Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 26
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Capítulo 26: Una velada romántica… ¡¿Para TRES?! (3)
—Lo que hizo ese demonio en verdad fue algo imperdonable —comentó Mitsurugi— Fue mi culpa, ¡Tendría que haber estado allí! —cerró la mano con fuerza alrededor del vaso de vidrio. Su brazo no paraba de temblar. Se ve que en verdad se lamentaba el hecho de no haber podido ayudar en la batalla contra el demonio Demian.
—Bueno, no pasa nada —dije yo—. Por suerte pudimos deshacernos de él y ahora todos estamos bien.
Salvo mi situación monetaria, claro.
Luego de que el héroe de la espada maldita decidiera autoinvitarse a nuestra velada, los tres terminamos viniendo a unos de los restaurantes de la ciudad. Era una noche relativamente cálida, con una ocasional brisa veraniega. Por lo que optamos por tomar una de las mesas del patio.
—Entiendo. Y no creas que no estoy agradecido por lo que hiciste —dijo Mitsurugi, en un tono que sugería que vencer al demonio y rescatar a las jovencitas era su responsabilidad— es solo que me hubiese gustado haber podido ayudar. Pero por desgracia, hasta hace poco me he encontrado fuera de Axel.
—Claro, después de todo esta es una ciudad para aventureros principiantes —recordé—. Tu eres un aventurero de nivel alto, ¿no?
—No estoy tan seguro de eso—dijo el maestro espadachín en un tono reflexivo— es verdad que mi clase es una de las más avanzadas y que he completado muchas misiones de nivel alto pero…aún tengo un largo camino que recorrer si es que quiero restaurar la paz a este mundo. Y lo más importante —hizo una pausa dramática y levantó la mirada— proteger el lugar en donde vive mi señora Aqua.
A todo esto, la susodicha se encontraba sentada al lado mío, tomando su tercera o cuarta copa de vino, deteniéndose solamente para llevarse más comida a la boca. Totalmente ajena a la conversación que estábamos teniendo.
Y no fue sino hasta escuchar su nombre, que la diosa levantó sus ojos azules del plato que tenía en frente, para finalmente dirigirse al joven.
—¡Oh! Eso es muy amable de tu parte. ¡Muchas gracias por el apoyo, extraño!
Y siguió comiendo.
—A-Ah, no es nada. Jaja…
En ese momento les juro que pude oír como el corazón de Mitsurugi se hacía añicos desde adentro.
—¿Dijiste que estabas fuera de la ciudad? —me apresuré a preguntar para cambiar de tema— ¿Puedo preguntar haciendo qué?
El chico le dio un sorbo a su espumoso antes de responder.
—Actualmente me encuentro trabajando en una misión bastante delicada. Sin embargo, ahora mismo no puedo revelar los detalles.
—Comprendo.
Con que una misión secreta, ¿eh? Admito que escucharlo decir aquello me provocó algo de curiosidad (sobre todo por la recompensa) pero me esforcé para que no se me notara. No quería quedar como un chismoso.
—De hecho mi regreso a Axel es algo temporal —continuó el chico—. Quiero ayudar con las defensas de la ciudad cuando llegue la fortaleza andante Destroyer. Además, me viene más que bien para entrenar y volverme más fuerte.
—¡Wow! ¿Más fuerte de lo que ya eres?
Mitsurugi soltó una sonrisita amarga.
—Yo también pensaba eso, Kaizer. Pero no fue sino hasta haber perdido en un duelo recientemente, que abrí los ojos. Como te dije, todavía tengo mucho camino por recorrer.
Al escuchar eso me quedé helado.
¿Kyouya Mitsurugi, el portador de la espada maldita fue vencido en un duelo?
El solo hecho de imaginar a un guerrero de esas magnitudes hizo que se me erizaran los pelos de la nuca.
—Solo de curioso… ¿Podría saber contra quien fue que perdiste ese duelo?
El joven me miró con los ojos algo avergonzados. Por un momento pensé que no respondería, me diría que no era asunto mío. Pero tras dudar unos instantes, sus labios se abrieron.
—Kazuma Satou —dijo casi en un susurro.
Si lo de antes me había dejado sorprendido, ahora casi me caigo de mi asiento.
Kazuma Satou había logrado vencer al maestro espadachín en un duelo.
Y ahora que lo pienso también había derrotado a Belida, uno de los generales del Rey Demonio.
¿Hasta dónde llegaba el extraordinario poder de ese sujeto?
Tragué.
—Con que Kazuma Satou…—aquel nombre salió de mis labios como si fuese algo legajo. Algo inalcanzable.
—¿Tú también lo conoces? —preguntó con asombro.
Mis ojos se desviaron hacia Aqua, quien ahora parecía estar muy concentrada doblando una servilleta. ¿Qué diablos estaba haciendo?
—N-No —respondí— Solo he oído hablar de él.
Mitsurugi me siguió la mirada y de repente se inclinó hacia adelante, abriendo bien los ojos. Como si hubiese recordado algo importante.
—Disculpa, pero ¿puedo hacerte una pregunta?
Me encogí de hombros. —Claro.
—¿Como es que conoces a mi señora Aqua?
Vaya. Eso sí que no me lo esperaba. A juzgar por su nombre, que detonaba un claro origen japonés. Y el hecho de que llevara consigo esa poderosa espada, estaba un 100% seguro de que este tipo era un reencarnado como yo.
Pero ahora no tenía ganas de sacar el tema, por lo que respondí de la manera más casual posible.
—Aqua y yo, ¿uh? Bueno, digamos que nuestros intereses se encuentran alineados, por lo que decidimos formar una alianza temporal.
—¿Sí? ¿Y qué tipo de alianza?
Al maestro espadachín sí que le gustaba hacer preguntas.
—Aqua me está ayudando a completar algunas misiones —respondí. Lo cual era cierto, en gran parte. Aunque Por obvias razones decidí omitir los, ¡Ejem! “pequeños detalles” de nuestra alianza—. Quiero volverme más fuerte para poder derrotar el Rey Demonio.
Mitsurugi sonrió con gentileza.
—Ya veo. Típico de mi señora Aqua. Siempre dispuesta a ayudar a los más necesitados.
—Sí, supongo que así es Aqua —dije. Sin terminar de entender si estaba hablando en serio o me estaba tomando el pelo.
Por alguna razón este tipo parecía tener a Aqua en altísima estima. Me pregunto si la conocía como en verdad era.
Hubo una breve pausa.
—Kaizer Prester — dijo Mitsurugi. Su mirada se tornó seria. Casi intimidante.
Yo abrí bien los ojos. Confundido por el cambio de tono tan brusco.
—¿Sí?
—¿Tu eres un reencarnado?
Diablos. Por más que no quisiera sacar el tema, tampoco tenía motivos para negarlo. Además, sus palabras claramente habían sonado más a una afirmación que una pregunta.
—¿Y qué harías si así lo fuera? —le pregunté, sin la necesidad de confirmar o negar nada.
El portador de la espada maldita sonrió.
—Lo supuse —se levantó de la mesa— Por la manera tan informal en la que te refieres a mi señora, diría que ustedes se llevan muy bien.
—Yo diría que más que bien.
—¿Eh?
—A-Ah. Nada.
¡Ups! Casi me voy de lengua. En fin, el tal Mitsurugi se estaba poniendo muy pesado. ¿A donde quería llegar?
El chico entrecerró los ojos. Su mirada se dirigió a Aqua y luego una vez más hacia a mí. Sin embargo, si mi compañera había escuchado algo de la conversación, no se daba por aludida. Al parecer estaba híper concentrada en lo que sea que estuviera haciendo con esa bendita servilleta.
—Agradezco mucho que me invitaras a cenar —continuó Mitsurugi. Yo me quedé sin palabras. Ahora resulta que no solo tenía que pagar la cena de Aqua sino también la suya. Honestamente con todo el dinero que había juntado completando misiones de nivel alto gracias a esa condenada espada, tenía la esperanza de que fuera él quien nos invitar a comer.
Bastante tacaño resultó ser el héroe de la espada maldita.
—Pero no puedo permitir que te refieras a mi diosa de una manera tan casual. Más aún cuando eres un reencarnado. Deberías tratarla con más respeto y llamarla “mi señora Aqua” como hago yo.
¿Eeeh? ¿Y a este que le pasaba? ¡Ja! Si supieses las cochinadas que ha estado haciendo conmigo tu “señora Aqua”, te daría un infarto aquí mismo. Imbécil.
—No te preocupes —dijo Aqua, moviendo la mano desinteresadamente— no me molesta para nada.
Mis ojos se movieron a lo que la diosa tenía justo enfrente de ella y un jadeo de asombro escapó de mi boca.
Con una habilidad fuera de este mundo, Aqua había manipulado los pliegues de la servilleta de una manera tal, que ahora la misma ya no era una servilleta, sino que había pasado a convertirse en una figura con la forma de una hermosa mujer, sostenido una vasija sobre su hombro.
¿Como diablos fue capaz de hacer eso?
—Aqua… ¿Como…?
—¡Terminé! —dijo ella. Y acto seguido me ofreció la figura— Toma Kaizer. Te lo obsequio como forma de agradecimiento por invitarme a cenar y por lo bien que me lo has hecho pasar hoy en el gremio.
—Ah…G-Gracias —le dije, aún sin salir de mi asombro mientras recibía cuidadosamente la figura de tela en mis manos.
—Espere, mi señora Aqua —intervino Mitsurugi— pero… ¿A que se refiere exactamente con eso de “por lo bien que me lo has hecho pasar en el gremio”?
—Ah, bueno es que Kaizer y yo…
Inmediatamente me lancé sobre Aqua y le puse una mano sobre la boca.
¡Esta diosa torpe! ¡Otra vez estaba a punto de irse de boca!
—¿Acaso te volviste loca? —le susurré con irritación.
Ella apartó mi mano con brusquedad y me miró enfadada, inflando sus adorables cachetes.
—Iba a decir que me invitaste unos tragos, ¿que otra cosa pensabas que iba a decir? ¡Jum!
Se produjo un momento de incómodo silencio mientras Aqua y yo nos sosteníamos la mirada, hasta que Mitsurugi se aclaró la garganta.
—Antes lo pensaba. Pero ahora lo confirmo. Ustedes dos se llevan muy bien.
Aqua lo miró algo perpleja.
—¡Oh! No te preocupes Matsuragi, puedo hacer una figura para ti si me consigues otra servilleta.
—Jaja…E-Es usted muy amable mi señora —replicó el joven. Decidiendo pasar por alto el hecho de que Aqua había confundido su nombre otra vez.
Vaya, eso si que me trae recuerdos.
—Kaizer —Mitsurugi volvió a dirigirse a mí. Sus ojos estaban llenos de determinación.
—¿Mm?
—Si bien reconozco tus habilidades al derrotar al demonio de los colmillos y no niego que te hayas ganado la confianza de mi señora, todavía no me convenzo de que seas el indicado para protegerla.
—¿Proteger a Aqua? Creo que estás un poco confundido, amigo —le dije en mi tono más amable posible, a pesar de que el tipo ya estaba comenzando a tocarme las pelotas con su altanería.
Pero parece que el portador de la espada maldita no estaba dispuesto a escucharme.
—Si en verdad crees que eres digno de estar a su lado, tendrás que demostrarlo —Mitsurugi estiró un brazo hacia a mí. Señalándome directamente con el dedo— Kaizer Prester, ¡Te reto a un duelo!
…
Todo mi cuerpo se tensó. Las manos me empezaron a temblar.
No sabía que decir, que responder. A mí lado, incluso podía sentir la mirada de Aqua, quien parecía tan atónita como yo.
Tragué.
No sé qué mierda fue lo que pasó, pero el aventurero más poderoso de Axel y probablemente del reino entero, acababa de desafiarme a un combate.
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