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Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 25

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Capítulo 25: Una velada romántica… ¡¿Para TRES?! (2)

—¿Puedo saber para qué me trajiste hasta aquí? —demandó la diosa. Su voz produciendo un pequeño eco en el oscuro callejón— Eres un bruto.

—Solo quería que hiciéramos las pases —respondí— eso es todo.

Y entonces la tomé entre mis brazos, jalándola hacia mí.

Me incliné hacia adelante, buscando su boca con urgencia. Pero ella me detuvo. Colocando una de sus delicadas manos sobre mis labios. Sellándolos completamente.

Sus ojos azules se desviaron hacia un costado, observando los alrededores nerviosamente.

—Ya te lo dije. No quiero que me vean haciendo este tipo de cosas. Soy una diosa. Tengo…una reputación que mantener.

—Pero si los únicos que estamos aquí somos tú y yo.

Aqua se mordió el labio.

—Aún así…no es correcto —sentenció.

La diosa del agua parecía estar teniendo un debate interno consigo misma. Tenía las mejillas sonrosadas y no paraba de juguetear con el dobladillo de su chaleco azul.

—A ver si entiendo bien. ¿Te da pena hacerlo en un callejón, pero no tienes problema en hacerlo en el gremio y aullar como una bestia de placer insaciable sabiendo que abajo está lleno de aventureros? Vaya Aqua, tus principios de diosa son muy raros.

—¡Ey! ¿Acaso estás cuestionando mi estatus divino de diosa, nini de mierda?

—Sí. Es exactamente lo que estoy haciendo. Y mejor ni empiezo de nuevo con lo de la poción lujuriosa.

Aqua se turbó. Sus adorables mejillas se enrojecieron aún más, al tiempo que su cabeza giraba frenéticamente de un lado a otro. Buscando asegurarse de que nadie haya oído lo que acababa de decir.

—O-Oye, ¿hasta cuando vas a seguir con eso?

—Nada. Solo digo que en ese momento no parecía importarte mucho tu estatus divino —comencé a decir de forma burlona— ¡Ah, y la forma en la que no parabas de sacudirlo! Ahí sí que me demostraste bien tus habilidades de diosa, Aqua. Con el culo. Pero me las enseñaste.

Al decir eso último, los ojos de la archi sacerdotisa se abrieron grandes como dos faroles. Se había quedado atónita.

Luego sus labios se tensaron en una mueca que detonaba vergüenza y humillación.

Finalmente, tras dos o tres segundos de incómodo silencio (sí, lo admito, quizás me había ido un poco al carajo con lo último que dije), como si algo dentro de su cabeza parcialmente hueca hubiese gritado “¡Hasta aquí!”, sus brazos volaron hasta mi cuello.

—¡BUAAAAAAAAAAAAH! ¡POR ESO DIGO QUE ERES UN NINI PERVETIDOO! —vociferó la peli azul, en medio de un desenfrenado llanto.

—Vamos, no te pongas así —protesté mientras ella me sacudía violentamente— solo es una broma.

—¡Jum!

—Aunque…no vas a negar lo bien que nos la pasamos, ¿o sí?

—Eso es…

Sin previo aviso, deslicé una mano por atrás de su cintura y lentamente empecé a levantarle la falda de su trajecito azul. Mis dedos se escabulleron por debajo de la tela hasta finalmente cerrarse sobre la blanda y suave carne de su nalga izquierda.

La respuesta de Aqua no se hizo esperar y rápidamente soltó un débil gemido. Casi imperceptible, que rápidamente se perdió en la oscuridad del callejón.

—¡Ey, ey, ey! ¿Que es lo que estás haciendo con esa mano? —susurró.

—No sé. ¿Que parece que estoy haciendo?

Hundí mis dedos aún más en su piel.

¡Ah! ¡Tiene un culo estupendo!

Para este punto todo mi cuerpo parecía estar hirviendo. Y el bulto de mis pantalones había crecido tanto que juraría que en cualquier momento mi pito acabaría haciendo un agujero en la tela.

Es increíble que después de todo lo que estuvimos follando mi cuerpo todavía quería más.

—Aqua.

Mis labios pronunciaron su nombre, sin saber realmente que decir.

—¿Q-Que…? —preguntó ella avergonzada. Colocando su mano sobre la mía. Como si quisiera apartarla de su trasero, pero sin intentarlo realmente. Simplemente la dejó allí.

—Aqua…¿como lo haces?

—¿C-Como hago qué cosa? —demandó— ¿Me vas a invitar a cenar o piensas manosearme el culo toda la noche?

De hecho, eso no sonaba para nada mal.

—¿Como haces para ir por la vida sin bragas?

—¡EEEEH!

Y entonces mi otra mano comenzó a serpentear por su delgada y fragil cintura hasta encontrarse con su otra nalga.

De un tirón le levanté la minifalda por completo y ahora sus nalgas desnudas se encontraban en mis manos para su total deleite.

—Al no llevar nada debajo de tu traje…es como si tu coño, estuviese listo para ser follado en cualquier momento.

Los diez dedos de mi mano se cerrarón todavía más sobre sus nalgas y entonces empecé a moverlas de un lado a otro.

—¿Es por eso que no las llevas puestas?

—Para tu información, señor pervertido, lo que en verdad sucede con mis bragas es que—

—¿Sabes una cosa? No me importa.

—¿Eh?

—Así es, no me importa en lo más mínimo. Aqua, vamos a hacerlo.

—¡Ni loca! ¡Ya te dije que no pienso hacerlo en un lugar como este! ¡Y suéltame el trasero de una vez!

—Pero me gusta mucho tu trasero —dije con descaro.

—¿Ah, sí? Pues hace rato parecías muy entusiasmado por ver a Eris. Quizás deberías ir a tocarle el trasero a ella.

Al ver que Aqua seguía enroscada con aquel asunto, no pude hacer otra cosa más que soltar una sonrisita.

—¿Eris? ¿De que diablos estás hablando, diosa cachonda?

—Antes, cuando estabamos caminando. Dijiste claramente q—-¡AH!

Lo que sea que Aqua fuese a decir (alguna de sus tonterías probablemente) quedó atascada en su boca, cuando mis manos la tomaron bien por debajo de sus nalgas y empujé hacia arriba. Haciendo que la diosa quede en puntas de pie. Su rostro enrojecido, ahora tan cerca que era capaz de sentir su respiración.

—Shhh. Eso no importa, lo que importa es que para mí el mejor culo de todos es de Aqua-sama. No el de Eris-sama.

Posé mis labios sobre los de ella. Robándole un beso fresco y dulce.

Fue un beso corto pero inyectado en deseo. Pudiendo saborear la textura y humedad de sus labios antes de que la diosa del agua rompiera el beso con un delicado movimiento de sus manos.

—Realmente eres un idiota —dijo— ¿Que es lo que voy a hacer contigo?

—Dejar que te folle —sugerí— puedes empezar por eso.

—Mmm…A ver…deja que me lo piense…NO.

—¡¿Por qué no?!

—Todavía estoy algo molesta.

—Ya te dije que te invitaré a cenar.

—¿Oh? ¿De verdad? ¿No preferirías llevar a Eris en mi lugar?

—¡Vamos! No sigas con eso, ¿quieres?

—¿Ah? ¿Eso es todo lo que piensas decirme?

—Ok, ok, está bien. Lo siento. Siento mucho haber herido su hipersensibilidad de diosa.

—Aja, ¿Y que más?

Suspiré.

—Yyyy…en el hipotético caso de que volviese al Más Allá, me gustaría ser recibido por la hermosa diosa Aqua-sama y nadie más. ¿Listo? ¿Ya estás satisfecha?

Los labios de Aqua se curvaron en una sonrisita traviesa. Sí que estaba saboreando su momento de triunfo la muy desgraciada.

—No lo sé —respondió ella, arrastrando las palabras— ¿Como puedo saber que estás siendo completamente sincero? ¿Como puedo saber que me prefieres a mí en lugar de Eris?

—Oh, así que la diosa quiere ver una prueba, ¿eh?

Entonces mi mano tomó la de ella y la arrastró hacia mi erección. Haciendo que sus delgados dedos sintieran lo duro que estaba por debajo de la tela de mi pantalón.

—¿Lo ves? Solo la gran Aqua-sama es capaz de ponerme así…una sola mirada de esos ojos azules es suficiente para derretirme.

Estos se posaron sobre los míos. Brillando con desconfianza.

—Realmente eres un paladín pervertido.

—Entonces…—acomodé su mano, buscando que sus dedos pudiesen cerrarse alrededor de mi verga— ¿Cogemos?

—Vaya, vaya, si que estás desesperado —sus dedos se cerraron con firmeza, haciendo que un jadeo escape de mi boca— obligar a una diosa a hacer algo tan sucio como esto en un callejón. No tiene remedio, señor paladín. ¿Que pasó con eso de invitarme a cenar?

Solté una risita entre dientes.

—El restaurant no va a cerrar aún. Y además…—abrí la cremallera de mi pantalón, haciendo que mi erecto pene se asomara violentamente hacia el exterior— no esperarás que vaya caminando por la calle en este estado, ¿o sí?

Al comprobar lo duro y caliente que estaba, Aqua se llevó una mano a la boca como para ahogar una sonrisita traviesa.

—Kusukusuk! Supongo que no. Bueno, como soy una diosa benevolente voy a ocuparme de tu problema. Pero deberás llamarme Aqua-sama por lo que resta del día.

—Ningún problema —aseguré.

Me pregunto si Aqua se daba cuenta de que al día apenas le quedaban un par de horas. En fin.

Sin decir nada más, la diosa se puso en cuclillas, posando sus deslumbrantes ojos azules sobre la punta de mi verga. La cual llegaba a rosarle la frente.

—Ye te lo he dicho, no pienso tener sexo en un callejón. Tengo una imagen que mantener. Tendrás que conformarte solo con mi boca, ¿está bien?

—Ok, como usted diga Aqua-sama.

—Je, je. ¡Más te vale estar agradecido, Kaizer! —dijo la diosa.

Luego se inclinó hacia adelante, posando sus labios sobre el glande, para finalmente comenzar a darle unos suaves y delicados besos.

Rápidamente, el pequeño y oscuro callejón pasó a quedar inundado por los chasquidos húmedos que generaban los tibios labios de Aqua.

Una vez que estuvo satisfecha, la arcipreste se acomodó un largo mechón de caballo azul por detrás del oído y procedió a introducir mi pene en su boca.

Inmediatamente, un shock de placer sacudió todo mi cuerpo, haciéndome temblar.

Lo habíamos hecho tantas veces que la técnica de Aqua había mejorado considerablemente.

Su cabeza no paraba de moverse de atrás hacia adelante, con unos movimientos rápidos y precisos. Asegurándose de cubrir todo el largo de mi miembro.

—Mgh…mgggh…ghh…

La boca de Aqua no paraba de producir sonidos gorgoteántes a medida que me la seguía succionando con una creciente urgencia. Ya sea porque quería que acabara rápido para que la llevara a cenar o porque sencillamente estaba enloquecida por mi polla. Tan así que en un momento siento como sus manos se aferraban a mi cintura, buscando impulso para así poder chupármela con más fuerza

—Mgh…Mgh…Mmmghhh…

En eso, me llevo una sorpresa cuando veo que su boca se desconecta de mi pene, produciendo un fuerte “Pop”.

La diosa levantó la cabeza y nuestras miradas se encontraron.

En la profundidad de aquellos hermosos ojos del color de un cielo despejado, pude percibir una mezcla de satisfacción y desafió.

—Te enseñaré a no poner en duda mis capacidades de diosa —dijo.

Luego se pasó la lengua por el labio superior y, sin siquiera darme tiempo a preguntarle de que mierda estaba hablando, procedió a seguir succionándome el pene como si el mundo dependiera de ello.

—Aaaah…sí…sí….Aqua-sama es la mejor…—la tomé del cabello y empecé a guiar sus movimientos al tiempo intentaba hablar entre gemidos de placer— ¡Nadie la chupa como la gran Aqua-sama!

Como era de esperarse de esta diosa golosa por los elogios, al escuchar mis palabras su boca empezó a moverse a un ritmo más frenético.

Sabiendo que iba a acabar en cualquier momento, tomé a Aqua de la cabeza y tiré de ella hacia adelante.

Cerré los ojos con fuerza y un gemido lleno de satisfacción escapó de mis labios cuando comencé a aliviarme.

—¡Mmggh!

Los ojos de Aqua se abrieron bien grandes al tiempo que su boca se llenaba con mi semilla caliente.

Por un momento pensé que la iba a retirar a efectos de no ahogarse, pero al parecer la diosa hoy no estaba dispuesta a desperdiciar ni una sola gota.

Cuando sus labios finalmente soltaron mi verga, al ver que aún continuaba saliendo semen de la punta, Aqua rápidamente juntó las dos manos y las colocó debajo, para asegurarse de que no se volcara nada en el suelo. Luego se tragó eso también.

—Mmmm…¡Rico! —dijo pasándose la lengua por su boquita sexy y carnosa.

Una vez que salimos del callejón, los dos nos pusimos a mirar disimuladamente hacia los lados para comprobar que nadie se hubiera percatado de lo que acabábamos de hacer.

—Uf, eso estuvo genial —dije mientras recuperaba el aliento— tal y como era de esperarse de Aqua-sama. Sus mamadas son lo mejor de lo mejor.

—Je, je. Ya te lo dije, Kaizer. Mi técnica divina no tiene comparación —dijo la diosa con orgullo mientras se acomodaba un poco la minifalda de su traje. Luego se llevó una delicada mano hacia el rostro. Sus ojos se abrieron en señal de sorpresa y entonces noté que restos de mi semilla habían quedado en la comisura de su boca.

Entonces, de una manera extremadamente casual, Aqua usó dos de sus dedos para correr los restos de la blanca sustancia que le habían quedado en la cara para finalmente llevárselos hasta la boca y chuparlos.

—Sí que te gusta la lechita, diosa puerca.

—¡Cállate, el puerco eres tú! —protestó— No pretenderás que una diosa delicada y distinguida como yo, vaya por ahí con la cara llena de tus porquerías.

—Pero bien que te lo tragaste todo. Así me gusta. Esa mi diosa cachonda—¡Auch!

Ella me golpeó.

—Bueno, y ya que me he ocupado de tus impulsos libidinosos de nuevo, ¿Que te parece si me llevas a comer de una vez?

La verdad no podía quejarme. Sí, me encontraba endeudado, ¿pero que importa? Hoy me había follado a Aqua hasta el cansancio y para cerrar el día me dio una mamada tan rica que por poco me manda al paraíso.

Por lo que no pude hacer otra cosa que asentir.

—De acuerdo. Tampoco hace falta que seas tan histérica. Además, desde que nos conocemos, ¿Cuándo te he roto una promesa?

—¡Jum! Más vale que la comida venga acompañada de un rico espumoso. Estoy que me muero de sed.

—Bueno, en ese caso podrías simplemente beber agua.

Los ojos azules de la diosa destellaron de manera amenazante.

—Está bien, está bien. Que sea un espumoso.

—Y no olvides el postre.

—¿También postre? Vaya, hoy estás particularmente exigente.

—¡Por supuesto! El postre en una cena es una parte sumamente importante para los dioses —explicó la peli azul.

—¿Lo podemos negociar con otra de tus mamadas divinas?

—¡¿Que?! ¿Pero por quien me tomas?

Justo en ese momento, antes de que pudiese responderle, escuchó una voz jovial y enérgica a mis espaldas.

—¿Señora Aqua? ¿En verdad es usted? ¡No puedo creerlo! ¡Pero qué agradable coincidencia!

Al girar sobre mi hombro me encontré con un joven apuesto de cabello castaño claro.

Y a pesar de que no llevaba puesta su distinguida armadura azul con aquellos ostentosos detalles grabados en oro, pude reconocer al instante al aventurero conocido como Kyouya Mitsurugi. Maestro espadachín y portador de Gram, la espada maldita.

—Mi señora Aqua —dijo Mitsurugi— ¿qué es lo que hace caminando sola por la calle a estas horas?

Al parecer, el portador de la espada maldita había decido ignorarme por completo y asumió que Aqua estaba sola.

Al escucharlo, no pude evitar notar la formalidad con la que se había dirigido a mi compañera. Llamándola “Mi señora Aqua”.

Fue una sensación rara, casi nostálgica. Ya que, cuando me la encontré en este mundo por primera vez yo mismo había empleado casi el mismo tono formal.

No obstante, digamos que desde entonces mi relación con Aqua fue…cambiando con el tiempo. Y hoy éramos prácticamente amantes.

Mitsurugi dio unos pasos al frente. Mientras que Aqua, por otro lado, se lo quedó mirando con una expresión confusa. Levantando un poco las cejas.

—Estee, Aqua, creo que te habla a ti. ¿Lo conoces?

La diosa sacudió sus bellas pestañas en señal de estupefacción.

—No —dijo— es la primera vez que lo veo en mi vida.

Mitsurugi soltó una risita nerviosa

—¡Jaja! ¡Mi señora Aqua! ¡Usted siempre con sus bromas!

—Aqua, ¿estás segura de que no lo conoces? ¿Que no es otro reencarnado?

—Bueeeeno, si lo pones de esa forma, quizás…podría ser, no estoy del todo segura.

—Usted tan elocuente como siempre, mi señora.

No pude evitar sentir algo de lástima por el chico, ya que Aqua realmente no parecía tener idea de quien se trataba.

—Veo que conoces a mi señora —Mitsurugi se dirigió a mí por primera vez— ¿Quien eres?

—Eeeh, Kaizer. Kaizer Prester. Un gusto, supongo.

—¡Kaizer Prester! —repitió el joven. Parecía asombrado— Ya veo, entonces tu eres el que derrotó al demonio de los colmillos.

—Bueno, algo así —respondí. Me dio un poco de vergüenza como sonaba, ya que, si bien es cierto que me enfrenté a Demian y posteriormente a su forma demoníaca, yo solo lo debilité. Fue Aqua quien realmente acabó con él. Purificándolo con su God Blow.

—Escuché que fue una dura batalla —dijo Mitsurugi en un tono de aprobación— Así que también conoces a la señora Aqua.

—Podría decirse que sí.

—¡Eso es! —intervino de pronto Aqua— ¡Nos conocemos y estamos a punto de ir a cenar! Por lo que si no te importa…

—¿De verdad? Vaya, yo tampoco he cenado aún, ¿que les parece si vamos a comer los tres?

Y así, sin siquiera darnos tiempo a elegir, el maestro espadachín decidió unirse a nosotros.

—Lo que hizo ese demonio en verdad fue algo imperdonable —comentó Mitsurugi— Fue mi culpa, ¡Tendría que haber estado allí! —cerró la mano con fuerza alrededor del vaso de vidrio. Su brazo no paraba de temblar. Se ve que en verdad se lamentaba el hecho de no haber podido ayudar en la batalla contra el demonio Demian.

—Bueno, no pasa nada —dije yo—. Por suerte pudimos deshacernos de él y ahora todos estamos bien.

Salvo mi situación monetaria, claro.

Luego de que el héroe de la espada maldita decidiera autoinvitarse a nuestra velada, los tres terminamos viniendo a unos de los restaurantes de la ciudad. Era una noche relativamente cálida, con una ocasional brisa veraniega. Por lo que optamos por tomar una de las mesas del patio.

—Entiendo. Y no creas que no estoy agradecido por lo que hiciste —dijo Mitsurugi, en un tono que sugería que vencer al demonio y rescatar a las jovencitas era su responsabilidad— es solo que me hubiese gustado haber podido ayudar. Pero por desgracia, hasta hace poco me he encontrado fuera de Axel.

—Claro, después de todo esta es una ciudad para aventureros principiantes —recordé—. Tu eres un aventurero de nivel alto, ¿no?

—No estoy tan seguro de eso—dijo el maestro espadachín en un tono reflexivo— es verdad que mi clase es una de las más avanzadas y que he completado muchas misiones de nivel alto pero…aún tengo un largo camino que recorrer si es que quiero restaurar la paz a este mundo. Y lo más importante —hizo una pausa dramática y levantó la mirada— proteger el lugar en donde vive mi señora Aqua.

A todo esto, la susodicha se encontraba sentada al lado mío, tomando su tercera o cuarta copa de vino, deteniéndose solamente para llevarse más comida a la boca. Totalmente ajena a la conversación que estábamos teniendo.

Y no fue sino hasta escuchar su nombre, que la diosa levantó sus ojos azules del plato que tenía en frente, para finalmente dirigirse al joven.

—¡Oh! Eso es muy amable de tu parte. ¡Muchas gracias por el apoyo, extraño!

Y siguió comiendo.

—A-Ah, no es nada. Jaja…

En ese momento les juro que pude oír como el corazón de Mitsurugi se hacía añicos desde adentro.

—¿Dijiste que estabas fuera de la ciudad? —me apresuré a preguntar para cambiar de tema— ¿Puedo preguntar haciendo qué?

El chico le dio un sorbo a su espumoso antes de responder.

—Actualmente me encuentro trabajando en una misión bastante delicada. Sin embargo, ahora mismo no puedo revelar los detalles.

—Comprendo.

Con que una misión secreta, ¿eh? Admito que escucharlo decir aquello me provocó algo de curiosidad (sobre todo por la recompensa) pero me esforcé para que no se me notara. No quería quedar como un chismoso.

—De hecho mi regreso a Axel es algo temporal —continuó el chico—. Quiero ayudar con las defensas de la ciudad cuando llegue la fortaleza andante Destroyer. Además, me viene más que bien para entrenar y volverme más fuerte.

—¡Wow! ¿Más fuerte de lo que ya eres?

Mitsurugi soltó una sonrisita amarga.

—Yo también pensaba eso, Kaizer. Pero no fue sino hasta haber perdido en un duelo recientemente, que abrí los ojos. Como te dije, todavía tengo mucho camino por recorrer.

Al escuchar eso me quedé helado.

¿Kyouya Mitsurugi, el portador de la espada maldita fue vencido en un duelo?

El solo hecho de imaginar a un guerrero de esas magnitudes hizo que se me erizaran los pelos de la nuca.

—Solo de curioso… ¿Podría saber contra quien fue que perdiste ese duelo?

El joven me miró con los ojos algo avergonzados. Por un momento pensé que no respondería, me diría que no era asunto mío. Pero tras dudar unos instantes, sus labios se abrieron.

—Kazuma Satou —dijo casi en un susurro.

Si lo de antes me había dejado sorprendido, ahora casi me caigo de mi asiento.

Kazuma Satou había logrado vencer al maestro espadachín en un duelo.

Y ahora que lo pienso también había derrotado a Belida, uno de los generales del Rey Demonio.

¿Hasta dónde llegaba el extraordinario poder de ese sujeto?

Tragué.

—Con que Kazuma Satou…—aquel nombre salió de mis labios como si fuese algo legajo. Algo inalcanzable.

—¿Tú también lo conoces? —preguntó con asombro.

Mis ojos se desviaron hacia Aqua, quien ahora parecía estar muy concentrada doblando una servilleta. ¿Qué diablos estaba haciendo?

—N-No —respondí— Solo he oído hablar de él.

Mitsurugi me siguió la mirada y de repente se inclinó hacia adelante, abriendo bien los ojos. Como si hubiese recordado algo importante.

—Disculpa, pero ¿puedo hacerte una pregunta?

Me encogí de hombros. —Claro.

—¿Como es que conoces a mi señora Aqua?

Vaya. Eso sí que no me lo esperaba. A juzgar por su nombre, que detonaba un claro origen japonés. Y el hecho de que llevara consigo esa poderosa espada, estaba un 100% seguro de que este tipo era un reencarnado como yo.

Pero ahora no tenía ganas de sacar el tema, por lo que respondí de la manera más casual posible.

—Aqua y yo, ¿uh? Bueno, digamos que nuestros intereses se encuentran alineados, por lo que decidimos formar una alianza temporal.

—¿Sí? ¿Y qué tipo de alianza?

Al maestro espadachín sí que le gustaba hacer preguntas.

—Aqua me está ayudando a completar algunas misiones —respondí. Lo cual era cierto, en gran parte. Aunque Por obvias razones decidí omitir los, ¡Ejem! “pequeños detalles” de nuestra alianza—. Quiero volverme más fuerte para poder derrotar el Rey Demonio.

Mitsurugi sonrió con gentileza.

—Ya veo. Típico de mi señora Aqua. Siempre dispuesta a ayudar a los más necesitados.

—Sí, supongo que así es Aqua —dije. Sin terminar de entender si estaba hablando en serio o me estaba tomando el pelo.

Por alguna razón este tipo parecía tener a Aqua en altísima estima. Me pregunto si la conocía como en verdad era.

Hubo una breve pausa.

—Kaizer Prester — dijo Mitsurugi. Su mirada se tornó seria. Casi intimidante.

Yo abrí bien los ojos. Confundido por el cambio de tono tan brusco.

—¿Sí?

—¿Tu eres un reencarnado?

Diablos. Por más que no quisiera sacar el tema, tampoco tenía motivos para negarlo. Además, sus palabras claramente habían sonado más a una afirmación que una pregunta.

—¿Y qué harías si así lo fuera? —le pregunté, sin la necesidad de confirmar o negar nada.

El portador de la espada maldita sonrió.

—Lo supuse —se levantó de la mesa— Por la manera tan informal en la que te refieres a mi señora, diría que ustedes se llevan muy bien.

—Yo diría que más que bien.

—¿Eh?

—A-Ah. Nada.

¡Ups! Casi me voy de lengua. En fin, el tal Mitsurugi se estaba poniendo muy pesado. ¿A donde quería llegar?

El chico entrecerró los ojos. Su mirada se dirigió a Aqua y luego una vez más hacia a mí. Sin embargo, si mi compañera había escuchado algo de la conversación, no se daba por aludida. Al parecer estaba híper concentrada en lo que sea que estuviera haciendo con esa bendita servilleta.

—Agradezco mucho que me invitaras a cenar —continuó Mitsurugi. Yo me quedé sin palabras. Ahora resulta que no solo tenía que pagar la cena de Aqua sino también la suya. Honestamente con todo el dinero que había juntado completando misiones de nivel alto gracias a esa condenada espada, tenía la esperanza de que fuera él quien nos invitar a comer.

Bastante tacaño resultó ser el héroe de la espada maldita.

—Pero no puedo permitir que te refieras a mi diosa de una manera tan casual. Más aún cuando eres un reencarnado. Deberías tratarla con más respeto y llamarla “mi señora Aqua” como hago yo.

¿Eeeh? ¿Y a este que le pasaba? ¡Ja! Si supieses las cochinadas que ha estado haciendo conmigo tu “señora Aqua”, te daría un infarto aquí mismo. Imbécil.

—No te preocupes —dijo Aqua, moviendo la mano desinteresadamente— no me molesta para nada.

Mis ojos se movieron a lo que la diosa tenía justo enfrente de ella y un jadeo de asombro escapó de mi boca.

Con una habilidad fuera de este mundo, Aqua había manipulado los pliegues de la servilleta de una manera tal, que ahora la misma ya no era una servilleta, sino que había pasado a convertirse en una figura con la forma de una hermosa mujer, sostenido una vasija sobre su hombro.

¿Como diablos fue capaz de hacer eso?

—Aqua… ¿Como…?

—¡Terminé! —dijo ella. Y acto seguido me ofreció la figura— Toma Kaizer. Te lo obsequio como forma de agradecimiento por invitarme a cenar y por lo bien que me lo has hecho pasar hoy en el gremio.

—Ah…G-Gracias —le dije, aún sin salir de mi asombro mientras recibía cuidadosamente la figura de tela en mis manos.

—Espere, mi señora Aqua —intervino Mitsurugi— pero… ¿A que se refiere exactamente con eso de “por lo bien que me lo has hecho pasar en el gremio”?

—Ah, bueno es que Kaizer y yo…

Inmediatamente me lancé sobre Aqua y le puse una mano sobre la boca.

¡Esta diosa torpe! ¡Otra vez estaba a punto de irse de boca!

—¿Acaso te volviste loca? —le susurré con irritación.

Ella apartó mi mano con brusquedad y me miró enfadada, inflando sus adorables cachetes.

—Iba a decir que me invitaste unos tragos, ¿que otra cosa pensabas que iba a decir? ¡Jum!

Se produjo un momento de incómodo silencio mientras Aqua y yo nos sosteníamos la mirada, hasta que Mitsurugi se aclaró la garganta.

—Antes lo pensaba. Pero ahora lo confirmo. Ustedes dos se llevan muy bien.

Aqua lo miró algo perpleja.

—¡Oh! No te preocupes Matsuragi, puedo hacer una figura para ti si me consigues otra servilleta.

—Jaja…E-Es usted muy amable mi señora —replicó el joven. Decidiendo pasar por alto el hecho de que Aqua había confundido su nombre otra vez.

Vaya, eso si que me trae recuerdos.

—Kaizer —Mitsurugi volvió a dirigirse a mí. Sus ojos estaban llenos de determinación.

—¿Mm?

—Si bien reconozco tus habilidades al derrotar al demonio de los colmillos y no niego que te hayas ganado la confianza de mi señora, todavía no me convenzo de que seas el indicado para protegerla.

—¿Proteger a Aqua? Creo que estás un poco confundido, amigo —le dije en mi tono más amable posible, a pesar de que el tipo ya estaba comenzando a tocarme las pelotas con su altanería.

Pero parece que el portador de la espada maldita no estaba dispuesto a escucharme.

—Si en verdad crees que eres digno de estar a su lado, tendrás que demostrarlo —Mitsurugi estiró un brazo hacia a mí. Señalándome directamente con el dedo— Kaizer Prester, ¡Te reto a un duelo!

…

Todo mi cuerpo se tensó. Las manos me empezaron a temblar.

No sabía que decir, que responder. A mí lado, incluso podía sentir la mirada de Aqua, quien parecía tan atónita como yo.

Tragué.

No sé qué mierda fue lo que pasó, pero el aventurero más poderoso de Axel y probablemente del reino entero, acababa de desafiarme a un combate.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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