una venganza ineludible - Capítulo 42
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 42: Colegio Edwin
La Isla Edwin emergía entre la bruma como un secreto antiguo. No era un lugar al que cualquiera pudiera llegar, y mucho menos quedarse. Allí, entre torres de piedra oscura y jardines que parecían susurrar magia, se alzaba el colegio de magia Edwin.
Harvar descendió de la embarcación con paso firme. El aire era distinto. Más denso. Más… cargado.
No tardó en ser reconocido.
—No puede ser… —dijo una voz desde la entrada principal.
Un hombre de mediana edad, con túnica oscura y mirada aguda, se acercó rápidamente.
—Harvar.
—Daniel —respondió él, con una leve sonrisa.
Se estrecharon el brazo con fuerza, como viejos camaradas que no necesitaban formalidades.
—Pensé que no volverías —dijo Daniel, observándolo con atención—. Has envejecido.
—Tú también —respondió Harvar—. Solo que peor.
Daniel soltó una carcajada.
—Eso es verdad.
Caminaron juntos por los pasillos del colegio. Estudiantes cruzaban de un lado a otro, algunos practicando hechizos básicos, otros cargando libros imposibles de entender para cualquiera fuera de ese lugar.
—Sigues siendo subdirector —comentó Harvar.
—Alguien tiene que mantener el orden —respondió Daniel—. El director prefiere pensar que todo funciona solo.
—Como siempre.
Se detuvieron frente a un balcón que daba al mar.
El silencio fue cómodo.
—¿Te acuerdas del borracho? —preguntó Daniel de repente.
Harvar soltó una risa breve.
—¿El que quiso desafiarnos a un duelo?
—Ese mismo.
—Terminó hechizándose solo.
—Y quedó convencido de que nos había derrotado —añadió Daniel.
Ambos rieron.
—O cuando intentamos abrir aquella bóveda en el ala norte —continuó Daniel—.
Harvar negó con la cabeza.
—No sabíamos lo que hacíamos.
—Liberamos a la serpiente del laboratorio. No debía salir.
—Y tardamos horas en encerrarla otra vez.
—Horas… —repitió Daniel—. Y casi nos expulsan.
—Casi.
Hubo otra pausa.
—O la vez del lago —dijo Harvar.
Daniel lo miró.
—No.
—Sí.
—No lo menciones.
—El hechizo de invisibilidad…
—Que no funcionó —lo interrumpió Daniel.
—Y terminamos cayendo al agua frente a todos.
Daniel suspiró.
—Ese día perdí toda dignidad.
—Nunca la tuviste.
Ambos sonrieron.
Pero la nostalgia no duró mucho.
Daniel cambió el tono.
—Dime… —dijo, apoyándose en la baranda—. ¿Crees que es momento?
Harvar no respondió de inmediato.
Miró el mar.
Pensó.
—Ya no pueden vivir sin conocerse —dijo finalmente—. Vesper sabe que tiene un hermano.
Daniel lo observó.
—Y él tampoco
—No…? Bueno
Silencio.
—Entonces esto no va a ser fácil.
—Nunca lo fue.
A la mañana siguiente, el colegio estaba en plena actividad.
Daniel caminaba por los pasillos con decisión. Se detuvo frente a una puerta y golpeó dos veces.
—Pase.
Entró.
Dentro, un joven estaba revisando unos apuntes. Su concentración era absoluta.
—Uriel.
El joven levantó la vista.
—Señor.
Había algo distinto en él. No solo inteligencia… precisión. Cada gesto medido, cada mirada calculada.
—Acompáñame.
Uriel no preguntó. Solo se levantó.
Caminaron en silencio hasta una sala privada.
Al entrar, Uriel vio a Harvar.
Se detuvo apenas un segundo.
—¿Me llamaban?
—Sí —respondió Kaelen—. Siéntate.
Uriel obedeció.
Harvar lo observó con atención.
—Uriel… —comenzó—. ¿Te es conocido el nombre Vesper?
El joven pensó un segundo.
—No.
—¿Seguro?
—Seguro.
Harvar asintió lentamente.
—Bien.
Se acercó un poco más.
—Voy a decirte algo… y quiero que escuches con atención.
Uriel no cambió su expresión.
—Está bien.
—Tienes un hermano.
Silencio.
—Que no conoces.
Uriel no reaccionó de inmediato.
—Y no solo eso —continuó Harvar—. Tu padre y tu madre… no son quienes crees.
Daniel observaba en silencio.
Uriel parpadeó una vez.
—Fueron puestos en tu vida para protegerte.
El silencio se hizo más pesado.
Finalmente, Uriel habló.
—Señor…
Su tono era respetuoso.
Pero firme.
—Con respeto… no le creo.
Harvar no se sorprendió.
—Es lógico.
Uriel apoyó las manos sobre la mesa.
—¿Hay algo más?
La pregunta no era de interés.
Era de evaluación.
—Quiero almorzar.
Daniel soltó una leve exhalación, casi divertida.
Harvar lo miró fijamente.
Uriel no estaba nervioso.
No estaba confundido.
Estaba… analizando.
—Hay mucho más —dijo Harvar finalmente.
Uriel inclinó apenas la cabeza.
—Entonces dígalo después del almuerzo.
Se levantó.
—No tomo decisiones importantes con hambre ¿Me puedo retirar?
Y Daniel dijo desepcionado…
—Si
El silencio quedó atrás.
Daniel miró a Harvar.
—Te dije que no iba a ser fácil.
Harvar no respondió.
Pero en su mirada…
Había algo claro.
Esto recién empezaba.
Después del almuerzo, el colegio volvió a su ritmo habitual.
Los pasillos estaban llenos de estudiantes, algunos practicando hechizos simples, otros discutiendo teorías con una seriedad que no coincidía con su edad. El aire estaba cargado de magia… pero también de rutina.
Para Uriel, sin embargo, nada era exactamente igual.
Había comido tranquilo.
Sin prisa.
Como si la conversación de antes no hubiera existido.
Pero en su mente… no la había dejado ir.
Regresó a la sala sin ser llamado.
Golpeó la puerta dos veces.
—Pase —dijo la voz de Daniel desde dentro.
Uriel entró.
Harvar y Daniel estaban ahí, tal como antes. Pero el ambiente había cambiado. Más serio. Más directo.
Uriel cerró la puerta detrás de él.
—Bien —dijo—. Ya comí.
Daniel lo miró de reojo, conteniendo una leve sonrisa.
Harvar, en cambio, no perdió tiempo.
—Nos alegra.
Uriel se sentó sin que se lo pidieran.
—Puede continuar.
No había desafío en su voz.
Pero tampoco sumisión.
Harvar lo observó unos segundos, como si evaluara hasta dónde podía avanzar.
—Lo que te dije antes… no es algo que vayas a entender de inmediato.
Uriel apoyó un codo en la mesa.
—Eso ya lo supuse.
—Y tampoco es algo que vayas a aceptar sin pruebas.
—Correcto.
Silencio breve.
—Por eso —continuó Harvar—, vamos a hablar con tus padres.
Esa vez… hubo una pequeña reacción.
No visible para cualquiera.
Pero sí para alguien atento.
Uriel parpadeó apenas más lento.
—¿Mis padres?
—Sí.
—¿Los que “no son mis padres”? —preguntó con precisión.
Daniel intervino.
—Los que te criaron.
Uriel asintió levemente.
—Entiendo.
Se recostó un poco en la silla.
—¿Cuándo?
Harvar respondió con calma.
—Tardará.
Uriel frunció apenas el ceño.
—¿Cuánto?
—Dos meses.
Silencio.
Más largo esta vez.
Uriel no habló de inmediato.
Procesó.
Pensó.
—Es mucho tiempo.
—Lo es —admitió Harvar—. Pero no depende de nosotros. Están lejos.
—¿Y mientras tanto?
—Esperar.
Uriel soltó una leve exhalación.
No de frustración… sino de cálculo.
—Quieren que esté presente.
—Sí —respondió Harvar—. Debes estar.
Uriel lo miró fijamente.
—¿Por qué?
Daniel respondió esta vez.
—Porque lo que se diga… te involucra directamente.
Uriel entrecerró los ojos.
—Eso ya es evidente.
Harvar apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Escucha bien esto.
Uriel no apartó la mirada.
—Lo que crees saber sobre tu vida… puede no ser cierto.
Silencio.
—Y lo que vas a escuchar… puede cambiar todo.
Uriel sostuvo la mirada.
No había miedo.
Pero tampoco indiferencia.
—Entonces no tiene sentido esperar dos meses —dijo—. Si es tan importante, deberían decirlo ahora.
Harvar negó levemente.
—No puedo.
—¿No quieres?
—No puedo.
Esa diferencia… Uriel la notó.
Se quedó en silencio unos segundos.
—Bien.
Se levantó.
Daniel arqueó una ceja.
—¿Eso es todo?
Uriel acomodó su túnica.
—Por ahora.
—¿No tienes más preguntas?
Uriel los miró a ambos.
—Tengo muchas.
Pausa.
—Pero no voy a hacerlas ahora.
—¿Por qué? —preguntó Daniel.
Uriel caminó hacia la puerta.
—Porque si lo que dicen es cierto… las respuestas no van a ser simples.
Se detuvo antes de salir.
—Y prefiero escucharlas de quienes… supuestamente vivieron esa verdad.
Miró a Harvar.
—No de intermediarios.
El silencio fue total.
Luego abrió la puerta.
—Dos meses, entonces.
Y salió.
Dentro de la sala, Daniel soltó el aire.
—Es más frío de lo que esperaba.
Harvar no respondió de inmediato.
Miraba la puerta.
—No —dijo finalmente—. Es más inteligente.
Daniel cruzó los brazos.
—¿Crees que lo aceptará?
Harvar negó levemente.
—No.
Pausa.
—Pero va a entenderlo.
El silencio volvió.
Más pesado.
—Y cuando lo haga… —añadió Harvar en voz baja— nada va a seguir igual.
Daniel lo miró.
Y por primera vez…
No tenía una respuesta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com