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Un viaje a Star Wars - Capítulo 8

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8: Encuentro 4 8: Encuentro 4 Pov.

Galen Mientras estábamos afuera, el Maestro Plo se tomó su tiempo para explicarme quién era él, qué hacía y a qué se dedicaba.

Me aclaró que no fue él quien me “llamó”, sino que todo fue obra de la Fuerza, y me soltó todo el rollo místico al respecto.

Me habló sobre los Jedi, su filosofía y el trabajo de la Orden como guardianes de la paz en la galaxia al servicio de la República.

—(Me ahorraré mis comentarios personales sobre eso de “guardianes de la paz”…

ya sabemos cómo termina la película).

También me contó qué hacía en Shili, cómo conoció a Ahsoka y su madre, y me explicó cómo se educa a un niño sensible a la Fuerza en el Templo.

—Entonces, Galen…

¿vendrás conmigo y con Ahsoka al Templo Jedi de Coruscant?

—preguntó Plo Koon con esa calma infinita—.

Normalmente debería pedir autorización a tus padres, pero como estás solo, la decisión recae sobre ti.

Por favor, piénsalo…

lo único que puedo decirte es que tu destino se encuentra junto a nosotros.

—(¿Pensar sobre ello?

¡JA!

¡Por supuesto que acepto, viejo!).

—Todo lo que el señor Plo me ha dicho hoy…

se escucha increíble.

¡Me encantaría ir con ustedes, Maestro Jedi!

—exclamé con entusiasmo.

Creo que mi sonrisa creció demasiado mientras decía las palabras que había soñado toda mi vida.

Al Maestro Plo pareció gustarle mi respuesta; se inclinó y acarició mi cabeza mientras soltaba lo que supongo era una risa ligera.

—(En serio, es imposible reconocer sus expresiones con esa máscara…).

Ambos ingresamos a la tienda nuevamente.

Pav-ti y Ahsoka parecían haber terminado su propia conversación, pero el ambiente se sentía algo extraño.

—(¿Mm?

¿Por qué me mira con tanta lástima, señorita Pav-ti?

Ya les dije que estoy bien…).

Giré la cabeza hacia Ahsoka y vi que estaba mirando fijamente un punto de mi taller de chatarra.

Sus ojos estaban clavados en una pequeña figura metálica que descansaba sobre una caja.

—¿Te gusta?

Se llama BD-2, pero me gusta decirle Bee —le dije con orgullo.

—¡¡…!!

¿E-eh?

Ah, sí…

es pequeño y muy bonito.

Pero nunca había visto uno así antes —murmuró Ahsoka, acercándose con curiosidad.

—Es un droide explorador de la línea BD.

Son modelos bastante raros, es normal que no los conozcas.

¿Dónde lo conseguiste, Galen?

—preguntó Plo Koon, analizando mi trabajo con interés.

—Me lo dieron como pago tras ayudar con una reparación en un comercio.

Estaba destrozado y le faltaban varias piezas importantes, así que lo tomé y lo reconstruí con lo que tenía a mano.

Pero luego tuve que sacarle la celda de energía para otra cosa, así que por ahora no enciende.

—(Parece que el Galen anterior no era ningún tonto.

Fabricó un bláster aturdidor casero y usó la batería de Bee para hacerlo funcionar.

Un superviviente total).

Miré a la pequeña Ahsoka, que no podía apartar la vista del pequeño droide bípedo.

—¿Lo quieres?

Si consigues una buena celda de energía, podrías hacerlo andar de nuevo —le pregunté con una sonrisa.

La niña no despegaba sus ojos del droide.

Se veía como si le hubieran ofrecido un tesoro legendario.

—¿¡Realmente me lo estás dando!?

¿Pero no te costó mucho construirlo?

—preguntó Ahsoka, casi sin aliento.

—Galen, creo que no lo entiendes…

los exploradores están catalogados como droides de nivel 2, son extremadamente caros.

¿Estás seguro de que quieres regalarlo, así como así?

—intervino Pav-ti, preocupada.

—Jaja, no se preocupe, señorita.

Pienso que Bee será más feliz en las manos adecuadas.

Además…

es un pequeño precio si a cambio gano una buena amiga~ —respondí con mi mejor tono de niño.

—Y-yo…

no sé qué decir —murmuró Ahsoka.

—Acéptalo, Ahsoka.

Galen ya parece haber tomado una decisión.

¿Recuerdas lo que hablamos hace un momento?

—dijo Pav-ti, dándole un empujoncito.

—(¿Mmh?

Le están dando demasiada importancia…

Es solo un robot, puedo hacer otro.

¿Acaso no me oyeron cuando lo dije?).

—¡Sí!

Entonces…

emm, gracias, Galen.

¡Me encantaría ser tu amiga!

—exclamó ella, sonriendo de oreja a oreja mientras sus pequeños lekkus se mecían de lado a lado.

Parece que está muy feliz.

Supongo que es complicado hacer amigos cuando todos en tu aldea te ven como alguien “diferente”.

—¿Oh?

Ufufu~ —rio Pav-ti, llevándose una mano a la boca con esa elegancia Togruta.

—(¿Y a qué vino esa risita?

Por favor…

vamos a ser Jedis.

Tenemos 4 y 5 años, no se emocionen).

Mientras pensaba que tal vez Pav-ti no entendía lo que significaba el celibato Jedi, noté que el Maestro Plo también nos dirigía una mirada larga y profunda a través de sus lentes…

pero no dijo ni una palabra.

—(¿Qué ocurre ahora?

¿A poco él también lo quería para su colección?).

Plo Koon desvió la mirada y comenzó a caminar hacia la salida de la tienda con su imponente capa ondeando.

—Si ya terminamos aquí, deberíamos regresar a su aldea, señorita Pav-ti.

Allí se encuentra mi nave y Ahsoka podrá despedirse adecuadamente de su gente.

Luego pareció recordarse de algo y volteó a verme.

—¿Y tú, Galen?

¿Tienes cosas que desees empacar o gente de la cual despedirte?

Tampoco me he olvidado de tu asunto con el orfanato; me encargaré de informar a las autoridades de la República en cuanto arribemos a Coruscant.

—No, Maestro Plo…

Solo tenía a Bee, pero ahora le pertenece a Ahsoka —respondí con calma.

—(Y por lo que veo, no piensa soltarlo ni para dormir).

Lo único de valor que poseía, mi holopad casero y mi bláster aturdidor, ya los llevaba encima.

No necesitaba nada más de este basurero.

—Ya veo.

Entonces podemos volver.

Yo llevaré a Galen en mi speeder, usted…

—comenzó a decir Plo Koon, organizando el viaje de regreso.

—Descuide, también vinimos en un speeder, Maestro Plo.

Volveremos en él.

Los cuatro salimos de la tienda y nos dirigimos a los vehículos.

Durante el trayecto, Ahsoka y yo empezamos a charlar de muchísimas cosas.

Realmente es una niña muy inteligente…

pero a veces se trababa con las palabras, como si su boca no pudiera seguirle el ritmo a la velocidad de sus pensamientos.

Al principio pensé que sería tímida, pero no; solo necesitaba entrar en confianza.

Ahora que empezó a hablarme, ¡ya no había quién la detuviera!

El viaje de regreso fue mucho más rápido de lo que pensé.

La aldea no quedaba lejos: cruzamos una montaña y nos adentramos por un camino del bosque hasta salir a un claro lleno de casas coloridas.

Era un lugar pacífico, una verdadera aldea Togruta.

Bajamos y caminamos hacia una especie de plaza abierta con una cúpula blanca.

Allí estaban todos los habitantes del pueblo esperándonos, y justo detrás, imponente, se alzaba la nave del Maestro Plo Koon.

Me quedé a un lado, observando en silencio mientras Ahsoka corría a los brazos de su padre y su madre la seguía.

El Maestro Plo avanzó para charlar con ellos y explicarles el futuro de la niña.

Vi cómo, tras un momento, Plo Koon se arrodilló para estar a su altura y volvió a preguntarle a Ahsoka si estaba segura de venir con nosotros.

Ella, sin dudarlo ni un segundo, aceptó.

Entre lágrimas, se despidió de su padre y de los habitantes de su pueblo.

Luego, junto al Maestro, se dieron la vuelta para dirigirse a la nave.

Estaba a punto de seguirlos cuando, de repente, sentí un pequeño tirón en mi cabello.

Al girarme, vi a los padres de Ahsoka detrás de mí.

Pav-ti me miraba fingiendo enojo.

—¿Acaso planeabas irte sin despedirte, jovencito?

¡Hump!

Iba a disculparme, pero un abrazo suyo me tomó por sorpresa.

Sujetó mis mejillas con delicadeza y apoyó su frente contra la mía.

—Te diré lo mismo que le dije a mi hija…

sé que los Jedi enseñan a desapegarte de tus lazos y a cerrar tus emociones hacia el pasado.

Pero hablé en serio en esa tienda, Galen.

Siempre tendrás un lugar al cual volver y llamar hogar aquí.

A partir de ahora, tú también eres mi hijo…

Cuídate, cariño, ¿sí?

Me abrazó una última vez mientras acariciaba mi rostro con sus lekkus.

—(Debe ser alguna costumbre entre ellos…

se siente tan cálido).

Su padre, Nak-il, también se acercó y acarició mi cabello con mano firme pero bondadosa.

—Recuerda las palabras de mi esposa, niño.

Ahora, entre los Togrutas, eres hijo de Pav-ti y Nak-il.

Y por favor…

cuida de mi pequeña —(Nak-il).

Maldición…

son tan buenas personas.

Aguantando las lágrimas como un campeón, me despedí de ambos.

Les aseguré que cuidaría de Ahsoka y les agradecí de todo corazón el cariño que me habían demostrado en tan poco tiempo.

En ese momento, me hice una promesa a mí mismo: volvería a visitarlos algún día.

—(Papá, Mamá…

los extraño.

Espero que se encuentren bien allá en la Tierra).

Con mi resolución más fuerte que nunca, me di la vuelta y caminé hacia la rampa de la nave, donde el Maestro Plo Koon y Ahsoka ya me estaban esperando para dejar atrás Shili y poner rumbo a las estrellas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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