Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

una venganza ineludible - Capítulo 43

  1. Inicio
  2. una venganza ineludible
  3. Capítulo 43 - Capítulo 43: Las cartas
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 43: Las cartas

La habitación de Selene estaba envuelta en un silencio tenso, casi pesado.

La luz que entraba por las altas ventanas caía en ángulo sobre el escritorio, iluminando montones de cartas abiertas, otras a medio escribir y varias ya selladas con cera aún tibia. El aire olía a tinta fresca y a algo más… algo difícil de definir, como si cada palabra escrita llevara intención, estrategia.

Selene no se detenía.

Su pluma avanzaba con firmeza, sin titubeos, como si cada frase ya estuviera decidida antes de ser escrita. No corregía. No dudaba. Solo ejecutaba.

Terminó una carta.

La dobló con precisión casi mecánica, alineando los bordes perfectamente. Tomó el sello, lo presionó contra la cera roja y esperó apenas un segundo antes de retirarlo.

Luego, con la misma pluma, escribió en el frente:

“A Galandor.”

La dejó a un lado.

Sin mirar atrás, tomó otra hoja.

Escribió con la misma velocidad.

Cerró.

Selló.

“A Galandor.”

Otra más.

El mismo proceso.

El mismo destino.

Pero su rostro… no era el mismo.

Sus ojos estaban más tensos. Más duros.

No era solo correspondencia.

Era cálculo.

Tomó otra hoja, esta vez más gruesa. La apoyó con cuidado.

Escribió más lento.

Más controlado.

Cada palabra parecía pesada.

Cuando terminó, la cerró con más firmeza que las anteriores. Selló con presión.

Y escribió:

“Al alto consejal Cassian.”

Esa carta no fue colocada junto a las otras.

La apartó.

Un pequeño gesto… pero cargado de intención.

Selene exhaló por la nariz, apenas.

Tomó otra hoja.

La pluma descendió nuevamente—

Toc, toc.

El sonido la hizo detenerse.

No levantó la cabeza de inmediato.

—¿Quién es? —preguntó, con un tono ligeramente alterado.

—Mi reina —respondió la voz del guardia—. El torneo comenzará en unos minutos.

Selene cerró los ojos un instante.

Como si el momento la hubiera interrumpido más de lo que quería admitir.

—Gracias por el aviso.

—A su disposición.

Los pasos se alejaron.

El silencio volvió.

Pero ya no era el mismo.

Selene abrió los ojos.

Miró las cartas.

Y volvió a escribir.

Ahora… más rápido.

Más directa.

Tomó otra hoja.

Escribió sin pausa.

Cerró.

Selló.

“A Litria.”

No la miró más de un segundo.

Siguió.

Otra carta.

Más breve.

Más seca.

Selló.

“Al juez Vealis Varn.”

Esa también fue separada.

No mezclada con las demás.

Otra categoría.

Otra intención.

Selene respiró más hondo esta vez.

Había una leve tensión en sus manos.

No por cansancio.

Por algo interno.

Tomó una de las últimas hojas.

Pero no escribió de inmediato.

Se quedó mirando el papel en blanco.

Pensando.

Recordando.

O quizás… anticipando.

Finalmente, la pluma descendió.

Esta vez, más lento.

Cada trazo era medido.

Cada palabra… elegida.

No era una carta más.

Era importante.

Cuando terminó, la dobló con más cuidado que todas las anteriores.

Selló.

Y escribió:

“A Varental.”

Se quedó mirándola.

Más tiempo del necesario.

Sus dedos se apoyaron sobre el borde del papel, como si dudara en soltarlo.

Pero lo hizo.

La dejó sobre la mesa.

Todas las cartas estaban ahora alineadas.

Ordenadas.

Pero no iguales.

Algunas eran simples.

Otras… no.

Selene apoyó ambas manos sobre el escritorio.

Bajó la cabeza levemente.

Respiró.

Una vez.

Dos.

Luego se enderezó.

Su expresión cambió.

La tensión no desapareció… se transformó.

En control.

En decisión.

Tomó una de las cartas dirigidas a Galandor.

La observó brevemente.

Luego la dejó en su lugar.

Miró el conjunto completo.

Como si viera un tablero.

Y esas cartas…

Piezas.

—Que empiece —murmuró, en voz baja.

Se giró sin mirar atrás.

Caminó hacia la puerta con paso firme.

Y al salir de la habitación…

Dejó atrás algo más que tinta y papel.

Dejó movimientos ya en marcha.

Decisiones que no podían deshacerse.

Y un juego que…

Ya había comenzado.

El campo de combate estaba rodeado de piedra y gradas llenas. El ruido era constante: voces, apuestas, gritos contenidos y otros que estallaban sin control. El polvo se levantaba con cada movimiento, y el sol caía directo sobre la arena, haciendo que todo pareciera más intenso.

Era el torneo.

Un círculo perfecto de combate donde no había lugar para errores.

En el centro, dos figuras.

Vesper y su rival.

Ambos armados. Ambos concentrados.

Desde el palco principal, Dorian observaba con los brazos apoyados en la baranda. A su lado, Selene mantenía la mirada fija en la arena, sin mostrar emoción evidente.

—Es bueno —dijo Dorian en voz baja.

Selene no respondió.

Abajo, el combate ya había comenzado.

El primer choque fue seco.

Espada contra espada.

El sonido metálico resonó por todo el lugar.

El rival de Vesper no era cualquiera. Su postura era firme, su defensa sólida. Usaba el escudo con inteligencia, cubriendo los ataques con precisión.

Vesper retrocedió un paso.

Analizando.

Observando.

Otro ataque.

Más rápido esta vez.

El rival respondió igual de rápido.

Escudo arriba.

Bloqueo limpio.

Contraataque inmediato.

Vesper apenas logró esquivarlo, girando el cuerpo y retrocediendo nuevamente.

El público reaccionaba con cada intercambio.

La pelea era pareja.

Demasiado.

Desde arriba, Dorian entrecerró los ojos.

—No va a ser fácil.

Selene seguía en silencio.

Pero no apartaba la mirada.

En la arena, Vesper respiraba controlado.

No atacaba por atacar.

Esperaba.

Medía.

El caballero avanzó.

Golpe alto.

Vesper bloqueó.

Otro golpe, lateral.

Desvió.

Pero el escudo del rival volvía a su posición con rapidez.

Defensa constante.

Sólida.

Difícil de romper.

Entonces…

Vesper lo vio.

Un detalle mínimo.

Cada vez que el rival se cubría con el escudo…

Su lado contrario quedaba apenas expuesto.

No mucho.

Pero lo suficiente.

Vesper retrocedió un paso más.

El rival avanzó, confiado.

Otro golpe.

Escudo arriba.

Y en ese instante—

Vesper se movió.

Rápido.

Ataque directo al lado izquierdo.

El golpe conectó.

El caballero reaccionó tarde.

No lo suficiente para evitarlo.

Pero sí para mantenerse en pie.

El público estalló.

Desde arriba, Dorian sonrió apenas.

—Ahí está…

Selene inclinó levemente la cabeza.

Vesper no perdió el ritmo.

Volvió a atacar.

Esta vez, no solo con la espada.

Giró el cuerpo y—

Golpeó con el escudo directo al hombro derecho del rival.

El impacto fue fuerte.

El caballero retrocedió medio paso.

Su estabilidad… afectada.

El brazo del escudo ya no estaba igual.

Vesper lo notó.

Y repitió.

Ataque al lado descubierto.

Presión constante.

El rival intentaba adaptarse, pero ya estaba un segundo atrás.

Entonces—

Reacción inesperada.

El caballero bajó su centro de gravedad y—

Pateó los pies de Vesper.

El movimiento fue preciso.

Sorpresivo.

Vesper cayó al suelo.

El polvo se levantó.

El público gritó.

Desde el palco, Dorian se tensó.

—No…

El rival no dudó.

Avanzó.

Ventaja clara.

Casi victoria.

Levantó la espada.

Todo apuntaba al final.

Pero Vesper…

No se quedó quieto.

Reaccionó al instante.

Desde el suelo, giró el cuerpo y—

Pateó el escudo del caballero.

El impacto desestabilizó la defensa.

El escudo salió despedido.

El equilibrio del rival se rompió.

Vesper aprovechó.

Se levantó en un solo movimiento.

Cerró distancia.

Agarró la mano del caballero.

La que sostenía la espada.

Con fuerza.

Sin darle tiempo.

Tiró de él hacia adelante—

Y con un empujón final…

Lo derribó.

El rival cayó.

Sin defensa.

Sin equilibrio.

Sin respuesta.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Luego—

El ruido explotó.

Gritos.

Aplausos.

El combate había terminado.

Vesper se quedó de pie.

Respirando fuerte.

El cansancio era evidente.

Pero no se movía.

No celebraba.

Solo… se mantenía firme.

Desde arriba, Dorian dejó escapar el aire que no sabía que estaba reteniendo.

—Siempre hace eso…

Selene, por primera vez, habló.

—Observa… y ejecuta.

Dorian la miró de reojo.

—Sí.

Abajo, Vesper levantó la vista.

Sus ojos recorrieron las gradas.

Sin buscar a nadie en particular.

Pero encontrando.

Por un instante…

Su mirada se cruzó con la de Dorian.

No hubo gesto.

No hubo sonrisa.

Solo entendimiento.

Y luego…

El guerrero volvió a bajar la vista.

Porque el torneo…

Aún no había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo