Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 27
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Capítulo 27: ¡Un duelo absurdo con este maestro espadachín! (1)
Los sapos gigantes avanzaban a grandes saltos por la llanura. Haciendo retumbar todo el suelo. ¡TUM! ¡TUM! ¡TUM!
Los primeros enemigos en aparecer. Y lo digo así porque pronto se les sumarían muchos más.
Todo gracias al colgante que Mitsurugi llevaba puesto. El cual servía para atraer monstruos. Uno de los tantos artículos exóticos de la tienda de Wiz. Que ya era mucho decir.
Así es. El duelo con el maestro espadachín consistía en una competencia por ver quien lograba derrotar más enemigos.
Si me lo preguntan, teniendo en cuenta que mañana llegaría el Destroyer a la ciudad, yo hubiese preferido guardar mis fuerzas para la gran batalla. En donde se pondría en juego nada más y nada menos que el destino de Axel.
Pero bueno, ya que estaba en esta situación supongo que bien podía aprovechar para subir algunos niveles extra.
Además, no había forma de que me negara a este duelo. Sin importarme que el oponente sea el aventurero más poderoso de todo Axel. Superado solamente por Kazuma Satou, quien aparentemente había sido capaz de vencerlo en un duelo que habían tenido hace poco.
Puede que lo que vaya a decir suene estúpido y hasta infantil. Pero a sabiendas de eso último, la sola idea de que Aqua pudiese verme como un cobarde me aterraba.
Y hablando de la diosa, esta ni bien vio a los enormes anfibios asomarse por el horizonte, comenzó a correr lo más rápido que se lo permitieron sus piernas, hasta llegar a un árbol y esconderse detrás.
—¡Ah! ¡Parece que es ya están aquí! —exclamó Kyouya Mitsurugi. Su armadura azul brillando majestuosamente bajo el cielo despejado. Era un día muy bonito, la verdad. Los rayos del resplandeciente sol parecían danzar en la hoja de Gram, la espada maldita—. ¡Ya quiero ver de lo que eres capaz, Kaizer!
—Sí, sí, claro —dije con una voz carente de entusiasmo.
Bueno, por lo menos el duelo no consiste en tener que enfrentarme con Mitsurugi directamente.
Me puse a medir la distancia entre los sapos y yo, y ni bien uno de estos (uno con un color medio azulado) entró en mi rango de ataque, sujeté la empuñadura de Kronos con fuerza y me abalancé hacia este como un misil.
Al percatarse de mi presencia la criatura movió un enorme ojo, negro y viscoso, para luego disparar su lengua hacia mí. Con la clara intención de envolverme. Por lo que, en plena carrera dancé hacia un costado y le propiné un corte vertical en su enorme barrigota.
Uno menos.
Mi segundo oponente era un poco más pequeño que el primero, así que supuse que debía tratarse de una cría relativamente joven.
Este intentó sorprenderme por detrás, pero gracias a mi habilidad recientemente aprendida llamada “Sentido divino”, pude anteponerme a su ataque y deshacerme de el con suma facilidad.
Sentido Divino es una habilidad propia de la clase paladín. Similar al detector de enemigos, pero mucho más potenciada. Ya que no solo me alerta de los ataques enemigos, sino que, en el caso de no muertos o demonios, soy capaz de percibir su presencia, siempre y cuando estos se encuentren en un radio de 100 metros.
En total pude vencer a dos sapos gigantes. Algo no muy impresionante si tengo en cuenta que Mitsurugi, quien se encontraba peleando no muy lejos de donde estaba yo, había conseguido matar a tres.
—¡Esta victoria es para usted, mi señora! —declaró el maestro espadachín, levantando su puño en dirección a Aqua.
Sin embargo, la susodicha parecía estar muy distraída leyendo una revista. Recostada sobre una reposera con sus largas y sexis piernas estiradas.
—Oh, eso es muy considerado de tu parte, Katsuragi —dijo— Solo procuren mantener esas cosas alejadas de mí, ¿está bien?
—¿K-Katsuragi…?
Pobre pibe.
—Oye, no te distraigas —le dije— ¿Que mierda son esas cosas?
Unas masas viscosas, de cuerpo deforme y traslúcidos avanzaban hacia nosotros a gran velocidad.
Y parece que vienen en varios colores. Rojo…azul…verde…¡No puede ser! ¿Acaso son…?
—¡Oh, por dios! —exclamé con emoción— ¡No puedo creerlo! ¡Son limos!
Mitsurugi dejó escapar una sonrisita amarga.
—Te ves entusiasmado, Kaizer.
—¿Y como no voy a estarlo? ¡Son limos! ¡Limos!
Los limos, unos monstruos con la forma de una gelatina, era el tipo de enemigo más común en los RPG. Y esta era la primera vez que me encontraba con uno desde que llegué a este mundo.
—Diablos, no creí que el colgante fuera a atraer a un grupo de criaturas tan peligrosas —observó un preocupado Mitsurugi.
—¿De qué estás hablando? Los limos son los enemigos más débiles en los juegos de rol.
No estaba entendiendo a Mitsurugi. Siendo un reencarnado proveniente de Japón como yo, no había manera de que no conociera los RPG. ¿Quien no jugó alguna vez un Dragon Quest? O un Final Fantasy. O el Lufia 2 si nos poníamos muy exquisitos.
—Kaizer…no pareces entender la situación. Aquí las cosas no funcionan como en nuestro mundo original.
—Sí, lo sé muy bien —le dije. Recordando como los vegetales llegaban a mi plato vivos y como tenía que perseguirlos con el tenedor cada vez que quería comer una maldita ensalada.
—En este mundo los limos están consideradas como una de las clases de monstruo más mortíferas que puede existir.
—¿EH?
—Creo que estamos en problemas —continuó el experimentado aventurero. Aferrando sus manos alrededor de la empuñadura de su espada maldita.
No puedo creerlo. ¿Acaso me está jugando una broma? ¿Enemigos mortíferos? ¿Los limos? ¿Es en serio?
Ya sé, de seguro se trata de una táctica para asustarme, así acaba con todos los limos el solo y me gana el duelo.
—¡KAIZER! ¡AHÍ VIENEN!
—¿AH?
De pronto uno de los limos sale disparado hacia mí, arrastrando su cuerpo. Una masa gelatinosa y escurridiza, que se movía a velocidades imposibles.
A este se le unieron dos. Tres. Cuatro limos más.
Y entonces cuando lo tuve justo en frente mío, lo que antes se veía como una pequeña masa, apenas un poco más grande que un balón de básquet, aumentó su tamaño repentinamente al tiempo que revelaba unos feroces y afiladísimos dientes.
—¡GRRRRAAAAAAAH!
Un rugido aterrador, propio de una alimaña salida del infierno, sacudió toda la llanura.
¡ERA VERDAD! ¡¿ASÍ SON LOS LIMOS DE ESTE MUNDO?! ¡PERO QUE MUNDO DE MIERDAAAA!
Sin muchas más opciones Mitsurugi y yo alzamos nuestras armas y arremetimos contra el ejército de limos.
…
…
…
—Oigan, ¿que fue todo ese alboroto? — escuché que preguntaba una voz. Y entonces la cabeza de Aqua apareció frente a mí. Su cabello largo y azul mezclándose perfectamente con el cielo despejado.
—¿Que acaso no estabas viendo? —pregunté entre jadeos. La batalla contra los limos me dejó tan cansado y con el cuerpo adolorido que no me importó nada. Y así como estaba me tiré de espaldas en el pasto.
—¿Ver exactamente qué? —la diosa se veía tan despreocupada como siempre—Tardaban tanto con su estúpido duelo que me dio sueño, así que decidí tomarme una pequeña siesta. Ser una diosa es un trabajo realmente agotador, ¿sabes?.
—¿Agotador en qué sentido? No hiciste absolutamente nada.
Ante mi declaración la diosa se turbó y sus ojos se abrieron como dos faroles.
—¿¡Eeeeh!? ¿Acaso eso es un reproche? En primer lugar, yo ni siquiera quería venir. Podría haber aprovechado el día para quedarme en la mansión y disfrutar de mi espumoso favorito frente a la chimenea, pero no. En lugar de eso vine hasta aquí a darte mi apoyo porque somos compañeros. ¡Así que más te vale estar agradecido!
—Dar apoyo significa alentarme durante el duelo, ¡No ponerte a dormir, diosa de porquería!
—¿QUÉEEEE? ¿Que fue lo que dijiste? ¿Me llamaste “diosa de porquería”? ¡Discúlpate ahora mismo, nini virgen de mierda!
—Mi señora, un ser tan divino y puro como usted no debería hablar de esa forma —Mitsurugi estaba desconcertado.
—No te metas en esto, Mitsui.
—E-Es Mitsurugi, mi señora.
—Eso no importa ahora —replicó Aqua, su mirada fija en mí— ¡Disculpate! ¡Disculpate por haberme llamado diosa de porquería!
Y empezó a dar pisotones en el pasto. Uno de sus típicos berrinches.
Si tengo que ser sincero, no era el hecho de que Aqua se pusiera a holgazanear durante mi duelo con Mitsurugi lo que me molestaba, sino que no prestara atención. Que no viera como me enfrascaba en batalla con todos esos monstruos por ella.
En resumen, el hecho de no tener su atención.
—Mi señora, es peligroso que permanezca aquí. Todavía puede quedar algún que otro monstruo en los alrededores —explicó Mitsurugi con incomodidad. Habiendo quedado en el medio de la discusión.
—No pienso disculparme, ¿que clase de persona se pone a dormir mientras su compañero arriesga su vida combatiendo?
Hora de exagerar un poco las cosas.
—¡Pues si no te vas a disculpar, entonces me voy! —chilló la diosa, agitando los brazos de manera infantil.
—¿Acaso no escuchaste lo que dijo el tipo de la espada mágica? Todavía puede que queden algunos monstruos en la zona. Así que más vale que no vengas aquí llorando si alguna criatura te ataca.
—Eeeeh, ¿sería mucho pedir que me llames por mi nombre?
Antes mis palabras, Aqua me sacó la lengua y acto seguido comenzó a caminar hacia Axel.
—¡Me voy! ¡No voy a quedarme en un lugar donde no soy apreciada!
—¿Siempre es así mi señora? —me preguntó Mitsurugi con una expresión de incredulidad
—Tiene sus días.
—Esos limos si que resultaron duros, ¿eh, Kaizer? —comentó Mitsurugi, descansando su peso sobre la empuñadura de Gram.
—Pues si te soy honesto, nunca hubiese imaginado que en este mundo tuvieran tanto poder.
—Yo pensé exactamente lo mismo la primera vez que los vi. Igual, creo que hemos tenido suerte.
—¿A qué te refieres? —pregunté con curiosidad. Mi mirada puesta sobre Aqua, quien iba haciéndose más y más pequeña conforme se alejaba.
¿Será que se enojó en serio?
Ahora que lo pienso ayer sucedió más o menos lo mismo. Esta diosa sí que se enfada con facilidad.
Aunque de ser ese el caso…teniendo en cuenta lo que pasó anoche tras nuestra pequeña discusión, en lo único que puedo pensar es en el momento de la reconciliación, jeje.
Dejando a Aqua de lado, volví a centrar mi atención en Mitsurugi. Quien ahora llevaba una expresión seria en su apuesto rostro.
—He escuchado que entre los limos —comenzó a decir— existe uno extremadamente poderoso que pertenece a la clase veneno.
—¿Limos venenosos? —repetí. Era la primera vez que había oído hablar de ellos.
El maestro espadachín asintió.
—Así es. Y dicen que posee un cuerpo inmenso capaz de segregar un ácido tan potente, que puede acabar casi con cualquier ser vivo.
Sentí un escalofrío al tiempo que los pelos de la nuca se me paraban de punta. Morir podía ser una experiencia dolorosa (se los dice alguien que ya se murió una vez) pero de entre todas las formas, que tu cuerpo sea consumido por ácido hasta el punto de que no queden ni tus huesos, definitivamente debía estar entre las peores.
—Bueno, en ese caso, supongo que en verdad tuvimos suerte de que ese limo gigante no se apareciera por aquí, ¿no crees?
—Puede ser. Aún así…no debí haber usado ese colgante. Que inconsciente fui.
—Oh, hablando de eso, ¿a cuantos de esos limos mataste?
—¿Mm? A unos…¿cinco?
—Ah, yo igual —me lamenté. Mitsurugi aún me llevaba ventaja ya que había matado un sapo más que yo.
—Debo decir, que esa espada que tienes es realmente impresionante.
—Ah, Kronos —dije sacando pecho, orgulloso de mi espada— Sí, es un arma realmente poderosa que me permite manipular el tiempo hasta cierto punto.
—¿Y también te la dio la señora Aqua?
—Así es.
Hablando de Aqua, ¿a dónde demonios se había metido? ¿En verdad pensaba irse sin mí?
Levanté la mirada hacia adelante, buscando una señal de aquella larga cabellera azul. Hasta que de pronto, bajo de la sombra de un árbol alcanzo a ver a Aqua mirando hacia donde estabamos Mitsurugi y yo.
—¡¿Que sucede, Aqua?! —le grité— ¡Creí que volverías a la ciudad!
—¡Es tu última oportunidad para pedirme una disculpa, nini idiotaaa!
—Está bien, está bien. Admito que me pasé un poco de la raya. Ahora quieres hacerme el favor de regre–
—¡Diosa mía! ¡Cuidado!
Mis palabras se me quedaron atascadas en la garganta a causa del grito de pavor de Mitsurugi.
Aparentemente uno de los sapos gigantes había escapado de la contienda y ahora estaba parado justo detrás de Aqua.
¿Como mierda hizo para llegar hasta ahí tan rápido y sin que ninguno de los dos lo viera?
Para cuando la diosa detuvo su berrinche, una enorme sombra se cernió sobre ella. Y un segundo después…ya no estaba.
—¡Mi señoraaaa! —gritó Mitsurugi, preso del pánico. Yo por mi parte, más que preocupado estaba sorprendido. Después de todo, no era la primera vez que veía como uno de esos anfibios se comía a Aqua.
Realmente parecen tener una especie de atracción hacia ella.
Digo, es casi como si los muy condenados tuviesen acceso a un portal desde otra dimensión y lo usaran solamente para sorprender a Aqua por detrás y comérsela.
—¡UAAAAAAH! ¿POR QUÉEEEE? ¿POR QUÉ SIEMPRE TIENE QUE PASARME ESTO A MÍIII?
Y hablando del diablo, allí estaba Aqua. Asomando la cabeza por la boca del sapo gigante. Sus lágrimas de resignación mezclándose con los fluidos viscosos del monstruo.
—Kaizer Prester, ¿piensas quedarte ahí parado? ¡La señora Aqua nos necesita!
—¿Eh? Ah, sí. Claro, claro.
Mitsurugi y yo salimos corriendo en dirección al sapo gigante, quien se las había arreglado para engullir nuevamente a una Aqua que no paraba de llorar.
—¡Mierda! —maldijo entre jadeos el héroe de la espada maldita— ¡No voy a llegar a tiempo! ¡Esos limos me hicieron gastar demasiada energía!
Una gruesa gota de sudor se deslizaba por la sien derecha del joven aventurero, quien venía corriendo al lado mío.
Por mi parte, debo decir que también me encontraba cerca de llegar al límite. Y ni hablar de que los dos veníamos corriendo con las armaduras puestas.
Siendo sincero, dudo mucho que la vida de Aqua pudiera estar realmente en peligro.
Y aun así…
—¡Fasto Supido!
Gritando esas palabras y levantando en alto a Cronos, la empuñadura comenzó a brillar al tiempo que un aura azulada me cubría por completo. Y si bien eso no hizo que se me fuera el cansancio, sí pude sentir como mi cuerpo se volvía más ligero.
Cada pisada, cada movimiento de mis brazos, se vio afectado por un impulso. Por el rabillo del ojo vi como el paisaje se perdía en una mancha borrosa y al momento siguiente, el propio Kyouya Mitsurugi se quedó atrás. Con la boca abierta y una expresión de genuina estupefacción.
Con el cuerpo impregnado en velocidad, alcé mi espada con las dos manos y le propiné un corte perfecto en vertical a la enorme barriga del sapo gigante. La cual se abrió como si se fuese un costal de arena. Solo que en lugar de arenas, lo que empezó a salir del interior fueron tripas. Junto a una Aqua que salió despedida por el tajo, bañada en los jugos asquerosos de la criatura. Hasta finalmente caer en el césped. Como si se hubiese tirado por un tobogán.
—¡BUAAAAAAAAAH! ¡ESTOY TODA CUBIERTA DE SANGRE, TRIPAS Y FLUIDOS RAROS! ¡No es justo! ¡Soy una diosa! ¿¡Por qué tengo que pasar por este tipo de situaciones tan seguido!? ¡BUAAAAAAAAAH!
La diosa continuó su ataque de llanto en aquel charco de baba y sesos de sapo gigante. Por lo que decidí que lo mejor sería esperar a que se calmara un poco antes de hablar.
Cuando lo hizo, me acerqué a ella. Tenía una tira de tripa justo en el medio de su refinada nariz.
—¿Estás bien?
—¡No! ¡No lo estoy! —me ladró la diosa— ¡Cada vez que salgo de aventuras contigo soy comida por un sapo gigante! ¡Por lo que no Kaizer! ¡No estoy nada bien! ¡Y es todo tu culpa!
—Vamos, no seas así, ¿acaso no vine corriendo en tu ayuda? Además, esto no hubiese pasado si no te hubieras hecho la ofendida.
La diosa me respondió con una mirada de desaprobación, haciendo puchero.
—¡JUM!
—Vamos, ya pasó. No estés enojada —le dije al tiempo que le ofrecía una mano.
Aqua continuó mirándome con desprecio hasta que finalmente se tragó el orgullo y extendió su mano para tomar la mía. O eso pensé yo. Ya que de pronto sus labios se curvaron en una sonrisita picara y maliciosa. Y antes de que pudiese reaccionar, me tomó del brazo y jalo de mí, haciendo que mi cuerpo maltrecho y agotado cayera junto a ella, entre los restos de sapo gigante.
—Eres muy infantil, ¿lo sabías?
Ella me sacó la lengua.
—Te lo mereces por haberme llamado “diosa de porquería”.
—Bueno, en ese caso —empecé a decir mientras me sacaba una tira de carne que se me había pegado en la armadura— ¿Podría decirse que estamos a mano?
—No. No del todo. Dame tu capa.
—¿Mi capa?
—No pienso volver a la mansión en este estado, préstame tu capa para que pueda limpiarme. Es lo mínimo que puedes hacer.
—¿Y no puedes simplemente purificar las manchas con tus poderes divinos o lo que sea?
—Kaizer, ¿acaso eres idiota? ¡¿Como se supone que voy a purificar unas tripas?!
—B-Buen punto. Ok, toma.
Me desabroché la capa blanca y se la ofrecí a Aqua. Quien en seguida la miró con cara de asco.
—Está toda sucia —observó.
—¿Y de quien crees que es la culpa?
La diosa se mordió el labio inferior, sin saber que responder.
—¡Mi señora! ¡Mi señora Aqua! ¿Se encuentra usted bien?
Kyouya Mitsurugi llegó a nosotros corriendo y hablaba con la respiración entrecortada. Pero más allá de eso se lo veía bastante bien. Sus atributos de destreza y resistencia debían ser bastante altos.
—¿Uh? Estoy bien, no fue nada —respondió Aqua en tono casual.
—¿Eh? ¿De verdad? Pero mi señora, se la comió un sapo.
—Me pasa más seguido de lo que crees. En serio, no pasa nada.
—S-Sí usted lo dice, diosa mía… —el chico se aclaró la garganta y se dirigió a mí— Kaizer Prester, esa habilidad que usaste recién fue realmente impresionante.
—¿Tu crees? —pregunté incapaz de ocultar una orgullosa sonrisa.
—¿También es una habilidad del objeto que te otorgó mi señora?
—Así es —respondí— no solo puede manipular el tiempo en espacios determinados, sino que también puedo usarla en organismos de vida. Incluso en mí mismo, como acabas de ver.
—Ya veo, parece un arma muy poderosa.
—Lo es. Aunque tu Gram tampoco se ve nada mal.
—Jejeje ¿no soy la mejor al haberles dado armas tan poderosas? Deberían estar agradecidos por mi bondad.
—Si. Tiene usted toda la razón, mi señora —confirmó Mitsurugi— Kaizer, ahora que lo pienso, con el último sapo que mataste hemos quedado empatados en el duelo.
—¿De verdad? Ni me había dado cuenta. Aunque tampoco es como si hubiesen quedado más monstruos, como para que podamos desempatar.
—Es cierto. Sin embargo, se me acaba de ocurrir una idea mucho mejor para definir el duelo.
Oh Dios, ya me puedo imaginar hacia dónde va esto.
Mitsurugi levantó su espada, apuntando la hoja hacia mí. Sus ojos claros brillaron con determinación.
—Tengamos un combate —propuso.
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