Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 12
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12: CAPÍTULO 12: EL NIDO 12: CAPÍTULO 12: EL NIDO Salgo del hospital unos días después.
Me siento mejor, aunque sigo con los cuidados necesarios por el embarazo.
Luna viene a recogerme.
En el coche no dice mucho, pero sé que me está observando cada pocos segundos, como si estuviera esperando que me rompa en cualquier momento.
Cuando llegamos a casa, Jason nos estaba esperando en la puerta.
–Habéis tardado mucho –dice, sonriendo.
–Díselo a mi madre.
Conduce como una tortuga –bromeo.
Jason suelta una carcajada, y yo me uno a él.
Mi madre finge ofenderse, pero enseguida se le escapa la sonrisa.
Entramos los tres en casa.
Jason y yo nos sentamos en el sofá, y Luna se acomoda en el sillón cercano.
–¿Kira ya está bien?
–pregunta Jason, aunque en su voz noto que necesita oírlo otra vez.
–Sí, solo hay que controlar el embarazo para asegurarnos de que el bebé esté bien.
Jason me da un beso suave en el pelo.
Cierro los ojos un segundo, disfrutando de su cercanía.
Mi madre nos mira a ambos y sonríe con ternura.
–Os dejo descansar.
Me voy.
Me levanto para abrazarla antes de que se vaya.
–Cuídate, cariño –me susurra al oído–.
No quiero que os pase nada, ni a ti ni al bebé.
–Ya sabes cómo soy –digo, sonriendo con una pizca de ironía.
Ella ríe suavemente antes de marcharse.
Cuando cierra la puerta, vuelvo junto a Jason y me acurruco a su lado.
Los meses pasan.
Ya estoy de siete meses, y mi cuerpo lo nota más que nunca.
Mi barriga ha crecido bastante y el cansancio es constante.
Paso mucho tiempo sentada o tumbada, leyendo o simplemente descansando.
Un día, mientras hojeo un libro en el sofá, Jason entra en casa.
–Hola, pequeña.
¿Qué haces?
Levanto la mirada y sonrío.
–Hola, amor.
Estoy leyendo un poco.
–¿Qué libro es?
–Uno sobre maternidad –respondo, mostrándole la portada con la imagen de un recién nacido.
Jason asiente con aprobación.
–He traído algunas cosas para el bebé.
Dejo el libro a un lado y me giro hacia él, curiosa.
–¿Qué cosas?
–Ropa, accesorios, algunos muebles que nos faltaban… –Quiero verlo.
Me levanto con algo de esfuerzo y voy con él hacia la entrada.
Allí están todas las bolsas y cajas.
Jason se coloca detrás de mí y me rodea con los brazos, apoyando una mano sobre mi vientre.
Entrelazo mis dedos con los suyos.
–Son muchas cosas –comento.
–Es lo que necesitábamos –responde, dándome un beso en el hombro.
–¿Ya has montado la cuna y el armario?
–No aún.
Estaba esperando a que se secara la última capa de pintura en la habitación.
Pero puedo empezar ahora.
–¿Te ayudo?
–¿Estás segura?
No quiero que te canses.
–Puedo ayudarte un poco.
Si me agoto, me siento y ya está.
Jason asiente y comienza a subir las cajas al cuarto del bebé.
Yo le sigo despacio.
La habitación ha quedado preciosa.
La había pintado de un azul muy claro, con una de las paredes blanca decorada con dibujos suaves.
–Ha quedado muy bonita –digo, observando los detalles.
–Pensaba poner la cuna en la pared de los dibujos.
–Buena idea.
Y el armario cerca de la puerta.
Jason lo visualiza y asiente.
Comienza a organizar las cajas en función de dónde tiene que ir cada cosa.
–Esta es la del cambiador.
¿Dónde lo ponemos?
–Junto a la ventana estaría bien.
Así entra luz natural.
Coloca todo y se queda mirando la distribución.
–No está nada mal.
En esa pared que queda libre pondremos los juguetes.
Sonrío, imaginando cómo sería ese espacio lleno de vida.
Jason empieza a montar el armario mientras yo organizo la ropita del bebé.
El armario queda a medio llenar, pero se ve tan tierno con esas pequeñas prendas.
–Ha sobrado mucho espacio –comenta.
–Se irá llenando.
A medida que crezca, necesitará más ropa.
Él no había pensado en eso.
Me giro para verlo y noto cómo termina de colocar cada pieza con paciencia y precisión.
–Ha quedado genial –le digo.
–Aún falta la estantería para los juguetes.
–Voy a por ellos.
Bajo despacio a buscar la bolsa con los juguetes y subo de nuevo.
La dejo en el suelo junto a la pared que hemos decidido.
–¿Están todos aquí?
–Sí, mi amor.
Solo hay que colocarlos.
–Déjamelo a mí.
Ve a descansar un poco.
Le doy un beso suave antes de salir.
Me siento en el sofá y suelto un suspiro largo.
Estoy agotada, pero feliz.
Todo está empezando a tomar forma.
Unos minutos después, Jason baja las escaleras y se sienta a mi lado.
–¿Te apetece cenar algo?
–Sí.
¿Qué tienes en mente?
–Quiero pedir algo.
No tengo ganas de cocinar y dudo que tú tengas fuerzas.
–Ya creo que no –respondo entre risas.
Me acurruco a su lado, y él pasa un brazo por detrás de mi espalda.
–¿Qué te apetece?
–¿Unas pizzas?
–Perfecto.
Voy a llamar.
Jason pide la comida, y cuando llega cenamos juntos en el salón.
No hablamos mucho, pero todo se siente en paz.
Después, subimos a dormir.
Me tumbo despacio en la cama, sintiendo el calor de su mano sobre mi vientre.
Nuestro bebé viene en camino y todo parece, por fin, estar en su sitio.
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