Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

una venganza ineludible - Capítulo 41

  1. Inicio
  2. una venganza ineludible
  3. Capítulo 41 - Capítulo 41: En la vida de Vesper
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 41: En la vida de Vesper

El sol todavía no estaba en lo más alto cuando Vesper llegó a la casa de su padre. El aire era fresco, y el movimiento en la calle ya había comenzado. Carretas, voces, pasos… una mañana común en Valdora.

Pero para él, no lo era del todo.

Golpeó la puerta dos veces.

—Adelante —respondió Harvar desde dentro.

Vesper entró y lo vio organizando unas cuerdas y revisando una lista.

—Llegaron —dijo su padre sin levantar la vista.

—¿Ya?

—Hace unos minutos. Están en la casa nueva, al final de la calle. Vamos a terminar de mover lo que falta.

Vesper asintió.

—Perfecto.

Harvar lo miró entonces, evaluándolo.

—Hoy no entrenas.

—Lo sé.

—Bien.

La casa a la que se dirigieron era modesta, pero más amplia que la anterior. Aún tenía la puerta abierta, y algunas cajas estaban en la entrada.

El hombre que Vesper recordaba —el amigo de su padre— estaba allí, acomodando muebles.

—¡Harvar! —saludó con una sonrisa—. Llegas justo a tiempo.

—Y traje ayuda —respondió su padre.

El hombre miró a Vesper.

—Claro… el joven.

—Vesper —dijo él, extendiendo la mano.

—Un gusto —respondió el hombre, estrechándola—. Soy Darien.

Hablaron unos segundos más, lo justo.

Entonces, desde dentro de la casa, apareció ella.

La joven.

Cabello corto y oscuro.

Ojos marrones atentos.

Se detuvo al verlos.

Especialmente a Vesper.

Él también la miró.

Un segundo más de lo necesario.

—Ella es mi hija —dijo Darien—. Lira.

—Hola —dijo ella, con una voz más suave de lo esperado.

—Hola —respondió Vesper.

Hubo un pequeño silencio.

—Bueno —intervino Harvar—. Hay trabajo.

La mudanza comenzó.

Cajas, muebles, herramientas. Subir, bajar, acomodar.

Vesper trabajaba con facilidad. Su fuerza y resistencia hacían que lo que para otros era pesado, para él fuera simple.

Pero no estaba concentrado del todo.

Cada tanto…

Notaba la mirada de Lira.

No constante.

Pero sí… repetida.

Ella ayudaba también, aunque con cosas más pequeñas. Organizaba, limpiaba, acomodaba.

En un momento, ambos coincidieron levantando la misma caja.

—Yo la llevo —dijo Vesper.

—No, está bien —respondió ella rápidamente.

Intentó levantarla… pero no pudo.

Se quedó un segundo en silencio.

—Está bien… —añadió, soltando la caja—. Llévala tú.

Vesper no dijo nada. Solo la tomó y la llevó adentro.

Cuando volvió, ella seguía ahí.

—Gracias.

—No es nada.

Otro silencio.

—Eres… fuerte —dijo ella, casi como pensando en voz alta.

Vesper la miró.

—Entreno.

—Sí… eso se nota.

Ella desvió la mirada.

Un poco… nerviosa.

Pasaron los minutos.

Luego horas.

El trabajo avanzaba.

En un momento, Vesper salió al patio trasero a buscar unas tablas. Cuando volvió… Lira estaba ahí, sola, intentando mover una silla más grande de lo que parecía.

—Espera —dijo él.

Ella se sobresaltó un poco.

—No te escuché.

—Lo sé.

Vesper tomó la silla con facilidad y la acomodó en su lugar.

—Gracias otra vez.

—No hay problema.

Ella dudó.

Luego habló.

—¿Siempre ayudas así?

—¿Así cómo?

—Sin preguntar.

Vesper pensó un segundo.

—Si hace falta, sí.

Ella asintió.

—No es común.

—Debería serlo, soy caballero.

Lira lo miró con más atención ahora.

Como si analizara cada palabra.

—Tú no eres… como los demás.

Vesper frunció apenas el ceño.

—¿A qué te refieres?

Ella dudó.

—No lo sé… es una sensación.

Se puso nerviosa al darse cuenta de lo que dijo.

—Perdón, suena raro.

—Un poco.

Ella soltó una pequeña risa.

—Sí… lo siento.

El trabajo continuó.

Pero ahora… hablaban más.

Pequeñas cosas.

De dónde venía ella.

De cómo había sido moverse tanto.

—Dos años viajando… —dijo Vesper—. Debe ser difícil.

—Lo es —respondió Lira—. Nunca te acostumbras del todo.

—¿Y ahora?

Ella miró la casa.

—Ahora… no sé.

—¿Por qué?

—Porque quedarse en un lugar también da miedo.

Vesper la miró.

Esa respuesta… no era común.

—¿Miedo a qué?

Ella lo miró un segundo.

Y luego sonrió levemente.

—A que no sea el lugar correcto.

Por primera vez, Vesper no respondió de inmediato.

Había algo en esa frase.

Algo que no encajaba… o que decía más de lo que parecía.

Pero no insistió.

—Bueno —dijo—. Al menos ahora tienen un lugar.

—Sí.

Ella lo miró otra vez.

—Y tú estás aquí.

La frase salió sin pensar.

Y en cuanto lo dijo…

Se puso nerviosa.

—Quiero decir… ayudando… no que—

—Entendí —la interrumpió Vesper.

Pero la ligera tensión ya estaba ahí.

Ella desvió la mirada, jugando con sus manos.

—No soy buena hablando.

—No importa, sos mi amiga.

Ella lo miró, sorprendida.

Luego sonrió.

—Gracias… nunca tuve uno.

El sol comenzó a bajar.

La mudanza estaba casi terminada.

Los adultos hablaban dentro de la casa, revisando detalles.

Vesper salió un momento a tomar aire.

Se apoyó contra una pared, mirando la calle.

Entonces…

Escuchó pasos.

Lira.

Se acercó lentamente.

—¿Cansado?

—Un poco.

—Yo mucho.

Se quedaron en silencio unos segundos.

—Gracias por ayudar —dijo ella.

—No hay problema.

Ella dudó otra vez.

—Oye…

Vesper la miró.

—¿Siempre estás en Valdora?

—Sí.

—¿Nunca sales?

—Depende.

—¿De qué?

—De si hace falta.

Lira asintió.

—Entiendo, eres guerrero.

Pero su mirada decía otra cosa.

Como si quisiera preguntar más.

Pero no se atreviera.

Desde la puerta, Harvar llamó.

—¡Vesper!

—Ya voy.

Vesper se giró.

Pero antes de irse…

Lira habló.

—¿Vas a volver?

Él se detuvo.

La miró.

—Si hace falta ayudar… sí.

Ella asintió.

—Bien.

No dijo nada más.

Vesper entró a la casa.

Pero por un momento…

Sintió algo.

Algo leve.

Una duda.

Miró hacia atrás.

Lira seguía ahí.

Observándolo.

No como antes.

Ahora… con más atención.

Más intención.

Vesper no dijo nada.

Pero lo notó.

Y sin darse cuenta…

Empezaba otra vez lo que Morgana le había advertido:

Observar.

La casa ya estaba en silencio.

Las cajas habían encontrado su lugar, los muebles estaban acomodados y el ruido de la mudanza se había transformado en una calma extraña, como si el hogar recién armado aún estuviera tratando de sentirse… real.

Vesper se quedó unos minutos más, revisando que todo estuviera en orden. No era necesario, pero tampoco tenía apuro por irse.

Desde la otra habitación, las voces de los adultos se apagaban poco a poco. El trato estaba cerrado. La mudanza, terminada.

Se pasó una mano por el cabello, todavía con restos de polvo y esfuerzo.

—Tengo que ir al castillo —dijo finalmente, más para sí mismo que para alguien más.

Giró para buscar a su padre.

Harvar estaba junto a la mesa, acomodando unos papeles con tranquilidad. Como si nada hubiera sido urgente en todo el día.

—¿Te vas? —preguntó sin levantar la vista.

—Sí. Necesito bañarme.

Harvar asintió.

—Bien hecho hoy.

Vesper se encogió de hombros.

—Era solo ayudar.

Hubo un pequeño silencio.

Harvar dejó los papeles a un lado.

—Escucha.

El tono hizo que Vesper se detuviera.

No era habitual.

Lo miró.

—¿Qué pasa?

Harvar lo observó unos segundos, como midiendo cómo decirlo.

—Me voy por unos meses.

Vesper frunció levemente el ceño.

—¿A dónde?

—Al colegio Edwin.

El nombre quedó flotando en el aire.

Vesper lo conocía.

No como un lugar cualquiera.

Era importante.

—¿Por qué?

Harvar apoyó una mano en la mesa.

—Trabajo. Negocios. Contactos. —Hizo una pausa—. Cosas que tengo que atender personalmente.

Vesper lo miró con más atención ahora.

—¿Cuánto tiempo?

—Unos meses.

Silencio.

No era una noticia menor.

Pero tampoco era inesperada del todo.

Harvar siempre se movía. Siempre hacía algo.

Pero esta vez…

Se sentía distinto.

—¿Cuándo te vas?

—Pronto.

Otra pausa.

Vesper bajó la mirada un segundo.

Asimilando.

Pensando.

Luego levantó la vista de nuevo.

No preguntó más.

No cuestionó.

Simplemente dio un paso adelante.

Y lo abrazó.

Fue un gesto directo. Firme.

—Buen viaje, pa.

Harvar se quedó quieto un instante.

Luego respondió al abrazo, apoyando una mano en su espalda.

—Cuídate.

—Siempre.

Se separaron.

Vesper lo miró.

—¿Necesitas ayuda para preparar algo?

—No —respondió Harvar—. Ya está todo listo.

—Bien.

Hubo otro silencio.

Más corto.

Pero más pesado.

—Vesper —dijo su padre.

Él lo miró.

—No dejes de entrenar.

Una leve sonrisa apareció en el rostro del joven.

—No lo haré.

—Y…

Harvar dudó apenas un segundo.

—Ten cuidado.

La frase fue simple.

Pero no lo habitual.

Vesper lo notó.

—Siempre tengo cuidado.

Harvar asintió.

Pero su mirada decía otra cosa.

Como si quisiera agregar algo más…

Y no lo hiciera.

Vesper tomó aire.

—Bueno… me voy.

Se giró hacia la puerta.

Pero antes de salir, se detuvo.

Miró una vez más la casa.

A su padre.

El lugar.

Todo.

—Nos vemos.

—Nos vemos.

Vesper salió.

La tarde ya caía. El aire era más fresco, y las luces de la ciudad empezaban a encenderse.

Caminó unos pasos.

Sin prisa.

Pensando.

El día había sido simple.

Trabajo.

Conversaciones.

Nada fuera de lugar.

Y sin embargo…

Había algo.

Algo que no terminaba de encajar.

Lo de su padre.

El viaje.

El momento.

Miró hacia adelante.

El castillo se alzaba en la distancia.

—Da igual —murmuró.

Pero no lo sentía así.

Y mientras caminaba hacia su rutina…

Sin darse cuenta…

Todo empezaba a moverse otra vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo