Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 32
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Capítulo 32: ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad! (1)
La explosión fue tan fuerte que parecía que un terremoto había sacudido la ciudad de Axel.
Tuve que sostenerme del hombro de un aventurero que tenía al lado para no perder el equilibrio y caerme. Por desgracia otros no fueron tan afortunados y se fueron de cara al suelo.
Incluso a la distancia en la que me hallaba, era capaz de distinguir el monstruoso tamaño del Destroyer. El solo hecho de pensar en los destrozos que esa cosa hubiese causado de haber cruzado las puertas de la ciudad hizo que se me erizara la piel.
Es más, aún así, tumbada en el suelo, con sus patas mecánicas desparramadas (las cuales se asemejaban a las de una araña) la fortaleza andante todavía era capaz de meter miedo.
Por lo que yo, Kazier Prester, no pude evitar sentir una ola de alivio al pensar “Que bueno que no tuve que pelear con esa cosa.”
—¡Lo lograron! ¡Estamos salvados! —celebró un aventurero.
—¡Sabía que podíamos confiar en la chiflada de las explosiones!
—¡Y no olvidemos a la dueña de la tienda de artículos mágicos! ¡Ella también ayudó un montón!
De pronto mis labios esbozaron una sonrisa agridulce.
Supongo que así de eficiente es el grupo de Kazuma Satou.
Por algo los habían puesto a cargo de la vanguardia.
Por un lado estaba Aqua. Quien se encargó de romper la barrera mágica del Destroyer con su Sacred Break Spell.
Luego la archimaga (cuyo nombre era muy raro y por eso siempre se me olvidaba, pero en el gremio todos le decían “la loca de las explosiones”). Que se ocupó de lanzar su poderosa magia explosiva en conjunto con Wiz. Quien además de ser la dueña de la tienda de artículos mágicos, también resultó ser una aventurera experimentada. Por lo que decidió venir a ayudar.
Y finalmente estaba Kazuma Sato. El cerebro detrás de esta operación.
La verdad es que me hubiese gustado estar en el frente y pelear junto a ellos. Bah, en realidad no era solo eso. También quería ver a Aqua. Con quien no hablaba desde la noche anterior.
Esa misma mañana, antes de empezar con la operación, nos reunieron a todos en el gremio para repasar el plan. De más está decir que Aqua y su grupo también estuvieron presentes. Y a pesar de que intenté llamar su atención varias veces, nuestras miradas apenas se cruzaron una o dos veces. Antes de que la archisacerdotisa moviera la cabeza rápidamente hacia un costado.
Me pregunto si seguía enfadada conmigo porque intenté follármela en la puerta de su casa.
Últimamente siempre estaba predispuesta cuando se trataba de tener sexo. Por lo que la actitud distante que había mostrado anoche (hasta fría diría) no dejaba de llamarme la atención.
Incluso ahora, en el medio de la batalla, no podía dejar de pensar en ella.
Espero que ahora que todo acabó y que la ciudad estaba a salvo, más tarde tuviésemos la oportunidad de hablar.
¿Por qué todo había acabado y la ciudad ya estaba a salvo? ¿Verdad?
En cuanto a mi rol en esta misión. Tras haber vencido al demonio Demian, las empleadas del gremio consideraron que lo más apropiado sería dejarme a cargo de la retaguardia. En caso de que sucediera algún imprevisto y el enemigo consiguiera atravesar nuestras defensas.
Afortunadamente, viendo que el Destroyer ahora parecía una pila de chatarra vieja, dudo mucho que tenga algo para hacer en esta batalla.
—¡Kaizer! ¡Señor Kaizer!
—¿Mm?
Al darme la vuelta vi a un joven corriendo hacia mí con una mirada llena de entusiasmo. Tenía el cabello rubio y vestía una ostentosa armadura.
No sabría decir exactamente cuánto costaba, pero puedo asegurarles que el aventurero promedio podía pasarse media vida completando misiones, y ni así podía estar seguro de si reuniría el dinero suficiente para comprarla.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención fueron sus mejillas. Las cuales estaban rojas. Y el mismo gritaba como si se hubiera quedado sin aire. Parece que llevaba corriendo un buen rato.
—¡Señor Kaizer! —continuó llamándome el chico de manera eufórica. A pesar de que me tenía frente suyo— ¡Por fin lo encuentro! Ni bien supe que lo habían puesto a cargo de esta zona vine corriendo lo más rápido que pude. Ufff…si que es difícil correr con esta armadura puesta.
—Pues entonces no deberías hacerlo. ¿Por qué llevas tanta prisa?
—¿¡Como que por qué, señor!? ¿Como… que…por qué…?
Mi pregunta parecía haber descolocado al joven.
—Tranquilizate Dikon. Y respira. Por dios, parece como si estuvieras a punto de morir.
El muchacho que tenía en frente era Dikon Gloryuss. Un aventurero débil y con la mayoría de sus estadísticas por el piso.
Tan así que incluso los monstruos más débiles y patéticos que te puedas imaginar eran capaces de propinarle una paliza.
Pero eso sí, con un gran corazón. Y, lo más importante, una valentía a prueba de todo. De hecho, había sido una pieza fundamental en mi batalla contra el demonio de los colmillos.
Es más, no exagero cuando les digo que gracias a él todavía seguía por estos lados.
—Lo siento señor —dijo Dikkon tratando de recuperar el aliento— es que usted me hace esa pregunta y es como si ya lo hubiese olvidado por completo.
—¿Olvidar qué?
—Señor, me ofende. Sé que no soy muy fuerte pero…¡Dijo que podía unirme a su equipo! ¡Fue lo que dijo! ¡Q-Que me entrenaría y que me ayudaría a volverme más fuerte! Y ahora… ¿me sale con esto?
El rostro de Dikkon se contrajo en una mueca de dolor. Como si le hubiesen clavado una daga en el corazón. Se ve que se trataba de un muchacho bastante sensible.
—Ah, con que te refieres a eso. Sí, sí, lo dije y supongo que no hay ningún problema.
Lo que no recuerdo es haberte dicho que te entrenaría.
—Y bueno señor, como dijo que podía formar parte de su grupo me pareció que lo mejor sería que me mantuviera cerca de ustedes —el chico hizo una pausa— momento, ¿dónde está la señorita Aqua?
—Aqua no está conmigo ahora. Veras, es un poco complicado de explicar. Pero digamos que ella ya pertenece formalmente a un grupo. Por lo que nuestra alianza es algo más bien circunstancial.
—Oh, no tenía idea. ¿Y cómo sería eso? Si es que puedo preguntar.
—Mmmm…bueno, resulta que Aqua está atravesando algunos problemas financieros y yo la ayudo cada tanto completando misiones juntos.
—Oh, ¡Tal y como se podía esperar de un paladín tan noble como usted, señor Kaizer! Siempre haciendo todo lo posible por ayudar a los demás.
—Ja, ja, bueno, tampoco es para tanto —dije mientras me rascaba la cabeza.
Hace rato que no me sonrojaba por un cumplido. Y al ver los ojos brillosos de Dikon (con estrellitas y todo) supe que el chico realmente me admiraba.
De más está decir que me abstuve de mencionarle los detalles de mi acuerdo con Aqua. Además, ¿qué le iba a decir?
“Estoy ayudando a Aqua a completar misiones de nivel alto y a cambio ella me paga con su cuerpo, ¿no te parezco un tipo genial?”
No, no. Definitivamente no le podía decir eso. Ni a Dikon, ni a nadie. Era algo entre Aqua y yo.
Y ahora que lo menciono, me pregunto en donde estará esa diosa problemática. ¿Estarán bien ella y los miembros de su grupo?
A juzgar por lo chamuscado que había quedado el Destroyer yo diría que la operación fue un éxito.
Sin embargo, en este tipo de batallas lo último que había que hacer era confiarse.
—Por cierto, señor, ¿que me dice de la misión? ¿La vio? ¿Vio la poderosa explosión? ¡Fue todo un éxito! ¡El destroyer es historia! ¡La ciudad se ha salvado!
—Dikon, no está bien que digas eso.
—¿Ah? ¿No? ¿Y por qué?
—Porque cada vez que alguien dice eso, en el 90% de las veces resulta que el enemigo no fue derrotado del todo y entonces procede a revelar una nueva fase. La cual EN EL 90% de los casos termina siendo más fuerte que la anterior.
Al ver que Dikon me miraba con cara de “¿De que rayos habla este sujeto?” me apresuré a decir.
—Para que te des una idea, sería algo así como las cinemáticas de un video juego.
Por supuesto que aquel ejemplo no hizo más que empeorar la cosa.
—Ci..ne…má…ti…cas…Vi…deo…juego… ¿Que es eso?
Genial, ahora directamente me miraba como si fuese un alienígena.
Que de hecho, en parte lo era.
Hermosa ironía.
—Eso no importa. A lo que voy es que no deberíamos cantar victoria antes de tiempo.
—Sí usted lo dice…aunque después de tremenda explosión, diría que es casi imposible que esa cosa vuelva a ponerse en funcionamiento.
—¡Por supuesto que no la hará! —gritó de pronto una voz. Luego le siguieron muchas más.
—¡Claro que no! ¡La ciudad ha sido salvada!
—¡Hay que celebrarlo!
—¡Yo tengo tres cupones de descuento para el local de las súcubos!
No solo Dikon parecía tener la plena seguridad de que la batalla había concluido, sino también el resto de los aventureros. Quienes esperaban llenar las tabernas de Axel con motivo de celebración. Algunos incluso gritaban a los cuatro vientos que visitarían el local de las súcubos. Un establecimiento del que no se solía hablar en lugares públicos y que solo era popular entre la comunidad masculina.
Todos parecían dar por finalizada la misión y ya estaban pensando en la recompensa.
¿Será que por fin se terminó? ¿Quizás el del problema era yo al mostrarme demasiado escéptico?
Pero en ese momento.
¡ZUUUUUUUUUUUM!
Un ruido vibrante y mecánico atravesó la ciudad. Silenciando los gritos de festejo de inmediato. Los mismos aventureros que estaban vitoreando hace tan solo unos instantes, ahora miraban horrorizados en dirección al Destroyer.
—¡PERO POR LA DIOSA ERIS! ¿¡QUE DEMONIOS SON ESAS COSAS?! —gritó aventurero. Preso del pánico.
A lo lejos, lo que parecían ser unas compuertas, se habían abierto a ambos lados de los restos de la fortaleza andante y ahora un ejército de mini destroyers avanzaba a toda marcha hacia las puertas de la ciudad.
¡Les dije que no tenían que cantar victoria antes de tiempo!
—Son demasiados, ¿que hacemos?
—Pero no entiendo que pasa, ¿no que la explosión había sido suficiente?
Los aventureros a mi alrededor se miraban unos a los otros, desconcertados. Incluso Dikon no salía de su asombro.
—¿Que hacemos, señor Kaizer?
—Intentaremos detenerlos —respondí— después de todo, para bien o para mal, el gremio me puso a cargo de las defensas de la ciudad.
—¡Oh, es cierto! ¡El paladín que rescató a todas esas niñas secuestras de las terribles garras del demonio de los colmillos!
—¿Entonces estamos a salvo?
—Pues yo diría que sí. No hay forma de que esas cosas lleguen a la ciudad si el paladín pelea con nosotros.
—¡Obviamente! ¡Esta batalla ya está más que ganada, señores!
¡Esos idiotas! ¿Es que acaso no pensaban aprender de sus errores!
De pronto Dikon me miró de forma reflexiva.
—Señor Kaizer, lo siento. Usted tenía razón. No debimos cantar victoria antes de tiempo.
Bueno, me alegra saber que por lo menos alguien me entendía.
El chico desenvainó su espada, haciendo silbar el aire.
—Prometo dar todo en esta batalla. Y si he de morir, quiero que sepa que será un honor para mí hacerlo junto a usted.
¡Tampoco hay que ser tan pesimista! ¡No des por sentado que vamos a morir, mierda!
—Muy bien, aventureros de Axel —dije hacia la muchedumbre que tenía detrás. Espadachines, arqueros, magos e incluso algún que otro elfo, me miraban con ojos llenos de anticipación y algo de incertidumbre— la ciudad que tantas alegrías nos ha dado—
—Jeje, ya lo creo que sí —me interrumpió un aventurero sonriendo con cara de idiota y un brillo libidinoso en los ojos. Seguramente se debía estar refiriendo a cierto local. De hecho, la ola de murmullos de asentimiento (todos por parte de aventureros masculinos, claramente) no hizo más que confirmar mi teoría.
Una vez que terminaron con el cuchicheo absurdo, me aclaré la garganta y seguí.
—En fin, como les decía. La ciudad que tanto nos ha dado y que nos vio crecer como aventureros, se encuentra en peligro. Y si bien un grupo específico fue enviado para neutralizar al Destroyer, me temo que no ha sido suficiente. Por lo que ahora recae en nosotros la responsabilidad de proteger la ciudad. Digamos que nos toca hacer la side quest.
No tendría que haber dicho eso, puesto que ahora eran más los que me miraban como si estuviese desquiciado. Por lo que en un desesperado intento por dejar atrás el asunto, levanté mi voz todo lo que pude y pregunté:
—¿Están conmigo?
Los aventureros se me quedaron mirando fijamente. Luego se miraron entre sí. Y finalmente, de a poco, uno por uno comenzó a levantar los brazos en alto. Empuñando espadas, lanzas, bastones y todo tipo de armas que esperarías ver en una película de fantasía medieval o en un Dragon Quest.
—¡SÍÍÍ! —gritaron al unísono.
El chirrido mecánico generado por las patas de los mini destroyers cada vez se oía más fuerte.
—Los escuchan ¿verdad? Esos malnacidos están viniendo a arrebatarnos lo que más queremos, ¿se los vamos a permitir?
—¡NO!
—¡JAMÁS!
—¡Me alegra escuchar eso! —grité eufóricamente— ¡Porque hoy necesitaré de la fuerza de todos ustedes para que me ayuden a proteger este lugar que tanto amamos! ¡AL ATAQUE! ¡POR AXEL, LA CIUDAD DE LOS AVENTUREROS PRINCIPIANTES!
Y comencé a correar hacia la batalla. Alzando a Kronos en alto y con mi capa blanca ondeando junto al viento.
Una entrada perfecta y de lo más heroica.
O ese habría sido el caso si los pocos gritos que me acompañaron exclamando “¡Por Axel, la ciudad de los aventureros principiantes!” no hubieran sido totalmente opacados por los gritos de “¡POR NUESTRO AMADO LOCAL!”
Suspiré profundamente. Esperando por lo menos no hacer el ridículo.
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