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Un viaje a Star Wars - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 Asalto al Malevolencia 3
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29: Asalto al Malevolencia 3 29: Asalto al Malevolencia 3 Los tres nos dirigimos al hangar.

Subimos al Twilight, la nave de carga de Anakin.

El plan era “simple”: aprovechar que sus sensores estaban dañados para aterrizar en una plataforma de emergencia sin ser detectados.

—¿Y existe un plan B?

Siempre debemos tener un plan B —insistió Obi-Wan mientras el Twilight se acercaba a la mole metálica del enemigo.

—No necesitaremos uno si logramos encontrar a Padmé a tiempo —respondió Anakin, con la mirada fija en el casco del crucero.

Antes de que comenzaran a discutir por trigésima vez en el día, levanté una mano para llamar su atención.

—Yo seré el plan B.

Si ustedes son capaces de distraer a Grievous y a sus Magna-guardias, yo debería poder encargarme de extraer a la Senadora sin que los droides sean un problema.

Además…

saben que soy el mejor localizando presencias —propuse con seguridad.

Obi-Wan me miró con una mezcla de orgullo y duda.

Se le notaba en la voz que no le hacía ninguna gracia dejar a su Padawan solo en las entrañas de una fortaleza enemiga.

—¿Estás seguro de que no tendrás inconvenientes?

El buque de Grievous es gigantesco; no sabemos qué podrías encontrar ahí abajo.

Anakin también guardó silencio.

Me observó fijamente durante unos segundos, con una intensidad que parecía querer leer mi alma.

Sabía que no se sentía cómodo confiando la seguridad de Padmé a nadie que no fuera él mismo, pero finalmente cerró los ojos y soltó un suspiro de resignación.

—La última vez que decidí ignorar un consejo de Galen…

terminé pareciendo un total idiota —admitió Anakin, mirando hacia el suelo del hangar—.

Confío en ti, chico.

Obi-Wan asintió, aceptando la lógica de la situación.

—Parece que tenemos nuestros planes, entonces.

Anakin maniobró la nave hacia el Malevolence.

Incluso durante el corto trayecto, Maestro y alumno no dejaron de bromear y lanzarse pullas.

Ya harto de escucharlos, me giré hacia el pequeño droide astromecánico que gestionaba la navegación.

—Lamento todas las cosas que has tenido que aguantar, R2 —le susurré.

Arturito giró su cabeza en círculos mientras agitaba sus brazos metálicos con un silbido lastimero.

Claramente decía: “Por fin alguien que me comprende”.

Logramos aterrizar sin activar ninguna alarma.

Los únicos dos droides de seguridad que custodiaban la esclusa de emergencia fueron abatidos antes de que pudieran procesar nuestra llegada.

—¿Todos tienen listos sus comunicadores?

—preguntó Obi-Wan.

Anakin y yo asentimos al unísono.

—Bien, nos separamos aquí.

Anakin, vienes conmigo; debemos distraer a Grievous e intentar capturarlo si es posible.

Galen, ¿ya sabes hacia dónde dirigirte?

—Sí, Maestro.

Siento la presencia de la Senadora en los niveles inferiores.

Se encuentra junto a otro droide; parece que viajan juntos por los conductos internos.

—Debe ser C-3PO…

—murmuró Anakin.

Justo cuando íbamos a tomar caminos distintos, Ahsoka se comunicó desde el crucero para informar que Padmé había logrado establecer contacto.

Nos conectó a todos en una frecuencia privada.

—[¡Estoy con 3PO en los niveles inferiores, pero hay patrullas de droides por todas partes!] —exclamó la voz de la Senadora a través del comunicador.

—Vaya que eres bueno —comentó Obi-Wan, dedicándome una mirada de asombro por la precisión de mi rastreo.

—Espera ahí, Padmé.

Pronto te rescataremos, acabamos de abordar —le aseguró Anakin con voz firme.

—[No debieron haber hecho esto…] —suspiró ella, aunque se notaba el alivio—.

[Está bien, esperaré.

Pero no prometo nada; la seguridad es muy estricta].

—Dile que se mueva hacia el sector de los trenes internos si parece que la van a descubrir —añadí—.

La encontraré de todas formas.

—¿Cómo sabes que hay un sistema de transporte abierto allí abajo?

—preguntó Obi-Wan, arqueando una ceja.

—Leí los planos del escaneo estructural antes de salir del puente…

¿Ustedes no?

—pregunté con total naturalidad.

Obi-Wan y Anakin se quedaron mirándose el uno al otro por un momento, con la mirada completamente en blanco.

—Entonces me voy, no tenemos tiempo que perder —sentencié.

Sin esperar respuesta de Obi-Wan o Anakin, me lancé a toda velocidad hacia la dirección en la que sentía la presencia de Padmé.

No quería interrupciones, así que mantuve la supervelocidad Jedi en todo momento.

Aunque este estado requería una concentración absoluta para no estamparme contra una pared, era lo adecuado si buscaba evitar batallas innecesarias con las patrullas de droides.

Doblé una esquina a una velocidad vertiginosa cuando sentí un cambio en la presencia de Padmé.

Se movía rápido.

—(Deben haber interceptado su transmisión)— pensé.

Sabía que no llegaría a tiempo si seguía el intrincado laberinto de pasillos.

Frené en seco, haciendo rechinar mis botas contra el metal, y decidí tomar un camino más directo.

Aumenté la salida de plasma de mi sable de luz y di un rápido tajo circular debajo de mí.

El piso metálico cedió.

Repetí el proceso cinco veces, atravesando niveles, hasta caer de pie en el piso exacto donde sentía a la Senadora.

Aterricé en un pasillo y giré en dirección al sonido de los disparos.

Al final del corredor, a unos cien metros en línea recta desde mi posición, vi a una mujer y a un droide de protocolo dorado cubriéndose desesperadamente ante el ataque de unos treinta droides de combate.

Ajusté mi posición y, por instinto, llevé mi mano izquierda a mi cinturón para dividir mi sable en dos…

Pero mi mano solo se encontró con el aire.

—(Suspiro)…

Definitivamente tengo que arreglar eso —mascullé, sintiendo una punzada de molestia—.

Bueno, creo que seremos solo tú y yo, amigo —le dije a mi único sable.

Dejando a un lado la frustración, aumenté explosivamente mi velocidad en línea recta hacia el grupo de enemigos.

Me deslicé entre ellos como un fantasma, cortándolos por la mitad uno a uno con una fluidez aterradora.

De un droide a otro, solo me tomó veintinueve pasos.

Cada paso que daba parecía contraer el terreno frente a mí, acortando el espacio entre mi sable y su objetivo hasta estar lado a lado en una fracción de segundo.

Fueron solo unos pocos segundos de carnicería silenciosa.

Cada corte fue tan prolijo que el característico sonido del sable láser cortando el metal apenas se oyó, eclipsado por el estruendo de los disparos que cesaban abruptamente.

—(Creo que ahora entiendo a los usuarios del Lado Oscuro…

Utilizar la Fuerza de una manera tan explosiva es como una droga.

Las sensaciones de poder que te recorren son indescriptibles)—.

Al final, solo quedaba un droide de pie, dándole la espalda a mi posición mientras apuntaba al escondite de Padmé.

Me coloqué justo detrás de él.

—¡Salgan de ahí con las manos en alto, están rodeados!

¡Ya no tienen escapatoria!

—amenazó la máquina a la pared vacía.

—Deberían dejar que los capturemos —añadí yo en el mismo tono monótono—.

Como ella es alguien importante, puede que recibamos un ascenso.

—Sí, jaja, dejen que los captu…

—el droide se cortó súbitamente al darse cuenta de que la segunda voz no venía de uno de sus compañeros.

Volteó lentamente y me vio de pie detrás de él.

Buscó ayuda a su alrededor, pero todos sus compañeros eran ahora chatarra humeante en el suelo—.

Señor…

emm…

si usted me deja ir, yo le prometo que…

Smack.

¡AAAAAHHHH!

Antes de que terminara de rogar, golpee su frente con un dedo imbuido en la Fuerza, enviando su cabeza volando por el pasillo.

—No volveré a caer en eso —dije, recordando el droide de Rugosa.

Giré hacia la pared detrás de la cual escuchaba los cuchicheos de la Senadora y su droide.

—Está bien, es seguro por el momento.

Ya no hay droides —anuncié, desactivando mi sable.

…

—(Woaa…

¡¿Qué demonios pasa con las mujeres de este mundo?!)—.

Una mujer increíblemente hermosa se asomó detrás del muro metálico, seguida por el droide dorado.

Mi cerebro adolescente procesó la imagen de Padmé Amidala en persona, y la realidad superaba con creces cualquier holograma o recuerdo de la serie.

—(¿Será esta sociedad futurista la que vuelve a las mujeres tan preciosas?

Quiero decir, productos especiales para el cuidado de la apariencia o algo así…

Tal vez tenga más sentido considerando que ella es un miembro de la alta sociedad y una Senadora…)—.

Me quedé pasmado un segundo, antes de recordar que tenía una misión.

…

POV: PADMÉ AMIDALA …

A pesar de que me pidieron permanecer en el mismo lugar desde el cual me comuniqué con Anakin, me fue imposible cumplir la orden.

Los droides detectaron nuestra señal y nos localizaron con una rapidez alarmante.

Al principio solo fueron unos pocos, y pude encargarme de ellos con mi blaster, pero pronto empezaron a llegar refuerzos por todos los flancos.

—¡Ama Padmé, creo que no deberíamos habernos movido del punto de reunión!

—exclamó C-3PO, con sus articulaciones tintineando por el miedo.

—Lo sé, 3PO, pero no teníamos alternativa.

Además, se supone que este sector también serviría…

aunque no creo que podamos darnos el lujo de esperar más.

Tendremos que saltar a esos rieles de transporte y ver a dónde nos llevan.

—Pero ama Padmé…

¡yo no puedo saltar!

Justo cuando estaba por decirle que lo lanzaría conmigo si era necesario, una potente ráfaga de viento barrió el pasillo desde la dirección de los droides.

De repente, el estruendo de los disparos cesó.

El silencio fue absoluto, roto solo por la voz de un droide de combate pidiendo nuestra rendición.

Entonces la escuché.

Era una voz suave y calmada, que parecía pertenecer a un niño.

Escucharlo hablar con la máquina, casi con aburrimiento, relajó mis músculos de una manera extraña.

Poco después, un grito metálico indicó que el último enemigo había caído.

—Está bien, es seguro por el momento.

Ya no hay droides —dijo el desconocido.

Me asomé lentamente desde mi cobertura, con el blaster aún en mano.

3PO me siguió, asomando su cabeza dorada con curiosidad.

Frente a nosotros, en medio de la chatarra humeante de lo que hace un momento era un batallón, se encontraba un joven con túnicas Jedi de un blanco inmaculado.

—(Es muy apuesto…

Nunca había conocido a alguien con facciones tan singulares)— pensé por un instante, sorprendida.

A pesar de que el Malevolence se caía a pedazos, lleno de ceniza, aceite y fuego, su ropa parecía ignorar el entorno.

No había una sola mancha en él, como si caminara en una burbuja de serenidad.

Al mirarlo más detenidamente, una chispa de reconocimiento cruzó mi mente.

Él pareció notar la duda en mi rostro y se presentó con una inclinación perfecta.

—Mi señora, mi nombre es Galen Marek, soy el Padawan a cargo del Maestro Jedi Obi-Wan Kenobi.

He venido a recogerla.

Su actitud era tan pulcra como su apariencia.

Tenía una serenidad que me hacía preguntarme si realmente era tan joven como aparentaba.

—Te recuerdo…

Estabas junto a Anakin en Tatooine —dije, bajando finalmente el arma.

Por eso su rostro me resultaba familiar.

Además, al escuchar su nombre, recordé las múltiples ocasiones en las que Anakin lo había mencionado en nuestras conversaciones privadas, siempre con una mezcla de orgullo y asombro.

Así que este era el niño del que hablaba con tanto entusiasmo.

—Eso es bueno…

Entonces, por favor, sígame.

La guiaré hacia la salida —dijo Galen, dándose la vuelta con parsimonia.

—¡Espera, aún no podemos irnos!

¿Dónde está Anakin?

Escuché una conversación entre el General Grievous y sus droides…

Su hiperpropulsor está siendo reparado y podrían saltar al hiperespacio en cualquier momento.

¡No podemos irnos sin Anakin y tu Maestro!

—Esas no parecen buenas noticias…

Ambos se dirigieron al puente.

Buscan completar nuestra misión capturando a Grievous y destruyendo la nave —explicó Galen con una calma que empezaba a inquietarme.

El joven activó su comunicador para avisarles, pero solo se escuchó un largo pitido de estática.

Nadie contestó.

Cerró los ojos un instante, concentrándose, y luego los abrió con un brillo de entendimiento.

—Siento a los tres chocar a través de la Fuerza…

Parece que ya están combatiendo.

Casi como una respuesta a sus palabras, toda la estructura del crucero se sacudió violentamente.

Pedazos de hierro y llamaradas de fuego danzaban por los pasillos; el Malevolence se sentía como una bestia herida de muerte a punto de colapsar.

—Aaaah…

tal vez deberían tomárselo con más calma —murmuró Galen, rascándose la nuca.

—¡No podemos irnos dejándolos atrás!

No importa Grievous; si esta nave intenta saltar al hiperespacio en las condiciones en las que se encuentra ahora mismo, ¡nos hará pedazos a todos!

—exclamé, tratando de hacerle entender la gravedad de la situación técnica.

Galen llevó su mano derecha hacia su barbilla y comenzó a acariciarla mientras pensaba.

No pude evitar notar que imitaba exactamente el gesto del Maestro Kenobi.

Era una imagen casi cómica si no fuera por el entorno.

—Haha, esto es difícil…

Se supone que mis órdenes son protegerla y escoltarla a salvo hacia nuestro crucero, donde será tratada adecuadamente —dijo con esa voz relajada.

Su actitud despreocupada, que anteriormente me había transmitido paz, ahora estaba empezando a sacarme de mis casillas.

—¡Pues discúlpame, querido, pero tal vez no sepas que no soy una mujer que necesite protección!

Iré a advertirles personalmente…

o al menos a evitar que el crucero active su hiperpropulsor.

Giré sobre mis talones en dirección a los rieles de transporte.

Si tomaba uno, podría llegar al puente o a las salas de máquinas.

Pero solo di unos pasos cuando sentí que el niño se acercaba rápidamente a mi espalda.

—Discúlpeme, Senadora —dijo él.

—Si tienes pensado detenerme o disuadirme, te advierto que soy una Senadora y que…

¡KYAAAAA!

No pude terminar la frase.

Sentí sus brazos rodear mi cintura con firmeza.

Un viento caliente y violento golpeó mi cuerpo cuando fuimos impulsados decenas de metros por el aire en un salto imposible.

Justo en ese segundo, una lluvia de disparos láser barrió el lugar donde estábamos parados.

Mientras volábamos, Galen activó su sable con la mano libre y desvió cada disparo con una precisión quirúrgica, como si estuviera apartando moscas.

Aterrizamos con suavidad sobre una plataforma elevada en el tercer nivel.

—(Dio un salto de casi cien metros…

cargándome a mí y desviando disparos al mismo tiempo…

¿Cuántos Jedi pueden hacer algo así?)— pensé, con el corazón acelerado por la adrenalina.

—¡Ama Padméeeee!

—gritó C-3PO desde abajo, agitando sus brazos dorados con desesperación.

—3PO…

—susurré, mirando hacia abajo.

—Oh, lo lamento, olvidé a su droide —dijo Galen con total naturalidad.

Apuntó su brazo hacia 3PO y cerró el puño.

Luego, flexionó el codo atrayéndolo hacia su pecho.

—¡AAAAAAAAAH!

—gritó el droide de protocolo mientras salía despedido por los aires hacia nosotros.

Justo antes de que se estrellara contra la pared, el Padawan extendió la mano y 3PO se detuvo en seco, flotando un segundo antes de aterrizar suavemente junto a nosotros.

—…

¿Estás seguro de que eres un Padawan?

—pregunté, realmente desconcertada por el nivel de poder que acababa de presenciar.

—Por algún motivo, escucho esa pregunta muy a menudo —respondió Galen con una sonrisa de lado.

El joven señaló el pasillo que se extendía detrás de nosotros.

—Este es el camino más rápido hasta el hiperpropulsor…

La escoltaré, Senadora.

Si queremos salvar a mi Maestro y a Anakin, tendremos que ensuciarnos las manos un poco más.

—Creí que debías seguir tu misión de escolta…

—le dije, observando cómo Galen evaluaba el pasillo.

—Haha~ mi señora, mis órdenes son protegerla y escoltarla a salvo hacia un lugar seguro…

Pero no dicen nada sobre el camino que yo elija tomar, ¿no?

Destruiremos sus controles de paso.

Estará bien siempre y cuando usted no resulte herida…

Yo me encargaré de eso —respondió con una seguridad que me resultaba extrañamente familiar.

—(Esa es la misma respuesta que esperaría oír de Ani…

Buscar lagunas en las órdenes parece ser la especialidad de los Jedi)— pensé con una sonrisa involuntaria.

—Gracias…

—susurré.

—Entonces, ¡andando!

Avanzamos a paso rápido, moviéndonos con cuidado debido al estado deplorable de la nave.

Algunos droides dispersos intentaron interceptarnos, pero gracias a la habilidad del niño, ni siquiera tuve oportunidad de desenfundar mi blaster.

No importaba el tipo de oponente: droides de combate, destructores rodantes o superdroides; todos terminaban convertidos en chatarra tras un solo movimiento de Galen.

A veces los cortaba antes de que pudieran procesar su presencia, otras devolvía sus disparos con una precisión milimétrica, o simplemente los aplastaba contra las paredes usando la Fuerza.

Las sacudidas del Malevolence se volvían más violentas cada minuto.

Finalmente, logramos llegar a la enorme cámara del hiperpropulsor.

—¡Qué bueno!

Esperaba más seguridad, pero parece que hoy tenemos suerte, no hay nadie —comentó Galen con ligereza.

—(Claro que no queda nadie…

acabaste con toda la patrulla de camino aquí)— pensé, mirando los restos humeantes en el pasillo anterior.

De pronto, Galen frunció el ceño con fuerza al entrar en la habitación.

Parecía confundido por algo que solo él podía percibir.

—¿Eh?

¿Por qué hacia aquí?…

—murmuró para sí mismo.

—¿Ocurre algo?

—pregunté, sintiendo un escalofrío.

—No importa.

En ese momento, su comunicador comenzó a pitar.

Debido al fuerte estruendo de los motores heridos, tuvo que acercárselo a la oreja para escuchar.

—Oh, Maestro, es usted.

Estábamos preocupados…

¿Habla en serio?…

Ya veo, eso fue mala suerte…

Sí, ella está bien, se encuentra conmigo…

Ok, no hay problema, nos encontramos cerca después de todo…

Sí, programaré mi reloj y se lo comunicaré…

Está bien, cuídese, Maestro.

Que la Fuerza lo acompañe…

—El holograma parpadeó y se desvaneció—.

Oh, la señal se cortó.

Sin perder un segundo, Galen encendió su sable de luz y, de un tajo limpio, partió en dos los estabilizadores del hiperpropulsor enemigo.

—Por si las dudas…

y también esto —añadió.

Lanzó su sable hacia arriba, haciendo que traspasara el alto techo metálico sobre nosotros.

Apuntando con su mano libre, comenzó a moverlo en un gran círculo, cortando la estructura superior.

—¿Galen?

¿Qué estás haciendo?

—Senadora, tengo buenas y malas noticias…

—dijo sin dejar de concentrarse en el sable que giraba sobre nuestras cabezas—.

La buena noticia es que los Maestros Skywalker y Obi-Wan están a salvo.

Lucharon contra Grievous, pero el General huyó tras perder uno de sus brazos.

—¿Y la mala?

—pregunté con el corazón en un puño.

—La mala es que el Malevolence explotará en unos quince minutos.

El Maestro Skywalker reprogramó la navicomputadora para sobrecargar el generador de energía de la nave…

No nos queda mucho tiempo para salir de aquí.

—¡Oh, Dios!…

¿A cuánto estamos de la nave en la que abordaron?

—Esa también es una buena noticia —respondió Galen, atrapando su sable que caía del techo junto con una lluvia de chispas—.

A decir verdad, la bahía de emergencia está justo en el segundo piso, sobre nosotros.

Por eso hice el agujero.

Puedo enviarla arriba bastante rápido…

Solo tiene que seguir el pasillo de la derecha una vez que suba y encontrará a los demás.

—(Así que para eso estaba cortando el techo…)— pensé, mientras veía la precisión con la que manejaba su arma.

—Espera…

¿Enviarme?

¿Por qué dices eso?

¿Qué harás tú?

—pregunté, sintiendo una punzada de preocupación.

No podía simplemente dejar a un niño solo en una nave que estaba a minutos de convertirse en polvo estelar.

Una gran placa de acero circular cayó pesadamente del techo, revelando el nivel superior.

Galen atrajo su sable de luz hacia su mano con un movimiento fluido de la Fuerza.

—Es que hay otra mala noticia…

El General Grievous huyó en nuestra dirección, jaja —respondió con una risa nerviosa que no encajaba con la gravedad de la situación—.

Yo iré tras él para ganarles tiempo.

Tenga cuidado, Senadora.

—¡Un momento!

¡Galeeeeeeeeee…!

—¡AAAAAAAAAH!

—gritó C-3PO al unísono.

No pude terminar mi advertencia.

La puerta por la que habíamos ingresado a la sala del hiperpropulsor voló en mil pedazos, convertida en metralla por una fuerza brutal.

Antes de que pudiera procesar la explosión, sentí que mis pies dejaban el suelo.

Galen nos impulsó a 3PO y a mí a través del agujero del techo con una fuerza invisible pero firme.

Al mismo tiempo, una figura mecánica imponente, de tres brazos y con sables de luz siseando en cada uno de ellos, irrumpió en la sala con una furia ciega.

Era Grievous.

En cuanto aterrizamos en el segundo piso, la abertura por la que habíamos ascendido fue sellada herméticamente por la misma tapa de acero, soldada instantáneamente por la presión de la Fuerza de Galen.

Lo último que alcancé a ver antes de que el metal se cerrara fue el destello de las tres hojas de Grievous chocando violentamente contra el único y pequeño sable de luz del Padawan de Obi-Wan.

—¡Maldición!

¡3PO, debemos avisarles a esos dos ahora mismo!

—exclamé, echando a correr por el pasillo hacia el hangar de emergencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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