí, y sentir su presencia de nuevo en la Fuerza fue como un bálsamo después de la tensión de Rugosa.

Mientras Obi-Wan regañaba a Anakin por su falta de protocolo ante el Canciller, el Maestro Yoda fue al grano.

—Gran alegría nos trajo la noticia de que a salvo te encontrabas, Maestro Plo…

Ahora, escuchar lo sucedido debemos.

¿Cuál la causa de tantas vidas perdidas ha sido?

Plo Koon relató el horror: el Malevolence, un crucero de dimensiones aterradoras equipado con un cañón de iones de un alcance devastador.

Un arma capaz de dejar inerte a toda una flota, convirtiendo nuestras naves en ataúdes de metal flotantes.

Además, explicó la eficiencia despiadada de Grievous: sensores que localizaban cualquier señal electrónica o forma de vida orgánica para enviar droides de caza a “limpiar” los restos.

No dejaban sobrevivientes.

Cuando terminó, comenzó el debate sobre cómo detener ese monstruo.

Anakin, fiel a su estilo, presentó el plan que yo ya conocía de memoria: un ataque quirúrgico con un escuadrón de cazas ala-Y, equipados con torpedos de iones para penetrar el blindaje y bombardear el puente de mando.

Era un plan suicida que dependía de la puntería perfecta.

Sabía por el canon que atacar el puente no serviría de nada al final, así que intenté intervenir.

—Maestro Anakin, es una idea audaz, pero…

¿no sería más efectivo concentrar el fuego en la unión entre el cañón de iones y el casco del buque?

Si desestabilizamos el arma mientras se carga, la propia energía del cañón destruiría el crucero desde dentro —sugerí, tratando de ser lo más técnico posible.

El Maestro Plo me dirigió una mirada de interés y Yoda asintió pensativo a mi lado, pero mi sugerencia fue rápidamente opacada.

El Canciller Palpatine no tardó ni un segundo en colmar a Anakin de adulaciones.

—[¡Qué pensamiento tan audaz, joven Skywalker!

Siempre tan decidido, tan directo…

La República tiene suerte de contar con su fuego] —dijo el anciano decrépito con esa sonrisa de serpiente.

Con el apoyo total del Canciller y la desesperación de Windu por terminar con esta amenaza antes de que el Templo sufriera más bajas, el plan de Anakin fue aprobado sin más vueltas.

Antes de desconectarse, Palpatine me dedicó una última mirada.

—[Galen, me encantaría que pasara por mi oficina para charlar en algún momento.

Sus…

perspectivas son muy refrescantes] —me invitó.

Simplemente sonreí, sin confirmar ni negar.

No pensaba meterme voluntariamente en la guarida del lobo a menos que fuera estrictamente necesario.

Plo Koon se retiró a preparar los cazas y Yoda salió para completar nuestro informe de Toydaria.

Al final, en la sala de mando, solo quedamos Anakin, Obi-Wan y yo.

—[No te preocupes, Obi-Wan, lo tengo todo bajo control.

Sabes que soy el mejor piloto de la galaxia…] —decía Anakin con esa confianza que rayaba en la arrogancia.

—[No eres tú quien me preocupa, Anakin, sino los demás integrantes…

Pensar que todos serán capaces de hacer lo que tú haces es una idea descabellada.

Un solo error enviaría el plan por la borda] —replicó Obi-Wan, con el tono de quien ha tenido esta conversación mil veces.

—[Mi equipo está a la altura.

Subestimas a los muchachos bajo mi cargo…

Descuida, las cosas saldrán bien.

Detendré a Grievous y por fin podremos poner un pie en el fin de esta guerra que tanto daño le ha causado a los inocentes.

Es nuestro deber, Obi-Wan].

Iban camino de enfrascarse en una discusión circular, así que solté un profundo suspiro de cansancio y decidí intervenir para despedirme.

—Bueno, yo también cortaré.

Maestro Obi-Wan, tomaré una lanzadera y me dirigiré de inmediato hacia su crucero —anuncié.

—[Mmm, está bien, Galen.

Lamento que tengas que partir hacia aquí poco después de terminar tu misión, sin descanso.

Pero también te necesito conmigo].

—Descuide, supongo que así es la guerra para los soldados…

—respondí despreocupadamente.

Luego me giré hacia la proyección de Anakin, quien tenía un puchero en el rostro porque le había interrumpido su monólogo heroico—.

Maestro Anakin, si me permite un consejo…

“El camino hacia la sabiduría se encuentra disponible para aquellos que no se dejan dominar por el ego”.

Espero que tenga éxito en su misión, le deseo la mejor de las suertes…

y, por favor, piense en lo que le acabo de decir.

Decidí citarle la frase que adornaba el inicio de este episodio en la serie original.

Tal vez, solo tal vez, eso ayudaría a que se diera cuenta a tiempo y evitara las bajas masivas que sufriría el Escuadrón Sombra.

Aunque, conociendo a Anakin, lo dudaba.

Yo no llegaría a tiempo para ayudarlo; el Malevolence ya estaba en ruta hacia la estación médica de Kaliida Shoals.

Anakin parpadeó, sin comprender del todo al principio, pero luego asintió con una sonrisa radiante.

—[Galen…

ese es un gran consejo digno de un Jedi.

¡Gracias por pensar en Ahsoka, se lo comentaré de tu parte!

Descuida, lo lograremos.

Adornaré tu llegada con los restos de la nave de Grievous].

Se desconectó con un entusiasmo que me hizo aparecer líneas negras de frustración en la frente.

—(A veces pienso que este idiota se merece todo lo que le sucede)—.

Obi-Wan, que parecía leerme el pensamiento, se rascó la nuca con gesto de disculpa por su antiguo alumno.

—[L-lo siento por Anakin, él…

puede ser algo exasperante.

Estoy seguro de que tendrá tu consejo en cuenta.

Yo pienso que fue un detalle bonito, mi Padawan].

—Adiós, Maestro.

Lo veré pronto.

Corté la comunicación, pasé por las duchas para quitarme el lodo de Rugosa y bajé al hangar.

Informé al Maestro Yoda de mi partida y, tras recibir su visto bueno, despegué en un caza estelar Delta-7B.

Estaba tan indignado por la terquedad de Anakin que ni siquiera me percaté de la naturalidad y fluidez con la que pilotaba la nave a través del tráfico espacial.

Era mi primera vez fuera de un simulador, pero mis manos se movían solas, como si el caza fuera una extensión de mi propio cuerpo.

…

Algún tiempo después, el túnel azul del hiperespacio se disolvió, revelando la imponente silueta de un Crucero Estelar clase Venator frente a mí.

Tras transmitir los códigos de acceso, se me permitió abordar por el hangar principal.

En cuanto aterricé y descendí de la cabina, un soldado clon con las marcas naranjas características del Batallón 212 me saludó con una rigidez militar impecable.

—Gusto en verlo nuevamente, Comandante.

Será un honor ir al frente con usted una vez más —dijo el Comandante Cody.

—El placer y el honor son míos, Cody.

Aunque no es necesario que seas tan rígido conmigo, jaja.

Puedes tratarme con normalidad —respondí, intentando relajar el ambiente.

—Somos clones, señor.

Son las formas que debemos seguir.

Un clon sin ellas no es más que un soldado sin disciplina —replicó él, tan estoico como siempre.

—Eh…

está bien.

¿Puedes llevarme con mi Maestro?

Cody me guió en absoluto silencio.

De vez en cuando, soltaba una reprimenda seca a algún soldado que no se cuadraba a tiempo al vernos pasar.

Resultaba un poco vergonzoso, pero entendía que para Cody, el respeto a la jerarquía era lo que mantenía unida a la República.

Llegamos a la sala de mando del Negotiator.

Obi-Wan estaba de pie frente al ventanal principal, observando el vacío del espacio.

—¿Perdido en sus pensamientos, Maestro?

—pregunté.

—Algo así…

Qué bueno que llegaste.

Anakin acaba de partir con su escuadrón, Ahsoka y el Maestro Plo hace poco tiempo.

Estábamos esperándote para salir también.

Viniste rápido.

—Me apresuré sin descanso porque sabía que el Maestro me extrañaba.

Pensé que le sería difícil sobrevivir sin mí…

Soy un buen Padawan —dije con un tono burlón.

—Hahaha~ bueno, eso ya lo veremos —sonrió Obi-Wan, recobrando parte de su ánimo—.

¡Prepárense para el salto al hiperespacio!

¡Nos dirigimos a la estación médica del Borde Exterior!

El salto fue inmediato.

El plan era que Anakin interceptara al Malevolence usando un atajo peligroso a través de una nebulosa para ganar tiempo.

Nosotros llegaríamos como refuerzo pesado.

Pero cuando finalmente salimos del hiperespacio en el sistema Ryndellia, la escena fue devastadora.

Vimos los restos de los transbordadores médicos siendo despedazados.

El escuadrón de Anakin había sido diezmado; solo quedaban unos pocos cazas en formación desordenada.

Habían logrado destruir el cañón de iones justo antes de que este borrara la estación del mapa, pero a un costo terrible.

Fue un éxito táctico, pero un fracaso humano.

El Malevolence, herido pero aún imponente, comenzó su retirada.

—Parece que el plan original falló…

Pero su arma principal ha sido neutralizada.

Ahora podemos atacar sin peligro de ser desactivados —comenté.

La tristeza en mi voz traicionó mi intento de sonar objetivo; ver los restos de los Ala-Y flotando me recordaba que el ego de Anakin había costado caro.

Obi-Wan, cabizbajo, accionó su comunicador.

—(Suspiro) De alguna manera, todos esperábamos que las cosas ocurrieran así…

Bip.

¿Anakin, puedes oírme?

Daremos caza a la nave enemiga.

¿Me recibes?

Cambio.

El proyector mostró a Anakin en su cabina.

Se veía terrible.

La culpa y el arrepentimiento eran tan densos en su presencia que cualquiera podría haberlos sentido sin ser sensible a la Fuerza.

—[O-Obi-Wan, yo…] —balbuceó.

—Anakin…

Está bien, descuida…

Todos fuimos negligentes respecto a esta misión.

La culpa no es solo tuya —le interrumpió mi Maestro con una compasión infinita—.

Podremos reflexionar sobre esto luego.

Ahora lo importante es seguir a Grievous, no dejarlo escapar.

Repónganse en la estación médica y luego reagrúpense en mi nave.

Acabemos con esto de una vez.

Cambio.

—[Entiendo…

Pronto nos encontraremos contigo] —respondió Anakin con una desgana que parecía dolerle físicamente a Obi-Wan.

Mi Maestro frunció el ceño, pero rápidamente dio órdenes para no perder el rastro del crucero Separatista.

En pocos minutos, el Maestro Plo se unió a nuestra formación y otros dos destructores Venator salieron del hiperespacio para cerrar el cerco.

—Maestro Plo, qué gusto me da ver que se encuentra a salvo —dije, sintiendo un alivio genuino al ver su figura imponente en el puente.

—Maestro Kenobi, Padawan Marek…

Lamento profundamente haber fallado también esta misión —respondió Plo Koon con su característica humildad.

—Ahora lo importante es terminar el trabajo que ustedes iniciaron.

Gracias a que destruyeron su cañón iónico, podemos presionarlos de esta manera…

A Grievous no le queda mucho tiempo —sentenció Obi-Wan, observando cómo nuestros turboláseres impactaban contra el casco del gigante herido.

Plo Koon se acercó y puso una mano pesada y protectora sobre mi hombro.

—Todo es gracias a tu Padawan, Obi-Wan.

A último momento, Skywalker se desligó del plan original y, antes de que yo pudiera sugerírselo, concentró nuestro ataque en el arma del enemigo…

Tal parece que tus ideas salvaron nuestro pellejo allí atrás, niño.

—(Eso no es del todo cierto…

En la serie, este fue el curso de los acontecimientos.

La única diferencia es que Anakin tragó su orgullo más rápido esta vez.

Solo salvó a unos pocos clones más de su escuadrón, pero el resto sigue igual)— pensé, aunque decidí no ser tan duro.

—Estoy seguro de que, a fin de cuenta, incluso si yo no lo hubiera sugerido, habrían tomado el mismo curso de acción —respondí con modestia.

Obi-Wan, que nos observaba mientras se acariciaba la barbilla, intervino: —Tal vez…

Pero si tu sugerencia salvó aunque sea una sola vida más hoy, es algo que no debe menospreciarse, Galen.

Plo Koon asintió y me desordenó el cabello con un gesto paternal antes de centrarse en los informes de los clones.

Por desgracia, el Malevolence era una mole colosal; incluso sin escudos y con los estabilizadores dañados, su blindaje soportaba la potencia de fuego de tres destructores clase Venator sin desintegrarse.

—Tenemos que pedir refuerzos —sugirió Plo Koon.

—Para eso estoy aquí, Maestro Plo —dijo una voz familiar a nuestras espaldas.

Era Anakin, que entraba al puente con Ahsoka.

Giré para saludar a “Sabionda”, pero la niña simplemente me señaló con el dedo y pasó su pulgar por su garganta de lado a lado, simulando cortarme el cuello.

—(¿Y ahora qué le pasa?)— me pregunté, divertido.

—Anakin, qué bueno que estás aquí.

¿Lograste contactar con la Maestra Luminara?

—preguntó Obi-Wan.

—Sí, Maestro.

Está ocupada con una flota separatista cerca de aquí…

No podrá ayudarnos.

Tendremos que usar lo que tenemos.

Mientras los Maestros debatían, noté que Ahsoka se acercaba a una de las consolas de mando con aire de suficiencia.

Me puse a su lado solo para molestarla un poco.

—Tengo todo bajo control aquí, gracias —soltó ella sin mirarme—.

Puedo ver cómo los sistemas enemigos están en rojo.

Pronto los derribaremos.

—Mmm…

sí, es cierto que están en rojo —dije, inclinándome sobre su hombro—.

Pero este rojo de aquí lo único que indica es el sobrecalentamiento de nuestros propios cañones.

Sus lekkus temblaron ligeramente, un signo claro de que estaba muerta de vergüenza.

Sus reacciones siempre eran tan honestas que resultaba imposible no meterse con ella.

—Mira, se hace así…

—dije, acercándome por detrás para alcanzar los controles—.

Si accionas este comando, se despliega este panel oculto.

Te permite ver los datos crudos que nuestro escáner toma de ese crucero en tiempo real.

No te fíes solo de las luces de advertencia.

Ahsoka se quedó mirando la pantalla, alternando su mirada entre los datos y mi rostro, procesando la lección técnica mientras intentaba recuperar su dignidad.

—(Susurro) Gracias…

—soltó Ahsoka, casi inaudible.

—¿Mm?

Disculpe, no la oí, ¿podría repetirlo?

—pregunté con una sonrisa burlona.

—Oh, ya recuerdo…

Claro, será un placer —respondió ella con una voz sospechosamente dulce.

Antes de que pudiera reaccionar, sentí un fuerte puntapié estrellarse contra mi tobillo.

—¡AUCH!

¡¿Por qué fue eso?!

La Togruta no se detuvo ahí.

Comenzó a revisarme, tanteándome los brazos y los hombros con brusquedad, dándome pequeños golpes para comprobar si ocultaba algún moretón o herida bajo la túnica.

—¿Tú qué crees?

¡¿Acaso eres idiota?!

—exclamó, con los ojos encendidos—.

¡Ya me enteré de todo lo de Toydaria por el Maestro Yoda!

¡¿Qué te ocurrió para bajar la guardia así contra Ventress?!

¡Podrías haber muerto!

Y no solo eso, ¡encima la dejaste escapar!

Aparté sus manos con suavidad, intentando que no notara mi propia sorpresa por su arrebato.

—Oye, descuida…

estoy bien, ¿ves?

No me pasó nada, estoy enterito.

Soy fuerte, Ahsoka.

—¡Lo sé!

Es esa lunática la que me molesta.

¿Acaso está obsesionada contigo o algo así?

El Maestro Yoda dijo que arrojó su vida para intentar tomar la tuya…

¡y para colmo tú la rescataste!

—Me señaló con el dedo, entrecerrando los ojos—.

Puedes mentirle a los demás, Galen, pero yo no me trago eso de que te derrotó y escapó.

No tratándose de ti.

—(Ugh, ella puede ser muy asertiva cuando se lo propone.

Mejor cambio de tema)—.

—Bueno, soy un simple humano, también puedo equivocarme.

Ya ves que estoy bien, ¿por qué tanto drama?

No me digas que son celos…

¿Acaso tú también querías arrojarme al vacío?

Supongo que ella te ganó la mano.

Ahsoka me dio un pequeño pellizco y me sacó la lengua antes de volver a su consola.

—A veces haces que la respuesta a esa pregunta sea muy sencilla —refunfuñó.

Reí entre dientes y me puse a trabajar a su lado.

El Almirante Yularen informó que, dado que el enemigo no saltaba al hiperespacio, era probable que el hiperpropulsor estuviera dañado.

Obi-Wan ordenó concentrar el fuego en el puente de mando para acabar con esto de una vez.

Cerré los ojos.

Sabía que el destino estaba a punto de intervenir.

—¿Qué estás haciendo?

Tenemos órdenes —me reclamó Ahsoka al ver que mis manos no se movían sobre los controles.

—Siento —respondí simplemente.

—Podrías empezar a sentir con las manos puestas en la cabina.

—Un cañón más no hará la diferencia…

Acabo de ver algo importante.

—Pues yo no veo nada…

—Es porque lo miras de la forma incorrecta.

Ve a través de la Fuerza, Ahsoka.

Tus ojos siempre te mostrarán menos de lo que puedes percibir a través de ella.

En ese instante, sentí la fluctuación.

Una pequeña nave salió del hiperespacio justo frente a la trayectoria del Malevolence.

—Maestro, una nave aliada ha aparecido en el sistema, frente al buque enemigo…

Es una nave de Naboo —anuncié en voz alta.

Miré fijamente a Anakin.

Él palideció y frunció el ceño, su conexión con esa nave era un grito en la Fuerza que yo podía escuchar claramente.

—¿Estás seguro de que es aliada?

Podría ser una trampa del enemig…

—comenzó Obi-Wan.

—¡Comunícate con ella rápido, Galen!

—le interrumpió Anakin, abalanzándose hacia mi puesto con una urgencia que rozaba la desesperación.

Podía oír los latidos de su corazón acelerados.

—Enseguida…

Bip.

Aquí crucero Jedi de la República, por favor identifíquese.

Ha ingresado en una zona de batalla, repito, zona restringida.

La imagen de una mujer apareció en el holograma.

—[¡Habla la Senadora Padmé Amidala de Naboo!] Le cedí el lugar a Anakin antes de que, por los nervios, rompiera el respaldo de mi silla.

El diálogo fue una carrera contra el tiempo: la trampa de Palpatine se había cerrado perfectamente.

Segundos después, la nave de Padmé fue alcanzada por los rayos tractores del crucero droide.

—No…

—susurró Anakin, con el rostro desencajado.

Le sujeté el hombro con firmeza para evitar que descargara su frustración contra el equipo.

—Están usándola de escudo.

Qué táctica tan cobarde —gruñó Plo Koon.

—Bueno…

supongo que piensan que los Jedi somos predecibles —añadí, mirando a Obi-Wan.

Anakin se levantó, su decisión ya estaba tomada antes de que sus pies tocaran el suelo.

Ordenó detener el fuego y caminó hacia la salida.

—¿A dónde crees que vas?

—preguntó Obi-Wan.

—Alguien tiene que rescatarla —respondió Anakin sin mirar atrás.

—Allí va otra vez…

buscando aventuras y emociones —suspiró Plo Koon con una mezcla de cansancio y admiración.

—¡Maestro!

—Ahsoka suspiró también—.

Yo ya me acostumbré.

—Jaja, bueno…

yo no pude participar en el ataque anterior —dije, siguiendo los pasos de Anakin—.

Descuida, Sabionda, yo le cuidaré la espalda.

—No es una competencia.

¿Y quién cuidará la tuya?

—me retó ella.

—Yo —respondió Obi-Wan, alcanzándonos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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