Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Una Vida (Casi) Perfecta
  3. Capítulo 14 - 14 CAPÍTULO 14 ANTES DE ROMPERSE
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: CAPÍTULO 14: ANTES DE ROMPERSE 14: CAPÍTULO 14: ANTES DE ROMPERSE El tiempo vuela.

Apenas me doy cuenta y Caín ya ha cumplido cuatro años.

Mi pequeño, tan inquieto, tan lleno de vida.

Corretea por toda la casa con su energía inagotable, como si cada rincón fuera un nuevo mundo por descubrir.

Jason me animó a volver a trabajar.

Desde entonces, él suele quedarse en casa más tiempo con Caín.

A veces me pregunto si echa de menos su vida de antes, pero nunca lo ha dicho o se ha quejado de ello.

Una tarde llego agotada.

Al cerrar la puerta, escucho el clic familiar y veo a Jason tumbado en el sofá, con los ojos cerrados.

Caín juega en el suelo con sus juguetes, completamente absorto, hasta que me oye.

–¡Mamá!

–grita con su voz dulce, esa que siempre logra deshacer cualquier cansancio.

Corre hacia mí y lo recibo en mis brazos, abrazándolo fuerte.

Me siento con él en el sillón, cerca de Jason, y lo siento en mi regazo.

Entonces, Jason abre los ojos y me sonríe.

–Hola, cielo.

¿Cuándo has vuelto?

–Hace un par de minutos.

Te ves cansado.

¿Estás bien?

–Sí, solo un poco agotado.

Miro a Caín, que esconde la cara en mi hombro, sonriente.

–Parece que alguien no ha parado de jugar hoy, ¿eh?

Jason se incorpora con pereza y me da un beso en la frente.

–Me voy a dormir.

–¿No vas a cenar?

–No.

Hoy no.

Estoy demasiado cansado.

Buenas noches.

–Buenas noches, amor.

Lo observo mientras sube las escaleras.

Luego vuelvo mi atención a Caín.

–Mamá, ¿podemos jugar un ratito más?

–Solo si después te bañas y te vas a dormir sin protestar.

Me hace esa cara de puchero que tanto le funciona con su padre, pero que a mí me da un poco de gracia.

Al final asiente resignado y jugamos un rato más.

Después, como habíamos acordado, lo llevo a la bañera y luego a su habitación.

–No quiero dormir todavía –murmura mientras se frota los ojitos.

–Tienes que dormir, cariño.

Mañana tienes colegio.

–Pero no tengo sueño.

Quiero seguir jugando.

Otro bostezo lo delata.

Me acerco y le acaricio la cabeza.

–Estás muy cansado, cariño.

–Puede ser, pero aún no quiero dormir.

Se acuesta, aún protestando.

Luego suspira, como si se rindiera.

–Esta vez ganas tú, mamá.

Sonrío, le arropo con la manta y él me mira con ternura.

–¿Puedo dormir con mi osito?

–Claro que sí, mi niño.

Le alcanzo su oso de peluche y lo abraza con fuerza.

Cierra los ojos poco a poco, hasta quedarse dormido.

Apago la luz, cierro suavemente la puerta y me voy a mi habitación, donde Jason ya duerme profundamente.

Me acuesto a su lado, sin imaginar que esta es la última noche que duermo a su lado.

Unos días después, vuelvo del trabajo.

La casa está demasiado silenciosa.

Encuentro a Caín jugando en el suelo, pero Jason no está por ninguna parte.

–Hola, cariño –me agacho a su lado.

–¿Dónde está papá?

–Se ha ido –dice sin levantar la vista.

–¿Cómo que se ha ido?

¿A dónde?

–No lo sé.

Llevaba una bolsa de viaje o algo en la mano.

Mi corazón da un vuelco.

Levanto la vista un momento antes de volver a centrarme en Caín.

–¿Cuánto tiempo llevas aquí solo?

–No lo sé… ¿un ratito?

-¿Cuánto es “un ratito”, Caín?

Caín señala el reloj de la cocina.

–Cuando se fue, la flecha pequeña estaba en el 4.

Miro el reloj.

Eran las seis y media.

Mi hijo lleva solo dos horas y media.

Trago saliva, intentando no alarmarme frente a él.

Me levanto y voy directamente a nuestro armario.

Al abrirlo, se me hiela la sangre: su lado está totalmente vacío.

No queda ni una prenda de ropa.

Nada.

Vuelvo con Caín, sentándome en el sofá cerca de él, como si intentara mantener el equilibrio en medio de una tormenta.

–¿Qué llevaba papá cuando se fue?

–Una bolsa grande.

Respiro hondo intentando calmarme.

No había duda.

Jason se ha ido.

Se había marchado sin decir nada.

Sin dejar una nota y sin despedirse de su hijo.

Sin explicaciones.

–Cariño, ¿te dijo algo antes de irse?

–Dijo algo de que te iba a dar unos papeles, y que le llames.

O que no.

Ya no me acuerdo bien.

Intento llamarlo unas tres veces.

Las tres veces la llamada se corta.

Sin señal.

Sin respuesta.

Como si ya no existiera.

–¿Estás bien, mamá?

–pregunta Caín, con su vocecita temblorosa.

Lo miro y fuerzo una sonrisa.

Me acerco a él y lo tomo en brazos para sentarlo en mi regazo.

–Mamá está bien, cielo.

No te preocupes.

Me abraza con fuerza, como si supiera que algo va mal.

Yo le devuelvo el abrazo, conteniendo el nudo en la garganta.

–¿Papá va a volver?

–pregunta entonces.

–No lo sé, cariño, pero lo más seguro es que no.

Su carita se entristece.

Lo abrazo contra mí.

–No pasa nada.

Aún estoy yo contigo, ¿sí?

Asiente despacio y apoya su cabecita en mi pecho.

Lo acuno suavemente, como cuando era bebé.

En la noche, después de acostarlo, bajo al salón.

Me siento en el sofá, en silencio, mirando al vacío.

Ya sé lo que va a venir: los papeles del divorcio.

Jason lo hará a su manera: cobarde, fría y práctica.

Como si Caín y yo fuéramos una vida que se pudiera cambiar como se cambia de ropa.

Escucho unos pasitos bajando las escaleras.

Me giro.

Es Caín, con su osito en brazos, mirando desde el último escalón.

–Caín, deberías estar durmiendo.

–No puedo dormir.

–Ven, anda.

Se acerca y se sienta a mi lado.

Lo abrazo.

Él apoya su cabeza en mi hombro.

–¿De verdad papá no va a volver?

–No lo creo, cariño.

Papá no va a volver.

–¿Por qué se ha ido?

–No lo sé.

Caín me abraza aún más fuerte.

Lo rodeo con mis brazos y le acaricio la espalda.

Después de un rato, levanta la cabeza.

–¿Y qué va a pasar con mi hermanito?

Me quedo inmóvil, sin saber que hacer o decir.

–¿Cuál hermanito?

No, ahora no puedes tener un hermanito.

Me mira, serio, como si supiera algo que yo no sé.

–¿No?

¿Y el bebé que llevas en ti?

Lo miro sin entender.

No, no puede ser.

¿Verdad?

Pero algo en su voz, en su certeza infantil me deja helada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo