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Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 13

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  3. Capítulo 13 - 13 CAPÍTULO 13 TRES CORAZONES
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13: CAPÍTULO 13: TRES CORAZONES 13: CAPÍTULO 13: TRES CORAZONES Los últimos meses del embarazo pasan sorprendentemente rápido.

Entre las pequeñas siestas, los preparativos y los nervios constantes, casi no tengo tiempo de pensar.

Hasta que llega el momento.

–¿Ya viene el bebé?

–pregunta Jason por tercera vez en menos de una hora.

–Me lo has preguntado tres veces.

No, todavía no –le respondo, rodando los ojos con una media sonrisa.

–Ya sé cuántas veces lo he preguntado, pero no puedo evitar preocuparme por ti y por el bebé.

–Lo sé.

Pero cuando llegue el momento, te avisaré.

De verdad.

Puedes irte al trabajo tranquilo.

–¿Estás segura, pequeña?

–Segura.

Vete –le digo, acariciando su brazo.

Jason suspira, como si sus pies se resistieran a salir por la puerta.

Le doy un beso antes de que se vaya.

Sus ojos se quedan un instante fijos en mí antes de salir por la puerta y subir al coche para ir hacia el bosque para trabajar.

Está todo el día fuera, trabajando en el bosque, pero sé que no deja de pensar en mí.

Me conoce lo suficiente como para saber que no lo voy a llamar a menos que sea realmente urgente.

Pasado el mediodía, me levanto del sofá para ir por un vaso de agua.

Justo cuando lo estoy cogiendo, siento un pinchazo agudo en el abdomen, y, de pronto, un líquido caliente me moja las piernas.

–Mierda…

–susurro, dejando el vaso sobre la encimera como puedo.

Voy caminando despacio hasta el móvil.

Con las manos temblando, llamo a Jason.

Tarda apenas dos tonos en responder.

–¿Pequeña?

¿Todo bien?

–Jason, ya viene.

Estoy de parto.

–¿Estás segura?

–Muy segura.

No hace falta más.

Un gemido de dolor escapa de mi garganta justo en ese momento, y estoy segura de que eso le hace correr.

Me pide que no cuelgue, que aguante en línea.

Lo escucho jadear mientras se apresura conduciendo por el bosque.

Pocos minutos después, aparece en la puerta.

Me encuentra ya acostada en la cama, luchando por mantener la calma.

–Ya estoy aquí, pequeña.

¿Vamos al hospital?

Niego con la cabeza, respirando con dificultad.

–No hay tiempo, amor.

–Claro que hay tiempo.

Podemos intentarlo.

–No.

Nacerá en el camino.

El hospital está a más de media hora, sin contar que ahora hay tráfico por la hora pico y tardaremos más en ir.

Jason traga saliva, comprendiendo que esta vez tiene que ser él quien tenga que traer al mundo a nuestro hijo.

Sin decir una palabra, va a por toallas, algunos cojines y un bol con agua caliente.

Luego se arrodilla a mi lado y me toma la mano con fuerza.

–Tranquila.

Respira conmigo.

–No puedo, me duele muchísimo.

–Lo sé, pequeña.

Pero ya falta menos.

Aguanta.

Grito otra vez.

Las contracciones se vuelven más intensas, más seguidas.

Jason me acaricia el pelo, susurrándome que lo estoy haciendo bien, que soy fuerte.

–A la próxima contracción, empuja –me dice con firmeza.

–¿Estás seguro?

–Sí.

Me suelta la mano y se coloca para ayudar.

No hay más espacio para dudas.

Empujo con todo lo que tengo.

Otra contracción.

Otra más.

Siento que el cuerpo se me parte en dos, y entonces, el llanto.

El llanto más hermoso y desgarrador que he escuchado en mi vida.

Jason envuelve al bebé en una manta, lo limpia con cuidado, y viene a sentarse a mi lado.

Yo jadeo, agotada, sudada, pero con una sonrisa temblorosa en los labios.

–Es un niño –me dice, con una expresión que mezcla sorpresa, orgullo y amor.

Lo miro, miro a nuestro hijo en sus brazos, y siento que el mundo se detiene.

–Amor, déjame cogerlo –le pido.

–¿Tienes fuerzas?

Le lanzo una mirada que claramente dice: “¿En serio me estás preguntando eso?” Jason me da al niño y retrocede levemente, levantando las manos.

–Sí, sí, claro que las tienes.

Tomo al pequeño en brazos.

Es tan diminuto, tan cálido.

Su piel huele a vida.

A lo nuevo.

A nosotros.

Jason se sienta a mi lado, y durante unos minutos solo lo observamos, en completo silencio.

–¿Cómo vamos a llamarle?

–le pregunto.

–Tengo una idea, pero no sé si te gustará –me dice, con cierta timidez.

–Dímela.

Puede que me guste.

–He pensado en llamarlo Caín.

–¿Caín?

–repito, probando el nombre en mi mente, en mi voz.

Luego asiento, convencida–.

Me gusta mucho ese nombre, mi amor.

–¿De verdad?

–De verdad.

Jason me rodea con el brazo, acercándose más.

Me besa en la frente, luego acaricia la cabecita de Caín.

–Deberías descansar.

Yo me encargo del pequeño.

Asiento agotada.

Le entrego a nuestro hijo y me dejo caer hacia atrás, rendida.

Jason se levanta con cuidado, me lanza una última mirada llena de amor y sale con el bebé en brazos, cerrando suavemente la puerta tras de sí.

Por fin, respiro profundo.

Exhausta, pero plena.

Ha llegado.

Nuestro hijo está aquí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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